
¿Recuerdas cuando en el 2012 casi toda la gente creía que se iba a acabar el mundo, merced a no se qué profecía maya? Y luego, en el 2013 anunciábamos que un cataclismo de proporciones inimaginables asolaría la Tierra procedente de nuestro sol, quemando circuitos electrónicos y arrasando todo lo que encontrase a su paso, dejando los sistemas de comunicaciones a la deriva y destruyendo los satélites que rodean el planeta.
Nada de eso ocurrió. Los que vaticinaban el fin del mundo se quedaron con un palmo de narices, y los malos augurios, que se repiten año tras año, tuvieron un protagonismo inusual en estos últimos años que hemos dejado atrás (o que estamos dejando atrás, siendo más concretos).





