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9.24.2026

Casio descubre los relojes mecánicos: ¿qué ha sido de la compañía electrónica?

¿Qué le ocurre a Casio últimamente con los relojes mecánicos? Han sacado el EFK-100, el EFK-110, luego el EFK-200, y ahora van a lanzar el también mecánico CMK-100... se suponía que era una compañía de electrónica de vanguardia, ¿verdad? Pues ya no. O cada vez menos, mejor dicho.

Sí, es un cambio de rumbo bastante llamativo. Y lo curioso es que no parece que Casio esté abandonando la electrónica; más bien está intentando ocupar un terreno que históricamente había dejado a otras marcas.

El EFK-100 fue presentado oficialmente como el primer reloj automático de Casio, dentro de Edifice. Lleva movimiento mecánico, unas 40 horas de reserva, zafiro y, en una de las variantes posteriores, esfera de carbono forjado. 

Y ahora el supuesto CMK-100 va todavía un paso más allá: según se dice habría tres variantes, caja de titanio, cristal de zafiro y movimiento Miyota 8215. 

Y aquí está la parte que me parece más interesante: Casio nació precisamente alrededor de la idea de hacer cosas electrónicas que cambiaran lo que podía hacer un reloj.

Calculadoras, relojes digitales, alarmas, cronógrafos, calculadoras en la muñeca, bases de datos, sensores, Tough Solar, radiocontrol, Bluetooth...

Es decir: mientras la relojería tradicional decía: "Vamos a perfeccionar el mecanismo que mueve las agujas".

Casio podía decir: "¿Y si directamente hacemos que el reloj haga cosas que un reloj mecánico nunca podrá hacer?".

Y durante décadas esa fue precisamente su personalidad. Ahora llega el EFK-100 y toda esa filosofía la tiran a la basura y Casio te dice: "Mira qué bonito nuestro reloj mecánico". 

Lo paradójico es que el movimiento ni siquiera es lo revolucionario. El  CMK-100 utilizaría un Miyota 8215, mientras que la propia documentación del EFK-100 habla de un movimiento mecánico de 24 rubíes y 21.600 alternancias/hora, que primeramente fue comprado a Miyota, y luego a Seiko. 

Eso cambia bastante la lectura.

Casio no está desarrollando aparentemente una nueva tecnología mecánica revolucionaria. Está incorporando una tecnología mecánica de otros ya existente a su catálogo y envolviéndola en materiales y diseño Casio.

No digo que comercialmente hablando no tenga bastante sentido: el reloj mecánico tiene un atractivo que el cuarzo digital no puede reproducir fácilmente para determinado público. El movimiento visible, el segundero deslizándose, el ritual de darle cuerda...

Pero desde el punto de vista histórico de Casio, resulta casi cómico.

La compañía que durante décadas hizo que los relojeros tradicionales parecieran tecnológicamente anticuados ahora tiene que vendernos las virtudes de un mecanismo que funciona básicamente como hace siglos. 

Y fijémonos en otra cosa: el EFK-200 no se vende como un simple reloj mecánico. Casio intenta justificarlo mediante su lenguaje tecnológico: carbono forjado, materiales de automoción, diseño inspirado en los deportes de motor, etc. 

Eso me parece muy revelador.

No es que Casio haya dejado de ser Casio. Está intentando encontrar una narrativa para que la relojería mecánica encaje dentro de lo que Casio representa.

Para una marca que durante tanto tiempo construyó su identidad precisamente alrededor de lo contrario, el cambio es enorme, y estoy seguro que más de uno en Casio quisiera hablar -y no muy bien, por cierto- de todo esto.

Además , podríamos plantear una pregunta bastante incómoda: si Casio entra en el terreno donde ya compiten Seiko, Citizen, Orient y decenas de marcas mecánicas, ¿qué queda exactamente de aquello que hacía que comprar un Casio fuese comprar algo diferente a un reloj tradicional?

Porque siempre fueron en contra de la relojería mecánica, no querían verla ni en pintura... quizás porque antes con sus Pro Trek y sus Master of G podían presumir de ofrecer los relojes más tecnológicamente avanzados, pero ahora Garmin y Apple les adelantó por todos lados. Tampoco pueden ofrecer relojes sencillos a precios competitivos, porque Sanda y Skmei les comieron la tostada y les han sacado una ventaja brutal. Así que lanzan los mecánicos comprándoles a Miyota el calibre, o el EFK-200 por 300 eurazos, cuando ese calibre en Seiko no vale ni 20 euros... 

He encontrado una prueba documental que hace que la contradicción sea todavía más divertida.

En un informe corporativo de Casio de 2012, la propia empresa explicaba su filosofía relojera contraponiendo explícitamente lo "electrónico", "avanzado" y "juvenil" frente a lo "mecánico", "tradicional" y "artesanal", que asociaba a la relojería de alta gama. 

O sea: esto no es una interpretación nuestra; Casio lo decía literalmente. 

Y su historia encaja perfectamente. Casio entró en la relojería porque el cuarzo digital permitía aprovechar su tecnología LSI procedente de las calculadoras. El Casiotron de 1974 no pretendía hacer el reloj mecánico de siempre un poquito mejor: pretendía cambiar lo que un reloj podía hacer. 

Y entonces llegamos a 2025-2026, con toda una gama de relojes mecánicos.

La compañía dice que el EFK-100 fue su primer automático y que tuvo una acogida suficientemente fuerte como para agotarse en mercados de todo el mundo. Ahí está probablemente la clave. Casio ha descubierto que hay dinero y demanda en el reloj mecánico.

Pero hay una ironía enorme: precisamente porque el mercado tecnológico de la muñeca se ha desplazado, aquella vieja ventaja diferencial de Casio ya no es tan exclusiva.

Antes un Pro Trek podía decir: "Tengo sensores que tu reloj tradicional ni sueña con tener".

Hoy existen relojes inteligentes que llevan GPS, mapas, pulsómetro, entrenamientos, comunicaciones, aplicaciones, etc.

Y en el otro extremo tienes el reloj digital económico.

Ahí aparece el problema que llevamos tiempo señalando: el Casio barato ya no tiene el monopolio de "reloj digital sencillo y funcional". Un fabricante chino puede hacerte una cosa que se parece muchísimo a determinado Casio por cuatro duros. Así que Casio parece estar desplazándose hacia el centro: un mecánico con mayor margen/prestigio

Y aquí viene lo que me parece más llamativo de todo: Casio no está convirtiéndose en una empresa de relojes mecánicos. Está intentando monetizar la marca Casio en un mercado donde no necesita inventar la tecnología desde cero.

Eso explica perfectamente la utilización de calibres externos. Aún así, por mucho que en Casio quieran hacer creer lo contrario, un movimiento automático industrial relativamente convencional y generalista no convierte automáticamente a un reloj de 300 € en un reloj mecánicamente excepcional.

Y eso abre una pregunta buenísima: ¿Casio está innovando... o está utilizando el prestigio de la relojería mecánica para compensar que ya no controla como antes los extremos tecnológico y económico del mercado?

Porque ahí sí hay una historia. Y además tiene una paradoja inquietante: Casio nació para escapar de la relojería mecánica.
Ahora, medio siglo después, está volviendo a ella porque quizá el futuro electrónico de los relojes ya no es territorio exclusivamente suyo.

¿Queréis saber mi opinión respecto a todo esto que os estoy comentando? Que todo tiene que ver con que hoy Casio esté en manos de banqueros, y esos lo que buscan son los beneficios a corto plazo vengan de donde vengan y hagan lo que hagan. Como si tienen que comprar motos chinas y remarcarlas. Si la familia Casio siguiera controlando la compañía, dudo mucho que permitieran estos desvaríos. La Casio histórica podía permitirse pensar: "¿Qué podemos inventar que no exista?". Y de ahí salieron cosas como el Casiotron, los primeros digitales, Databank, Pro Trek, G-Shock...

La Casio cotizada moderna tiene además que responder ante decenas de miles de accionistas -39.618 a marzo de 2026- y mantener una relación explícita con inversores. 

De hecho, su propia documentación de gobierno corporativo habla de construir una relación de largo plazo con accionistas e inversores y de maximizar el valor corporativo. 

Eso no demuestra que alguien haya dicho "vamos a comprar calibres baratos y ponerles CASIO para ganar dinero", obviamente.  Pero sí describe un entorno empresarial muy diferente del de los hermanos Kashio construyendo una compañía alrededor de la electrónica.

Y aquí hay una cosa que me parece especialmente buena para mi anterior argumento: Casio no necesita que el reloj mecánico sea una revolución tecnológica. Necesita que sea suficientemente atractivo, fabricable sin desarrollar toda la tecnología internamente, vendible a un precio superior al de un digital convencional, compatible con la imagen de la marca, y capaz de abrirle una categoría en la que antes prácticamente no estaba.

Desde esa perspectiva, comprar un calibre externo tiene muchísimo sentido empresarial. Y entonces aparece la contradicción histórica que todos los aficionados de Casio hemos detectado: la compañía que durante décadas decía, en esencia, "el futuro está en la electrónica", ahora está entrando en la relojería mecánica precisamente cuando su antigua superioridad electrónica está siendo atacada por otros fabricantes.

Eso sí es una historia. Y podríamos plantearlo de una manera mucho más demoledora: "De los hermanos Kashio a los accionistas institucionales: ¿qué queda de la Casio que quería cambiar la relojería?".

Y entonces volvemos a aquel informe de 2012, porque es oro. Ahí encontramos una comparación documental brutal: la propia Casio explicando hace años por qué su identidad estaba ligada a lo electrónico y diferenciándola de la relojería mecánica tradicional... y la misma empresa lanzando ahora automáticos.

Y eso ya no es opinión. Eso sí se puede documentar y comparar. 

En realidad, esa misma documentación corporativa puede decirnos bastante sin que nadie tenga que reconocer nada. Si la familia Kashio tiene una participación minoritaria y no dispone de una posición que le permita por sí sola determinar el consejo, mientras que los inversores institucionales concentran una parte enorme del capital, entonces podemos describir objetivamente el cambio: Casio pasó de ser una empresa fundada y dirigida por los Kashio a ser una sociedad cotizada con un accionariado institucionalizado.

Y eso es mucho más jugoso que "los banqueros mandan". Porque permite hacer una comparación histórica:

- la Casio de los Kashio:
electrónica como identidad,
innovación propia,
diferenciación tecnológica,
"hagamos algo que los demás no pueden hacer".

-la Casio corporativa actual:
rentabilidad por categorías,
materiales y posicionamiento premium,
tecnologías compradas a terceros cuando resulte conveniente,
expansión hacia segmentos donde antes no competía, incluido el mecánico.

Incluso me atrevería a ir más allá aún: pongamos por caso que así fuera, que los bancos movieran el cotarro y que los Kashio que quedan fueran al consejo a chupar chupa-chups y comer pipas... ¿a algún aficionado le importaría eso? Creo que a casi nadie. La mayoría de los que quedan lo que quieren es ver el logo Casio en su reloj, da igual que dentro lleve un tornillo, un Seiko, o un Swatch. El aficionado habitual de la Casio de hoy lo que quiere ver es la pegatina de Casio, le pidan por ella diez euros o diez mil. Y por eso los mecánicos triunfan y todas esas salidas de olla, porque lo que importa hoy es que lleve escrito Casio o G-Shock, y no hay más... 

Porque podemos discutir durante horas si dentro hay un Miyota, un Seiko, un módulo Casio o un mecanismo desarrollado por Casio. Pero para una parte del público, la ecuación se ha simplificado muchísimo:

CASIO = CASIO.

Y eso explica bastante bien determinadas decisiones. Antes la marca podía diferenciarse por lo que había dentro: "Mira qué tecnología hemos desarrollado".

Ahora puede diferenciarse también por lo que pone fuera: "Mira lo que pone en la esfera". Aunque el módulo lo haga Miyota, el chip Sony y la algorítmica Polar.

Y ahí el logotipo se convierte en un activo comercial por sí mismo. El problema aparece cuando la marca se vuelve más importante que el producto. Si alguien está dispuesto a pagar 10 € por un Casio sencillo y otra persona 10.000 € por un MR-G, evidentemente los productos son radicalmente diferentes. Pero la legitimidad de ambos procede en parte del mismo sitio: el nombre Casio. Y eso permite a la compañía entrar en territorios que antes parecían completamente ajenos.

Y aquí está la paradoja que creo más nos interesa ver a nosotros: Casio construyó su reputación haciendo que el producto fuese extraordinario. Ahora puede permitirse que, en determinados segmentos, sea la reputación de Casio la que haga extraordinario al producto.

Son dos modelos de negocio completamente distintos.

Y esto también explica por qué el origen del componente puede importar mucho menos al comprador que hace unos años. Si el consumidor compra una determinada referencia porque quiere un Casio, probablemente no esté comprando un Miyota o un Seiko: está comprando la experiencia de poseer un Casio.

Eso no significa que todos los aficionados sean así, ni mucho menos. Hay coleccionistas que se fijan muchísimo en módulos, construcción, materiales y procedencia. Pero como fenómeno comercial, lo que está pasando tiene sentido.

Y además conecta con algo que llevamos hablando varias veces: cuando G-Shock empezó a convertirse en una marca de estilo además de ser un producto técnico, el logo adquirió una vida propia.

Llegado cierto punto, ya no necesitas convencer al comprador de que ese reloj concreto es extraordinario, sólo necesitas convencerle de que merece la pena llevar ese logo en la muñeca.

Y ahí podemos entender perfectamente el cabreo de los aficionados incondicionales de la Casio de antaño, y que hoy la han ido abandonando por determinados lanzamientos. Porque si Casio puede vender prácticamente cualquier cosa bajo el paraguas de Casio/G-Shock, aparece una pregunta incómoda: ¿Hasta dónde puede estirarse una marca antes de que el logo deje de significar aquello que originalmente representaba?

Esa me parece incluso más interesante que la discusión sobre los bancos o el control de la compañía, porque al aficionado probablemente le dé igual quién vote en la junta de accionistas; lo que sí puede importarle es qué significa "CASIO" cuando mira la esfera.

Es lo mismo que ya hemos visto con Adidas, Nike, Grundig, Kodak y tantas otras. La fábrica no se sabe dónde está ni qué hace, pero el producto lleva el logo y es lo que la gente les compra. Porque una cosa es fabricar productos y otra muy distinta es poseer una marca.

En muchos sectores, la marca acaba convirtiéndose en una especie de certificado de identidad. El consumidor no necesariamente sabe quién ha fabricado físicamente el producto, dónde se ha producido o cuánto de su tecnología pertenece realmente a la empresa. Lo que reconoce es el nombre.

Y eso puede ser tremendamente rentable.

Con Casio la paradoja resulta especialmente curiosa porque su marca se construyó precisamente sobre la tecnología propia. No era solamente: "Compra esto porque pone CASIO".

Era:

"Compra esto porque CASIO ha hecho algo que los demás no saben hacer".

Ahí está el cambio.

Un antiguo Casiotron, Databank o Pro Trek tenía detrás una historia tecnológica que formaba parte del propio producto. La marca y la ingeniería estaban muy vinculadas. En cambio, si mañana tenemos: un calibre externo, una caja externa, y sólo el diseño Casio y la distribución Casio, el producto puede seguir teniendo un enorme valor comercial aunque la aportación tecnológica específicamente relojera de Casio sea mucho menor.

Y eso no convierte automáticamente al reloj en malo. Es otra cosa: la marca pasa a ser uno de los componentes principales del producto.

Y hay una palabra para esto: brand equity

El valor acumulado de una marca permite vender cosas que, objetivamente, pueden compartir componentes, fabricantes o tecnologías con productos mucho más baratos.

Porque si consiguen que alguien piense:

"Quiero un CASIO"

antes incluso de pensar:

"¿Qué reloj quiero?"

han conseguido algo comercialmente potentísimo.

Y entonces da igual que el catálogo se vaya desplazando de 20 € a 50 €, a 150 €, a 300 € a 1.000 €... como estamos viendo. La marca puede acompañar al consumidor durante todo el recorrido.

Pero aquí aparece el peligro que hemos estado señalando: Cuando una marca puede vender casi cualquier cosa gracias a su logotipo, puede llegar un momento en que el logotipo tenga más peso que aquello que hizo famosa a la marca.

Y eso es especialmente delicado en Casio, porque su patrimonio no era simplemente "una marca japonesa conocida", sino que era electrónica japonesa aplicada a objetos cotidianos.

Por eso resulta tan llamativo ver a la Casio contemporánea acercándose al reloj mecánico tradicional. No es simplemente que hayan hecho un automático, es que el automático representa casi lo contrario de la filosofía con la que Casio conquistó el mercado relojero.

La verdadera pregunta ya no sería entonces "¿qué lleva dentro un Casio?", sino que sería:

"¿Cuánto de lo que estás pagando pertenece al reloj y cuánto pertenece a las cinco letras de la esfera?".

Y por eso no nos extrañe que pasado mañana los F-91 lleven dentro un Skmei. Y lo más gracioso es que, siguiendo la lógica que estamos comentando, comercialmente sería perfectamente comprensible si algún día Casio externalizara todavía más partes del producto:

-Módulo digital fabricado por un tercero.
-Caja fabricada por un tercero.
-Montaje realizado por un tercero.
-Distribución Casio.

Precio final Casio F-91W: 29,90 €.

Lo verdaderamente irónico es que SKMEI ya ha demostrado que puede competir precisamente en el terreno que hizo grande al F-91W: reloj digital sencillo, barato y con funciones suficientes.

Así que tendríamos una situación surrealista:

Casio: "Nuestro reloj tiene un módulo fabricado por Skmei y cuesta 29 €".
Skmei: "Nuestro reloj cuesta 5 €".
Consumidor: "Sí, pero yo quiero que ponga CASIO".

Y ahí se demuestra el poder de una marca.

Pero hay un límite interesante: si algún día Casio externalizara absolutamente todo, seguiría vendiendo CASIO, pero ya no estaría vendiendo necesariamente la Casio que conocemos. Y lo más asombroso es que la gente seguiría prefiriendo el Casio, aunque fuesen el mismo producto... Ahí está la verdadera fuerza de una marca: llega un momento en que deja de ser una identificación del fabricante y se convierte en una señal de confianza, pertenencia y significado.

Imaginad el experimento: Dos relojes salen de la misma fábrica, utilizan exactamente el mismo módulo, la misma caja, el mismo cristal, la misma pila y hasta el mismo molde.

Uno lleva:

SKMEI — 5,99 €

y el otro:

CASIO — 24,99 €

Y una parte importante del público probablemente diría: "yo quiero el Casio".

¿Por qué?

Porque no está comprando únicamente las prestaciones. Está comprando todo lo que ha aprendido a asociar con esas cinco letras: los recuerdos, la reputación, la estética, la historia, la percepción de fiabilidad, incluso cierta nostalgia.

Eso se llama brand equity: el valor añadido que tiene un producto simplemente por pertenecer a una marca determinada. Y aquí aparece una paradoja fascinante para Casio: la empresa ha conseguido que su logotipo tenga tanto valor que puede sobrevivir incluso cuando la ventaja tecnológica que originó ese valor deja de ser exclusiva.

Y eso explica también por qué puedes poner un Casio de 10 € al lado de un reloj chino de 5 € con prestaciones similares y encontrar gente defendiendo al primero con uñas y dientes. No necesariamente porque estén equivocados. Están comprando cosas diferentes aunque objetivamente los relojes hagan prácticamente lo mismo.

Y aquí está lo verdaderamente peligroso para Casio: si algún día el consumidor deja de percibir una diferencia real entre el producto Casio y el producto chino, el logotipo será lo único que quede para justificar la diferencia de precio. 



9.16.2026

Cuando Omega quiso conquistar el mundo digital


Estamos en 1972. La relojería suiza llevaba siglos perfeccionando engranajes, rubíes, escapes y volantes… y de repente aparecen unos tipos haciendo relojes sin agujas.

Y no era ciencia ficción.

El primer Omega digital de la historia
El Omega Constellation Time Computer es uno de los primerísimos Omega digitales de los años 70. Apareció en 1972 y utilizaba un movimiento electrónico de cuarzo con LED rojos. El primer modelo, referencia 196.0020, llevaba calibre Omega 1600 y mostraba horas, minutos y segundos mediante un LED que se activaba al pulsar el botón. Omega lo catalogaba dentro de la familia Constellation.

Sí, habéis leído bien: el día que Omega decidió hacer un reloj que parecía venir del futuro.

La conexión con Pulsar que casi nadie conoce
El primer gran protagonista de esta revolución fue Pulsar, nacido de Hamilton y basado en tecnología electrónica estadounidense. Su reloj digital utilizaba LED: para saber la hora había que pulsar un botón, y entonces aparecían los números luminosos.

Omega vio aquello y debió pensar algo parecido a: "¿Y si hacemos nosotros uno?".

Pero en lugar de desarrollar desde cero toda aquella tecnología, Omega recurrió precisamente a Pulsar. Entre 1972 y 1974 llegó a comprar alrededor de 30.000 módulos LED para sus Time Computer. Se produjeron aproximadamente 15.000 unidades de esa primera versión.

Cómo era el Time Computer I
Los Time Computer tenían la siguiente configuración:

· Caja rectangular de acero
· Cristal oscuro tipo pantalla (mineral con tonalidad rojiza para mejorar el contraste de los LED)
· Brazalete integrado
· Caja relativamente grande para la época
· Pulsador lateral
· Logotipo Ω y OMEGA dentro de la propia pantalla

Era, en otras palabras, un reloj de lujo que funcionaba como un pequeño aparato electrónico. Omega estaba intentando conquistar el mismo futuro que luego conquistarían marcas como Casio.

Killer Force (1976): el Omega en el cine
El Time Computer sale en la película Killer Force de 1976, en la muñeca de varios de sus protagonistas. Incluso se puede ver el estuche con el que se comercializaba.

Killer Force es efectivamente de 1976, dirigida por Val Guest y protagonizada, entre otros, por Peter Fonda, Telly Savalas y Christopher Lee.

Y hay otro detalle que me encanta: el reloj de la película parece estar apagado, por eso la pantalla se ve completamente negra. En funcionamiento aparecían los números LED rojos.

A distancia parecía un reloj apagado. Entonces pulsabas el botón…

19:47

…y aparecían los números rojos. En plena década de los 70 eso debía parecer casi magia.

El problema: Omega llegó demasiado pronto… y demasiado caro
Aquellos LED consumían muchísimo comparados con los futuros LCD. Por eso no podías dejar los números encendidos permanentemente: tenías que pulsar el botón para ver la hora.

Mientras tanto, la tecnología estaba avanzando a una velocidad absurda. A mediados de los 70 empezaron a aparecer LED mucho más baratos. Texas Instruments, por ejemplo, consiguió bajar el precio de determinados relojes digitales hasta 19,95 dólares en 1976, y posteriormente incluso a 9,95 dólares.

Y entonces ocurrió algo demoledor. El reloj digital pasó de ser:

"¡Qué tecnología tan futurista!"

a:

"¿Por qué tengo que pulsar un botón para saber qué hora es?"

Y ahí entró el LCD. El cristal líquido consumía muchísimo menos y permitía mantener la hora permanentemente visible. Para 1976-77 el mercado digital empezó a cambiar rápidamente de los LED a los LCD.

Omega continuó desarrollando la familia: aparecieron los Time Computer II, III y posteriores, con más funciones y otros calibres; por ejemplo, el 1602 incorporaba calendario programado.

Pero la revolución que terminó ganando no fue aquella. Fue la del LCD de cuarzo con producción masiva y a precio bajo.

¿Cuánto costaba realmente este reloj?
Si tomamos como referencia el Time Computer I, Omega tenía un precio minorista suizo de 1.780 francos en 1974.

La inflación suiza desde 1974 hasta 2026 ha multiplicado aproximadamente por 2,33 el nivel de precios. Es decir, hoy serían 4.150 CHF, aproximadamente 4.390 € de 2026.

Pero ojo, porque esto es equivalencia por inflación general, no significa que Omega tuviera que vender hoy ese reloj por 4.390 €. Es simplemente cuánto poder adquisitivo representaban aquellos 1.780 francos de 1974.

Y aquí viene la comparación que lo pone todo en perspectiva: en España, las referencias de precios sitúan a coches como el Renault 4 de 1976 en unas 115.000 pesetas, mientras que el R4 TL estaba en unas 128.000 pesetas.

Eso significa que, tomando como referencia el R4 básico, 115.000 ptas de 1976 equivalen aproximadamente a 8.700 – 9.000 € de poder adquisitivo actual.

Es decir, un reloj digital que solo daba la hora te costaba la mitad de lo que costaba un utilitario.

¡Pero si es una caja de acero con cuatro LED!
Sí, pero hay que hacer una pequeña justicia al reloj: no estabas pagando una pantalla LED. Estabas pagando la tecnología de la pantalla LED cuando aquello era tecnología punta.

En 1972–74 fabricar aquello era muchísimo más complicado y caro que fabricar un reloj de cuarzo convencional posterior:

· Módulo LED: los displays LED eran tecnología electrónica relativamente nueva y cara
· Circuitería: necesitaba electrónica específica para controlar la pantalla y generar la señal horaria
· Consumo: los LED gastaban bastante, así que había que diseñar el sistema para que la pantalla se activase solo al pulsar el botón
· Producción pequeña: no había millones de unidades amortizando el desarrollo
· Posicionamiento Omega: la marca lo vendía como relojería tecnológica de alta gama

El dinero estaba, sobre todo, en la electrónica y en lo extraordinariamente nueva que era.

La lección histórica
Y aquí está la ironía: Omega había entrado en el mundo digital utilizando tecnología de Pulsar, cuando aquella tecnología todavía parecía absolutamente revolucionaria. Pero el mercado no esperó.

El Time Computer demuestra que innovación y éxito comercial no son necesariamente lo mismo. Omega podía fabricar un digital extraordinariamente sofisticado para 1972-76, pero no podía competir con la economía de escala que estaban desarrollando los fabricantes japoneses.

Omega estaba intentando fabricar el reloj del futuro. Casio terminaría ayudando a convertir ese futuro en el reloj de cualquiera.

Lo curioso es que, décadas después, mucha gente recuerda a Omega por sus Speedmaster, Seamaster y Constellation mecánicos, pero hubo un Omega que era básicamente un ordenador de muñeca LED.

Y es que en 1976 llevar un reloj de estos sería lo más asombroso que te podías poner en la muñeca. No era simplemente "llevar un reloj": era llevar tecnología punta. Era una auténtica declaración de intenciones.

El señor de Killer Force no llevaba un Casio cutre. Llevaba el equivalente setentero de entrar en una cafetería enseñando discretamente el último cacharro tecnológico que nadie más tiene.

Y eso, sinceramente, es precisamente la gracia de los relojes vintage: cosas que hoy parecen rudimentarias podían ser auténticos símbolos de tecnología y estatus en su momento.


¿Conocíais la existencia de este Omega digital? ¿Habéis visto algún Time Computer en persona? Os leo en comentarios.

9.04.2026

Los componentes de un reloj electrónico. Los condensadores

"Condensadores: estabilidad, filtrado y precisión en los relojes electrónicos discretos".

En los relojes electrónicos de componentes discretos (CDE), los condensadores eran esenciales para estabilizar señales, filtrar ruido y definir constantes de tiempo. Aunque son componentes pasivos, su influencia en el comportamiento del circuito era decisiva: sin ellos, el oscilador de cuarzo sería inestable, los contadores fallarían y la lógica digital sufriría interferencias.

Qué es un condensador
Un condensador es un componente pasivo que almacena energía en forma de campo eléctrico. Se compone de dos placas conductoras separadas por un material aislante (dieléctrico).

Su función principal es oponerse a cambios bruscos de tensión, lo que lo convierte en una herramienta fundamental para filtrar ruido, estabilizar osciladores, definir retardos temporales, y desacoplar etapas del circuito.

Condensadores en relojes electrónicos antiguos

- Estabilización del oscilador de cuarzo
El oscilador de cuarzo es el corazón del reloj. Para funcionar con precisión necesita un circuito de realimentación estable.

Los condensadores se empleaban para:

→ajustar la frecuencia de resonancia del cuarzo
→estabilizar la amplitud de la señal
→evitar oscilaciones espurias

Sin estos condensadores, el cuarzo podría desviarse de su frecuencia nominal o incluso dejar de oscilar.

- Filtrado de ruido en la alimentación
Las pilas de los relojes proporcionan una tensión relativamente estable, pero los transistores y displays generan pequeñas fluctuaciones.

Los condensadores de filtrado:

→suavizan variaciones de tensión
→reducen interferencias
→evitan que el ruido afecte a los contadores y flip‑flops

En relojes discretos, donde cada etapa estaba físicamente separada, este filtrado era especialmente importante.

- Desacoplo entre etapas
Cuando un transistor conmuta, puede generar picos de corriente que afectan a otros componentes cercanos.

Los condensadores de desacoplo se colocaban estratégicamente para:

→absorber esos picos
→mantener estable la tensión local
→evitar que una etapa lógica afectara a otra

Esto era crucial en contadores y divisores de frecuencia, donde cualquier perturbación podía provocar errores de conteo.

- Generación de retardos temporales
En algunos relojes discretos, ciertas funciones requerían retardos muy breves.
Los condensadores, combinados con resistencias, formaban circuitos RC que definían:

→tiempos de carga y descarga
→retardos de propagación
→ventanas de sincronización

Aunque la mayor parte del tiempo se usaban flip‑flops para temporización digital, los RC eran útiles para ajustes analógicos finos.

Por qué eran indispensables
Los condensadores no procesan información ni almacenan bits, pero garantizan que el circuito funcione de forma estable y predecible.

En relojes discretos, donde cada función dependía de componentes individuales, los condensadores eran la base de la estabilidad eléctrica: sin ellos, el reloj perdería precisión, generaría errores o directamente dejaría de funcionar.


8.08.2026

G-Shock: de reloj indestructible a espectáculo indestructible

Hubo un tiempo en el que comprar un G-Shock era una decisión bastante sencilla. Uno quería un reloj que aguantara golpes, caídas, agua, polvo y el trato que probablemente acabaría con cualquier reloj convencional. Casio ponía la tecnología y el consumidor ponía el maltrato.

Hoy la cosa es bastante más complicada.

Porque G-Shock ya no vende únicamente relojes resistentes. Vende una identidad, una estética, una comunidad, colaboraciones, ediciones limitadas, materiales exóticos, celebrities, coleccionismo y, sobre todo, una marca capaz de convertir un reloj digital de resina en un objeto cuyo precio puede multiplicar varias veces el de un Casio convencional.

Y quizá por eso habría que empezar a llamarlo G-Show.

No porque los G-Shock hayan dejado de ser buenos relojes. Algunos siguen siendo auténticas máquinas. Sino porque alrededor de ellos se ha construido un espectáculo comercial extraordinariamente eficaz.

El G-Shock original tenía una idea bastante más sencilla
Cuando Casio presentó el primer G-Shock, el DW-5000C, en 1983, la filosofía era casi de ingeniería militar: ¿cómo hacemos un reloj que no se rompa?

La solución de Kikuo Ibe y su equipo no consistió simplemente en fabricar una caja de acero cada vez más gruesa.

El concepto era mucho más inteligente: proteger el módulo mediante una estructura que absorbiera los impactos. La caja interior metálica, la tapa trasera de acero y la envolvente de resina trabajaban juntas para mantener el mecanismo aislado.

Y ahí aparece una de las grandes ironías de la historia del G-Shock: la resina no convirtió al reloj en un producto barato porque fuese una solución de compromiso; formaba parte precisamente de la solución técnica.

La resina podía absorber impactos, era ligera, podía moldearse con formas complejas y permitía fabricar grandes cantidades de piezas de manera muy eficiente.

El acero, mientras tanto, seguía teniendo sus ventajas: dureza superficial, resistencia al desgaste y una sensación de construcción que ningún plástico puede reproducir completamente.

Por tanto, no es correcto decir que "el plástico es más resistente que el acero". Es otra cosa. El acero es más duro. La resina puede ser más adecuada para absorber determinados impactos.

Y esa diferencia es fundamental.

Entonces llegó el fenómeno G-Shock
Durante sus primeros años, G-Shock era fundamentalmente una solución técnica a un desafío real. Pero en los años noventa sucedió algo extraordinariamente importante: el reloj empezó a convertirse en cultura.

La estética de los G-Shock encajó perfectamente con determinadas escenas musicales y urbanas, especialmente con el hip-hop. El reloj dejó de ser solamente aquello que llevabas porque necesitabas un reloj resistente. Empezaste a llevarlo porque decía algo de ti. Y ahí el negocio dio un giro radical.

Porque cuando un producto se convierte en símbolo cultural, el precio deja de guardar una relación directa con su coste de fabricación. Un bolígrafo puede costar unos céntimos y venderse por cientos de euros si lleva determinado nombre. Una camiseta puede costar muy poco fabricarla y convertirse en objeto de culto.

Y un reloj digital de resina puede convertirse en un G-Shock. La diferencia no está necesariamente en el material, está en lo que representa.

El curioso caso del reloj de plástico cada vez más caro
Aquí es donde aparece una paradoja fascinante; durante años, el G-Shock fue asociado precisamente a esa combinación: electrónica + resina + resistencia + precio razonable.

Pero conforme la marca ganó prestigio, el precio comenzó a despegarse progresivamente de esa ecuación. Y no necesariamente porque fabricar el reloj se hubiese vuelto proporcionalmente más caro.

Es importante aclararlo: desarrollar un nuevo módulo, crear moldes, realizar ensayos, diseñar una construcción más compleja, incorporar sensores, Bluetooth, GPS, Tough Solar o nuevas tecnologías sí cuesta dinero. Una edición limitada también puede tener costes de desarrollo y producción diferentes.

Pero existe una diferencia enorme entre el coste de fabricar un producto y el precio que el mercado está dispuesto a pagar por él. Y G-Shock descubrió que el mercado estaba dispuesto a pagar mucho más de lo que costaba en realidad el reloj.

Muchísimo.

La resina es barata. El G-Shock no tiene por qué serlo
Esta es probablemente la parte que más chirría cuando observamos la evolución de la marca. Una caja de resina inyectada puede ser extraordinariamente barata de producir a gran escala una vez amortizados los moldes y los costes de desarrollo.

Eso no significa que un G-Shock sea barato de fabricar en su totalidad, claro, pero sí significa algo importante: el precio final no puede explicarse simplemente diciendo "es que lleva materiales caros".

De hecho, en determinados modelos ocurre exactamente lo contrario: puedes encontrarte un reloj con una enorme cantidad de resina y un módulo digital relativamente sencillo que cuesta varias veces lo que otro Casio también digital, también de resina y con una electrónica comparable.

¿Qué estás pagando entonces? La respuesta es incómoda: estás pagando G-Shock. Y no lo digo necesariamente como algo negativo. Las marcas tienen derecho a cobrar por su diseño, investigación, distribución, marketing, prestigio y posicionamiento.

Pero conviene reconocerlo.

De "reloj indestructible" a "objeto de coleccionismo"
Aquí está probablemente la transformación más importante. El G-Shock original necesitaba convencerte de algo básico y simple: de que no se iba a romper.

El G-Shock moderno intenta convencerte de muchas más cosas:

→de que es exclusivo.
→de que es una edición especial.
→de que es una colaboración.
→de que tiene un material diferente, con otro color, con otro acabado.
→de que lo llevan determinados artistas.
→de que hay pocas unidades.
→de que sólo se va a fabricar esa variante por determinado tiempo.
→de que es una buena pieza para coleccionar.

Es decir, el producto ha pasado de vender principalmente prestaciones a vender también pertenencia. Y eso es una estrategia comercial potentísima, porque un reloj funcional tiene un límite: si solamente necesitas saber la hora, un Casio de 20 euros puede solucionar el problema perfectamente. Pero si quieres ese G-Shock, ya no estás comprando simplemente la hora, estás comprando el G-Shock como marca, concepto e historia. Y contra eso no puede competir ninguna hoja de especificaciones.

La paradoja de Casio
Y aquí encontramos una de las contradicciones más interesantes de la historia reciente de Casio. La empresa construyó una parte enorme de su reputación gracias a productos extraordinariamente accesibles: relojes digitales sencillos, fiables, resistentes y asequibles.

Aquella filosofía tenía algo revolucionario: hacer tecnología útil para prácticamente cualquier persona, independientemente de su poder económico.

Pero décadas después, la misma marca pasa a presentar relojes de miles de euros, y aquí es donde uno puede preguntarse: "¿qué ha cambiado?". Porque la tecnología digital que permitió fabricar relojes extraordinariamente baratos no ha desaparecido, la electrónica no se ha convertido mágicamente en oro, la resina tampoco se ha convertido en platino. Lo que ha cambiado fundamentalmente es el posicionamiento del producto.

Y cuanto más caro, más "G" parece
Hay algo casi cómico en esta evolución: el G-Shock nació como una especie de reloj utilitario radical.

Ahora podemos encontrar G-Shock con cajas metálicas, titanio, tratamientos especiales, acabados sofisticados, movimientos analógicos de mayor complejidad y versiones de precios que hace unas décadas habrían resultado absurdas para la propia imagen de la marca.

Y aquí aparece otra paradoja: cuanto más se aleja un G-Shock de aquel reloj barato, digital y de resina que conquistó las calles, más sofisticado parece ser considerado por la propia industria. Es como si el éxito hubiese terminado convirtiendo la sencillez original en algo que necesitara ser superado.

Primero fue el "mira qué bien funciona y cómo lo aguanta todo por 20 euros".

Después llegó el "mira cuánto podemos hacerte pagar por él y encima sales contento".

El verdadero golpe no lo recibe el reloj
Y quizá ahí esté la genialidad del modelo de negocio. El G-Shock puede recibir golpes, pero la marca, no. Porque cuando una empresa consigue convertir un producto en símbolo, puede aumentar el precio hasta límites absurdos sin necesidad de aumentar proporcionalmente el coste material, porque su consumidor no está comparando únicamente "acero frente a resina", está comparando "Casio frente a G-Shock".

Y eso cambia absolutamente todo.

Por eso un consumidor puede mirar un reloj de Skmei de 15 euros y decir: "Tiene alarma, cronómetro, calendario, luz, resistencia al agua y una pila que dura años".

Y tener razón.

Pero el propietario de un G-Shock suele responder: "Sí, pero no es un G-Shock".

Y también tiene razón. Es en esa pequeña pero vital diferencia donde está el auténtico negocio.

¿Entonces G-Shock es humo?
No. Y sería injusto decirlo. El problema aparece cuando confundimos valor técnico con valor de marca.

Un G-Shock puede tener un magnífico diseño de protección, una construcción muy estudiada, controles de calidad exigentes y una historia tecnológica real detrás. Pero eso no significa que cada euro adicional que pagamos corresponda a un euro adicional de ingeniería.

En determinados productos, una parte creciente del precio responde a algo mucho más intangible: marca + diseño + exclusividad + marketing + deseo.

Y eso no es patrimonio exclusivo de Casio. Lo hacen prácticamente todas las marcas que han conseguido convertirse en símbolos.

Pero en G-Shock resulta especialmente llamativo porque la marca nació precisamente como la antítesis de todo eso. Nació para solucionar un problema, y para hacerle frente a todo eso que hoy se ha convertido en parte de su identidad.

Y aquí aparece el "G-Show"
Por eso la broma tiene más recorrido del que parece. G-Shock describe el reloj, pero G-Show describe todo lo que se ha construido alrededor: las colaboraciones, el precio inflado, las ediciones limitadas, las fiestas de lanzamientos, las celebridades, los influencers, las cajas especiales, los materiales exóticos, el coleccionismo, las campañas publicitarias, los modelos que desaparecen rápidamente del mercado... Y, por supuesto, los seguidores que parecen defender la marca como si estuvieran defendiendo a su propio equipo de fútbol o a un partido político. 

La imagen que veis es casi una caricatura perfecta del fenómeno: alguien escribiendo simplemente "Casio ❤️❤️❤️❤️❤️❤️", mientras su foto de perfil convierte el comentario en una especie de documento sociológico involuntariamente maravilloso que retrata perfectamente a ese tipo de aficionados de "G-Show".

Ahí ya no estamos hablando de prestaciones. Estamos hablando de tribu.

El mayor éxito de G-Shock
Y quizá haya que reconocerle a Casio algo incluso aunque seamos críticos con la estrategia: han conseguido algo que muy pocas marcas de relojes han logrado. Han conseguido que una generación de consumidores pueda sentir por un reloj digital de cuarzo una vinculación emocional comparable a la que otros sienten por relojes mecánicos de lujo.

Eso es extraordinario. Pero hay un gran problema: al contrario de las marcas que sí nacieron como relojes de lujo, G-Shock nació precisamente para combatir eso. Y otro gran problema es que esa misma capacidad puede convertirse en una trampa.

Porque cuando una marca descubre que puede venderte un producto por lo que significa, y no solamente por lo que cuesta fabricarlo, aparece una tentación evidente: seguir subiendo hasta el infinito.

Y entonces surge la pregunta incómoda que los seguidores de G-Show temen siempre hacerse: ¿hasta dónde puede alejarse G-Shock de aquel reloj humilde, resistente y relativamente asequible antes de convertirse en otra cosa?

Porque quizá el mayor peligro para G-Shock no sea que los chinos fabriquen relojes digitales casi iguales y mucho más baratos. Quizá sea que G-Shock olvide por qué aquellos relojes baratos se hicieron famosos en primer lugar.

Del "indestructible" al "incuestionable"
Y aquí cierro con una paradoja que me parece incluso más interesante que la del plástico: el primer G-Shock tenía que demostrar que era indestructible.

El G-Shock moderno ya no necesita demostrarlo tanto.

Su mayor logro ha sido conseguir algo mucho más difícil: que algunos consumidores y aficionados consideren incuestionable el precio que Casio decide ponerle. Y eso sí que es una tecnología verdaderamente avanzada, mucho más que la electrónica, que el Tough Solar, que el Bluetooth y que el carbono:

El marketing.

Eso ya es otra cosa. Eso es cuento, otra fachada, puro engaño. Puro G-Show. 



8.07.2026

Los componentes de un reloj electrónico. Las resistencias

"Resistencias: el control fino de la corriente en los relojes electrónicos discretos (EDC)".

En los relojes electrónicos de componentes discretos, las resistencias eran elementos esenciales para definir niveles de corriente, ajustar señales y estabilizar el funcionamiento de los transistores. Aunque son componentes pasivos y aparentemente simples, su papel era crítico para garantizar que cada etapa del circuito funcionara dentro de los parámetros adecuados.


Qué es una resistencia
Una resistencia es un componente pasivo que limita el flujo de corriente en un circuito. Su valor, expresado en ohmios, determina cuánta corriente puede circular para una determinada tensión.

En electrónica digital discreta, las resistencias se utilizan para:

· fijar puntos de operación de transistores
· definir niveles lógicos
· limitar corriente hacia displays
· estabilizar señales
· evitar oscilaciones no deseadas

Resistencias en relojes electrónicos antiguos
→ Polarización de transistores
Los transistores necesitan una corriente o tensión específica en su terminal de control (base o gate) para funcionar correctamente.

Las resistencias se encargaban de:

· establecer la corriente de base en BJT
· fijar la tensión de puerta en MOSFET
· evitar que los transistores quedaran en estados indeterminados

Sin estas resistencias, los transistores podrían saturarse, cortar de forma incorrecta o generar ruido eléctrico.

→ Redes de división de tensión
En muchos puntos del circuito era necesario obtener tensiones intermedias a partir de la batería.

Las resistencias en configuración de divisor permitían:

· generar niveles lógicos estables
· ajustar la amplitud de señales del cuarzo
· proporcionar referencias para etapas analógicas internas

→Limitación de corriente en displays
En relojes con display LED, cada segmento necesitaba una resistencia en serie para evitar que la corriente excediera el valor seguro.

Sin estas resistencias, los LEDs se habrían quemado en milisegundos.

En los LCD primitivos, aunque el consumo era menor, también se usaban resistencias para definir la forma de onda aplicada a cada segmento.

→ Pull‑up y pull‑down
En lógica digital discreta, las resistencias se empleaban para asegurar que una línea estuviera en un estado definido cuando ningún transistor la estaba activando.

· Pull‑up: mantiene la línea en nivel alto.
· Pull‑down: mantiene la línea en nivel bajo.

Esto evitaba estados flotantes que podían causar errores en contadores y flip‑flops.


Por qué eran indispensables
Aunque las resistencias no “hacen” nada por sí mismas —no amplifican, no conmutan, no almacenan bits— son el andamiaje eléctrico que permite que los componentes activos funcionen de forma estable y predecible.

En los relojes de electrónica discreta (EDC), donde cada función dependía de transistores individuales, las resistencias eran la herramienta para ajustar y controlar cada detalle del comportamiento del circuito.


7.30.2026

Los componentes de un reloj electrónico. Los transistores

Los transistores son fundamento activo de la electrónica digital. En los relojes electrónicos de componentes discretos (EDC), el transistor era el elemento activo esencial. Todo comportamiento del circuito —división de frecuencia, generación de señales lógicas, almacenamiento de estados— dependía de cómo estos dispositivos controlaban el flujo de corriente. Entenderlos es comprender la base de la electrónica digital previa a la integración en LSI.

Qué es un transistor
Un transistor es un dispositivo semiconductor capaz de modular la corriente entre dos terminales mediante una señal aplicada en un tercero.

Su función principal en electrónica digital es actuar como interruptor controlado: permitir o bloquear el paso de corriente según reciba una señal de entrada.

Tipos de transistores usados en relojes electrónicos antiguos
· Transistores bipolares (BJT)
Los BJT fueron los más comunes en los primeros relojes electrónicos.

Características clave:
Tres terminales: emisor, base, colector. La corriente de base controla la corriente entre colector y emisor.

Se empleaban para construir puertas lógicas, amplificadores y etapas de conmutación. Su comportamiento es analógico, pero combinados adecuadamente permiten implementar funciones digitales.

· Transistores MOSFET
Aparecieron en diseños más avanzados, especialmente cuando el consumo energético se volvió crítico.

Terminales que los componen: source, gate, drain. La tensión en la puerta (gate) controla la conductividad del canal semiconductor.

Consumen menos energía que los BJT y permiten densidades mayores. En relojes EDC se usaban para etapas de conmutación de baja potencia y para controlar segmentos de displays LCD.

Cómo se integraban en el funcionamiento del reloj
· División de frecuencia
El cristal de cuarzo genera una señal estable de alta frecuencia.

Los transistores forman los flip‑flops y contadores que dividen esa frecuencia hasta obtener 1 Hz, el pulso que marca los segundos.

· Lógica digital
Combinando transistores se construyen puertas lógicas (AND, OR, NAND, NOR).
Estas puertas determinan cómo se procesan los pulsos y cómo se generan las señales internas del reloj.

· Almacenamiento de estado
Los flip‑flops, formados por transistores, almacenan bits: segundos, minutos, horas.
Cada transición del cuarzo actualiza estos estados.

· Control del display
Los transistores actúan como elementos de conmutación que activan segmentos LED o LCD. Su función es simplemente permitir o impedir el paso de corriente hacia cada segmento.

Por qué este componente es fundamental
El transistor es el bloque básico sobre el que se construye toda la electrónica digital.

En los relojes EDC, cada función era visible y separada: contadores, puertas, drivers… todos ellos hechos a partir de transistores individuales.

Comprenderlos es imprescindible para entender cómo funcionaban aquellos relojes antes de que todo se integrara en un único chip LSI.

7.29.2026

Los componentes de un reloj electrónico. La tecnología LSI

→De componentes discretos a LSI: cómo evolucionaron los relojes electrónicos.

Los relojes digitales antiguos estaban hechos con componentes discretos: cada transistor, cada resistencia, cada condensador, cada puerta lógica… todo separado, soldado uno a uno.

Los relojes modernos usan LSI (Large Scale Integration): un único chip que contiene miles de componentes internos funcionando como un mini‑cerebro.

→ Qué eran los relojes electrónicos de componentes discretos
Los primeros relojes electrónicos (finales de los 60 y principios de los 70) eran casi como mini ordenadores hechos a mano:

 — Cada función del reloj se construía con piezas individuales: transistores, resistencias, condensadores, puertas NAND, flip‑flops…

Componentes discretos:
· Oscilador de cuarzo
 — Ya existía, pero su señal debía dividirse con circuitos hechos de puertas lógicas físicas.

· Divisores de frecuencia
 — Se hacían con contadores electrónicos montados a base de flip‑flops discretos.

· Drivers de pantalla
 — Controlaban LEDs o LCD primitivos, también con componentes separados.

Eran relojes grandes, caros, que consumían bastante energía, y muy sensibles a fallos porque cada soldadura era un punto débil. Sin embargo, también eran relojes donde se podía ver a simple vista cada componente, y por lo tanto, más fáciles de reparar.

Esos relojes eran como puzzles electrónicos: cada pieza tenía una función clara y visible.

→ Qué son los relojes digitales con LSI
A partir de mediados de los 70 llegó la revolución: LSI (Large Scale Integration).

· LSI
 — Miles de transistores integrados en un solo chip.

Todo lo que antes eran docenas de componentes separados ahora se convertía en un único circuito integrado, en donde el chip ya incluía:

- Divisor de frecuencia
- Contadores
- Lógica de control
- Driver para la pantalla
- Gestión de energía

Resultado: relojes pequeños, baratos, fáciles de producir en masa, precisos, duraderos, y con pilas de gran autonomía.


7.13.2026

¿Quién habría imaginado hace treinta años que Casio vendería un G-Shock por 8.800 euros?

La compañía que conquistó el mundo gracias a relojes fiables, prácticos y al alcance de cualquier bolsillo lleva tiempo intentando hacerse un hueco en la alta relojería. Su último movimiento es el G-Shock MRG-BF1000EB, una edición limitada a 800 ejemplares que acaba de presentarse en España y que supone una nueva demostración de hasta dónde quiere llegar la firma japonesa.

Lo interesante no es tanto que "han presentado un reloj", sino lo que representa. Porque Casio está viviendo una contradicción muy curiosa.

Durante décadas construyó su prestigio haciendo justamente lo contrario que la relojería suiza. Mientras Rolex, Omega o Patek Philippe vendían tradición, lujo y exclusividad, Casio vendía tecnología, funcionalidad y democratización. Un F-91W, un W-26 o un DW-5600 permitían disfrutar de relojes extraordinariamente resistentes por unas pocas decenas de euros. Ese era el ADN de la marca.

Ahora, sin embargo, Casio intenta convencer al mismo cliente que compra relojes mecánicos artesanales de que un reloj de cuarzo fabricado por ellos también merece costar cerca de 9.000 euros.

Y ahí surge la gran pregunta:

¿Puede una marca cambiar de identidad sin perder parte de su esencia?

Porque nadie discute que un MR-G esté magníficamente fabricado. El titanio, los tratamientos superficiales, el pulido Zaratsu, el ensamblaje en Japón... todo eso tiene un coste real.

Lo discutible es si el mercado está dispuesto a situar un Casio en el mismo escalón mental que un Grand Seiko, un Blancpain o un Omega.

También es llamativo que la compañía recurra constantemente a discursos muy propios de la relojería de lujo —artesanía, exclusividad, ediciones limitadas, experiencias gastronómicas, joyerías de prestigio— cuando durante décadas presumió precisamente de lo contrario: de hacer relojes excelentes sin necesidad de construir un aura elitista.

Y luego está el precio.

Los 8.800 euros probablemente no sean el problema para quien compra un MR-G. El problema es el símbolo que representan. Casio fue durante mucho tiempo la marca que demostraba que no hacía falta gastar una fortuna para tener un reloj excelente. Hoy, con modelos como este, parece querer demostrar exactamente lo contrario.

Eso no significa que el MRG-BF1000EB sea un mal reloj. Muy al contrario, seguramente sea uno de los G-Shock más impresionantes jamás fabricados. Pero sí invita a reflexionar sobre cómo ha evolucionado la marca y hasta qué punto esa evolución conecta con quienes hicieron grande a Casio.

Resulta curioso que, mientras Casio dedica enormes esfuerzos a convencer al mercado de que puede fabricar relojes de casi 9.000 euros, muchos de sus aficionados siguen esperando con más ilusión el próximo G-Shock de 99 euros o el regreso de funciones clásicas y diseños que la marca ha ido abandonando. A veces da la sensación de que Casio mira hacia un cliente nuevo sin darse cuenta de que el de siempre sigue ahí, esperando que alguien se acuerde de él.



12.08.2025

Casio ante el futuro: la empresa que se rehace para sobrevivir a su propio legado


En las oficinas de Casio, la palabra “reinicio” ya no es una metáfora: es un plan de vida. A las puertas de su 80º aniversario (2026), la compañía japonesa afronta quizá el mayor giro estratégico desde que inventó calculadoras portátiles, relojes digitales y cámaras compactas. En una entrevista con el presidente del Consejo, Kazuhiro Kashio, éste pinta un retrato nítido de una empresa consciente de que el tiempo se agota si no cambia su manera de operar.

Kashio reconoce sin adornos que los últimos años han sido duros: retirada de negocios deficitarios, reformas internas y hasta un programa de jubilación anticipada para "soltar lastre" y reducir personal (actualmente en poco más de 8000 empleados, una cifra que muestra una terrible realidad si tenemos en cuenta aquellos tiempos en los que Casio superaba los 20000). Todo ello, afirma, no respondía a una simple reestructuración, sino a la necesidad de preparar el terreno para un nuevo comienzo. Según explica, la empresa ha pasado demasiado tiempo exprimiendo la eficiencia de negocios ya maduros, especialmente la división de relojes, hasta depender casi por completo de ella.

Ese modelo ya no funciona. Casio sabe que no puede vivir de su pasado glorioso y se marca un objetivo mucho más ambicioso: dejar de “responder al cambio” y empezar a “crearlo” por sí misma. Es una declaración de intenciones que atraviesa toda la entrevista y que define lo que vendrá: un viraje hacia la innovación real con una visión a medio y largo plazo, y no solo medidas tácticas para salvar beneficios del trimestre.

El plan, según detalla Kashio, pasa por varias capas. La primera es cultural: abandonar la mentalidad heredada que priorizaba la optimización de cada división aislada y avanzar hacia una organización donde todos los negocios asumen responsabilidad directa sobre su rentabilidad. Para eso han reestructurado toda la empresa en un modelo de divisiones reales —desarrollo, ventas, planificación y calidad trabajando juntas—, con decisiones rápidas y orientadas al mercado.

La segunda capa es estratégica y toca el corazón del negocio: el reloj. Casio quiere que su división Timepiece vuelva a ser el motor, pero de una forma diferente. No se conforma con vender relojes: apunta a crear “nuevos estilos de vida”. Igual que G-Shock marcó una cultura global, la marca quiere convertir los futuros smartwatches en dispositivos que definan modos de vivir, no solo características técnicas. El mercado del cuarzo está cambiando y Casio quiere surfear esa ola, no ser arrastrada por ella. Por lo tanto, su apuesta por futuros smartwatches es evidente.

La tercera capa es expansiva: buscar nuevos modelos de negocio que no existían en su catálogo tradicional. Un ejemplo claro es Moflin, el robot mascota con IA, que la compañía presenta como un salto hacia la tecnología emocional y el bienestar mental. Casio lo describe como el germen de una nueva categoría que encarna su ADN: innovar creando mercados desde cero, igual que hicieron con los relojes digitales en los años 70.

La educación también entra en este nuevo mapa. Las calculadoras científicas y los diccionarios electrónicos seguirán evolucionando, no como simples herramientas, sino como “socios de aprendizaje” adaptados a nuevas formas de estudiar y enseñar. Allí también buscan construir valor más allá del hardware tradicional.

Kashio no oculta su preocupación: la empresa, afirma, todavía no está usando su potencial real. Tiene la tecnología, tiene la historia y tiene la base mundial de seguidores —más de 6 millones de G-Shock vendidos cada año—, pero siente que falta convertir esa inercia en un impulso renovado. El refuerzo del CRM, la relación directa con el usuario y el uso estratégico de sus más de 2.300 tiendas especializadas será uno de los pilares para reactivar el músculo de la marca en todo el mundo.

Lo que deja entrever la entrevista es una mezcla de urgencia y ambición. Casio se prepara para su próxima década como si fuera una startup con 70 años de experiencia: reorganiza su estructura, reescribe su propósito y se lanza de lleno a productos que ya no son “relojes o calculadoras”, sino piezas de estilo de vida. La compañía parece decidida a no quedarse congelada en su propio museo.

Mientras avanza hacia ese 2027 simbólico, el mensaje final de Kashio resume el espíritu del nuevo rumbo: la misión de Casio, dice, no es solo vender productos, sino crear culturas que hagan la vida un poco más sorprendente. Un aviso claro de que quieren escribir otro capítulo, no vivir de los anteriores.

4.09.2025

El fin de la magia de los relojes digitales



Hubo un tiempo en que la relojería digital parecía destinada a dominar el mundo. Con la precisión inigualable del cuarzo, las pantallas digitales y la promesa de un futuro tecnológico, los relojes digitales marcaron una era de innovación accesible.

Sin embargo, esa revolución fue, en muchos sentidos, efímera. Tras la llamada "crisis del cuarzo", que puso en jaque a la relojería mecánica tradicional, ocurrió un giro inesperado: tanto las grandes marcas como los propios usuarios comenzaron a abandonar la senda digital.

3.29.2025

¿Ha perdido el norte Casio con su nuevo Edifice EFK-100 mecánico?


En Casio dijeron que nunca fabricarían un smartwatch. Y lo fabricaron. Dijeron que nunca comercializarían un reloj mecánico. Y lo van a comercializar. ¿Es que se les va "la pinza", o qué carajos pasa aquí?

Y es que, cuando pensamos en Casio, lo primero que nos viene a la mente son sus icónicos relojes digitales, calculadoras y productos electrónicos. Desde los legendarios F-91 hasta los robustos G-Shock, Casio ha sido sinónimo de innovación en relojería digital y cuarzo. 


2.28.2025

Electromigración y su impacto en los relojes digitales antiguos


La electromigración es un fenómeno que afecta la integridad de los circuitos electrónicos a nivel microscópico. Se trata del movimiento de átomos dentro de un conductor debido al flujo de corriente eléctrica constante a través de él. Este efecto se vuelve más pronunciado en dispositivos que han operado durante largos períodos, como los relojes electrónicos, lo que puede generar fallos en su funcionamiento. 

En este post exploraremos la electromigración y cómo ha afectado a los relojes digitales antiguos, especialmente aquellos fabricados en las décadas de 1970 y 1980.


6.28.2024

¿Es Casio una "mierda"?

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Respecto al tema de Casio y los smartwatch, que veo que está levantando mucha polvareda, os dejo algunas reflexiones al respecto. La premisa inicial de la que parto es hablar del tema como un usuario, no como un coleccionista. Hacerlo desde este segundo punto de vista quitaría todo el sentido al razonamiento por razones obvias. Cuando pienso en relojes "convencionales" y dispositivos smart la primera discriminación que hago es que, en mi opinión, NO son el mismo producto y, por tanto, NO van dirigidos al mismo perfil de usuario/cliente. Para mí un reloj de los de toda la vida o convencional, como lo he llamado antes, es un dispositivo que ofrece la hora. Me da lo mismo un mecánico, un automático, un cuarzo analógico y/o digital. En este último caso podríamos englobar de manera genérica a Casio. Aquí podríamos hacer el matiz de que, como norma general, Casio aparte de la hora te ofrece una serie de funciones extra. Pero no dejan de ser eso: funciones extra que complementan a la función principal.

Un dispositivo smart para mi NO es un reloj. Es un gadget que se coloca en la muñeca y ofrece un sinfín de funciones y, entre ellas, pero sin ser ni mucho menos la principal, la hora. El objeto último de utilizar un dispositivo smart entiendo que es tener acceso rápido a unas determinadas funciones como notificaciones provenientes de las aplicaciones del móvil, recibir (incluso contestar) llamadas, etc. De hecho la hora en un dispositivo smart es algo tan secundario que la pantalla, por cuestiones de autonomía, está normalmente apagada.

1.02.2024

Casio mira hacia África

ZonaCasio


Los relojes de Casio tenían un notable vacío, como bien sabemos, en países africanos y de medio oriente. Pero en este 2024 será uno de los objetivos de Casio, mirando hacia esos mercados donde los relojes de cuarzo convencionales aún tienen mucho que decir, y una prometedora y numerosa clientela.

Uno de los primeros pasos ha sido inaugurar una nueva tienda en El Cairo, enfocada a la línea G-Shock y que será solamente el preámbulo de otras muchas que llegarán, según confirmó el Director General de Casio en Medio Oriente y África, Mahmoud Al-Gabsha, diciendo que esa tienda era el primer paso "de un plan de expansión de tiendas minoristas a gran escala. Estamos interesados en aumentar nuestra presencia minorista abriendo más tiendas G-Shock, que brinden a nuestros clientes leales las últimas colecciones de relojes y cumplan con los altos estándares de servicio asociados con la marca Casio".

Casio es bien conocedor que en aquellas regiones los canales de venta online no tienen mucha introducción, y que el cliente prefiere ver, tocar y probar el reloj que piensa adquirir, por lo cual la presencia física de una tienda es imprescindible.


12.26.2023

Poco que celebrar para Casio: acciones siguen cayendo en picado

ZonaCasio


Las acciones en bolsa de Casio han sido protagonistas de un triste récord: el de permanecer durante 50 días, sin pausa, a la baja. Este penoso "logro" aconteció el pasado 22 de diciembre, y aunque no es un dato que realmente sorprenda a los expertos por la tendencia de la firma durante todo el año, sí que supone ciertamente un varapalo por cruzar la línea virtual de los 50 días sin subir.

Decimos que no sorprende porque desde el pasado 28 de febrero de 2023 las acciones de Casio Computer ya han perdido un -17,24% de su valor, siendo calificadas de cara a los inversionistas como "de alto riesgo".

12.13.2023

El Casio MW-240 también estrena correa textil

ZonaCasio


Los Casio MW-240 son básicamente los mismos y famosos MQ-24, pero con una resistencia al agua superior, de 50 metros. Ya sabéis que Casio denomina "W" a los modelos resistentes al agua a partir de 50 metros (de ahí que los G-Shock sean "DW", ya que la "D" hace referencia a su dureza; mientras que la "Q" del MQ-24 hace referencia a que es de cuarzo, y la "M", como bien sabéis, indica la línea masculina -y la "L" la femenina, aunque la "L" en la actualidad dentro de la línea Vintage, como os contamos hace unas semanas, también se refiere a modelos unisex-). Casio estrena para ellos, tal como hace en los digitales W-219, unas nuevas correas textiles, a las que se unen unos tonos más "tácticos" que, en este caso, se centran en el fondo de la esfera del reloj.

La correa es calcada a la que utiliza el W-219HB-3AV, con los mismos tonos verde oliva aunque combinados, en este caso, con una caja negra.

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