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Todos conocemos muy bien todo lo que nos aportan los relojes de Casio y sus calculadoras, y también hemos oído hablar seguramente sobre la obsolescencia programada, ese mal tan de nuestros días en donde los dispositivos tecnológicos se hacen y diseñan con una fecha de caducidad desde su salida de la fábrica, con la intención de que sean sustituidos y el comprador adquiera otro más moderno para, así, seguir alimentando con nuestros bolsillos una y otra vez a la industria.
Hay pocos fabricantes que hablan de ello, muy pocas marcas van aún más allá y se atreven a asegurar que sus productos están hechos para una vida "ilimitada", o dicho de otra forma: para que duren todo lo posible, todo lo que puedan durar atendiendo a los cuidados que el usuario le de y al mantenimiento que sobre el dispositivo en concreto hagamos.














































