7.13.2026

¿Quién habría imaginado hace treinta años que Casio vendería un G-Shock por 8.800 euros?

La compañía que conquistó el mundo gracias a relojes fiables, prácticos y al alcance de cualquier bolsillo lleva tiempo intentando hacerse un hueco en la alta relojería. Su último movimiento es el G-Shock MRG-BF1000EB, una edición limitada a 800 ejemplares que acaba de presentarse en España y que supone una nueva demostración de hasta dónde quiere llegar la firma japonesa.

Lo interesante no es tanto que "han presentado un reloj", sino lo que representa. Porque Casio está viviendo una contradicción muy curiosa.

Durante décadas construyó su prestigio haciendo justamente lo contrario que la relojería suiza. Mientras Rolex, Omega o Patek Philippe vendían tradición, lujo y exclusividad, Casio vendía tecnología, funcionalidad y democratización. Un F-91W, un W-26 o un DW-5600 permitían disfrutar de relojes extraordinariamente resistentes por unas pocas decenas de euros. Ese era el ADN de la marca.

Ahora, sin embargo, Casio intenta convencer al mismo cliente que compra relojes mecánicos artesanales de que un reloj de cuarzo fabricado por ellos también merece costar cerca de 9.000 euros.

Y ahí surge la gran pregunta:

¿Puede una marca cambiar de identidad sin perder parte de su esencia?

Porque nadie discute que un MR-G esté magníficamente fabricado. El titanio, los tratamientos superficiales, el pulido Zaratsu, el ensamblaje en Japón... todo eso tiene un coste real.

Lo discutible es si el mercado está dispuesto a situar un Casio en el mismo escalón mental que un Grand Seiko, un Blancpain o un Omega.

También es llamativo que la compañía recurra constantemente a discursos muy propios de la relojería de lujo —artesanía, exclusividad, ediciones limitadas, experiencias gastronómicas, joyerías de prestigio— cuando durante décadas presumió precisamente de lo contrario: de hacer relojes excelentes sin necesidad de construir un aura elitista.

Y luego está el precio.

Los 8.800 euros probablemente no sean el problema para quien compra un MR-G. El problema es el símbolo que representan. Casio fue durante mucho tiempo la marca que demostraba que no hacía falta gastar una fortuna para tener un reloj excelente. Hoy, con modelos como este, parece querer demostrar exactamente lo contrario.

Eso no significa que el MRG-BF1000EB sea un mal reloj. Muy al contrario, seguramente sea uno de los G-Shock más impresionantes jamás fabricados. Pero sí invita a reflexionar sobre cómo ha evolucionado la marca y hasta qué punto esa evolución conecta con quienes hicieron grande a Casio.

Resulta curioso que, mientras Casio dedica enormes esfuerzos a convencer al mercado de que puede fabricar relojes de casi 9.000 euros, muchos de sus aficionados siguen esperando con más ilusión el próximo G-Shock de 99 euros o el regreso de funciones clásicas y diseños que la marca ha ido abandonando. A veces da la sensación de que Casio mira hacia un cliente nuevo sin darse cuenta de que el de siempre sigue ahí, esperando que alguien se acuerde de él.



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