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9.24.2026

Casio descubre los relojes mecánicos: ¿qué ha sido de la compañía electrónica?

¿Qué le ocurre a Casio últimamente con los relojes mecánicos? Han sacado el EFK-100, el EFK-110, luego el EFK-200, y ahora van a lanzar el también mecánico CMK-100... se suponía que era una compañía de electrónica de vanguardia, ¿verdad? Pues ya no. O cada vez menos, mejor dicho.

Sí, es un cambio de rumbo bastante llamativo. Y lo curioso es que no parece que Casio esté abandonando la electrónica; más bien está intentando ocupar un terreno que históricamente había dejado a otras marcas.

El EFK-100 fue presentado oficialmente como el primer reloj automático de Casio, dentro de Edifice. Lleva movimiento mecánico, unas 40 horas de reserva, zafiro y, en una de las variantes posteriores, esfera de carbono forjado. 

Y ahora el supuesto CMK-100 va todavía un paso más allá: según se dice habría tres variantes, caja de titanio, cristal de zafiro y movimiento Miyota 8215. 

Y aquí está la parte que me parece más interesante: Casio nació precisamente alrededor de la idea de hacer cosas electrónicas que cambiaran lo que podía hacer un reloj.

Calculadoras, relojes digitales, alarmas, cronógrafos, calculadoras en la muñeca, bases de datos, sensores, Tough Solar, radiocontrol, Bluetooth...

Es decir: mientras la relojería tradicional decía: "Vamos a perfeccionar el mecanismo que mueve las agujas".

Casio podía decir: "¿Y si directamente hacemos que el reloj haga cosas que un reloj mecánico nunca podrá hacer?".

Y durante décadas esa fue precisamente su personalidad. Ahora llega el EFK-100 y toda esa filosofía la tiran a la basura y Casio te dice: "Mira qué bonito nuestro reloj mecánico". 

Lo paradójico es que el movimiento ni siquiera es lo revolucionario. El  CMK-100 utilizaría un Miyota 8215, mientras que la propia documentación del EFK-100 habla de un movimiento mecánico de 24 rubíes y 21.600 alternancias/hora, que primeramente fue comprado a Miyota, y luego a Seiko. 

Eso cambia bastante la lectura.

Casio no está desarrollando aparentemente una nueva tecnología mecánica revolucionaria. Está incorporando una tecnología mecánica de otros ya existente a su catálogo y envolviéndola en materiales y diseño Casio.

No digo que comercialmente hablando no tenga bastante sentido: el reloj mecánico tiene un atractivo que el cuarzo digital no puede reproducir fácilmente para determinado público. El movimiento visible, el segundero deslizándose, el ritual de darle cuerda...

Pero desde el punto de vista histórico de Casio, resulta casi cómico.

La compañía que durante décadas hizo que los relojeros tradicionales parecieran tecnológicamente anticuados ahora tiene que vendernos las virtudes de un mecanismo que funciona básicamente como hace siglos. 

Y fijémonos en otra cosa: el EFK-200 no se vende como un simple reloj mecánico. Casio intenta justificarlo mediante su lenguaje tecnológico: carbono forjado, materiales de automoción, diseño inspirado en los deportes de motor, etc. 

Eso me parece muy revelador.

No es que Casio haya dejado de ser Casio. Está intentando encontrar una narrativa para que la relojería mecánica encaje dentro de lo que Casio representa.

Para una marca que durante tanto tiempo construyó su identidad precisamente alrededor de lo contrario, el cambio es enorme, y estoy seguro que más de uno en Casio quisiera hablar -y no muy bien, por cierto- de todo esto.

Además , podríamos plantear una pregunta bastante incómoda: si Casio entra en el terreno donde ya compiten Seiko, Citizen, Orient y decenas de marcas mecánicas, ¿qué queda exactamente de aquello que hacía que comprar un Casio fuese comprar algo diferente a un reloj tradicional?

Porque siempre fueron en contra de la relojería mecánica, no querían verla ni en pintura... quizás porque antes con sus Pro Trek y sus Master of G podían presumir de ofrecer los relojes más tecnológicamente avanzados, pero ahora Garmin y Apple les adelantó por todos lados. Tampoco pueden ofrecer relojes sencillos a precios competitivos, porque Sanda y Skmei les comieron la tostada y les han sacado una ventaja brutal. Así que lanzan los mecánicos comprándoles a Miyota el calibre, o el EFK-200 por 300 eurazos, cuando ese calibre en Seiko no vale ni 20 euros... 

He encontrado una prueba documental que hace que la contradicción sea todavía más divertida.

En un informe corporativo de Casio de 2012, la propia empresa explicaba su filosofía relojera contraponiendo explícitamente lo "electrónico", "avanzado" y "juvenil" frente a lo "mecánico", "tradicional" y "artesanal", que asociaba a la relojería de alta gama. 

O sea: esto no es una interpretación nuestra; Casio lo decía literalmente. 

Y su historia encaja perfectamente. Casio entró en la relojería porque el cuarzo digital permitía aprovechar su tecnología LSI procedente de las calculadoras. El Casiotron de 1974 no pretendía hacer el reloj mecánico de siempre un poquito mejor: pretendía cambiar lo que un reloj podía hacer. 

Y entonces llegamos a 2025-2026, con toda una gama de relojes mecánicos.

La compañía dice que el EFK-100 fue su primer automático y que tuvo una acogida suficientemente fuerte como para agotarse en mercados de todo el mundo. Ahí está probablemente la clave. Casio ha descubierto que hay dinero y demanda en el reloj mecánico.

Pero hay una ironía enorme: precisamente porque el mercado tecnológico de la muñeca se ha desplazado, aquella vieja ventaja diferencial de Casio ya no es tan exclusiva.

Antes un Pro Trek podía decir: "Tengo sensores que tu reloj tradicional ni sueña con tener".

Hoy existen relojes inteligentes que llevan GPS, mapas, pulsómetro, entrenamientos, comunicaciones, aplicaciones, etc.

Y en el otro extremo tienes el reloj digital económico.

Ahí aparece el problema que llevamos tiempo señalando: el Casio barato ya no tiene el monopolio de "reloj digital sencillo y funcional". Un fabricante chino puede hacerte una cosa que se parece muchísimo a determinado Casio por cuatro duros. Así que Casio parece estar desplazándose hacia el centro: un mecánico con mayor margen/prestigio

Y aquí viene lo que me parece más llamativo de todo: Casio no está convirtiéndose en una empresa de relojes mecánicos. Está intentando monetizar la marca Casio en un mercado donde no necesita inventar la tecnología desde cero.

Eso explica perfectamente la utilización de calibres externos. Aún así, por mucho que en Casio quieran hacer creer lo contrario, un movimiento automático industrial relativamente convencional y generalista no convierte automáticamente a un reloj de 300 € en un reloj mecánicamente excepcional.

Y eso abre una pregunta buenísima: ¿Casio está innovando... o está utilizando el prestigio de la relojería mecánica para compensar que ya no controla como antes los extremos tecnológico y económico del mercado?

Porque ahí sí hay una historia. Y además tiene una paradoja inquietante: Casio nació para escapar de la relojería mecánica.
Ahora, medio siglo después, está volviendo a ella porque quizá el futuro electrónico de los relojes ya no es territorio exclusivamente suyo.

¿Queréis saber mi opinión respecto a todo esto que os estoy comentando? Que todo tiene que ver con que hoy Casio esté en manos de banqueros, y esos lo que buscan son los beneficios a corto plazo vengan de donde vengan y hagan lo que hagan. Como si tienen que comprar motos chinas y remarcarlas. Si la familia Casio siguiera controlando la compañía, dudo mucho que permitieran estos desvaríos. La Casio histórica podía permitirse pensar: "¿Qué podemos inventar que no exista?". Y de ahí salieron cosas como el Casiotron, los primeros digitales, Databank, Pro Trek, G-Shock...

La Casio cotizada moderna tiene además que responder ante decenas de miles de accionistas -39.618 a marzo de 2026- y mantener una relación explícita con inversores. 

De hecho, su propia documentación de gobierno corporativo habla de construir una relación de largo plazo con accionistas e inversores y de maximizar el valor corporativo. 

Eso no demuestra que alguien haya dicho "vamos a comprar calibres baratos y ponerles CASIO para ganar dinero", obviamente.  Pero sí describe un entorno empresarial muy diferente del de los hermanos Kashio construyendo una compañía alrededor de la electrónica.

Y aquí hay una cosa que me parece especialmente buena para mi anterior argumento: Casio no necesita que el reloj mecánico sea una revolución tecnológica. Necesita que sea suficientemente atractivo, fabricable sin desarrollar toda la tecnología internamente, vendible a un precio superior al de un digital convencional, compatible con la imagen de la marca, y capaz de abrirle una categoría en la que antes prácticamente no estaba.

Desde esa perspectiva, comprar un calibre externo tiene muchísimo sentido empresarial. Y entonces aparece la contradicción histórica que todos los aficionados de Casio hemos detectado: la compañía que durante décadas decía, en esencia, "el futuro está en la electrónica", ahora está entrando en la relojería mecánica precisamente cuando su antigua superioridad electrónica está siendo atacada por otros fabricantes.

Eso sí es una historia. Y podríamos plantearlo de una manera mucho más demoledora: "De los hermanos Kashio a los accionistas institucionales: ¿qué queda de la Casio que quería cambiar la relojería?".

Y entonces volvemos a aquel informe de 2012, porque es oro. Ahí encontramos una comparación documental brutal: la propia Casio explicando hace años por qué su identidad estaba ligada a lo electrónico y diferenciándola de la relojería mecánica tradicional... y la misma empresa lanzando ahora automáticos.

Y eso ya no es opinión. Eso sí se puede documentar y comparar. 

En realidad, esa misma documentación corporativa puede decirnos bastante sin que nadie tenga que reconocer nada. Si la familia Kashio tiene una participación minoritaria y no dispone de una posición que le permita por sí sola determinar el consejo, mientras que los inversores institucionales concentran una parte enorme del capital, entonces podemos describir objetivamente el cambio: Casio pasó de ser una empresa fundada y dirigida por los Kashio a ser una sociedad cotizada con un accionariado institucionalizado.

Y eso es mucho más jugoso que "los banqueros mandan". Porque permite hacer una comparación histórica:

- la Casio de los Kashio:
electrónica como identidad,
innovación propia,
diferenciación tecnológica,
"hagamos algo que los demás no pueden hacer".

-la Casio corporativa actual:
rentabilidad por categorías,
materiales y posicionamiento premium,
tecnologías compradas a terceros cuando resulte conveniente,
expansión hacia segmentos donde antes no competía, incluido el mecánico.

Incluso me atrevería a ir más allá aún: pongamos por caso que así fuera, que los bancos movieran el cotarro y que los Kashio que quedan fueran al consejo a chupar chupa-chups y comer pipas... ¿a algún aficionado le importaría eso? Creo que a casi nadie. La mayoría de los que quedan lo que quieren es ver el logo Casio en su reloj, da igual que dentro lleve un tornillo, un Seiko, o un Swatch. El aficionado habitual de la Casio de hoy lo que quiere ver es la pegatina de Casio, le pidan por ella diez euros o diez mil. Y por eso los mecánicos triunfan y todas esas salidas de olla, porque lo que importa hoy es que lleve escrito Casio o G-Shock, y no hay más... 

Porque podemos discutir durante horas si dentro hay un Miyota, un Seiko, un módulo Casio o un mecanismo desarrollado por Casio. Pero para una parte del público, la ecuación se ha simplificado muchísimo:

CASIO = CASIO.

Y eso explica bastante bien determinadas decisiones. Antes la marca podía diferenciarse por lo que había dentro: "Mira qué tecnología hemos desarrollado".

Ahora puede diferenciarse también por lo que pone fuera: "Mira lo que pone en la esfera". Aunque el módulo lo haga Miyota, el chip Sony y la algorítmica Polar.

Y ahí el logotipo se convierte en un activo comercial por sí mismo. El problema aparece cuando la marca se vuelve más importante que el producto. Si alguien está dispuesto a pagar 10 € por un Casio sencillo y otra persona 10.000 € por un MR-G, evidentemente los productos son radicalmente diferentes. Pero la legitimidad de ambos procede en parte del mismo sitio: el nombre Casio. Y eso permite a la compañía entrar en territorios que antes parecían completamente ajenos.

Y aquí está la paradoja que creo más nos interesa ver a nosotros: Casio construyó su reputación haciendo que el producto fuese extraordinario. Ahora puede permitirse que, en determinados segmentos, sea la reputación de Casio la que haga extraordinario al producto.

Son dos modelos de negocio completamente distintos.

Y esto también explica por qué el origen del componente puede importar mucho menos al comprador que hace unos años. Si el consumidor compra una determinada referencia porque quiere un Casio, probablemente no esté comprando un Miyota o un Seiko: está comprando la experiencia de poseer un Casio.

Eso no significa que todos los aficionados sean así, ni mucho menos. Hay coleccionistas que se fijan muchísimo en módulos, construcción, materiales y procedencia. Pero como fenómeno comercial, lo que está pasando tiene sentido.

Y además conecta con algo que llevamos hablando varias veces: cuando G-Shock empezó a convertirse en una marca de estilo además de ser un producto técnico, el logo adquirió una vida propia.

Llegado cierto punto, ya no necesitas convencer al comprador de que ese reloj concreto es extraordinario, sólo necesitas convencerle de que merece la pena llevar ese logo en la muñeca.

Y ahí podemos entender perfectamente el cabreo de los aficionados incondicionales de la Casio de antaño, y que hoy la han ido abandonando por determinados lanzamientos. Porque si Casio puede vender prácticamente cualquier cosa bajo el paraguas de Casio/G-Shock, aparece una pregunta incómoda: ¿Hasta dónde puede estirarse una marca antes de que el logo deje de significar aquello que originalmente representaba?

Esa me parece incluso más interesante que la discusión sobre los bancos o el control de la compañía, porque al aficionado probablemente le dé igual quién vote en la junta de accionistas; lo que sí puede importarle es qué significa "CASIO" cuando mira la esfera.

Es lo mismo que ya hemos visto con Adidas, Nike, Grundig, Kodak y tantas otras. La fábrica no se sabe dónde está ni qué hace, pero el producto lleva el logo y es lo que la gente les compra. Porque una cosa es fabricar productos y otra muy distinta es poseer una marca.

En muchos sectores, la marca acaba convirtiéndose en una especie de certificado de identidad. El consumidor no necesariamente sabe quién ha fabricado físicamente el producto, dónde se ha producido o cuánto de su tecnología pertenece realmente a la empresa. Lo que reconoce es el nombre.

Y eso puede ser tremendamente rentable.

Con Casio la paradoja resulta especialmente curiosa porque su marca se construyó precisamente sobre la tecnología propia. No era solamente: "Compra esto porque pone CASIO".

Era:

"Compra esto porque CASIO ha hecho algo que los demás no saben hacer".

Ahí está el cambio.

Un antiguo Casiotron, Databank o Pro Trek tenía detrás una historia tecnológica que formaba parte del propio producto. La marca y la ingeniería estaban muy vinculadas. En cambio, si mañana tenemos: un calibre externo, una caja externa, y sólo el diseño Casio y la distribución Casio, el producto puede seguir teniendo un enorme valor comercial aunque la aportación tecnológica específicamente relojera de Casio sea mucho menor.

Y eso no convierte automáticamente al reloj en malo. Es otra cosa: la marca pasa a ser uno de los componentes principales del producto.

Y hay una palabra para esto: brand equity

El valor acumulado de una marca permite vender cosas que, objetivamente, pueden compartir componentes, fabricantes o tecnologías con productos mucho más baratos.

Porque si consiguen que alguien piense:

"Quiero un CASIO"

antes incluso de pensar:

"¿Qué reloj quiero?"

han conseguido algo comercialmente potentísimo.

Y entonces da igual que el catálogo se vaya desplazando de 20 € a 50 €, a 150 €, a 300 € a 1.000 €... como estamos viendo. La marca puede acompañar al consumidor durante todo el recorrido.

Pero aquí aparece el peligro que hemos estado señalando: Cuando una marca puede vender casi cualquier cosa gracias a su logotipo, puede llegar un momento en que el logotipo tenga más peso que aquello que hizo famosa a la marca.

Y eso es especialmente delicado en Casio, porque su patrimonio no era simplemente "una marca japonesa conocida", sino que era electrónica japonesa aplicada a objetos cotidianos.

Por eso resulta tan llamativo ver a la Casio contemporánea acercándose al reloj mecánico tradicional. No es simplemente que hayan hecho un automático, es que el automático representa casi lo contrario de la filosofía con la que Casio conquistó el mercado relojero.

La verdadera pregunta ya no sería entonces "¿qué lleva dentro un Casio?", sino que sería:

"¿Cuánto de lo que estás pagando pertenece al reloj y cuánto pertenece a las cinco letras de la esfera?".

Y por eso no nos extrañe que pasado mañana los F-91 lleven dentro un Skmei. Y lo más gracioso es que, siguiendo la lógica que estamos comentando, comercialmente sería perfectamente comprensible si algún día Casio externalizara todavía más partes del producto:

-Módulo digital fabricado por un tercero.
-Caja fabricada por un tercero.
-Montaje realizado por un tercero.
-Distribución Casio.

Precio final Casio F-91W: 29,90 €.

Lo verdaderamente irónico es que SKMEI ya ha demostrado que puede competir precisamente en el terreno que hizo grande al F-91W: reloj digital sencillo, barato y con funciones suficientes.

Así que tendríamos una situación surrealista:

Casio: "Nuestro reloj tiene un módulo fabricado por Skmei y cuesta 29 €".
Skmei: "Nuestro reloj cuesta 5 €".
Consumidor: "Sí, pero yo quiero que ponga CASIO".

Y ahí se demuestra el poder de una marca.

Pero hay un límite interesante: si algún día Casio externalizara absolutamente todo, seguiría vendiendo CASIO, pero ya no estaría vendiendo necesariamente la Casio que conocemos. Y lo más asombroso es que la gente seguiría prefiriendo el Casio, aunque fuesen el mismo producto... Ahí está la verdadera fuerza de una marca: llega un momento en que deja de ser una identificación del fabricante y se convierte en una señal de confianza, pertenencia y significado.

Imaginad el experimento: Dos relojes salen de la misma fábrica, utilizan exactamente el mismo módulo, la misma caja, el mismo cristal, la misma pila y hasta el mismo molde.

Uno lleva:

SKMEI — 5,99 €

y el otro:

CASIO — 24,99 €

Y una parte importante del público probablemente diría: "yo quiero el Casio".

¿Por qué?

Porque no está comprando únicamente las prestaciones. Está comprando todo lo que ha aprendido a asociar con esas cinco letras: los recuerdos, la reputación, la estética, la historia, la percepción de fiabilidad, incluso cierta nostalgia.

Eso se llama brand equity: el valor añadido que tiene un producto simplemente por pertenecer a una marca determinada. Y aquí aparece una paradoja fascinante para Casio: la empresa ha conseguido que su logotipo tenga tanto valor que puede sobrevivir incluso cuando la ventaja tecnológica que originó ese valor deja de ser exclusiva.

Y eso explica también por qué puedes poner un Casio de 10 € al lado de un reloj chino de 5 € con prestaciones similares y encontrar gente defendiendo al primero con uñas y dientes. No necesariamente porque estén equivocados. Están comprando cosas diferentes aunque objetivamente los relojes hagan prácticamente lo mismo.

Y aquí está lo verdaderamente peligroso para Casio: si algún día el consumidor deja de percibir una diferencia real entre el producto Casio y el producto chino, el logotipo será lo único que quede para justificar la diferencia de precio. 



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