
Conozco a una persona que está bastante anclada a su F-77. En fotos antiguas de sus vacaciones, cuando era niño, se le ve con un Casio F-77 "remendado", posando con él en su muñeca. Otra de las personas con las que habitualmente me relaciono siente un apego especial por el F-87, y otra mantiene un "feeling" por el F-81. También hay quienes el W-24, o el W-26, les atrae enormemente, y acaban siendo coleccionistas de ellos, o acumulándolos. Podría decirse que son, en suma, sus "relojes fetiche". Puede que no se los pongan apenas, pero por una u otra razón se encuentran muy unidos a ellos.
Porque un reloj, en suma - y un F de Casio mucho más -, no tiene demasiada importancia ni peso económico, lo que nos motiva de verdad son las historias que hay detrás de ellos, y que nos van llenando y uniendo a él con lazos tanto de cariño, como de compromisos. Como esos abuelos que se resisten a cambiar o deshacerse de su viejo SIMCA 1000, porque les trae buenos recuerdos y, a fin de cuentas, puede que hubiesen pasado toda su vida con él (un coche, a diferencia de ahora, era para toda la vida).
















