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8.18.2026

G-Shock y los relojes secretos de las unidades especiales

Casio cuenta una historia muy bonita de fiabilidad, militares, misiones, recuerdos y relojes que sobreviven a explosiones… pero hay cosas interesantes debajo de esa capa de marketing.

Casio tiene un departamento que hasta hace poco prácticamente no existía para el gran público: Special Projects. Su misión es fabricar G-Shock personalizados para unidades militares, policiales y otros organismos que necesitan algo más que un simple reloj con un escudo grabado en la trasera.

Hay un mundo de la relojería militar bastante peculiar que transcurre lejos de las grandes campañas publicitarias. Son los llamados unit watches, relojes encargados específicamente por determinadas unidades del ejército, fuerzas policiales o servicios de inteligencia.

Marcas como Omega, Tudor, Breitling o Bremont han participado en este mercado, fabricando versiones personalizadas de sus modelos para determinados cuerpos o unidades. Son piezas que normalmente no llegan a las tiendas y cuyo acceso puede estar restringido a los miembros de la organización correspondiente.

Pero hay una paradoja interesante: mientras algunos fabricantes de relojes de lujo compiten por vestir a militares con piezas de varios miles de euros, en la muñeca de muchos profesionales que realmente trabajan en situaciones operativas aparece algo bastante menos glamuroso.

Un G-Shock que no pretende ser un reloj militar al uso, y la razón no tiene demasiado misterio.

Un G-Shock convencional no necesita aparentar que es un instrumento militar. Precisamente su atractivo está en que es un reloj relativamente barato, resistente, sencillo y que no necesita estar conectado a nada.

En determinados entornos eso puede ser una ventaja enorme frente a un smartwatch.

Un reloj inteligente incorpora comunicaciones, sensores, GPS, aplicaciones y conexiones con servicios externos. Todo eso resulta fantástico para un usuario normal, pero puede convertirse en un problema cuando la localización del portador debe permanecer en secreto.

El caso de los relojes inteligentes vinculados a Strava se ha convertido precisamente en uno de los ejemplos que se utilizan para explicar este problema: determinadas actividades físicas pueden terminar revelando información de localización que el usuario ni siquiera era consciente de estar compartiendo.

Un G-Shock básico, en cambio, no tiene nada que comunicar. Y ahí aparece una de las expresiones utilizadas por Casio para definirlos: son un "reloj tonto".

Puede sonar poco sofisticado, pero en determinadas circunstancias es exactamente lo que se busca.

Según explica Warren Halliwell, directivo de Casio UK y responsable del programa, Special Projects nació en 2024 por una razón bastante sencilla: empezaron a llegar demasiadas peticiones de unidades militares y policiales, así que la respuesta fue crear un departamento específico.

La idea va bastante más allá de coger un G-Shock de catálogo y grabarle un escudo. Las unidades pueden solicitar modificaciones de materiales, acabados, funciones o elementos concretos que respondan a sus necesidades operativas.

Y ahí es donde la historia se vuelve bastante más interesante.

Uno de los primeros proyectos conocidos fue desarrollado para la Royalty Protection Unit, encargada de la protección de miembros de la familia real británica.

Sus integrantes ya utilizaban G-Shock durante entrenamientos y servicio, pese a disponer también de acceso a relojes suizos mucho más caros.

El problema es que esos relojes de lujo podían ser magníficos relojes, pero no necesariamente buenos instrumentos para determinadas tareas tácticas.

La solución fue un GM-B2100 especialmente modificado, con acabado negro tipo gunmetal, un reloj que tiene poco de "reloj de batalla", pues es elitista, muy pesado y enormemente incómodo. Pero lo que importaba ofrecer era la imagen y el aspecto, por eso cada unidad llevaba grabado del castillo de Windsor en la trasera y elementos de identificación personalizados.

La existencia del proyecto terminó haciéndose pública casi por accidente: un visitante vio varios de estos relojes durante una visita al castillo, hizo fotografías y las imágenes comenzaron a circular por internet.

Después de aquello, Casio decidió aumentar considerablemente la discreción alrededor de este tipo de encargos. Y probablemente tenga sentido, aunque la personalización de relojes de Casio no es algo nuevo: Casio lleva ofreciendo este servicio a empresas w instituciones desde hace más de veinte años. Lo que es nuevo es la creación de un departamento especial pensado solamente para uniformados.

Aquí está la diferencia entre Special Projects y una simple personalización. Una cosa es comprar un G-Shock y grabarle tu nombre, o el logo de tu compañía, y otra muy distinta es que una unidad militar se siente con el fabricante y le diga qué necesita exactamente.

Casio asegura haber trabajado, entre otros, con personal de protección, unidades de desactivación de explosivos, pilotos y miembros del Servicio de Submarinos de la Royal Navy.

En este último caso nació el denominado G-Shock Trident, desarrollado para el Servicio de Submarinos británico.

El proyecto tiene además una vertiente benéfica: la Royal Navy & Royal Marines Charity anunció que la edición limitada había conseguido recaudar más de 5.500 libras, aproximadamente 6.434 euros, para fines benéficos.

Y aquí conviene separar dos cosas, que a veces por ciertos intereses que poco tienen que ver con lo táctico nos vienen mezclados. Una es el indiscutible interés relojero del proyecto. La otra es el evidente valor simbólico que tiene para las personas que pertenecen a esas unidades.

Porque un reloj que llevas durante años de servicio puede terminar convirtiéndose en una especie de objeto de memoria personal. No es exactamente lo mismo que comprar una edición limitada porque aparezca en Instagram.

El rojo que empezó en los submarinos; uno de los ejemplos más curiosos de cómo estos proyectos pueden terminar afectando a los G-Shock normales es la iluminación roja.

Casio explica que determinadas unidades necesitaban evitar la iluminación blanca intensa de algunos relojes porque puede resultar demasiado visible en determinadas circunstancias. La solución fue utilizar iluminación roja.

En el caso del proyecto Trident, esta característica tenía especial sentido dentro del entorno submarino y militar.

Pero lo interesante viene después: Casio reconoce que algunas de estas soluciones desarrolladas para unidades específicas pueden terminar llegando a modelos destinados al público general. Es decir, el laboratorio de pruebas no está únicamente en los departamentos convencionales de desarrollo.

También está en una jungla, en un avión, en un submarino o en las condiciones reales en las que trabaja el usuario para el que se ha creado el reloj. Y eso sí puede resultar interesante desde el punto de vista relojero.

Halliwell pone como ejemplo otro proyecto destinado a pilotos y habla de relojes capaces de detectar determinadas condiciones relacionadas con campos magnéticos y pulsos electromagnéticos.

Aquí conviene coger las afirmaciones con cierta cautela, porque estamos hablando de información procedente del propio responsable del programa y, además, de proyectos de los que Casio reconoce que no puede revelar todos los detalles. Pero hay una idea de fondo que sí resulta perfectamente comprensible: en determinados trabajos, cuanto menos dependa un reloj de sistemas externos, mejor.

Y ahí un digital convencional tiene una ventaja que durante años parecía un inconveniente: es extraordinariamente aburrido: no tiene Wi-Fi, no tiene apps, no necesita un teléfono, no publica tu recorrido, no recibe notificaciones, no intenta convertirse en tu centro de comunicaciones... Y, dependiendo del modelo, puede funcionar durante años con una pila o con energía solar.

Uno de los relojes mencionados por Halliwell cuesta alrededor de 99 libras, que al cambio actual son unos 115,81 euros. No hace falta decir mucho más para entender el atractivo de la propuesta. Por eso hay que distinguir muy bien estos relojes tácticos y asequibles, para unidades militares, con también los modelos elitistas y exclusivos de Windsor mencionados líneas arriba, también para cuerpos de seguridad.

Hay algo casi paradójico en todo esto. Durante años, buena parte de la industria relojera ha intentado convertir el reloj en un objeto de lujo, de diseño, de exclusividad o de tecnología conectada.

Y ahora, en determinados ámbitos profesionales, algunas de las características más valoradas son exactamente las contrarias: que sea sencillo, resistente e independiente. Que no llame la atención ni se diferencie de un G-Shock "del montón" normal y corriente, que puedas leerlo rápidamente -y no los invertidos que a veces nos venden "para militares"- y, sobre todo, que funcione con fiabilidad.

Es precisamente la filosofía que convirtió a los G-Shock en herramientas populares mucho antes de que Casio comenzase a convertir algunos de ellos en auténticos objetos de lujo. 

Y aquí aparece quizá la parte más interesante para los aficionados a Casio. La compañía ha pasado de fabricar relojes digitales extremadamente baratos y destinados al gran público a construir piezas de varios miles de euros, como los MR-G, mientras mantiene al mismo tiempo una relación muy estrecha con el segmento profesional y militar.

Special Projects demuestra que ambas realidades pueden convivir.

Un mismo fabricante puede vender un G-Shock relativamente sencillo que no llega a los cien euros y, al mismo tiempo, desarrollar piezas especiales para unidades que trabajan en situaciones donde un reloj convencional puede formar parte del equipamiento operativo.

La diferencia es que el primero se vende en una tienda. El segundo puede que ni siquiera sepamos que existe.

Y eso explica también por qué estos proyectos tienen algo que los habituales “limited edition” de G-Shock han ido perdiendo: no nacen para crear una edición limitada que alguien quiera coleccionar, sino porque alguien necesita realmente ese reloj. Ese es el verdadero valor de un reloj de unidad

Quizá esa sea la parte que más merece la pena rescatar de toda esta historia. Un reloj de unidad no es necesariamente especial porque sea técnicamente mejor que el que puedes comprar tú, sino que normalmente lo es porque estuvo en esa misión, porque acompañó a su propietario durante años, porque pertenece a una etapa concreta de su vida, porque lleva el emblema de la unidad a la que perteneció. O simplemente porque sobrevivió a las mismas circunstancias que su dueño.

Eso explica que un G-Shock aparentemente vulgar pueda terminar teniendo para su propietario un valor sentimental muy superior al de un reloj suizo mucho más caro.

Y también explica por qué Casio ha encontrado en Special Projects un terreno bastante más interesante que otra colección de colores, colaboraciones comerciales y ediciones limitadas.

Porque, al menos en este caso, el reloj no se fabrica para parecer una herramienta. Se fabrica porque alguien necesita una herramienta.

Y esa diferencia, en relojería, todavía importa.


8.08.2026

G-Shock: de reloj indestructible a espectáculo indestructible

Hubo un tiempo en el que comprar un G-Shock era una decisión bastante sencilla. Uno quería un reloj que aguantara golpes, caídas, agua, polvo y el trato que probablemente acabaría con cualquier reloj convencional. Casio ponía la tecnología y el consumidor ponía el maltrato.

Hoy la cosa es bastante más complicada.

Porque G-Shock ya no vende únicamente relojes resistentes. Vende una identidad, una estética, una comunidad, colaboraciones, ediciones limitadas, materiales exóticos, celebrities, coleccionismo y, sobre todo, una marca capaz de convertir un reloj digital de resina en un objeto cuyo precio puede multiplicar varias veces el de un Casio convencional.

Y quizá por eso habría que empezar a llamarlo G-Show.

No porque los G-Shock hayan dejado de ser buenos relojes. Algunos siguen siendo auténticas máquinas. Sino porque alrededor de ellos se ha construido un espectáculo comercial extraordinariamente eficaz.

El G-Shock original tenía una idea bastante más sencilla
Cuando Casio presentó el primer G-Shock, el DW-5000C, en 1983, la filosofía era casi de ingeniería militar: ¿cómo hacemos un reloj que no se rompa?

La solución de Kikuo Ibe y su equipo no consistió simplemente en fabricar una caja de acero cada vez más gruesa.

El concepto era mucho más inteligente: proteger el módulo mediante una estructura que absorbiera los impactos. La caja interior metálica, la tapa trasera de acero y la envolvente de resina trabajaban juntas para mantener el mecanismo aislado.

Y ahí aparece una de las grandes ironías de la historia del G-Shock: la resina no convirtió al reloj en un producto barato porque fuese una solución de compromiso; formaba parte precisamente de la solución técnica.

La resina podía absorber impactos, era ligera, podía moldearse con formas complejas y permitía fabricar grandes cantidades de piezas de manera muy eficiente.

El acero, mientras tanto, seguía teniendo sus ventajas: dureza superficial, resistencia al desgaste y una sensación de construcción que ningún plástico puede reproducir completamente.

Por tanto, no es correcto decir que "el plástico es más resistente que el acero". Es otra cosa. El acero es más duro. La resina puede ser más adecuada para absorber determinados impactos.

Y esa diferencia es fundamental.

Entonces llegó el fenómeno G-Shock
Durante sus primeros años, G-Shock era fundamentalmente una solución técnica a un desafío real. Pero en los años noventa sucedió algo extraordinariamente importante: el reloj empezó a convertirse en cultura.

La estética de los G-Shock encajó perfectamente con determinadas escenas musicales y urbanas, especialmente con el hip-hop. El reloj dejó de ser solamente aquello que llevabas porque necesitabas un reloj resistente. Empezaste a llevarlo porque decía algo de ti. Y ahí el negocio dio un giro radical.

Porque cuando un producto se convierte en símbolo cultural, el precio deja de guardar una relación directa con su coste de fabricación. Un bolígrafo puede costar unos céntimos y venderse por cientos de euros si lleva determinado nombre. Una camiseta puede costar muy poco fabricarla y convertirse en objeto de culto.

Y un reloj digital de resina puede convertirse en un G-Shock. La diferencia no está necesariamente en el material, está en lo que representa.

El curioso caso del reloj de plástico cada vez más caro
Aquí es donde aparece una paradoja fascinante; durante años, el G-Shock fue asociado precisamente a esa combinación: electrónica + resina + resistencia + precio razonable.

Pero conforme la marca ganó prestigio, el precio comenzó a despegarse progresivamente de esa ecuación. Y no necesariamente porque fabricar el reloj se hubiese vuelto proporcionalmente más caro.

Es importante aclararlo: desarrollar un nuevo módulo, crear moldes, realizar ensayos, diseñar una construcción más compleja, incorporar sensores, Bluetooth, GPS, Tough Solar o nuevas tecnologías sí cuesta dinero. Una edición limitada también puede tener costes de desarrollo y producción diferentes.

Pero existe una diferencia enorme entre el coste de fabricar un producto y el precio que el mercado está dispuesto a pagar por él. Y G-Shock descubrió que el mercado estaba dispuesto a pagar mucho más de lo que costaba en realidad el reloj.

Muchísimo.

La resina es barata. El G-Shock no tiene por qué serlo
Esta es probablemente la parte que más chirría cuando observamos la evolución de la marca. Una caja de resina inyectada puede ser extraordinariamente barata de producir a gran escala una vez amortizados los moldes y los costes de desarrollo.

Eso no significa que un G-Shock sea barato de fabricar en su totalidad, claro, pero sí significa algo importante: el precio final no puede explicarse simplemente diciendo "es que lleva materiales caros".

De hecho, en determinados modelos ocurre exactamente lo contrario: puedes encontrarte un reloj con una enorme cantidad de resina y un módulo digital relativamente sencillo que cuesta varias veces lo que otro Casio también digital, también de resina y con una electrónica comparable.

¿Qué estás pagando entonces? La respuesta es incómoda: estás pagando G-Shock. Y no lo digo necesariamente como algo negativo. Las marcas tienen derecho a cobrar por su diseño, investigación, distribución, marketing, prestigio y posicionamiento.

Pero conviene reconocerlo.

De "reloj indestructible" a "objeto de coleccionismo"
Aquí está probablemente la transformación más importante. El G-Shock original necesitaba convencerte de algo básico y simple: de que no se iba a romper.

El G-Shock moderno intenta convencerte de muchas más cosas:

→de que es exclusivo.
→de que es una edición especial.
→de que es una colaboración.
→de que tiene un material diferente, con otro color, con otro acabado.
→de que lo llevan determinados artistas.
→de que hay pocas unidades.
→de que sólo se va a fabricar esa variante por determinado tiempo.
→de que es una buena pieza para coleccionar.

Es decir, el producto ha pasado de vender principalmente prestaciones a vender también pertenencia. Y eso es una estrategia comercial potentísima, porque un reloj funcional tiene un límite: si solamente necesitas saber la hora, un Casio de 20 euros puede solucionar el problema perfectamente. Pero si quieres ese G-Shock, ya no estás comprando simplemente la hora, estás comprando el G-Shock como marca, concepto e historia. Y contra eso no puede competir ninguna hoja de especificaciones.

La paradoja de Casio
Y aquí encontramos una de las contradicciones más interesantes de la historia reciente de Casio. La empresa construyó una parte enorme de su reputación gracias a productos extraordinariamente accesibles: relojes digitales sencillos, fiables, resistentes y asequibles.

Aquella filosofía tenía algo revolucionario: hacer tecnología útil para prácticamente cualquier persona, independientemente de su poder económico.

Pero décadas después, la misma marca pasa a presentar relojes de miles de euros, y aquí es donde uno puede preguntarse: "¿qué ha cambiado?". Porque la tecnología digital que permitió fabricar relojes extraordinariamente baratos no ha desaparecido, la electrónica no se ha convertido mágicamente en oro, la resina tampoco se ha convertido en platino. Lo que ha cambiado fundamentalmente es el posicionamiento del producto.

Y cuanto más caro, más "G" parece
Hay algo casi cómico en esta evolución: el G-Shock nació como una especie de reloj utilitario radical.

Ahora podemos encontrar G-Shock con cajas metálicas, titanio, tratamientos especiales, acabados sofisticados, movimientos analógicos de mayor complejidad y versiones de precios que hace unas décadas habrían resultado absurdas para la propia imagen de la marca.

Y aquí aparece otra paradoja: cuanto más se aleja un G-Shock de aquel reloj barato, digital y de resina que conquistó las calles, más sofisticado parece ser considerado por la propia industria. Es como si el éxito hubiese terminado convirtiendo la sencillez original en algo que necesitara ser superado.

Primero fue el "mira qué bien funciona y cómo lo aguanta todo por 20 euros".

Después llegó el "mira cuánto podemos hacerte pagar por él y encima sales contento".

El verdadero golpe no lo recibe el reloj
Y quizá ahí esté la genialidad del modelo de negocio. El G-Shock puede recibir golpes, pero la marca, no. Porque cuando una empresa consigue convertir un producto en símbolo, puede aumentar el precio hasta límites absurdos sin necesidad de aumentar proporcionalmente el coste material, porque su consumidor no está comparando únicamente "acero frente a resina", está comparando "Casio frente a G-Shock".

Y eso cambia absolutamente todo.

Por eso un consumidor puede mirar un reloj de Skmei de 15 euros y decir: "Tiene alarma, cronómetro, calendario, luz, resistencia al agua y una pila que dura años".

Y tener razón.

Pero el propietario de un G-Shock suele responder: "Sí, pero no es un G-Shock".

Y también tiene razón. Es en esa pequeña pero vital diferencia donde está el auténtico negocio.

¿Entonces G-Shock es humo?
No. Y sería injusto decirlo. El problema aparece cuando confundimos valor técnico con valor de marca.

Un G-Shock puede tener un magnífico diseño de protección, una construcción muy estudiada, controles de calidad exigentes y una historia tecnológica real detrás. Pero eso no significa que cada euro adicional que pagamos corresponda a un euro adicional de ingeniería.

En determinados productos, una parte creciente del precio responde a algo mucho más intangible: marca + diseño + exclusividad + marketing + deseo.

Y eso no es patrimonio exclusivo de Casio. Lo hacen prácticamente todas las marcas que han conseguido convertirse en símbolos.

Pero en G-Shock resulta especialmente llamativo porque la marca nació precisamente como la antítesis de todo eso. Nació para solucionar un problema, y para hacerle frente a todo eso que hoy se ha convertido en parte de su identidad.

Y aquí aparece el "G-Show"
Por eso la broma tiene más recorrido del que parece. G-Shock describe el reloj, pero G-Show describe todo lo que se ha construido alrededor: las colaboraciones, el precio inflado, las ediciones limitadas, las fiestas de lanzamientos, las celebridades, los influencers, las cajas especiales, los materiales exóticos, el coleccionismo, las campañas publicitarias, los modelos que desaparecen rápidamente del mercado... Y, por supuesto, los seguidores que parecen defender la marca como si estuvieran defendiendo a su propio equipo de fútbol o a un partido político. 

La imagen que veis es casi una caricatura perfecta del fenómeno: alguien escribiendo simplemente "Casio ❤️❤️❤️❤️❤️❤️", mientras su foto de perfil convierte el comentario en una especie de documento sociológico involuntariamente maravilloso que retrata perfectamente a ese tipo de aficionados de "G-Show".

Ahí ya no estamos hablando de prestaciones. Estamos hablando de tribu.

El mayor éxito de G-Shock
Y quizá haya que reconocerle a Casio algo incluso aunque seamos críticos con la estrategia: han conseguido algo que muy pocas marcas de relojes han logrado. Han conseguido que una generación de consumidores pueda sentir por un reloj digital de cuarzo una vinculación emocional comparable a la que otros sienten por relojes mecánicos de lujo.

Eso es extraordinario. Pero hay un gran problema: al contrario de las marcas que sí nacieron como relojes de lujo, G-Shock nació precisamente para combatir eso. Y otro gran problema es que esa misma capacidad puede convertirse en una trampa.

Porque cuando una marca descubre que puede venderte un producto por lo que significa, y no solamente por lo que cuesta fabricarlo, aparece una tentación evidente: seguir subiendo hasta el infinito.

Y entonces surge la pregunta incómoda que los seguidores de G-Show temen siempre hacerse: ¿hasta dónde puede alejarse G-Shock de aquel reloj humilde, resistente y relativamente asequible antes de convertirse en otra cosa?

Porque quizá el mayor peligro para G-Shock no sea que los chinos fabriquen relojes digitales casi iguales y mucho más baratos. Quizá sea que G-Shock olvide por qué aquellos relojes baratos se hicieron famosos en primer lugar.

Del "indestructible" al "incuestionable"
Y aquí cierro con una paradoja que me parece incluso más interesante que la del plástico: el primer G-Shock tenía que demostrar que era indestructible.

El G-Shock moderno ya no necesita demostrarlo tanto.

Su mayor logro ha sido conseguir algo mucho más difícil: que algunos consumidores y aficionados consideren incuestionable el precio que Casio decide ponerle. Y eso sí que es una tecnología verdaderamente avanzada, mucho más que la electrónica, que el Tough Solar, que el Bluetooth y que el carbono:

El marketing.

Eso ya es otra cosa. Eso es cuento, otra fachada, puro engaño. Puro G-Show. 



8.01.2026

El último informe de Casio es demoledor: la empresa que pone precios como si fueran Rolex y que vende relojes como si fueran Synoke


Casio acaba de publicar un nuevo informe de resultados financieros y de previsiones. A primera vista los números son muy positivos, pero si lo analizamos con profundidad, las cosas cambian bastante. 

Primeras buenas impresiones
Casio muestra un buen músculo financiero, conseguido a base de despidos, jubilaciones anticipadas, ventas de inmuebles y, sobre todo, aumentos de márgenes de beneficio por unidad vendida. Eso es innegable y los datos lo confirman.

El informe pinta un panorama muy optimista para Casio. La compañía ha sabido capitalizar las tendencias del mercado de relojería, ejecutando una estrategia de marca claramente definida y efectiva. El notable crecimiento de las ventas y, más importante aún, la espectacular mejora en los márgenes de beneficio en el negocio de relojería, demuestran que la estrategia está funcionando.

La revisión al alza de las previsiones anuales refleja la confianza de la dirección en la continuidad de esta tendencia. Los desafíos principales serán mantener este impulso en el negocio de relojería, gestionar los riesgos cambiarios y lograr una recuperación sostenible en el negocio de instrumentos musicales (Sound) y continuar el desarrollo de sus nuevas apuestas de negocio (Moflin, SXC-1) para asegurar un crecimiento a largo plazo más diversificado.

La gran pregunta: ¿se puede mantener una marca como Casio, vendiendo sólo relojes?
¡Sí, es una buena pregunta! Y con ese tono tan directo, daremos una respuesta igual de clara: sí, puede, y de hecho lo está haciendo mejor que muchas marcas de lujo.

Vamos a desmontar esa idea de que "vender cuatro relojes" es un problema, porque en el informe de Casio se ve todo lo contrario.

No venden "cuatro relojes", venden casi 2 millones en un trimestre.
Solo en el primer trimestre (abril-junio 2026), vendieron 1,65 millones de unidades G-Shock (incluyendo Baby-G). Eso es un +6,5% más que el año anterior (1,55 millones). Y eso solo de G-Shock. Luego tenemos toda la línea Collection, Vintage, Edifice, Oceanus, etc.

Por lo tanto no es volumen pequeño, es volumen masivo con márgenes altos.

El gran secreto: el margen de beneficio es bestial (20-23%)
Aquí está la clave: no necesitan vender como Apple para ganar dinero. En el primer trimestre, el margen operativo (OPM) de relojería fue del 23,1% (20,7% sin devolución de aranceles). Para que nos hagamos una idea, Rolex tiene márgenes similares o algo superiores, pero vende muchísimo menos volumen. Swatch Group (dueña de Omega, Longines, Tissot) ronda el 10-15%, y Fossil está en pérdidas o con márgenes de un solo dígito.

La estrategia de "varias submarcas" les funciona de maravilla
G-Shock tiene su enfoque en grandes márgenes de beneficio: vender menos pero más caros (modelos metálicos, ediciones limitadas, colaboraciones). El 12% de sus G-Shock son metálicos, que son los que dejan más dinero.

Collection y Vintage por su parte, están enfocados en volumen: vender mucho en mercados emergentes y a jóvenes. Con esto han logrado un crecimiento del +22% en Norteamérica y +24% en Europa.

Es decir: los G-Shock metálicos y ediciones especiales (como el MR-G de 30 aniversario) pagan los gastos, y los Collection de 50€ llenan la caja registradora y ganan cuota de mercado.

Están aprovechando la "fatiga del smartwatch"
Además, Casio está teniendo mucha fortuna, porque mucha gente empieza a estar cansada de cargar el Apple Watch todos los días, y vuelven al reloj tradicional por estilo, durabilidad y emocionalidad. Casio lo está petando en Norteamérica (+22%) y Europa (+24%) precisamente por eso.

No compiten con Apple, compiten con el deseo de tener un reloj que dure varios años y tenga nostalgia.

En otros negocios tampoco se duermen
Están expandiendo Moflin (mascota robótica), que es otro nicho. Además, lanzaron un sampler portátil SXC-1 para música, abriendo nueva línea para su división de sonido, y en educación (calculadoras científicas) tienen un 22% de margen en el trimestre.

No son solo relojes, son una compañía tecnológica con músculo financiero.

Por lo tanto, Casio está en modo "optimización de beneficio":

· Deuda neta: 96.800 millones de yenes (prácticamente cero deuda comparado con su caja).
· Ratio de capital: 67,1% (muy saneada).
· Previsión de beneficio operativo anual: 34.000 millones de yenes (un +30% sobre lo que esperaban hace tres meses).

Así que sí, venden "cuatro relojes", pero cada uno deja el beneficio de tres de la competencia. Y mientras sigan con esta estrategia de marca dual, expansión internacional y control de costes, tienen cuerda para rato.

La otra cara de la moneda
Pero hay otra gran verdad incómoda que se desprende del informe: la dependencia total y absoluta del mercado de relojes. Y sí, eso es un riesgo enorme

El informe es brutalmente sincero en eso:
- Negocio Beneficio Operativo (1T) de relojería: ~9.000 M yenes. Esto es el 100% del pastel
- EdTech ~3.850 M yenes. No está mal, pero es estacional y pequeño
- Sound (música) -0.5 M yenes. Arrastra  pérdidas desde no se sabe cuánto.

Antes, Casio era:
· Calculadoras (dominio mundial)
· Instrumentos musicales (los teclados Casiotone y Privia eran bestiales)
· Relojes (una línea más)

Ahora:
· Relojería: el 90%+ del beneficio, y subiendo.
· Música: en caída libre y en reestructuración.
· Calculadoras: estables pero sin el músculo de antes.

Si mañana los jóvenes deciden que los relojes no les gustan, si cambia la moda, si otra marca lanza un reloj rompedor, Casio estará hundido. Es decir: viven bien, pero viven en la cuerda floja constante.

"Querer ser Rolex pero no ser Rolex": Duro pero cierto
Aquí vamos a ser 100% honestos:

- Casio: ofrece relojes de resina, acero inoxidable y tecnología básica. Precio medio 50-500€. Margen de beneficio alto, pero por volumen.
- Rolex: ofrece relojes de oro 18k, platino, cerámica, acero 904L. Precio medio 8.000-100.000€. Margen de beneficio altísimo, por exclusividad.

Es evidente: Casio NO es Rolex. Ni puede serlo realmente. Lo que hace Casio es jugar en la liga del "premium asequible". Un G-Shock metálico de 500-1.000€ no es Rolex, pero es mejor que un Fossil o un Diesel, por eso su estrategia es subir el precio medio sin perder el alma juvenil.

Pero el salto a Rolex es imposible:
· Rolex vende 1 millón de relojes/año con lista de espera de 5 años.
· Casio vende 6 millones de G-Shock/año en Amazon y El Corte Inglés.

Son dos mundos distintos.

En Casio "siempre fueron de hacer relojes populares": Verdad a medias
Verdad sí, porque Casio siempre fue la marca de los relojes digitales de 30€, los calculadoras de instituto y los teclados de juguete.

Pero desde los 80, los G-Shock se convirtieron en culto. Se los dan rebajados o directamente se los regalan a los militares, policías, bomberos, surfistas, y ahora hasta raperos y artistas, para que el público se los vea puestos.

Además, han sabido evolucionar con G-Shock metálicos (serie Full Metal), colaboraciones con marcas de moda y de lujo (por ejemplo, con Bape, con Coca Cola, Swarovski, incluso con marcas de coches como Lamborghini), y esas ediciones limitadas se agotan en horas y se revenden por el doble

¿Y si los gustos cambian?
Casio es consciente de ese riesgo, y por eso están intentando diversificar con Moflin (mascota robótica) y el sampler SXC-1 (música). Pero sus ventas son anecdóticas comparadas con relojes. Por eso, si la moda juvenil cambia, Casio no tiene un plan B sólido.

Y hay unos cuantos peligros que pueden derrumbar el edificio entero:

- Los jóvenes de ahora no ven los relojes como algo necesario (tienen el móvil).
- Si el "hype" de G-Shock se apaga, pueden perder el 50% de sus ventas en 2-3 años, como si les hubiera pasado un tifón por encima.

Y es que el truco que siempre le funcionó a Casio, puede que si las modas cambian ya no les funcione:

· Venden volumen para pagar las facturas.
· Venden ediciones especiales para ganar prestigio y margen.
· No compiten con Rolex, compiten con Swatch, Timex, Citizen, Seiko... y en esa liga, están ganando.

Pero siendo sinceros, si los jóvenes dejan de llevar reloj, Casio tiene un problema gordo. Y en el informe no hay un plan B que les permita subsistir. 

Destapando la cloaca en la que se mueve hoy Casio
Vamos a ponerle nombres y apellidos a todo lo que hemos dicho, porque es el "modus operandi" desesperado de Casio en la última década.

- Moflin: La compra de una idea ajena por pura desesperación.
Pues sí. Casio no inventó Moflin. Lo compró (o licenció) de la startup japonesa Vanguard Industries, que lo había financiado mediante crowdfunding en 2021. ¿Qué hizo Casio, realmente?

· Le pone su marca.
· Le sube el precio un 40%.
· Y lo presenta como "innovación propia".

¿El resultado? No es un producto de masas. Es un peluche con motorcito que mueve la cabeza. No va a salvar un conglomerado de 300.000 millones de yenes. Es un parche emocional para parecer "tecnológicos" cuando su I+D en robótica es nula.

Fracaso tras fracaso: El cementerio de productos de Casio
Vamos a hacer un repaso breve pero brutalmente certero. Y es que la lista es incluso más larga. Pero veamos:

- Lupa dermatológica (Medical) ~2015. Fracaso absoluto. Competían contra marcas médicas de verdad y no tenían red de ventas.

- Auriculares de buceo (Logosease) ~2017. Un producto ridículo. Bucear con auriculares y música. Nadie lo pidió. Retirado del mercado.

- Reloj para sauna (para usar con vapor de agua) ~2022. Tuvieron que hacer crowdfunding en Makuake (plataforma japonesa) para financiarlo. Una marca con 80 años de historia pidiendo dinero a particulares para lanzar un reloj... ¿Realmente no resulta patético?

- Dispositivo para guitarras (Air Amplifier) ~2023 con crowdfunding otra vez. Un altavoz portátil para guitarristas. Nadie lo compra.

- SXC-1 (sampler portátil) 2026 (ahora). El que mencionan en el informe. Es su "nueva apuesta". ¿El problema? Teenage Engineering lleva años haciendo esto mejor, encima más barato y con más estilo.

- G-Shock con pulsómetro (GBD-H1000) ~2020. Quisieron competir con Garmin y Apple. Fracasó totalmente. La batería duraba poco, el GPS era malo, y encima era enorme.

- Proyectores inteligentes (Smart Projectors) ~2018. Sacaron proyectores con Android. Competían contra Epson y Sony. No vendieron ni una décima parte.

Todos estos son "palos de ciego". No hay una estrategia corporativa clara. Es: "a ver si esta pega en la pared".

El fiasco musical
En música, hoy Casio vive de las rentas de los 80 (los Casiotone de los 80).

- Los teclados Privia y Celviano son buenos, pero compiten contra Yamaha y Roland, que son gigantes que se dejan el alma en I+D. Casio está a años luz de ellos, y encima su precio no es mucho mejor. 

· Sus productos "standalone" (como el SXC-1) no tienen comunidad de usuarios, ni ecosistema, ni marketing potente. Nadie fuera del mundillo Casio los conoce. 

· Teenage Engineering les come la tostada con el OP-1 y el Pocket Operator, más portables, muy potentes, y encima mucho más baratos. 

· Korg les gana en sintetizadores. La innovación de Korg hoy en día le saca los colores a Casio.

· Roland les gana en pianos digitales.

¿Cuál es la posición de Casio en música hoy? Marca de segunda fila para colegios e institutos. Sin alma, sin comunidad, sin innovación real, sin apuesta firme, sin usuarios. Sin nada. Que su negocio musical este agonizando no es casual, es el resultado de una enorme cadena de desaciertos.

La pregunta del millón: ¿Esto es éxito?
NO y rotundamente NO. No es éxito. Es supervivencia.

Casio está en un momento delicado. El negocio de relojes les da dinero para tapar los agujeros de todo lo demás, pero no tienen un plan B creíble, todo lo que tocan fuera de relojes fracasa o es irrelevante.

El problema de fondo es la cultura corporativa anclada en el pasado. Siguen pensando que son la Casio de los 80, cuando innovaban en todo, que la gente les va a comprar por el nombre aunque encarezcan su producto cuatro veces sin añadir ninguna ventaja, con módulos amortizados y penosa construcción. 

Ademas, tienen una falta de visión de futuro sobrecogedora. No han sabido adaptarse a la era digital, al IoT, a los smartwatches, a su comunidad de fieles seguidores -a los que ningunean constantemente-, a la inteligencia artificial, a nada.

Y por si todo ello fuera poco, sus productos no tienen alma ni sentido. Moflin, el sampler, la lupa... son productos sin historia, sin comunidad, sin "hype". Solo existen porque alguien en la junta dijo: "pues probemos esto a ver si suena la flauta".

El espejismo del beneficio
Ahora se entiende por qué el informe de resultados es tan "bueno". Los relojes están petándolo en ventas y márgenes, es verdad. Eso genera beneficios, también es verdad. Y esos beneficios permiten hacer experimentos raros (Moflin, SXC-1, etc.). Experimentos que la mayoría fracasan, pero como los relojes siguen dando dinero, pueden permitirse el lujo de fallar.

Pero el día que los relojes dejen de dar dinero, no hay plan B. Y ese día puede llegar si los jóvenes dejan de comprar G-Shock, si sus aficionados dejan de coleccionarlos, si la economía global se resiente, si una nueva moda o tecnología los deja obsoletos.

Conclusión final (y brutalmente honesta)
Casio no es una empresa exitosa, es una empresa rentable por inercia. Les va bien porque los G-Shock siguen atrayendo a muchos fieles, pero no tienen ninguna otra pata estable, todos sus intentos de diversificación son fracasos con marketing corporativo.

¿Son los reyes del reloj asequible? Sí, sin duda. ¿Son una empresa innovadora con futuro? No, son una marca que vive de su pasado. Y en ese informe nos damos cuenta que los datos financieros son buenos, pero el relato de futuro es un espejismo.

¿Crees que la directiva de Casio es consciente de esto y está realmente trabajando en un cambio profundo, o crees que están esperando a que el negocio de relojes les dure otros 20 años, y luego el que venga después que se busque la vida?





7.13.2026

¿Quién habría imaginado hace treinta años que Casio vendería un G-Shock por 8.800 euros?

La compañía que conquistó el mundo gracias a relojes fiables, prácticos y al alcance de cualquier bolsillo lleva tiempo intentando hacerse un hueco en la alta relojería. Su último movimiento es el G-Shock MRG-BF1000EB, una edición limitada a 800 ejemplares que acaba de presentarse en España y que supone una nueva demostración de hasta dónde quiere llegar la firma japonesa.

Lo interesante no es tanto que "han presentado un reloj", sino lo que representa. Porque Casio está viviendo una contradicción muy curiosa.

Durante décadas construyó su prestigio haciendo justamente lo contrario que la relojería suiza. Mientras Rolex, Omega o Patek Philippe vendían tradición, lujo y exclusividad, Casio vendía tecnología, funcionalidad y democratización. Un F-91W, un W-26 o un DW-5600 permitían disfrutar de relojes extraordinariamente resistentes por unas pocas decenas de euros. Ese era el ADN de la marca.

Ahora, sin embargo, Casio intenta convencer al mismo cliente que compra relojes mecánicos artesanales de que un reloj de cuarzo fabricado por ellos también merece costar cerca de 9.000 euros.

Y ahí surge la gran pregunta:

¿Puede una marca cambiar de identidad sin perder parte de su esencia?

Porque nadie discute que un MR-G esté magníficamente fabricado. El titanio, los tratamientos superficiales, el pulido Zaratsu, el ensamblaje en Japón... todo eso tiene un coste real.

Lo discutible es si el mercado está dispuesto a situar un Casio en el mismo escalón mental que un Grand Seiko, un Blancpain o un Omega.

También es llamativo que la compañía recurra constantemente a discursos muy propios de la relojería de lujo —artesanía, exclusividad, ediciones limitadas, experiencias gastronómicas, joyerías de prestigio— cuando durante décadas presumió precisamente de lo contrario: de hacer relojes excelentes sin necesidad de construir un aura elitista.

Y luego está el precio.

Los 8.800 euros probablemente no sean el problema para quien compra un MR-G. El problema es el símbolo que representan. Casio fue durante mucho tiempo la marca que demostraba que no hacía falta gastar una fortuna para tener un reloj excelente. Hoy, con modelos como este, parece querer demostrar exactamente lo contrario.

Eso no significa que el MRG-BF1000EB sea un mal reloj. Muy al contrario, seguramente sea uno de los G-Shock más impresionantes jamás fabricados. Pero sí invita a reflexionar sobre cómo ha evolucionado la marca y hasta qué punto esa evolución conecta con quienes hicieron grande a Casio.

Resulta curioso que, mientras Casio dedica enormes esfuerzos a convencer al mercado de que puede fabricar relojes de casi 9.000 euros, muchos de sus aficionados siguen esperando con más ilusión el próximo G-Shock de 99 euros o el regreso de funciones clásicas y diseños que la marca ha ido abandonando. A veces da la sensación de que Casio mira hacia un cliente nuevo sin darse cuenta de que el de siempre sigue ahí, esperando que alguien se acuerde de él.



11.24.2025

Casio reescribe lo que es el lujo


La industria relojera global vive un cambio profundo. Mientras las marcas suizas de gama media -Tudor, Oris y compañía-bafrontan caídas de ventas de dos dígitos, los fabricantes japoneses están avanzando con paso firme. Ya no basta con un apellido suizo y un legado centenario: el consumidor joven quiere otra cosa. Quiere tecnología, autenticidad cultural y una historia que le hable directamente.

Casio es el ejemplo más llamativo del momento. Con un crecimiento sólido y cerca de mil millones de francos suizos en ingresos anuales solo en relojería, la marca japonesa se ha permitido lanzar una estrategia dual que mezcla nostalgia y premium de una forma que hasta ahora parecía impensable en el sector.


En un evento celebrado en Bangkok bajo el lema “Back in Time, Ahead in Style”, Casio dejó clara su visión: la cultura importa tanto como la maquinaria. Ambientación setentera, iconos de los 80 y 90, colaboraciones con Back to the Future y Stranger Things... más que un lanzamiento de producto, fue una declaración de intenciones. Su objetivo no es competir con la tradición suiza, sino redefinir lo que significa “lujo” en 2026. O sea, convertir los relojes baratos de plástico y cromado, en exclusivo objetos de deseo. Muestra de ello son ediciones como la del Casio F-91 Pacman de las imágenes; vender un F-91 a 60 €, y conseguir que alguien te lo compre. Algo impensable hace tan sólo un par de años atrás, pero que en Casio están logrando.

La táctica funciona porque responde a un dato incontestable: según A.T. Kearney, el 94% de los consumidores jóvenes no pagará más de 1.500 dólares por un reloj inteligente. Eso deja un espacio enorme para marcas capaces de ofrecer valor, durabilidad y personalidad sin obligar a endeudarse.


Casio está explotando dos motivaciones clave: la necesidad de diferenciarse y la búsqueda de productos de calidad. Ambos factores alimentan el auge de los relojes vintage, un terreno que Casio domina sin esfuerzo gracias a su archivo histórico. En lugar de diseñar desde cero, la marca rescata modelos clásicos, los adapta con materiales actuales -como milanesas o nuevas paletas de color- y los lanza con colaboraciones que conectan directamente con la cultura popular.

El resultado es un golpe directo al corazón de la relojería suiza tradicional. No porque los japoneses quieran reemplazarla, sino porque han entendido mejor que nadie qué quiere el público que marcará el futuro del mercado.

Casio no está compitiendo en la misma liga... está creando una nueva.



8.23.2025

¿Es mejor la resina de Casio, o el zamak de Skmei?


El zamak es una aleación de zinc con pequeñas proporciones de aluminio, magnesio y cobre. Se usa muchísimo en herrajes, grifería, bisutería barata, piezas de automoción, juguetes metálicos, etc.

En condiciones normales, no es un material peligroso para la salud, el zinc es incluso un oligoelemento necesario para el cuerpo. Por su parte, el aluminio y el magnesio que lo contienen, en las cantidades de la aleación no se liberan fácilmente.

El cobre también es esencial en dosis mínimas.

El problema aparece en situaciones concretas:
- Polvo o vapores al trabajar: al lijar, fundir o mecanizar zamak sin protección, los vapores de óxido de zinc pueden causar la llamada fiebre del humo metálico: fiebre, escalofríos y malestar, que suelen remitir en 24-48 h, pero que es desagradable. Por eso nunca debemos pulir ni lijar un reloj de zamak.

- Níquel en baños superficiales: muchas piezas de zamak llevan un recubrimiento niquelado, y ese sí puede dar alergias cutáneas en personas sensibles.

Resumiendo: el zamak en sí no es tóxico si lo usamos como corresponde (manillas, cerraduras, adornos). Lo que no es buena idea es: cocinar con él, chuparlo como si fuera un caramelo, o trabajar con su polvo sin protección.

Un detalle curioso: los juguetes metálicos de los años 60-70 hechos de zamak, si no estaban bien protegidos, podían liberar metales y por eso ahora la legislación limita mucho su uso en objetos para niños pequeños.

¿En Europa está permitido el zamak para los relojes?
En Europa está permitido y de hecho es muy popular en relojería (sobre todo en gamas medias y bajas). La razón es bastante prosaica: el zamak es barato, fácil de moldear y da una sensación de solidez metálica sin costar lo que cuesta el acero inoxidable.

Los motivos principales de esto son:

- Moldeo a presión: el zamak se inyecta en moldes con gran precisión, lo que permite fabricar cajas de reloj con formas complejas y buenos acabados a bajo coste.

- Peso “agradable”: da sensación de “reloj robusto”, a diferencia del plástico, que se siente ligero y barato.

- Acepta bien recubrimientos: normalmente no vemos zamak “puro”, sino niquelado o cromado para darle brillo y resistencia a la corrosión.

Ahora, el lado menos bonito de la historia: El zamak no es tan duradero como el acero inoxidable. Puede corroerse con el tiempo, sobre todo si el recubrimiento se daña (esto es lo que se llama “zinc pest” o peste del zinc: la pieza se hincha y se agrieta).

Si se raya o desgasta el recubrimiento, el zamak desnudo debajo se ve feo y se degrada rápido.

En Europa lo que sí está regulado es el uso de plomo, cadmio o mercurio en aleaciones para consumo o contacto prolongado con la piel. El zamak no lleva esos metales, por eso pasa las normas.

Lo único vigilado es la liberación de níquel en piezas que tocan la piel, como relojes, bisutería o gafas. Hay un límite legal de migración de níquel (0,5 µg/cm²/semana).

Por eso muchas marcas baratas usan zamak: cumple las normas, da aspecto metálico y cuesta menos que el acero. Pero a largo plazo, un reloj de acero inoxidable siempre será más resistente, hipoalergénico y duradero.

Comparativa entre el zamak y la resina endurecida de Casio
En relojes de gama baja y media lo habitual es justo eso: caja de zamak cromado o caja de resina endurecida (plástico reforzado). 

Zamak:
- Sensación al tacto: frío, metálico, da sensación de “más reloj” por el peso.

- Peso: relativamente pesado, lo que gusta a algunos porque transmite solidez, pero puede ser incómodo en relojes grandes.

- Resistencia a golpes: frágil comparado con la resina. Si recibe un golpe fuerte, se abolla o se deforma.

-Corrosión: si se raya el baño cromado/niquelado, el zamak desnudo puede corroerse, hincharse y deteriorarse con los años.

-Durabilidad: decente en uso normal, pero a largo plazo es menos fiable que el acero y peor que una buena resina en ambientes hostiles.

Resina endurecida (resinas epoxi o poliamidas reforzadas, como usan Casio y otros):

-Sensación al tacto: ligera, cálida, menos “noble” que el metal, se percibe como plástico aunque sea de calidad.

-Peso: muy ligera, ideal para relojes deportivos o de uso diario sin que molesten.

-Resistencia a golpes: altísima, absorbe impactos sin deformarse, por eso se usa en G-Shock, por ejemplo.

-Corrosión: no se oxida ni se hincha, aguanta muy bien sudor, agua salada, humedad, químicos ligeros.

-Durabilidad: mientras no se degrade por rayos UV (sol constante), puede durar décadas sin problemas.

-Alergia: hipoalergénica; prácticamente no da reacciones cutáneas.

En resumen:
-Zamak = estético, metálico, más “clásico”, pero con debilidad frente al tiempo, corrosión y alergias.

-Resina endurecida = ligera, súper resistente y práctica, pero menos elegante y con sensación de “plástico”.

Por eso se suele ver relojes de vestir baratos usando zamak cromado; y relojes deportivos o utilitarios con resina.

Resistencia a la exposición UV 
Los rayos UV no hacen nada directo al zamak, porque es metal y, por lo tanto, inmune. El sol no degrada el zamak como degrada a un polímero. El problema del zamak es químico y mecánico, no fotónico:

-Si el cromado/niquelado que lo cubre se daña, el sudor ácido, la humedad o la sal lo atacan y empieza la corrosión.

-El propio zamak, con el tiempo, puede sufrir “peste del zinc” (hinchazón y agrietado por impurezas en la aleación y humedad), pero eso es más un defecto de fabricación que de exposición solar.

En cambio, las resinas endurecidas sí son muy vulnerables a los UV:

-Se vuelven más quebradizas y pierden elasticidad con los años.

-Pueden decolorarse (el negro se pone grisáceo, los colores pierden intensidad…).

Aun así, con aditivos modernos anti-UV (como los que usa Casio), una buena resina puede durar 15–20 años expuesta al sol sin romperse, aunque visualmente se note el envejecimiento.

Comparando resistencia frente al sol, podríamos resumir:

Zamak: gana la partida, el sol no lo afecta directamente, lo que mata al zamak es el sudor + rayaduras que exponen el metal bajo el baño.

Resina endurecida: pierde frente a los UV a largo plazo, aunque con aditivos modernos aguanta muchísimo más de lo que la gente cree.

Resistencia frente a microorganismos
Aquí el comportamiento del zamak y resina cambia bastante:

Zamak (aleación de zinc, aluminio, magnesio y cobre)
No es alimento para bacterias ni hongos.
De hecho, el zinc y el cobre son metales con efecto biocida: inhiben el crecimiento de muchas bacterias y hongos en superficie.

Lo malo es que, si el recubrimiento se deteriora, la corrosión superficial (óxidos y sales metálicas) sí puede acumular suciedad y humedad, creando un microambiente donde prosperen colonias encima, aunque no “coman” el metal en sí.

Resina endurecida
La resina en sí tampoco es alimento (los plásticos son muy poco nutritivos), pero a diferencia del zamak, no tiene propiedades antimicrobianas naturales.

En condiciones húmedas, con sudor o restos orgánicos, puede colonizarse por hongos y bacterias superficiales (biofilm). Eso no degrada la resina, pero sí puede dar mal olor o incluso irritaciones cutáneas si no se limpia.

En exteriores, los rayos UV matan muchos microorganismos, pero en las partes protegidas (entre caja y correa, por ejemplo) pueden crecer igual.

Por eso los relojes “serios” (deportivos o de lujo) suelen ir a materiales más nobles: acero inoxidable, titanio o cerámica, que combinan durabilidad, resistencia a la corrosión y facilidad de limpieza.

¿...Y las resinas cromadas?
Las resinas “cromadas” de Casio (y de muchas marcas) no son metal: suelen ser resina metalizada al vacío (aluminio o cromo depositado) y lacada; más raro, algunas piezas plásticas llevan galvanizado Ni/Cr auténtico sobre ABS. Eso cambia el juego frente al zamak.

Cómo se comporta la resina cromada:

-Rayos UV: el cromado y su laca da cierta protección, pero la base sigue siendo resina. Con los años el barniz puede micro-agrietarse y amarillear. No “se pudre”, solo envejece visualmente.

-Desgaste: el punto débil es la capa superficial: roces con mesas, mochilas o ropa la desgastan/descascarillan (sobre todo en aristas).

-Corrosión: no hay; si se pela, queda resina mate, no óxido.

-Golpes: absorbe impactos mejor que el zamak.

-Alergias: normalmente hipoalergénica (no hay níquel expuesto; salvo raras piezas con galvanizado real mal sellado).

Veredicto
Para uso diario y sudor/sol/golpes: resina cromada antes que zamak. Estructuralmente aguanta mejor y no se corroe; debemos asumir que el “cromo” acabará mostrando desgaste en aristas con los años.

Para estética metálica barata en vestir ocasional: zamak puede verse más “metálico real” al principio, pero su vejez suele ser peor.

Si buscamos longevidad y solidez al envejecer: mejor resina “sin cromar” (mate o teñida en masa). Es la que menos problemas da a largo plazo.

Pero no hemos terminado... ¿Cuál de todos es más ecológico?
Ahí tocamos el nervio sensible: lo ecológico. Porque en relojes baratos (y no tan baratos) casi nunca se piensa en ello, y la diferencia entre zamak, ABS y resina Casio se nota mucho cuando hablamos de ciclo de vida y reciclabilidad.

Zamak
-Punto fuerte: es 100 % reciclable como metal. Se funde y se reutiliza indefinidamente.

-Punto débil: la mayoría de cajas de reloj de zamak están niqueladas o cromadas, y ese recubrimiento complica el reciclado, porque hay que retirarlo antes de refundir. 

-Huella inicial: fundir zamak consume más energía que moldear plásticos, pero menos que trabajar acero inoxidable.

ABS
-Punto fuerte: es un termoplástico, en teoría reciclable por fusión (lo mismo que con botellas PET, aunque a otra escala). También puede reciclarse químicamente en monómeros.

-Punto débil: en la práctica, el ABS de un reloj (pequeño, mezclado con metal, pintado o cromado...) casi nunca se recicla. Acaba como residuo normal o incinerado.

-Durabilidad: su envejecimiento rápido (UV, fragilidad) hace que muchos relojes de ABS tengan vida corta, generando más basura.

Resina Casio (PU/PC-ABS reforzado con aditivos)
-Punto fuerte: aguanta mucho más tiempo que el ABS, por lo que su vida útil es larga.

-Punto débil: muchos son termoestables (PU, urea-formaldehído...), y no se funden para reciclar. Acaban en vertedero o incineradora.

-Aditivos y estabilizantes: complican aún más el reciclaje. Básicamente, si se degrada, no se recupera.

Ejemplo real: cuando un G-Shock de hace 25 años se queda sin bisel ni correa, la caja de resina suele ser un residuo imposible de recuperar.

El rey absoluto en esto vuelve a ser, de nuevo, el acero inoxidable o el titanio: muy duraderos, totalmente reciclables y con menor impacto a largo plazo.

¿Cuál tiene menos impacto en el vertedero?
Si, como suele ocurrir, el reloj no se recicla y acaba en el medio ambiente, aquí toca diferenciar persistencia y toxicidad. Por ello, si hablamos de daño ambiental directo:

Zamak
-Oxida lentamente, formando óxidos de zinc y cobre.

En cantidades normales de un reloj, esto no es muy peligroso para el suelo o agua; el riesgo de contaminación es bajo.

Aunque su persistencia en el ambiente es alta (es un metal), sigue existiendo como metal pero no libera microplásticos ni químicos peligrosos adicionales.

ABS
No se oxida, pero se fragmenta en microplásticos con el tiempo.

Estos microplásticos son problemáticos porque:

-Se dispersan en suelos y aguas.

-Pueden ser ingeridos por animales.

-Se acumulan en la cadena alimentaria.

Persistencia muy alta: los microplásticos no desaparecen, solo se fragmentan más y más.

Resinas de Casio
Muy parecidas al ABS en términos ambientales. Se fragmentan lentamente y sus microplásticos son muy persistentes.

Puede contener aditivos, pigmentos, estabilizadores UV que no son biodegradables y pueden contaminar más que el ABS básico.

Conclusión práctica
-Zamak: menos daño ambiental directo, aunque permanece como chatarra, no se vuelve tóxico.

-ABS y resinas: más daño ambiental potencial por microplásticos y aditivos, y elevado peligro de acabar en la cadena alimentaria.

Si el objetivo es el mínimo impacto ambiental al desechar, el metal reciclable (zamak o acero) es mejor que los polímeros, incluso si dura menos estéticamente.

Si nuestra preferencia es minimizar el daño ambiental, la prioridad deja de ser “resistencia a golpes” o estética, y pasa a ser reciclabilidad y no generar microplásticos.

Si lo que buscamos es el material barato pero que a la vez haga menos daño al planeta, el zamak es claramente mejor que el ABS o la resina de Casio. Aunque pueda oxidarse o picarse con el tiempo, su potencial de reciclaje y la ausencia de microplásticos lo hacen más ecológico.

Si luego se envía a reciclaje, el impacto ambiental se minimiza casi al cero.

Los polímeros (ABS o resinas) solo superan al zamak si hablamos de vida útil extremadamente larga sin reemplazos, pero a la hora de desecharlos, generan contaminación mucho más problemática.


6.19.2025

¿Por qué Zonacasio.com está en horas bajas?


Durante años, Zonacasio.com fue mucho más que un blog: era un punto de encuentro para los entusiastas de Casio, una fuente de noticias, análisis y pasión por una marca que marcó a generaciones. Sin embargo, en los últimos tiempos, la actividad ha disminuido notablemente, y muchos se preguntan qué ha pasado. Las respuestas no son simples, pero hay varios factores que han confluido.

Cambios en la estrategia de Casio
Casio ha experimentado una transformación significativa en la última década. La apuesta por modelos premium (G-Shock "Full Metal", colaboraciones de lujo, ediciones limitadas) ha desplazado en parte a los clásicos asequibles que hicieron grande a la marca. Al mismo tiempo, líneas como los F-91, AE-1200 o la serie W, que eran el alma del blog, reciben cada vez menos innovación o promoción.

Esto ha limitado el flujo de novedades relevantes para la comunidad que Zonacasio alimentaba: los fieles a los digitales clásicos, los amantes de la funcionalidad sencilla y robusta por encima del marketing.

Falta de apoyo por parte de Casio
A pesar de haber sido uno de los mayores altavoces de la marca en español, Zonacasio rara vez recibió apoyo directo de Casio, ni en forma de información anticipada, colaboración institucional o reconocimiento. Mientras otras marcas entendieron el valor de los blogs especializados como aliados estratégicos, Casio pareció mirar hacia otro lado.

Esta desconexión resultó frustrante para una comunidad apasionada que, lejos de pedir patrocinios o regalos, simplemente quería ser escuchada y tenida en cuenta. La indiferencia institucional tuvo un coste: el apagamiento de una de las plataformas más activas y comprometidas con el universo Casio.

Políticas de comunicación más cerradas
En los últimos años, Casio ha optado en muchas regiones por una comunicación institucional más controlada, priorizando influencers, eventos puntuales o grandes medios tecnológicos. Los blogs independientes como Zonacasio, que ofrecían crítica, historia y contexto sin depender de la marca, se han visto desplazados o ignorados. Cuando una comunidad no se siente escuchada, se enfría.

Cambios en los hábitos de consumo
La llegada de los smartwatches y la creciente cultura de lo desechable han cambiado la forma en que muchas personas ven un reloj. Ya no se busca tanto un objeto duradero y funcional como una extensión del smartphone. La nostalgia por los Casio de siempre sigue viva, pero en un nicho que no crece, y que muchas veces se mueve en foros, subreddits o vídeos de YouTube, más que en blogs tradicionales.

La fatiga del creador
No hay que subestimar el desgaste personal. Mantener un blog como Zonacasio con actualizaciones constantes, investigación histórica, análisis técnicos y una línea editorial coherente durante años es un reto inmenso. Si a eso se suma una audiencia que decrece, una marca que no colabora y el esfuerzo cae en saco roto, el silencio se vuelve comprensible.

¿Y ahora qué?
Zonacasio.com fue y sigue siendo un archivo invaluable para quien ame los relojes digitales, la historia de Casio y el diseño funcional japonés. Aunque su actividad se haya reducido, su legado permanece. Tal vez, con un giro en las políticas de Casio o una nueva generación de entusiastas, podría resurgir.

Pero mientras tanto, toca valorar el trabajo hecho, y entender que los blogs como Zonacasio no desaparecen porque "la gente ya no lea", sino porque el ecosistema —marca, público, tecnología y apoyo institucional— ya no es el mismo.

El valor de lo auténtico
Zonacasio no fue solo un blog sobre relojes. Fue una voz independiente, entusiasta y rigurosa que defendió lo esencial de Casio cuando muchos solo miraban las cifras de ventas. Habló de historia, de diseño, de utilidad real. Conectó a miles de personas que descubrieron que el valor de un reloj no está en su precio, sino en lo que representa.

Puede que hoy esté en pausa. Puede que el silencio pese. Pero lo auténtico no desaparece: se transforma, se guarda en la memoria colectiva, y a veces, renace. Tal vez no con el mismo formato, pero sí con el mismo espíritu.

Porque mientras haya alguien que mire su viejo F-91W con cariño, o que espere con ilusión una reedición del DW-1000, el legado de Zonacasio seguirá vivo.

Y quién sabe… puede que aún no haya dicho su última palabra.

2.27.2025

La sinrazón de los que compran G-Shock




Los relojes G-Shock de Casio nacieron con una misión clara: ser prácticamente indestructibles. Diseñados para soportar golpes, caídas, agua, barro y todo tipo de condiciones extremas, su esencia es la resistencia absoluta. Son relojes que invitan a despreocuparse, a vivir sin miedo a los arañazos o al desgaste.

Sin embargo, resulta curioso cómo muchos de sus compradores parecen más preocupados por protegerlos que por usarlos sin miramientos. Compran protectores de cristal para evitar rayones en una pantalla diseñada para soportar abusos, se preocupan por el desgaste del bisel y adquieren recambios "por si acaso", e incluso algunos los tratan con un nivel de cuidado casi obsesivo, como si fueran delicadas piezas de lujo.

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