9.16.2026

Cuando Omega quiso conquistar el mundo digital


Estamos en 1972. La relojería suiza llevaba siglos perfeccionando engranajes, rubíes, escapes y volantes… y de repente aparecen unos tipos haciendo relojes sin agujas.

Y no era ciencia ficción.

El primer Omega digital de la historia
El Omega Constellation Time Computer es uno de los primerísimos Omega digitales de los años 70. Apareció en 1972 y utilizaba un movimiento electrónico de cuarzo con LED rojos. El primer modelo, referencia 196.0020, llevaba calibre Omega 1600 y mostraba horas, minutos y segundos mediante un LED que se activaba al pulsar el botón. Omega lo catalogaba dentro de la familia Constellation.

Sí, habéis leído bien: el día que Omega decidió hacer un reloj que parecía venir del futuro.

La conexión con Pulsar que casi nadie conoce
El primer gran protagonista de esta revolución fue Pulsar, nacido de Hamilton y basado en tecnología electrónica estadounidense. Su reloj digital utilizaba LED: para saber la hora había que pulsar un botón, y entonces aparecían los números luminosos.

Omega vio aquello y debió pensar algo parecido a: "¿Y si hacemos nosotros uno?".

Pero en lugar de desarrollar desde cero toda aquella tecnología, Omega recurrió precisamente a Pulsar. Entre 1972 y 1974 llegó a comprar alrededor de 30.000 módulos LED para sus Time Computer. Se produjeron aproximadamente 15.000 unidades de esa primera versión.

Cómo era el Time Computer I
Los Time Computer tenían la siguiente configuración:

· Caja rectangular de acero
· Cristal oscuro tipo pantalla (mineral con tonalidad rojiza para mejorar el contraste de los LED)
· Brazalete integrado
· Caja relativamente grande para la época
· Pulsador lateral
· Logotipo Ω y OMEGA dentro de la propia pantalla

Era, en otras palabras, un reloj de lujo que funcionaba como un pequeño aparato electrónico. Omega estaba intentando conquistar el mismo futuro que luego conquistarían marcas como Casio.

Killer Force (1976): el Omega en el cine
El Time Computer sale en la película Killer Force de 1976, en la muñeca de varios de sus protagonistas. Incluso se puede ver el estuche con el que se comercializaba.

Killer Force es efectivamente de 1976, dirigida por Val Guest y protagonizada, entre otros, por Peter Fonda, Telly Savalas y Christopher Lee.

Y hay otro detalle que me encanta: el reloj de la película parece estar apagado, por eso la pantalla se ve completamente negra. En funcionamiento aparecían los números LED rojos.

A distancia parecía un reloj apagado. Entonces pulsabas el botón…

19:47

…y aparecían los números rojos. En plena década de los 70 eso debía parecer casi magia.

El problema: Omega llegó demasiado pronto… y demasiado caro
Aquellos LED consumían muchísimo comparados con los futuros LCD. Por eso no podías dejar los números encendidos permanentemente: tenías que pulsar el botón para ver la hora.

Mientras tanto, la tecnología estaba avanzando a una velocidad absurda. A mediados de los 70 empezaron a aparecer LED mucho más baratos. Texas Instruments, por ejemplo, consiguió bajar el precio de determinados relojes digitales hasta 19,95 dólares en 1976, y posteriormente incluso a 9,95 dólares.

Y entonces ocurrió algo demoledor. El reloj digital pasó de ser:

"¡Qué tecnología tan futurista!"

a:

"¿Por qué tengo que pulsar un botón para saber qué hora es?"

Y ahí entró el LCD. El cristal líquido consumía muchísimo menos y permitía mantener la hora permanentemente visible. Para 1976-77 el mercado digital empezó a cambiar rápidamente de los LED a los LCD.

Omega continuó desarrollando la familia: aparecieron los Time Computer II, III y posteriores, con más funciones y otros calibres; por ejemplo, el 1602 incorporaba calendario programado.

Pero la revolución que terminó ganando no fue aquella. Fue la del LCD de cuarzo con producción masiva y a precio bajo.

¿Cuánto costaba realmente este reloj?
Si tomamos como referencia el Time Computer I, Omega tenía un precio minorista suizo de 1.780 francos en 1974.

La inflación suiza desde 1974 hasta 2026 ha multiplicado aproximadamente por 2,33 el nivel de precios. Es decir, hoy serían 4.150 CHF, aproximadamente 4.390 € de 2026.

Pero ojo, porque esto es equivalencia por inflación general, no significa que Omega tuviera que vender hoy ese reloj por 4.390 €. Es simplemente cuánto poder adquisitivo representaban aquellos 1.780 francos de 1974.

Y aquí viene la comparación que lo pone todo en perspectiva: en España, las referencias de precios sitúan a coches como el Renault 4 de 1976 en unas 115.000 pesetas, mientras que el R4 TL estaba en unas 128.000 pesetas.

Eso significa que, tomando como referencia el R4 básico, 115.000 ptas de 1976 equivalen aproximadamente a 8.700 – 9.000 € de poder adquisitivo actual.

Es decir, un reloj digital que solo daba la hora te costaba la mitad de lo que costaba un utilitario.

¡Pero si es una caja de acero con cuatro LED!
Sí, pero hay que hacer una pequeña justicia al reloj: no estabas pagando una pantalla LED. Estabas pagando la tecnología de la pantalla LED cuando aquello era tecnología punta.

En 1972–74 fabricar aquello era muchísimo más complicado y caro que fabricar un reloj de cuarzo convencional posterior:

· Módulo LED: los displays LED eran tecnología electrónica relativamente nueva y cara
· Circuitería: necesitaba electrónica específica para controlar la pantalla y generar la señal horaria
· Consumo: los LED gastaban bastante, así que había que diseñar el sistema para que la pantalla se activase solo al pulsar el botón
· Producción pequeña: no había millones de unidades amortizando el desarrollo
· Posicionamiento Omega: la marca lo vendía como relojería tecnológica de alta gama

El dinero estaba, sobre todo, en la electrónica y en lo extraordinariamente nueva que era.

La lección histórica
Y aquí está la ironía: Omega había entrado en el mundo digital utilizando tecnología de Pulsar, cuando aquella tecnología todavía parecía absolutamente revolucionaria. Pero el mercado no esperó.

El Time Computer demuestra que innovación y éxito comercial no son necesariamente lo mismo. Omega podía fabricar un digital extraordinariamente sofisticado para 1972-76, pero no podía competir con la economía de escala que estaban desarrollando los fabricantes japoneses.

Omega estaba intentando fabricar el reloj del futuro. Casio terminaría ayudando a convertir ese futuro en el reloj de cualquiera.

Lo curioso es que, décadas después, mucha gente recuerda a Omega por sus Speedmaster, Seamaster y Constellation mecánicos, pero hubo un Omega que era básicamente un ordenador de muñeca LED.

Y es que en 1976 llevar un reloj de estos sería lo más asombroso que te podías poner en la muñeca. No era simplemente "llevar un reloj": era llevar tecnología punta. Era una auténtica declaración de intenciones.

El señor de Killer Force no llevaba un Casio cutre. Llevaba el equivalente setentero de entrar en una cafetería enseñando discretamente el último cacharro tecnológico que nadie más tiene.

Y eso, sinceramente, es precisamente la gracia de los relojes vintage: cosas que hoy parecen rudimentarias podían ser auténticos símbolos de tecnología y estatus en su momento.


¿Conocíais la existencia de este Omega digital? ¿Habéis visto algún Time Computer en persona? Os leo en comentarios.

9.10.2026

Todos quieren ser un Apple Watch


El reloj digital está empezando a parecer un smartwatch... aunque no lo sea.

La comparación con los smartphones es mucho más acertada de lo que parece. Lo interesante es que aquí no estamos hablando simplemente de que los chinos "copien al Apple Watch": estamos viendo cómo una forma deja de pertenecer a un producto concreto y acaba convirtiéndose en el arquetipo visual de toda una categoría.

De hecho, hay una pequeña paradoja: Apple eligió la forma rectangular precisamente porque era la más adecuada para mostrar información en una pantalla pequeña; con el tiempo, esa decisión funcional se ha convertido en un lenguaje estético. Apple explica que el Apple Watch está pensado para interacciones rápidas y de un vistazo, y otros análisis señalan precisamente la ventaja de aprovechar mejor una pantalla rectangular para texto e información. 

Y ahora ocurre algo curioso con los Sanda, Skmei y compañía: esa geometría ya está saltando del smartwatch al reloj digital barato tradicional.

Durante décadas, el reloj digital tenía una gramática bastante clara: el Casio W-59 de caja rectangular pequeña, pantalla horizontal, botones laterales, asas integradas.

Luego aparecieron infinidad de variaciones: cajas octogonales, redondas, cuadradas, ultrafinas, deportivas, con protectores, con botones enormes...

Pero últimamente aparece cada vez más otro patrón: caja rectangular vertical con esquinas muy redondeadas, pantalla ocupando prácticamente todo el frontal, bisel mínimo y apariencia de pequeña pantalla electrónica.

Y eso ya no es exactamente el lenguaje visual de un Casio tradicional, Ee el lenguaje visual del smartphone trasladado a la muñeca.

Ahí está la clave.

El fenómeno es exactamente el mismo que ocurrió con los móviles. Mira un móvil de 1998: los móviles podían tener tapa, antena, teclado físico, formas redondeadas, colores, diseños extrañísimos... Luego llegó el iPhone y ocurrió algo brutal: pantalla grande,  rectángulo y pocos botones.

Al principio era "el diseño del iPhone", después pasó a ser "el diseño de un smartphone".

Hoy puedes poner diez teléfonos de diez fabricantes sobre una mesa y, salvo detalles, cuesta distinguirlos. No porque todos quieran copiar exactamente a Apple, sino porque la tecnología ha impuesto una geometría óptima. Y creo que estamos viendo algo parecido en los relojes.

Pero Apple no inventó el reloj rectangular. Esto es importante para no caer en el típico "Apple inventó todo". Los relojes rectangulares llevan existiendo muchísimo tiempo. El propio mundo de la relojería tiene ejemplos históricos como el Reverso. Y Q&Q, o Casio, llevan décadas fabricando relojes cuadrados y rectangulares.

La novedad del Apple Watch no fue "hacer un reloj rectangular", sino combinar rectángulo, pantalla dominante, esquinas redondeadas, carcasa muy limpia e interfaz gráfica.

Eso creó una silueta tremendamente reconocible.

Diez años después, esa silueta se ha convertido prácticamente en el "dibujo mental" que mucha gente hace cuando piensa en un smartwatch. Incluso se ha señalado que el Apple Watch se ha convertido en la silueta de referencia del smartwatch y que numerosos modelos asequibles han adoptado formatos similares. 

Y aquí viene lo realmente interesante: los chinos están haciendo algo diferente. Un Sanda o un Skmei rectangular barato no necesita tener una pantalla táctil, ni necesita ejecutar aplicaciones, ni tener Bluetooth. Ni siquiera necesita parecer tecnológicamente avanzado.

Pero visualmente puede beneficiarse de la asociación: "Esto parece una pequeña pantalla moderna." Y eso vende, porque el consumidor actual está acostumbrado a interpretar esa forma como algo contemporáneo.

Es una especie de semiótica tecnológica. Una caja redonda dice: "reloj". Una caja rectangular con pantalla grande dice:  "dispositivo electrónico".

Y un fabricante de un reloj digital barato puede estar aprovechando precisamente esa segunda asociación.

Lo más curioso: estamos volviendo al pasado... pero con estética del futuro. Aquí es donde, para mí, está la ironía. Un Skmei de 8 o 10 euros puede tener un módulo digital sencillísimo: hora, fecha, alarma, crono, luz, quizá cuenta atrás... Es decir, tecnológicamente estamos ante un reloj digital de toda la vida.

Pero lo metes en una caja rectangular redondeada, con una pantalla grande y una estética minimalista... Y de repente parece un "smartwatch sin smartwatch".

Es casi como si el reloj digital tradicional estuviera disfrazándose de Apple Watch. Y eso tiene una consecuencia muy interesante:se está produciendo una convergencia estética.

Creo que podemos imaginar tres familias que antes estaban bastante separadas:

Reloj tradicional redondo, con agujas, corona y esfera.

Reloj digital rectangular, LCD segmentado, botones, información.

Y smartwatch con pantalla rectangular interfaz gráfica, táctil, y sensores.

Y poco a poco tenemos todos en el reloj digital moderno: caja tipo smartwatch,  pantalla LCD tradicional, botones físicos, funciones de reloj digital.

Es decir: el reloj digital está adoptando el envoltorio del smartwatch. Y esto tiene una explicación económica además de estética.

Aquí los fabricantes chinos tienen una ventaja enorme: no necesitan desarrollar una identidad de diseño completamente nueva, pueden observar qué formas reconoce el consumidor y después producir esa forma que ya sabes que te gusta.

Es parecido a lo que ocurre con los smartphones económicos. La forma rectangular con esquinas redondeadas ya está socialmente validada. No tienes que educar al comprador, no tienes que explicarle qué es. Lo ve y entiende inmediatamente: "Ah, un dispositivo electrónico moderno."

Pero hay una segunda consecuencia: la pérdida de personalidad. Y aquí es donde creo que está lo verdaderamente interesante. Porque la estandarización tiene una ventaja: el producto se vuelve familiar.

Pero también tiene un inconveniente: se vuelve intercambiable.

Y eso ya lo estamos viendo con los teléfonos. Antes podías reconocer un Nokia, un Ericsson, un Motorola o un Siemens prácticamente por la silueta. Hoy muchas veces necesitas mirar el logotipo.

Con los relojes puede suceder exactamente lo mismo. Imagina dentro de unos años una mesa con: un smartwatch de Apple, un smartwatch de Xiaomi, un smartwatch de Huawei, un digital de Skmei, un digital de Sanda, un digital de Casio, un digital de otra marca china... Y todos tienen: rectángulo vertical + esquinas redondeadas + pantalla enorme + dos botones laterales.

¿Qué diferencia queda? El logotipo. Y poco más.

Aunque hay una diferencia importantísima con lo que pasó con los smartphones: los relojes tienen una historia estética mucho más fuerte.

El reloj mecánico lleva siglos siendo circular, por eso existe una tensión que no existe en un teléfono: ¿debe parecer un ordenador o debe parecer un reloj?

Y aquí Apple tomó una decisión radical: que pareciera un pequeño ordenador.

Samsung, Google y otros fabricantes han apostado muchas veces por la solución contraria: mantener el círculo para conservar la asociación con el reloj tradicional. De hecho, la propia discusión sobre circular frente a rectangular gira precisamente alrededor de esa tensión entre estética relojera y aprovechamiento de la pantalla. 

Pero ahora está ocurriendo algo muy gracioso, los relojes digitales baratos están empezando a abandonar incluso la necesidad de parecer relojes tradicionales.

Y Apple podría acabar siendo víctima de su propio éxito. Esto es precioso desde el punto de vista del diseño. Cuando Apple lanzó el Watch, su forma era relativamente atrevida.

Ahora es tan reconocible que todo el mundo puede copiar el concepto visual sin necesidad de copiar el producto.

Y Apple se encuentra con un problema: si todos tienen esa forma... ¿cómo vuelves a diferenciarte?

Precisamente por eso resulta interesante que en 2026 estén apareciendo informaciones sobre una posible exploración de nuevas formas, incluso diseños circulares, para futuras generaciones del Apple Watch. 

Es casi el ciclo completo:

Apple rompe la norma → Apple crea una nueva norma → todo el mundo adopta la nueva norma → la nueva norma deja de diferenciar a Apple → Apple necesita volver a romperla.

Y mi conclusión sería esta: yo no diría todavía que "todos los relojes están convergiendo hacia el Apple Watch". Diría algo más interesante: "Estamos entrando en una época en la que la tecnología está imponiendo una geometría común a los relojes".

Y el Apple Watch ha sido probablemente el principal responsable de popularizar esa geometría en la muñeca. Lo verdaderamente significativo no es que un Skmei se parezca a un Apple Watch. Lo significativo es que un reloj digital de 5-10 euros ya puede utilizar exactamente el mismo lenguaje formal que un dispositivo tecnológico de cientos de euros y que, además, el consumidor lo encuentre completamente natural.

Eso sí me parece un cambio de paradigma.

Es decir: "¿se están convirtiendo todos los relojes en el mismo reloj?". Porque al final podríamos estar asistiendo al mismo fenómeno que ya vivimos con los teléfonos: la tecnología evoluciona muchísimo por dentro mientras el diseño exterior se vuelve cada vez más uniforme.

Y paradójicamente, mientras los fabricantes presumen de ofrecer miles de funciones, cada vez cuesta más distinguir unos productos de otros con la muñeca apagada.

Lo que ocurre con el Apple Watch no es un capricho, sino la repetición de un ciclo histórico que ya vivimos con los smartphones: la evolución hacia un "diseño óptimo" por convergencia funcional.

La forma sigue a la función (y al bolsillo):
Un reloj rectangular con bordes redondeados y pantalla brillante no es un capricho estético de Apple. Es la solución más eficiente para mostrar notificaciones, texto y esferas digitales en un espacio reducido. Las marcas como Sanda o Skmei no "copian" por moda; adoptan la ergonomía ganadora porque es la que mejor se adapta a la muñeca y a la lectura rápida. Es como cuando todos los coches acabaron teniendo cuatro ruedas y forma de gota.

El efecto "iPhone": el estándar se vuelve invisible. Igual que hoy un móvil con muesca o triple cámara trasera no nos parece copia de nadie, el smartwatch rectangular se está convirtiendo en el lenguaje visual por defecto de lo que entendemos por "reloj inteligente". Cuando el usuario ve un rectángulo curvo, asocia: "Esto es tecnología moderna". Las marcas chinas genéricas usan esa forma porque vende más, no porque quieran engañar.

La paradoja de la identidad. Aquí está lo interesante: mientras los relojes digitales convencionales se smartizan visualmente, los smartwatch de lujo (como Tag Heuer o Garmin) se vuelven más redondos para parecer analógicos. La diferenciación ya no está en la caja, sino en la interfaz, los materiales y el ecosistema. Un Apple Watch se distingue por su corona digital y su fluidez, no por su silueta.

En cualquier caso no deberíamos verlo como un empobrecimiento, sino como la madurez de un producto. Como ocurrió con el cuchillo o la silla, cuando un diseño funciona, se estandariza. La creatividad se desplaza entonces a los detalles: el software, la correa, la personalización. El riesgo real no es la uniformidad, sino que perdamos la capacidad de sorprendernos. Por eso marcas como Nothing o las esferas analógicas retro en un Apple Watch nos parecen tan refrescantes: rompen esa homogeneidad funcional con un guiño emocional.

Al final, el reloj deja de ser un objeto único para convertirse en un lienzo. Y en ese lienzo, cada uno puede seguir siendo diferente.

¿Crees que esta estandarización te quita deseo por el producto, o te parece un paso lógico? Me encantaría saber tu punto de vista.





9.07.2026

¿Desinterés o estrategia fallida?


Una cena privada con Kikuo Ibe en Madrid no es precisamente el tipo de convocatoria que debería necesitar que vayan detrás de la gente con una escoba. Y encima con sorteo de cuatro entradas dobles... Pero la respuesta del público lo dice todo: 22 comentarios y 11 envíos, y eso contando cualquier comentario, no necesariamente participantes.

Y aquí está lo interesante: no significa necesariamente que "nadie quiera ir", porque Instagram no nos enseña cuántas personas se han inscrito mediante el mecanismo del sorteo. Pero como termómetro de engagement, esas cifras son bastante pobres para una marca del tamaño de G-Shock.

Y yo creo que hay una lectura bastante más divertida detrás: G-Shock quizá está descubriendo que la celebridad relojera que funciona dentro de la propia industria no necesariamente funciona fuera de ella.

Para un friki de los G-Shock como nosotros, que aparezca Kikuo Ibe es como que venga Enzo Ferrari a cenar contigo. Pero para buena parte del público que lleva un G-Shock porque mola, porque lo lleva un rapero, porque es resistente o porque lo vio en Instagram… ¿quién narices es Kikuo Ibe? 

Y además hay otra paradoja: G-Shock lleva años construyendo una imagen basada en música, moda, cultura urbana, artistas, colaboraciones y espectáculo. Cuando de repente ofrece al público una experiencia profundamente relojera —"ven a cenar con el ingeniero que creó el G-Shock"— puede que haya una desconexión entre lo que la marca considera importante y lo que su audiencia considera interesante.

Es casi como si Casio dijera: "¡Tenemos una leyenda viva de la relojería!".

Y el público: "¿Tiene descuentos?".

Porque si realmente una cena exclusiva con Ibe tiene dificultades para generar participación, el problema no sería Kikuo Ibe. Sería bastante más profundo: quizá G-Shock ha construido una comunidad que conoce perfectamente el logo, pero cada vez conoce menos la historia que hay detrás del logo.

Y eso, para una marca que presume constantemente de su legado desde 1983, sería una ironía monumental. 

Creo que hay que ir más allá del análisis simplista "la publicación tiene pocos comentarios". Yo lo formularía así: no estamos viendo necesariamente el final de G-Shock, pero sí podríamos estar viendo los primeros síntomas de agotamiento de un modelo de negocio que durante décadas funcionó extraordinariamente bien.

G-Shock consiguió algo dificilísimo: convertir un reloj barato en un objeto cultural. El reloj podía costar relativamente poco, pero la marca consiguió asociarlo con músicos, deportistas, militares, diseñadores, artistas, cultura urbana… Y eso permitió que el consumidor aceptara pagar cada vez más.

El problema aparece cuando la marca empieza a cobrar como marca de lujo sin tener necesariamente una percepción de lujo equivalente. Y ahí entra el Skmei de turno. 

El consumidor mira un G-Shock de, pongamos, 120 € y al lado encuentra un digital chino de 15-25 € que da la hora, tiene cronógrafo, alarma, luz, resistencia al agua, estética parecida, y probablemente le dure varios años. Entonces aparece una pregunta demoledora: "¿Qué estoy pagando realmente?". Antes la respuesta podía ser: "Estoy pagando la ingeniería, la historia, la exclusividad y la cultura G-Shock".

Pero si la diferencia de precio se hace demasiado grande, la respuesta empieza a ser: "Estoy pagando el logo".

Y eso es peligrosísimo.

Y aquí viene la parte más interesante: Casio está atrapada por su propia estrategia.

Porque si mañana dijera: "Se acabó el postureo. Volvemos a hacer digitales sencillos de 20 euros, como antes", ¿qué ocurriría con toda la estructura de posicionamiento que ha construido? Tendría que admitir implícitamente que durante años ha estado alejándose precisamente de aquello que hizo grande a la marca.

Pero tampoco puede seguir indefinidamente subiendo precios mientras los chinos mejoran sus productos a una velocidad brutal. Y tampoco puede competir con ellos únicamente mediante prestaciones, porque un Skmei no necesita ganar, sólo necesita ser suficientemente bueno.

Ese es el auténtico problema.

Y hay otra cosa que me parece incluso más preocupante: la pérdida del vínculo emocional.

Cuando alguien dice: "Me compro un Skmei, me da lo mismo".

Eso es muchísimo más grave que perder una venta, porque significa que G-Shock ha dejado de ser imprescindible para esa persona.

Antes podía existir el pensamiento: "Quiero un digital. Tiene que ser un Casio".

Ahora suele aparecer: "Quiero un digital. Voy a mirar Casio, Skmei, Sanda, NaviForce...".

Y cuando una marca pasa de ser la categoría a ser simplemente una opción dentro de la categoría, empieza a perder poder. Eso es exactamente lo que ocurrió con muchas marcas en otros sectores.

Y lo de Kikuo Ibe tiene una ironía tremenda, porque fijaros en el círculo:

Casio creó una historia extraordinaria → convirtió esa historia en marketing → convirtió el marketing en prestigio → convirtió el prestigio en precio → y ahora necesita seguir contando la historia para justificar el precio. Todo gira alrededor de mantener vivo el mito.

Pero si el público empieza a desconectarse del mito, la maquinaria empieza a girar en vacío.

No es que cuatro comentarios vayan a hundir G-Shock. Ni muchísimo menos. Pero sí puede ser un pequeño indicador de algo más grande: la capacidad de la marca para generar entusiasmo espontáneo.

Y eso no se compra fácilmente con publicidad.

Lo paradójico es que Casio todavía tiene una salida, que es precisamente volver a aquello que sabe hacer mejor: relojes digitales sencillos, buenos, asequibles, reconocibles y honestos.

No abandonar G-Shock ni la gama premium, sino volver a tener abajo una auténtica propuesta de valor, un Casio de 20-30 € que haga pensar: "Por este dinero, ¿para qué carajos voy a comprar otra cosa?".

Eso sería devastador para los chinos, porque competirían con ellos en su propio terreno, pero con la historia, distribución, fiabilidad percibida y reconocimiento de Casio.

El problema es que no sé si Casio quiere volver allí.

Porque una marca puede sobrevivir muchos años después de perder su alma. Puede incluso vender productos muchísimo más caros. Lo difícil es recuperar el cariño que hizo que alguien quisiera llevarla cuando no necesitaba llevarla.

Y me temo que ese cariño no se recupera organizando otra cena privada. Kikuo Ibe puede explicar por qué nació G-Shock, pero no puede explicar por qué un chaval debería pagar hoy cinco veces más por un reloj chino que hace prácticamente lo mismo.

Ahí está el verdadero problema.

Bajo mi punto de vista, Casio y G-Shock están pagando su desprecio por la gente que los defendía. No es normal que un blog como ZonaCasio tenga que hablar a los fans de Skmei o Nixon, porque la marca ha decidido llevar ella su propia divulgación... ¿En qué cabeza entra eso? Imaginaros que Yamaha o cualquier otro le diga mañana al foro más importante a nivel mundial en español: "no habléis de nuestras motos, eh? Ya hablamos nosotros. Vosotros hablad de Honda o Suzuki", 🤯 Pero si debería ser al revés! debería ser: "gracias por seguir difundiendonos, aquí tenéis una alfombra roja para vosotros solos"

¡¡¡Ahí está el meollo!!! 

Porque una cosa es controlar la comunicación corporativa, y otra muy distinta es decirle a la comunidad que durante años te ha mantenido viva:

"Aparta, que ahora hablamos nosotros".

Eso es un error estratégico de libro.

Los Shock the World eran justamente lo contrario. G-Shock entendía algo fundamental: la marca no era solamente Casio; era también la gente que hablaba de G-Shock. Aquello tenía una cosa que hoy parece haberse perdido: comunidad. No era únicamente "presentamos el modelo X". Era: G-Shock llega a tu ciudad, reúne a tu gente, músicos, artistas, coleccionistas,  medios,  aficionados, fiesta, relojes, fotografías, blogs hablando de ello durante semanas.

Y la marca salía de allí con una barbaridad de publicidad que no tenía que pagar directamente.

Eso es lo que algunas estrategias modernas de comunicación parecen haber olvidado: la divulgación independiente es un multiplicador de la marca, no un enemigo de la marca.

Y lo que ocurre con ZonaCasio es todavía más absurdo. Porque este no es un medio generalista que Casio tenga que controlar. Es un medio especializado que ha dedicado años a documentar, explicar, fotografiar, analizar y mantener viva la conversación alrededor de Casio.

Si mañana Yamaha le dijera al mayor foro especializado de motos:

"A partir de ahora no habléis de Yamaha. La comunicación la hacemos nosotros. Si queréis hablar de algo, hablad de Honda".

Sería una locura.

¡Yamaha tendría que apoyar al foro para que hablara de Yamaha, no pedirle que dejara de hacerlo!

Porque cada artículo, cada análisis, cada fotografía, cada discusión y cada consulta de un usuario es una pequeña pieza de ecosistema de marca. Y hay algo que una cuenta corporativa jamás puede fabricar: credibilidad comunitaria.

Una marca puede decir: "Nuestro nuevo reloj es fantástico".

Un blog independiente puede decir: "Este reloj es fantástico... pero mira este defecto que hemos encontrado".

Y precisamente por eso, cuando ese blog dice después: "Pues este Casio es una maravilla", esa recomendación tiene muchísimo más valor.

Y aquí creo que está la verdadera tragedia de Casio: han confundido controlar la comunicación con controlar la conversación.

Son cosas completamente diferentes.

Puedes controlar tu Instagram, puedes controlar tus notas de prensa, puedes controlar tus campañas, puedes contratar influencers... Pero no puedes controlar lo que piensa tu comunidad.

Y si intentas hacerlo, corres el riesgo de destruir precisamente aquello que no puedes comprar: la conversación orgánica.

Y eso conecta perfectamente con lo que comentábamos de Ibe. 

Antes:

G-Shock → comunidad → eventos → blogs → foros → coleccionistas → conversación → nuevos compradores.

Ahora:

G-Shock → Instagram → campaña → influencer → Instagram → campaña → Instagram...

Y luego llega una publicación: "cena privada con Kikuo Ibe"

y...

22 comentarios.

Silencio administrativo. 🦗🦗🦗

Mientras en Japón parece existir todavía una comunidad mucho más conectada con el relato histórico de la marca.

Eso debería hacer sonar unas cuantas alarmas en la sede de Casio, porque si has sustituido una comunidad que hablaba espontáneamente de ti por una maquinaria corporativa que habla constantemente sobre ti misma, llega un momento en que la marca se convierte en su propio público.

Y eso es peligrosísimo.

Y diría algo más fuerte todavía: los fans NO eran un coste de marketing. Eran infraestructura de marketing gratuita.

El coleccionista que hacía una review, el bloguero que traducía una noticia japonesa, el foro que identificaba un módulo, el usuario que recomendaba un F-91... Todos ellos estaban haciendo algo que Casio no podía comprar con una campaña convencional.

Y si después de años de hacer eso reciben como respuesta: "No habléis de nosotros, ya hablamos nosotros", pues llega un momento en que dicen: "Ah, ¿que no queréis que hablemos de vosotros? Perfecto. Hablaré de Skmei o de Q&Q".

Y ahí aparece exactamente lo que estamos viviendo: ZonaCasio hablando de Skmei, Sanda, Synoke, Nixon...

No porque este blog haya dejado de amar la relojería japonesa, sino porque el espacio editorial que Casio abandona alguien lo va a ocupar.

Y la naturaleza aborrece el vacío.

Creo que podemos estar contemplando algo mucho más concreto: el final de la relación simbiótica entre G-Shock y la comunidad que ayudó a convertirla en lo que fue.

Y eso sí me parece serio. Porque una marca puede sobrevivir a una mala colección, a una subida de precios e incluso a varios años de ventas flojas, pero lo que resulta muchísimo más difícil recuperar es el entusiasmo perdido de sus propios divulgadores.

Y cuando esos divulgadores empiezan a decir: "Pues mira, este Skmei tampoco está nada mal...", entonces quizá alguien en Casio debería dejar de mirar tanto el panel de Instagram y las métricas, y empezar a preguntarse qué carajos ha pasado con aquella gente que antes llenaba los Shock the World.

Porque esa gente no desapareció. Simplemente dejó de sentirse invitada a la fiesta.


9.04.2026

Los componentes de un reloj electrónico. Los condensadores

"Condensadores: estabilidad, filtrado y precisión en los relojes electrónicos discretos".

En los relojes electrónicos de componentes discretos (CDE), los condensadores eran esenciales para estabilizar señales, filtrar ruido y definir constantes de tiempo. Aunque son componentes pasivos, su influencia en el comportamiento del circuito era decisiva: sin ellos, el oscilador de cuarzo sería inestable, los contadores fallarían y la lógica digital sufriría interferencias.

Qué es un condensador
Un condensador es un componente pasivo que almacena energía en forma de campo eléctrico. Se compone de dos placas conductoras separadas por un material aislante (dieléctrico).

Su función principal es oponerse a cambios bruscos de tensión, lo que lo convierte en una herramienta fundamental para filtrar ruido, estabilizar osciladores, definir retardos temporales, y desacoplar etapas del circuito.

Condensadores en relojes electrónicos antiguos

- Estabilización del oscilador de cuarzo
El oscilador de cuarzo es el corazón del reloj. Para funcionar con precisión necesita un circuito de realimentación estable.

Los condensadores se empleaban para:

→ajustar la frecuencia de resonancia del cuarzo
→estabilizar la amplitud de la señal
→evitar oscilaciones espurias

Sin estos condensadores, el cuarzo podría desviarse de su frecuencia nominal o incluso dejar de oscilar.

- Filtrado de ruido en la alimentación
Las pilas de los relojes proporcionan una tensión relativamente estable, pero los transistores y displays generan pequeñas fluctuaciones.

Los condensadores de filtrado:

→suavizan variaciones de tensión
→reducen interferencias
→evitan que el ruido afecte a los contadores y flip‑flops

En relojes discretos, donde cada etapa estaba físicamente separada, este filtrado era especialmente importante.

- Desacoplo entre etapas
Cuando un transistor conmuta, puede generar picos de corriente que afectan a otros componentes cercanos.

Los condensadores de desacoplo se colocaban estratégicamente para:

→absorber esos picos
→mantener estable la tensión local
→evitar que una etapa lógica afectara a otra

Esto era crucial en contadores y divisores de frecuencia, donde cualquier perturbación podía provocar errores de conteo.

- Generación de retardos temporales
En algunos relojes discretos, ciertas funciones requerían retardos muy breves.
Los condensadores, combinados con resistencias, formaban circuitos RC que definían:

→tiempos de carga y descarga
→retardos de propagación
→ventanas de sincronización

Aunque la mayor parte del tiempo se usaban flip‑flops para temporización digital, los RC eran útiles para ajustes analógicos finos.

Por qué eran indispensables
Los condensadores no procesan información ni almacenan bits, pero garantizan que el circuito funcione de forma estable y predecible.

En relojes discretos, donde cada función dependía de componentes individuales, los condensadores eran la base de la estabilidad eléctrica: sin ellos, el reloj perdería precisión, generaría errores o directamente dejaría de funcionar.


9.02.2026

Cuando tienes un problema con Casio

Esta es una de las mayores paradojas de Casio: viven de una reputación de durabilidad inquebrantable, pero cuando esa promesa falla, el trato con el cliente a menudo parece el de una empresa mucho más pequeña y desorganizada.

Analizando los testimonios de usuarios y la letra pequeña de sus políticas, esta desconexión parece deberse a una mezcla de trampas legales, procesos ineficientes y una estrategia de negocio orientada al volumen antes que al cuidado del cliente.

Una garantía con muchas "letras pequeñas"
El principal problema es que su garantía, aunque existe, está llena de exclusiones que facilitan que Casio eluda su responsabilidad. De hecho, establecen que cualquier daño por "maltrato" o "negligencia" queda fuera de la garantía. Como los relojes G-Shock se venden como "a prueba de golpes", la línea entre un defecto de fábrica y un daño por uso "normal" es muy difusa.

Por si fuera poco, la garantía es territorial. Si compras el reloj en un país y tienes un problema en otro, es muy probable que no te cubran nada. Esto choca con la imagen de marca global que tienen.

Un laberinto burocrático para el servicio postventa 
Incluso si tu problema está cubierto, la experiencia suele ser frustrante. La atención al cliente brilla por su ausencia: desde envíos de relojes en bolsas de papel sin caja  hasta clientes que reportan fallos en el hermetismo y, tras múltiples reparaciones fallidas, la tienda se niega a dar un reloj nuevo alegando "directrices de Casio" .

Además, los procesos de devolución y reparación son confusos. Los clientes denuncian que las páginas de soporte son un laberinto de enlaces que no llevan a ningún lado.

Por si todo ello fuera poco, a ello se añade la tradicional falta de comunicación tan -por desgracia- famosa en Casio. 

La trampa de la relación calidad-precio
El atractivo de Casio reside en ofrecer relojes fiables a precios muy asequibles . Su negocio se basa en vender un enorme volumen de unidades.

El problema es que, para mantener esos precios, los márgenes son reducidos. Ofrecer un servicio de atención al cliente excelente y ágil tiene un coste elevado. Cuando un reloj falla, la ecuación económica se rompe: el coste de gestionar una reparación o una devolución puede no merecer la pena para ellos, por lo que el proceso se vuelve lento y burocrático.

El precio de la confianza (y su ausencia)
La reflexión final es que Casio se ha dormido en los laureles de su reputación. Han construido su imperio sobre la idea de que sus relojes no necesitan servicio postventa porque son indestructibles. Por eso, cuando fallan, su infraestructura para manejar esos fallos es deficiente.

Para el cliente, la decepción es mayúscula porque has pagado por un producto cuya principal promesa es la fiabilidad, y al fallar, el servicio que debería respaldar esa promesa no está a la altura.


8.20.2026

El agua que no perdona

Aunque el reloj sea resistente, el agua siempre encuentra un hueco. Una ducha, un fregadero, una lluvia inesperada...

Secarlo rápido es más importante que evitar mojarlo. La humedad es lenta, pero constante.


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