ZonaCasio TV

Mostrando las entradas para la consulta Marcas ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Marcas ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

10.13.2026

Casio publica su último informe de situación financiera

Así es, compañeros. Y en este informe Casio nos dice que ha tenido un trimestre excepcional; esta presentación explica de dónde viene buena parte del beneficio, qué estrategia está siguiendo con sus relojes y qué objetivos persigue la dirección.

Y hay varias cosas que cambian bastante la lectura. Especialmente una: Casio reconoce expresamente que está intentando aumentar el margen de G-Shock, mientras que con Casio Watch (Casio Collection y Vintage) busca vender volumen. Es decir, no está aplicando la misma estrategia a todos sus relojes.

Vamos por partes, porque este documento, de 28 páginas, tiene muchos más elementos que analizar.

La primera gran novedad: sabemos cuántos G-Shock ha vendido. Las ventas mundiales de G-Shock, incluyendo Baby-G, son de 1,65 millones de unidades (el trimestre anterior fueron de 1,55 M).

¡Este dato sí que es interesante! Casio ha pasado de unos 1,55 millones a unos 1,65 millones de G-Shock y Baby-G en un trimestre. Eso supone aproximadamente 100.000 unidades adicionales, un crecimiento del 6,5 %.

Pero hay que ponerlo en contexto: las ventas monetarias de la división de relojes aumentaron un 29 %. Por tanto, el volumen de G-Shock crece, pero bastante menos que la facturación de toda la división.

No podemos atribuir toda esa diferencia a precios más altos, porque estamos comparando dos magnitudes distintas: unidades de G-Shock y ventas monetarias de todo el negocio relojero, que incluye también Casio Watch, Edifice y otras líneas. Sin embargo, sí nos deja una pista muy importante: el crecimiento de la facturación no se explica simplemente por vender un 29 % más de relojes, sino más bien por aumentar el precio por unidad.

Y el informe proporciona otro detalle: G-Shock representa aproximadamente el 42 % de las ventas relojeras por valor, incluyendo Baby-G. Dentro de esa proporción, los modelos metálicos representan el 12 % y los de resina el 30 %.

Esto ayuda a poner en perspectiva el negocio de los modelos metálicos y de gama alta: son importantes, pero los relojes de resina siguen constituyendo una parte mucho mayor de las ventas de G-Shock.

Casio admite que quiere aumentar la rentabilidad de G-Shock
Esta es, para mí, una de las páginas más reveladoras de la presentación: la número 9. Casio define dos estrategias diferentes para sus marcas relojeras:

- G-Shock: mejorar el margen
La empresa quiere concentrar las promociones en los modelos icónicos, recuperar el atractivo de sus líneas clásicas entre los jóvenes y trasladar ese impulso a los modelos metálicos de precio medio. También promete invertir en tecnología y evolución de la marca.

- Casio Watch: perseguir el volumen
Aquí el objetivo es vender más unidades, ampliar la presencia en mercados emergentes, captar especialmente al público femenino y desarrollar modelos de mayor valor añadido. Casio también habla de optimizar los precios.

Para Casio Watch, el crecimiento del volumen y del beneficio bruto debe traducirse directamente en una mejora de los beneficios, gracias también a un gasto promocional limitado.

Para G-Shock, en cambio, la prioridad declarada es mejorar la rentabilidad mediante una selección más eficiente de los productos que promociona.

Esto no significa necesariamente que Casio vaya a abandonar los modelos económicos. La compañía dice expresamente que quiere impulsar sus modelos icónicos de gama baja y media. Pero sí revela que su objetivo no consiste simplemente en vender cuantos más G-Shock mejor: también quiere ganar más dinero con el negocio.

Y eso encaja con otra cifra de la presentación: El margen de los relojes se dispara
El margen operativo de la división de relojes pasa del 10,7 % al 23,1 %. La presentación especifica que, si se excluye la devolución de aranceles estadounidenses, se queda en el 20,7 %, lo que supone más del doble de aumento de márgenes.

Es decir, incluso sin ese ingreso extraordinario relacionado con los aranceles, el margen sigue siendo extraordinariamente elevado frente al del trimestre anterior.

Aquí conviene hacer una precisión: ese 20,7 % es el margen operativo declarado por Casio excluyendo la devolución de aranceles, no una medida independiente de rentabilidad de cada modelo. No sabemos cuánto gana la empresa con un F-91W, un GA-2100, un GMW-BZ5000 o un MR-G.

Pero sí sabemos algo importante: el negocio relojero está generando mucho más beneficio por cada yen facturado.

Pero atención: Los aranceles estadounidenses maquillan parte del resultado
Esta es una de las aclaraciones más importantes del documento. Casio explica que la devolución de aranceles estadounidenses aporta 3.000 millones de yenes al beneficio operativo previsto para el ejercicio:

→ 2.100 millones correspondientes al primer trimestre.
→ 900 millones correspondientes al segundo trimestre.

La compañía atribuye a ese concepto una mejora de 2.100 millones en el negocio relojero, 400 millones en EdTech y 500 millones en instrumentos musicales.

Esto significa que no debemos interpretar todo el incremento de los beneficios como resultado de una mejora comercial o industrial recurrente.

En el caso de los relojes, Casio informa de un beneficio operativo trimestral de 11.800 millones de yenes, con un margen del 23,1 %. Sin la devolución arancelaria, el margen sería del 20,7 %. Sigue siendo una cifra muy buena. Pero la diferencia importa.

Como vemos, Casio tiene una mejora operativa real, pero los resultados están favorecidos también por un factor arancelario que no conviene confundir con el rendimiento habitual de sus productos.

Además, la empresa revisó al alza su previsión anual del beneficio operativo en 8.000 millones de yenes. De esos 8.000 millones adicionales, 5.000 millones corresponden a la mejora prevista en el negocio relojero y 3.000 millones a la devolución de aranceles.

La explicación es bastante transparente: Casio espera mejorar sus resultados por el negocio de relojes y, además, beneficiarse de esa devolución.

 La sorpresa: Casio dice que la demanda de relojes inteligentes ha pasado su pico
Aquí entramos en un terreno especialmente interesante. En las páginas 10, 12 y 17, la presentación explica que la demanda de relojes tradicionales está recuperando atractivo porque la demanda de smartwatches ha pasado su máximo, según la interpretación comercial de la propia empresa.

Casio relaciona esa tendencia con dos oportunidades:

- En G-Shock, recuperar el interés de los jóvenes por los modelos icónicos y por diseños originales.

- En Casio Watch, aprovechar la renovada apreciación por los relojes tradicionales, especialmente entre las mujeres y los consumidores que buscan diseños retro y un precio razonable.

Es una afirmación interesante, pero debemos ser precisos: el documento no aporta estadísticas globales de ventas de smartwatches ni demuestra que el mercado haya entrado en declive. Nos dice que Casio interpreta que ha pasado el pico de demanda y que está diseñando su estrategia en consecuencia.

La compañía está apostando por la estética retro, los modelos clásicos, la identidad de marca y la captación de jóvenes. Su campaña Future Classic 3.0 combina expresamente diseños de los años ochenta y noventa con sensibilidades actuales.

Es decir, Casio no está intentando convencer al público únicamente mediante la superioridad técnica del reloj. También está vendiendo una estética, una identidad y una experiencia emocional.

Esto no tiene por qué ser malo: un diseño reconocible también es parte del producto. Pero explica por qué la compañía puede invertir tanto en embajadores, colaboraciones y promoción de sus modelos históricos.

 Las ventas suben en casi todas partes, y Europa destaca
La página 12 proporciona un desglose regional que no aparece con este detalle en el otros informes de la compañía.

Europa crece un 24 % y Norteamérica un 22 %. Japón y otros mercados suben un 17 %, mientras que China registra un crecimiento más moderado, del 6 %.

La empresa señala que en Europa siguen funcionando bien los modelos de Casio Watch y que G-Shock se beneficia de sus campañas con embajadores y de las colaboraciones. En Norteamérica, destaca el crecimiento de Casio Watch a través de nuevos canales de distribución y la buena evolución de G-Shock entre los jóvenes.

Esto tiene dos implicaciones: La primera es que el crecimiento no está limitado a Japón. La expansión es internacional y particularmente fuerte en Europa y Norteamérica.

La segunda es que la estrategia de marketing no está siendo irrelevante desde el punto de vista comercial. Casio afirma que las campañas con embajadores contribuyen al crecimiento en distintos mercados.

Lo que el informe no permite determinar es si ese crecimiento compensa una posible pérdida de fidelidad entre aficionados tradicionales, porque no proporciona datos sobre la composición de sus compradores, la retención de clientes o la evolución de las comunidades de seguidores.

La presentación también revela cómo quiere gastar el dinero Casio
Aquí aparece una dimensión: la política de asignación de capital. Casio establece prioridades para los próximos tres años.

La inversión estratégica incluye fusiones y adquisiciones, alianzas, inversión en marca y centros de producción y ventas. La inversión en instalaciones contempla, entre otras cosas, la reconstrucción del centro de investigación y desarrollo de Hamura y la renovación de la sede de Hatsudai.

Al mismo tiempo, Casio prevé destinar 60.000 millones de yenes o más a los accionistas mediante dividendos y recompras de acciones, con el objetivo de alcanzar una distribución total equivalente al 100 %.

Y aquí hay un matiz importante: Casio no está anunciando que vaya a destinar todo ese dinero a publicidad o a recomprar acciones. Está describiendo una combinación de inversiones industriales, estratégicas y tecnológicas, junto con una política de remuneración al accionista.

Aun así, la dimensión de la retribución a los accionistas es relevante. La dirección quiere aumentar la eficiencia del capital y elevar la rentabilidad financiera. Eso no demuestra que la empresa esté abandonando la innovación, pero sí que la rentabilidad del capital y el retorno para los accionistas ocupan un lugar central en su estrategia declarada.

¿Y qué pasa con la salud financiera de Casio?
La presentación confirma que Casio conserva una posición financiera sólida. La deuda financiera apenas cambia respecto al cierre del ejercicio anterior, mientras que el efectivo neto baja desde 108.300 millones de yenes hasta 96.800 millones.

Eso no significa que Casio esté en dificultades. Mantiene una posición de efectivo neto positiva muy considerable y una ratio de patrimonio sobre activos del 67,1 %.

La disminución del efectivo neto sí merece seguimiento, especialmente a la luz de las recompras de acciones y del plan de retribución al accionista. Pero no podemos atribuirla íntegramente a esas operaciones sin un estado de flujos de efectivo completo.

La empresa también se fija como objetivo para marzo de 2029 alcanzar una rentabilidad sobre el patrimonio superior al 10 %, frente al 8 % del ejercicio fiscal 2026, y reducir sus reservas de efectivo a un nivel de 100.000 millones de yenes.

Eso nos confirma que Casio está tratando de utilizar su capital de manera más eficiente, no simplemente de acumular efectivo.

En resumen...
Si tuviera que quedarme con cinco conclusiones, serían estas:

1. G-Shock vende más unidades, pero su crecimiento en volumen es mucho menor que el crecimiento monetario de la división relojera. Los 1,65 millones de unidades frente a los 1,55 millones del año anterior son un dato revelador.

2. Casio declara abiertamente que quiere mejorar el margen de G-Shock. La estrategia prioriza modelos icónicos, promociones más eficientes y una evolución hacia productos de mayor valor añadido. Para Casio Watch, la prioridad es aumentar el volumen y ampliar mercados.

3. La rentabilidad está creciendo de forma espectacular, aunque una parte de la mejora prevista procede de la devolución de aranceles estadounidenses. Conviene separar ese efecto de la rentabilidad ordinaria del negocio.

4. La compañía apuesta por el marketing, los diseños retro y la recuperación del interés de los jóvenes por los relojes tradicionales. También afirma que el atractivo de los smartwatches ha superado su máximo, aunque no aporta datos independientes que lo demuestren.

5. Casio quiere combinar inversión estratégica con una remuneración elevada a los accionistas. La presentación no describe una empresa que esté renunciando a invertir, pero sí una dirección muy centrada en mejorar la rentabilidad del capital.

Y ahora viene mi reflexión: Casio no parece estar intentando recuperar su posición únicamente mediante la superioridad tecnológica de sus productos. Su estrategia declarada combina modelos icónicos, diseño, marketing, embajadores, colaboraciones, expansión comercial y productos de mayor valor añadido.

Eso puede ser perfectamente compatible con una empresa que sigue desarrollando buena tecnología. Pero también significa que la identidad de marca y la capacidad de vender productos rentables son piezas centrales de su estrategia actual.

Lo que este informe no permite demostrar es que Casio haya dejado de innovar, que sus aficionados estén abandonándola o que sus aumentos de precios hayan hecho que los clientes les compren menos. Para sostener esas conclusiones necesitaríamos otras evidencias.

Mi lectura es que Casio está encontrando una fórmula comercial que funciona, especialmente en relojería, y que está aprovechando esa fortaleza para aumentar su rentabilidad y retribuir al accionista.

La pregunta interesante ya no es si Casio está ganando dinero. Eso queda bastante claro. La pregunta es si esta estrategia de crecimiento, marcas icónicas y rentabilidad conseguirá mantener también aquello que hizo especial a Casio para tantos aficionados: la innovación electrónica, la accesibilidad y la sensación de que sus relojes ofrecían algo diferente de los demás.

Y eso, por supuesto, los balances no nos lo van a contar.



9.24.2026

Casio descubre los relojes mecánicos: ¿qué ha sido de la compañía electrónica?

¿Qué le ocurre a Casio últimamente con los relojes mecánicos? Han sacado el EFK-100, el EFK-110, luego el EFK-200, y ahora van a lanzar el también mecánico CMK-100... se suponía que era una compañía de electrónica de vanguardia, ¿verdad? Pues ya no. O cada vez menos, mejor dicho.

Sí, es un cambio de rumbo bastante llamativo. Y lo curioso es que no parece que Casio esté abandonando la electrónica; más bien está intentando ocupar un terreno que históricamente había dejado a otras marcas.

El EFK-100 fue presentado oficialmente como el primer reloj automático de Casio, dentro de Edifice. Lleva movimiento mecánico, unas 40 horas de reserva, zafiro y, en una de las variantes posteriores, esfera de carbono forjado. 

Y ahora el supuesto CMK-100 va todavía un paso más allá: según se dice habría tres variantes, caja de titanio, cristal de zafiro y movimiento Miyota 8215. 

Y aquí está la parte que me parece más interesante: Casio nació precisamente alrededor de la idea de hacer cosas electrónicas que cambiaran lo que podía hacer un reloj.

Calculadoras, relojes digitales, alarmas, cronógrafos, calculadoras en la muñeca, bases de datos, sensores, Tough Solar, radiocontrol, Bluetooth...

Es decir: mientras la relojería tradicional decía: "Vamos a perfeccionar el mecanismo que mueve las agujas".

Casio podía decir: "¿Y si directamente hacemos que el reloj haga cosas que un reloj mecánico nunca podrá hacer?".

Y durante décadas esa fue precisamente su personalidad. Ahora llega el EFK-100 y toda esa filosofía la tiran a la basura y Casio te dice: "Mira qué bonito nuestro reloj mecánico". 

Lo paradójico es que el movimiento ni siquiera es lo revolucionario. El  CMK-100 utilizaría un Miyota 8215, mientras que la propia documentación del EFK-100 habla de un movimiento mecánico de 24 rubíes y 21.600 alternancias/hora, que primeramente fue comprado a Miyota, y luego a Seiko. 

Eso cambia bastante la lectura.

Casio no está desarrollando aparentemente una nueva tecnología mecánica revolucionaria. Está incorporando una tecnología mecánica de otros ya existente a su catálogo y envolviéndola en materiales y diseño Casio.

No digo que comercialmente hablando no tenga bastante sentido: el reloj mecánico tiene un atractivo que el cuarzo digital no puede reproducir fácilmente para determinado público. El movimiento visible, el segundero deslizándose, el ritual de darle cuerda...

Pero desde el punto de vista histórico de Casio, resulta casi cómico.

La compañía que durante décadas hizo que los relojeros tradicionales parecieran tecnológicamente anticuados ahora tiene que vendernos las virtudes de un mecanismo que funciona básicamente como hace siglos. 

Y fijémonos en otra cosa: el EFK-200 no se vende como un simple reloj mecánico. Casio intenta justificarlo mediante su lenguaje tecnológico: carbono forjado, materiales de automoción, diseño inspirado en los deportes de motor, etc. 

Eso me parece muy revelador.

No es que Casio haya dejado de ser Casio. Está intentando encontrar una narrativa para que la relojería mecánica encaje dentro de lo que Casio representa.

Para una marca que durante tanto tiempo construyó su identidad precisamente alrededor de lo contrario, el cambio es enorme, y estoy seguro que más de uno en Casio quisiera hablar -y no muy bien, por cierto- de todo esto.

Además , podríamos plantear una pregunta bastante incómoda: si Casio entra en el terreno donde ya compiten Seiko, Citizen, Orient y decenas de marcas mecánicas, ¿qué queda exactamente de aquello que hacía que comprar un Casio fuese comprar algo diferente a un reloj tradicional?

Porque siempre fueron en contra de la relojería mecánica, no querían verla ni en pintura... quizás porque antes con sus Pro Trek y sus Master of G podían presumir de ofrecer los relojes más tecnológicamente avanzados, pero ahora Garmin y Apple les adelantó por todos lados. Tampoco pueden ofrecer relojes sencillos a precios competitivos, porque Sanda y Skmei les comieron la tostada y les han sacado una ventaja brutal. Así que lanzan los mecánicos comprándoles a Miyota el calibre, o el EFK-200 por 300 eurazos, cuando ese calibre en Seiko no vale ni 20 euros... 

He encontrado una prueba documental que hace que la contradicción sea todavía más divertida.

En un informe corporativo de Casio de 2012, la propia empresa explicaba su filosofía relojera contraponiendo explícitamente lo "electrónico", "avanzado" y "juvenil" frente a lo "mecánico", "tradicional" y "artesanal", que asociaba a la relojería de alta gama. 

O sea: esto no es una interpretación nuestra; Casio lo decía literalmente. 

Y su historia encaja perfectamente. Casio entró en la relojería porque el cuarzo digital permitía aprovechar su tecnología LSI procedente de las calculadoras. El Casiotron de 1974 no pretendía hacer el reloj mecánico de siempre un poquito mejor: pretendía cambiar lo que un reloj podía hacer. 

Y entonces llegamos a 2025-2026, con toda una gama de relojes mecánicos.

La compañía dice que el EFK-100 fue su primer automático y que tuvo una acogida suficientemente fuerte como para agotarse en mercados de todo el mundo. Ahí está probablemente la clave. Casio ha descubierto que hay dinero y demanda en el reloj mecánico.

Pero hay una ironía enorme: precisamente porque el mercado tecnológico de la muñeca se ha desplazado, aquella vieja ventaja diferencial de Casio ya no es tan exclusiva.

Antes un Pro Trek podía decir: "Tengo sensores que tu reloj tradicional ni sueña con tener".

Hoy existen relojes inteligentes que llevan GPS, mapas, pulsómetro, entrenamientos, comunicaciones, aplicaciones, etc.

Y en el otro extremo tienes el reloj digital económico.

Ahí aparece el problema que llevamos tiempo señalando: el Casio barato ya no tiene el monopolio de "reloj digital sencillo y funcional". Un fabricante chino puede hacerte una cosa que se parece muchísimo a determinado Casio por cuatro duros. Así que Casio parece estar desplazándose hacia el centro: un mecánico con mayor margen/prestigio

Y aquí viene lo que me parece más llamativo de todo: Casio no está convirtiéndose en una empresa de relojes mecánicos. Está intentando monetizar la marca Casio en un mercado donde no necesita inventar la tecnología desde cero.

Eso explica perfectamente la utilización de calibres externos. Aún así, por mucho que en Casio quieran hacer creer lo contrario, un movimiento automático industrial relativamente convencional y generalista no convierte automáticamente a un reloj de 300 € en un reloj mecánicamente excepcional.

Y eso abre una pregunta buenísima: ¿Casio está innovando... o está utilizando el prestigio de la relojería mecánica para compensar que ya no controla como antes los extremos tecnológico y económico del mercado?

Porque ahí sí hay una historia. Y además tiene una paradoja inquietante: Casio nació para escapar de la relojería mecánica.
Ahora, medio siglo después, está volviendo a ella porque quizá el futuro electrónico de los relojes ya no es territorio exclusivamente suyo.

¿Queréis saber mi opinión respecto a todo esto que os estoy comentando? Que todo tiene que ver con que hoy Casio esté en manos de banqueros, y esos lo que buscan son los beneficios a corto plazo vengan de donde vengan y hagan lo que hagan. Como si tienen que comprar motos chinas y remarcarlas. Si la familia Casio siguiera controlando la compañía, dudo mucho que permitieran estos desvaríos. La Casio histórica podía permitirse pensar: "¿Qué podemos inventar que no exista?". Y de ahí salieron cosas como el Casiotron, los primeros digitales, Databank, Pro Trek, G-Shock...

La Casio cotizada moderna tiene además que responder ante decenas de miles de accionistas -39.618 a marzo de 2026- y mantener una relación explícita con inversores. 

De hecho, su propia documentación de gobierno corporativo habla de construir una relación de largo plazo con accionistas e inversores y de maximizar el valor corporativo. 

Eso no demuestra que alguien haya dicho "vamos a comprar calibres baratos y ponerles CASIO para ganar dinero", obviamente.  Pero sí describe un entorno empresarial muy diferente del de los hermanos Kashio construyendo una compañía alrededor de la electrónica.

Y aquí hay una cosa que me parece especialmente buena para mi anterior argumento: Casio no necesita que el reloj mecánico sea una revolución tecnológica. Necesita que sea suficientemente atractivo, fabricable sin desarrollar toda la tecnología internamente, vendible a un precio superior al de un digital convencional, compatible con la imagen de la marca, y capaz de abrirle una categoría en la que antes prácticamente no estaba.

Desde esa perspectiva, comprar un calibre externo tiene muchísimo sentido empresarial. Y entonces aparece la contradicción histórica que todos los aficionados de Casio hemos detectado: la compañía que durante décadas decía, en esencia, "el futuro está en la electrónica", ahora está entrando en la relojería mecánica precisamente cuando su antigua superioridad electrónica está siendo atacada por otros fabricantes.

Eso sí es una historia. Y podríamos plantearlo de una manera mucho más demoledora: "De los hermanos Kashio a los accionistas institucionales: ¿qué queda de la Casio que quería cambiar la relojería?".

Y entonces volvemos a aquel informe de 2012, porque es oro. Ahí encontramos una comparación documental brutal: la propia Casio explicando hace años por qué su identidad estaba ligada a lo electrónico y diferenciándola de la relojería mecánica tradicional... y la misma empresa lanzando ahora automáticos.

Y eso ya no es opinión. Eso sí se puede documentar y comparar. 

En realidad, esa misma documentación corporativa puede decirnos bastante sin que nadie tenga que reconocer nada. Si la familia Kashio tiene una participación minoritaria y no dispone de una posición que le permita por sí sola determinar el consejo, mientras que los inversores institucionales concentran una parte enorme del capital, entonces podemos describir objetivamente el cambio: Casio pasó de ser una empresa fundada y dirigida por los Kashio a ser una sociedad cotizada con un accionariado institucionalizado.

Y eso es mucho más jugoso que "los banqueros mandan". Porque permite hacer una comparación histórica:

- la Casio de los Kashio:
electrónica como identidad,
innovación propia,
diferenciación tecnológica,
"hagamos algo que los demás no pueden hacer".

-la Casio corporativa actual:
rentabilidad por categorías,
materiales y posicionamiento premium,
tecnologías compradas a terceros cuando resulte conveniente,
expansión hacia segmentos donde antes no competía, incluido el mecánico.

Incluso me atrevería a ir más allá aún: pongamos por caso que así fuera, que los bancos movieran el cotarro y que los Kashio que quedan fueran al consejo a chupar chupa-chups y comer pipas... ¿a algún aficionado le importaría eso? Creo que a casi nadie. La mayoría de los que quedan lo que quieren es ver el logo Casio en su reloj, da igual que dentro lleve un tornillo, un Seiko, o un Swatch. El aficionado habitual de la Casio de hoy lo que quiere ver es la pegatina de Casio, le pidan por ella diez euros o diez mil. Y por eso los mecánicos triunfan y todas esas salidas de olla, porque lo que importa hoy es que lleve escrito Casio o G-Shock, y no hay más... 

Porque podemos discutir durante horas si dentro hay un Miyota, un Seiko, un módulo Casio o un mecanismo desarrollado por Casio. Pero para una parte del público, la ecuación se ha simplificado muchísimo:

CASIO = CASIO.

Y eso explica bastante bien determinadas decisiones. Antes la marca podía diferenciarse por lo que había dentro: "Mira qué tecnología hemos desarrollado".

Ahora puede diferenciarse también por lo que pone fuera: "Mira lo que pone en la esfera". Aunque el módulo lo haga Miyota, el chip Sony y la algorítmica Polar.

Y ahí el logotipo se convierte en un activo comercial por sí mismo. El problema aparece cuando la marca se vuelve más importante que el producto. Si alguien está dispuesto a pagar 10 € por un Casio sencillo y otra persona 10.000 € por un MR-G, evidentemente los productos son radicalmente diferentes. Pero la legitimidad de ambos procede en parte del mismo sitio: el nombre Casio. Y eso permite a la compañía entrar en territorios que antes parecían completamente ajenos.

Y aquí está la paradoja que creo más nos interesa ver a nosotros: Casio construyó su reputación haciendo que el producto fuese extraordinario. Ahora puede permitirse que, en determinados segmentos, sea la reputación de Casio la que haga extraordinario al producto.

Son dos modelos de negocio completamente distintos.

Y esto también explica por qué el origen del componente puede importar mucho menos al comprador que hace unos años. Si el consumidor compra una determinada referencia porque quiere un Casio, probablemente no esté comprando un Miyota o un Seiko: está comprando la experiencia de poseer un Casio.

Eso no significa que todos los aficionados sean así, ni mucho menos. Hay coleccionistas que se fijan muchísimo en módulos, construcción, materiales y procedencia. Pero como fenómeno comercial, lo que está pasando tiene sentido.

Y además conecta con algo que llevamos hablando varias veces: cuando G-Shock empezó a convertirse en una marca de estilo además de ser un producto técnico, el logo adquirió una vida propia.

Llegado cierto punto, ya no necesitas convencer al comprador de que ese reloj concreto es extraordinario, sólo necesitas convencerle de que merece la pena llevar ese logo en la muñeca.

Y ahí podemos entender perfectamente el cabreo de los aficionados incondicionales de la Casio de antaño, y que hoy la han ido abandonando por determinados lanzamientos. Porque si Casio puede vender prácticamente cualquier cosa bajo el paraguas de Casio/G-Shock, aparece una pregunta incómoda: ¿Hasta dónde puede estirarse una marca antes de que el logo deje de significar aquello que originalmente representaba?

Esa me parece incluso más interesante que la discusión sobre los bancos o el control de la compañía, porque al aficionado probablemente le dé igual quién vote en la junta de accionistas; lo que sí puede importarle es qué significa "CASIO" cuando mira la esfera.

Es lo mismo que ya hemos visto con Adidas, Nike, Grundig, Kodak y tantas otras. La fábrica no se sabe dónde está ni qué hace, pero el producto lleva el logo y es lo que la gente les compra. Porque una cosa es fabricar productos y otra muy distinta es poseer una marca.

En muchos sectores, la marca acaba convirtiéndose en una especie de certificado de identidad. El consumidor no necesariamente sabe quién ha fabricado físicamente el producto, dónde se ha producido o cuánto de su tecnología pertenece realmente a la empresa. Lo que reconoce es el nombre.

Y eso puede ser tremendamente rentable.

Con Casio la paradoja resulta especialmente curiosa porque su marca se construyó precisamente sobre la tecnología propia. No era solamente: "Compra esto porque pone CASIO".

Era:

"Compra esto porque CASIO ha hecho algo que los demás no saben hacer".

Ahí está el cambio.

Un antiguo Casiotron, Databank o Pro Trek tenía detrás una historia tecnológica que formaba parte del propio producto. La marca y la ingeniería estaban muy vinculadas. En cambio, si mañana tenemos: un calibre externo, una caja externa, y sólo el diseño Casio y la distribución Casio, el producto puede seguir teniendo un enorme valor comercial aunque la aportación tecnológica específicamente relojera de Casio sea mucho menor.

Y eso no convierte automáticamente al reloj en malo. Es otra cosa: la marca pasa a ser uno de los componentes principales del producto.

Y hay una palabra para esto: brand equity

El valor acumulado de una marca permite vender cosas que, objetivamente, pueden compartir componentes, fabricantes o tecnologías con productos mucho más baratos.

Porque si consiguen que alguien piense:

"Quiero un CASIO"

antes incluso de pensar:

"¿Qué reloj quiero?"

han conseguido algo comercialmente potentísimo.

Y entonces da igual que el catálogo se vaya desplazando de 20 € a 50 €, a 150 €, a 300 € a 1.000 €... como estamos viendo. La marca puede acompañar al consumidor durante todo el recorrido.

Pero aquí aparece el peligro que hemos estado señalando: Cuando una marca puede vender casi cualquier cosa gracias a su logotipo, puede llegar un momento en que el logotipo tenga más peso que aquello que hizo famosa a la marca.

Y eso es especialmente delicado en Casio, porque su patrimonio no era simplemente "una marca japonesa conocida", sino que era electrónica japonesa aplicada a objetos cotidianos.

Por eso resulta tan llamativo ver a la Casio contemporánea acercándose al reloj mecánico tradicional. No es simplemente que hayan hecho un automático, es que el automático representa casi lo contrario de la filosofía con la que Casio conquistó el mercado relojero.

La verdadera pregunta ya no sería entonces "¿qué lleva dentro un Casio?", sino que sería:

"¿Cuánto de lo que estás pagando pertenece al reloj y cuánto pertenece a las cinco letras de la esfera?".

Y por eso no nos extrañe que pasado mañana los F-91 lleven dentro un Skmei. Y lo más gracioso es que, siguiendo la lógica que estamos comentando, comercialmente sería perfectamente comprensible si algún día Casio externalizara todavía más partes del producto:

-Módulo digital fabricado por un tercero.
-Caja fabricada por un tercero.
-Montaje realizado por un tercero.
-Distribución Casio.

Precio final Casio F-91W: 29,90 €.

Lo verdaderamente irónico es que SKMEI ya ha demostrado que puede competir precisamente en el terreno que hizo grande al F-91W: reloj digital sencillo, barato y con funciones suficientes.

Así que tendríamos una situación surrealista:

Casio: "Nuestro reloj tiene un módulo fabricado por Skmei y cuesta 29 €".
Skmei: "Nuestro reloj cuesta 5 €".
Consumidor: "Sí, pero yo quiero que ponga CASIO".

Y ahí se demuestra el poder de una marca.

Pero hay un límite interesante: si algún día Casio externalizara absolutamente todo, seguiría vendiendo CASIO, pero ya no estaría vendiendo necesariamente la Casio que conocemos. Y lo más asombroso es que la gente seguiría prefiriendo el Casio, aunque fuesen el mismo producto... Ahí está la verdadera fuerza de una marca: llega un momento en que deja de ser una identificación del fabricante y se convierte en una señal de confianza, pertenencia y significado.

Imaginad el experimento: Dos relojes salen de la misma fábrica, utilizan exactamente el mismo módulo, la misma caja, el mismo cristal, la misma pila y hasta el mismo molde.

Uno lleva:

SKMEI — 5,99 €

y el otro:

CASIO — 24,99 €

Y una parte importante del público probablemente diría: "yo quiero el Casio".

¿Por qué?

Porque no está comprando únicamente las prestaciones. Está comprando todo lo que ha aprendido a asociar con esas cinco letras: los recuerdos, la reputación, la estética, la historia, la percepción de fiabilidad, incluso cierta nostalgia.

Eso se llama brand equity: el valor añadido que tiene un producto simplemente por pertenecer a una marca determinada. Y aquí aparece una paradoja fascinante para Casio: la empresa ha conseguido que su logotipo tenga tanto valor que puede sobrevivir incluso cuando la ventaja tecnológica que originó ese valor deja de ser exclusiva.

Y eso explica también por qué puedes poner un Casio de 10 € al lado de un reloj chino de 5 € con prestaciones similares y encontrar gente defendiendo al primero con uñas y dientes. No necesariamente porque estén equivocados. Están comprando cosas diferentes aunque objetivamente los relojes hagan prácticamente lo mismo.

Y aquí está lo verdaderamente peligroso para Casio: si algún día el consumidor deja de percibir una diferencia real entre el producto Casio y el producto chino, el logotipo será lo único que quede para justificar la diferencia de precio. 



9.16.2026

Cuando Omega quiso conquistar el mundo digital


Estamos en 1972. La relojería suiza llevaba siglos perfeccionando engranajes, rubíes, escapes y volantes… y de repente aparecen unos tipos haciendo relojes sin agujas.

Y no era ciencia ficción.

El primer Omega digital de la historia
El Omega Constellation Time Computer es uno de los primerísimos Omega digitales de los años 70. Apareció en 1972 y utilizaba un movimiento electrónico de cuarzo con LED rojos. El primer modelo, referencia 196.0020, llevaba calibre Omega 1600 y mostraba horas, minutos y segundos mediante un LED que se activaba al pulsar el botón. Omega lo catalogaba dentro de la familia Constellation.

Sí, habéis leído bien: el día que Omega decidió hacer un reloj que parecía venir del futuro.

La conexión con Pulsar que casi nadie conoce
El primer gran protagonista de esta revolución fue Pulsar, nacido de Hamilton y basado en tecnología electrónica estadounidense. Su reloj digital utilizaba LED: para saber la hora había que pulsar un botón, y entonces aparecían los números luminosos.

Omega vio aquello y debió pensar algo parecido a: "¿Y si hacemos nosotros uno?".

Pero en lugar de desarrollar desde cero toda aquella tecnología, Omega recurrió precisamente a Pulsar. Entre 1972 y 1974 llegó a comprar alrededor de 30.000 módulos LED para sus Time Computer. Se produjeron aproximadamente 15.000 unidades de esa primera versión.

Cómo era el Time Computer I
Los Time Computer tenían la siguiente configuración:

· Caja rectangular de acero
· Cristal oscuro tipo pantalla (mineral con tonalidad rojiza para mejorar el contraste de los LED)
· Brazalete integrado
· Caja relativamente grande para la época
· Pulsador lateral
· Logotipo Ω y OMEGA dentro de la propia pantalla

Era, en otras palabras, un reloj de lujo que funcionaba como un pequeño aparato electrónico. Omega estaba intentando conquistar el mismo futuro que luego conquistarían marcas como Casio.

Killer Force (1976): el Omega en el cine
El Time Computer sale en la película Killer Force de 1976, en la muñeca de varios de sus protagonistas. Incluso se puede ver el estuche con el que se comercializaba.

Killer Force es efectivamente de 1976, dirigida por Val Guest y protagonizada, entre otros, por Peter Fonda, Telly Savalas y Christopher Lee.

Y hay otro detalle que me encanta: el reloj de la película parece estar apagado, por eso la pantalla se ve completamente negra. En funcionamiento aparecían los números LED rojos.

A distancia parecía un reloj apagado. Entonces pulsabas el botón…

19:47

…y aparecían los números rojos. En plena década de los 70 eso debía parecer casi magia.

El problema: Omega llegó demasiado pronto… y demasiado caro
Aquellos LED consumían muchísimo comparados con los futuros LCD. Por eso no podías dejar los números encendidos permanentemente: tenías que pulsar el botón para ver la hora.

Mientras tanto, la tecnología estaba avanzando a una velocidad absurda. A mediados de los 70 empezaron a aparecer LED mucho más baratos. Texas Instruments, por ejemplo, consiguió bajar el precio de determinados relojes digitales hasta 19,95 dólares en 1976, y posteriormente incluso a 9,95 dólares.

Y entonces ocurrió algo demoledor. El reloj digital pasó de ser:

"¡Qué tecnología tan futurista!"

a:

"¿Por qué tengo que pulsar un botón para saber qué hora es?"

Y ahí entró el LCD. El cristal líquido consumía muchísimo menos y permitía mantener la hora permanentemente visible. Para 1976-77 el mercado digital empezó a cambiar rápidamente de los LED a los LCD.

Omega continuó desarrollando la familia: aparecieron los Time Computer II, III y posteriores, con más funciones y otros calibres; por ejemplo, el 1602 incorporaba calendario programado.

Pero la revolución que terminó ganando no fue aquella. Fue la del LCD de cuarzo con producción masiva y a precio bajo.

¿Cuánto costaba realmente este reloj?
Si tomamos como referencia el Time Computer I, Omega tenía un precio minorista suizo de 1.780 francos en 1974.

La inflación suiza desde 1974 hasta 2026 ha multiplicado aproximadamente por 2,33 el nivel de precios. Es decir, hoy serían 4.150 CHF, aproximadamente 4.390 € de 2026.

Pero ojo, porque esto es equivalencia por inflación general, no significa que Omega tuviera que vender hoy ese reloj por 4.390 €. Es simplemente cuánto poder adquisitivo representaban aquellos 1.780 francos de 1974.

Y aquí viene la comparación que lo pone todo en perspectiva: en España, las referencias de precios sitúan a coches como el Renault 4 de 1976 en unas 115.000 pesetas, mientras que el R4 TL estaba en unas 128.000 pesetas.

Eso significa que, tomando como referencia el R4 básico, 115.000 ptas de 1976 equivalen aproximadamente a 8.700 – 9.000 € de poder adquisitivo actual.

Es decir, un reloj digital que solo daba la hora te costaba la mitad de lo que costaba un utilitario.

¡Pero si es una caja de acero con cuatro LED!
Sí, pero hay que hacer una pequeña justicia al reloj: no estabas pagando una pantalla LED. Estabas pagando la tecnología de la pantalla LED cuando aquello era tecnología punta.

En 1972–74 fabricar aquello era muchísimo más complicado y caro que fabricar un reloj de cuarzo convencional posterior:

· Módulo LED: los displays LED eran tecnología electrónica relativamente nueva y cara
· Circuitería: necesitaba electrónica específica para controlar la pantalla y generar la señal horaria
· Consumo: los LED gastaban bastante, así que había que diseñar el sistema para que la pantalla se activase solo al pulsar el botón
· Producción pequeña: no había millones de unidades amortizando el desarrollo
· Posicionamiento Omega: la marca lo vendía como relojería tecnológica de alta gama

El dinero estaba, sobre todo, en la electrónica y en lo extraordinariamente nueva que era.

La lección histórica
Y aquí está la ironía: Omega había entrado en el mundo digital utilizando tecnología de Pulsar, cuando aquella tecnología todavía parecía absolutamente revolucionaria. Pero el mercado no esperó.

El Time Computer demuestra que innovación y éxito comercial no son necesariamente lo mismo. Omega podía fabricar un digital extraordinariamente sofisticado para 1972-76, pero no podía competir con la economía de escala que estaban desarrollando los fabricantes japoneses.

Omega estaba intentando fabricar el reloj del futuro. Casio terminaría ayudando a convertir ese futuro en el reloj de cualquiera.

Lo curioso es que, décadas después, mucha gente recuerda a Omega por sus Speedmaster, Seamaster y Constellation mecánicos, pero hubo un Omega que era básicamente un ordenador de muñeca LED.

Y es que en 1976 llevar un reloj de estos sería lo más asombroso que te podías poner en la muñeca. No era simplemente "llevar un reloj": era llevar tecnología punta. Era una auténtica declaración de intenciones.

El señor de Killer Force no llevaba un Casio cutre. Llevaba el equivalente setentero de entrar en una cafetería enseñando discretamente el último cacharro tecnológico que nadie más tiene.

Y eso, sinceramente, es precisamente la gracia de los relojes vintage: cosas que hoy parecen rudimentarias podían ser auténticos símbolos de tecnología y estatus en su momento.


¿Conocíais la existencia de este Omega digital? ¿Habéis visto algún Time Computer en persona? Os leo en comentarios.

9.10.2026

Todos quieren ser un Apple Watch


El reloj digital está empezando a parecer un smartwatch... aunque no lo sea.

La comparación con los smartphones es mucho más acertada de lo que parece. Lo interesante es que aquí no estamos hablando simplemente de que los chinos "copien al Apple Watch": estamos viendo cómo una forma deja de pertenecer a un producto concreto y acaba convirtiéndose en el arquetipo visual de toda una categoría.

De hecho, hay una pequeña paradoja: Apple eligió la forma rectangular precisamente porque era la más adecuada para mostrar información en una pantalla pequeña; con el tiempo, esa decisión funcional se ha convertido en un lenguaje estético. Apple explica que el Apple Watch está pensado para interacciones rápidas y de un vistazo, y otros análisis señalan precisamente la ventaja de aprovechar mejor una pantalla rectangular para texto e información. 

Y ahora ocurre algo curioso con los Sanda, Skmei y compañía: esa geometría ya está saltando del smartwatch al reloj digital barato tradicional.

Durante décadas, el reloj digital tenía una gramática bastante clara: el Casio W-59 de caja rectangular pequeña, pantalla horizontal, botones laterales, asas integradas.

Luego aparecieron infinidad de variaciones: cajas octogonales, redondas, cuadradas, ultrafinas, deportivas, con protectores, con botones enormes...

Pero últimamente aparece cada vez más otro patrón: caja rectangular vertical con esquinas muy redondeadas, pantalla ocupando prácticamente todo el frontal, bisel mínimo y apariencia de pequeña pantalla electrónica.

Y eso ya no es exactamente el lenguaje visual de un Casio tradicional, Ee el lenguaje visual del smartphone trasladado a la muñeca.

Ahí está la clave.

El fenómeno es exactamente el mismo que ocurrió con los móviles. Mira un móvil de 1998: los móviles podían tener tapa, antena, teclado físico, formas redondeadas, colores, diseños extrañísimos... Luego llegó el iPhone y ocurrió algo brutal: pantalla grande,  rectángulo y pocos botones.

Al principio era "el diseño del iPhone", después pasó a ser "el diseño de un smartphone".

Hoy puedes poner diez teléfonos de diez fabricantes sobre una mesa y, salvo detalles, cuesta distinguirlos. No porque todos quieran copiar exactamente a Apple, sino porque la tecnología ha impuesto una geometría óptima. Y creo que estamos viendo algo parecido en los relojes.

Pero Apple no inventó el reloj rectangular. Esto es importante para no caer en el típico "Apple inventó todo". Los relojes rectangulares llevan existiendo muchísimo tiempo. El propio mundo de la relojería tiene ejemplos históricos como el Reverso. Y Q&Q, o Casio, llevan décadas fabricando relojes cuadrados y rectangulares.

La novedad del Apple Watch no fue "hacer un reloj rectangular", sino combinar rectángulo, pantalla dominante, esquinas redondeadas, carcasa muy limpia e interfaz gráfica.

Eso creó una silueta tremendamente reconocible.

Diez años después, esa silueta se ha convertido prácticamente en el "dibujo mental" que mucha gente hace cuando piensa en un smartwatch. Incluso se ha señalado que el Apple Watch se ha convertido en la silueta de referencia del smartwatch y que numerosos modelos asequibles han adoptado formatos similares. 

Y aquí viene lo realmente interesante: los chinos están haciendo algo diferente. Un Sanda o un Skmei rectangular barato no necesita tener una pantalla táctil, ni necesita ejecutar aplicaciones, ni tener Bluetooth. Ni siquiera necesita parecer tecnológicamente avanzado.

Pero visualmente puede beneficiarse de la asociación: "Esto parece una pequeña pantalla moderna." Y eso vende, porque el consumidor actual está acostumbrado a interpretar esa forma como algo contemporáneo.

Es una especie de semiótica tecnológica. Una caja redonda dice: "reloj". Una caja rectangular con pantalla grande dice:  "dispositivo electrónico".

Y un fabricante de un reloj digital barato puede estar aprovechando precisamente esa segunda asociación.

Lo más curioso: estamos volviendo al pasado... pero con estética del futuro. Aquí es donde, para mí, está la ironía. Un Skmei de 8 o 10 euros puede tener un módulo digital sencillísimo: hora, fecha, alarma, crono, luz, quizá cuenta atrás... Es decir, tecnológicamente estamos ante un reloj digital de toda la vida.

Pero lo metes en una caja rectangular redondeada, con una pantalla grande y una estética minimalista... Y de repente parece un "smartwatch sin smartwatch".

Es casi como si el reloj digital tradicional estuviera disfrazándose de Apple Watch. Y eso tiene una consecuencia muy interesante:se está produciendo una convergencia estética.

Creo que podemos imaginar tres familias que antes estaban bastante separadas:

Reloj tradicional redondo, con agujas, corona y esfera.

Reloj digital rectangular, LCD segmentado, botones, información.

Y smartwatch con pantalla rectangular interfaz gráfica, táctil, y sensores.

Y poco a poco tenemos todos en el reloj digital moderno: caja tipo smartwatch,  pantalla LCD tradicional, botones físicos, funciones de reloj digital.

Es decir: el reloj digital está adoptando el envoltorio del smartwatch. Y esto tiene una explicación económica además de estética.

Aquí los fabricantes chinos tienen una ventaja enorme: no necesitan desarrollar una identidad de diseño completamente nueva, pueden observar qué formas reconoce el consumidor y después producir esa forma que ya sabes que te gusta.

Es parecido a lo que ocurre con los smartphones económicos. La forma rectangular con esquinas redondeadas ya está socialmente validada. No tienes que educar al comprador, no tienes que explicarle qué es. Lo ve y entiende inmediatamente: "Ah, un dispositivo electrónico moderno."

Pero hay una segunda consecuencia: la pérdida de personalidad. Y aquí es donde creo que está lo verdaderamente interesante. Porque la estandarización tiene una ventaja: el producto se vuelve familiar.

Pero también tiene un inconveniente: se vuelve intercambiable.

Y eso ya lo estamos viendo con los teléfonos. Antes podías reconocer un Nokia, un Ericsson, un Motorola o un Siemens prácticamente por la silueta. Hoy muchas veces necesitas mirar el logotipo.

Con los relojes puede suceder exactamente lo mismo. Imagina dentro de unos años una mesa con: un smartwatch de Apple, un smartwatch de Xiaomi, un smartwatch de Huawei, un digital de Skmei, un digital de Sanda, un digital de Casio, un digital de otra marca china... Y todos tienen: rectángulo vertical + esquinas redondeadas + pantalla enorme + dos botones laterales.

¿Qué diferencia queda? El logotipo. Y poco más.

Aunque hay una diferencia importantísima con lo que pasó con los smartphones: los relojes tienen una historia estética mucho más fuerte.

El reloj mecánico lleva siglos siendo circular, por eso existe una tensión que no existe en un teléfono: ¿debe parecer un ordenador o debe parecer un reloj?

Y aquí Apple tomó una decisión radical: que pareciera un pequeño ordenador.

Samsung, Google y otros fabricantes han apostado muchas veces por la solución contraria: mantener el círculo para conservar la asociación con el reloj tradicional. De hecho, la propia discusión sobre circular frente a rectangular gira precisamente alrededor de esa tensión entre estética relojera y aprovechamiento de la pantalla. 

Pero ahora está ocurriendo algo muy gracioso, los relojes digitales baratos están empezando a abandonar incluso la necesidad de parecer relojes tradicionales.

Y Apple podría acabar siendo víctima de su propio éxito. Esto es precioso desde el punto de vista del diseño. Cuando Apple lanzó el Watch, su forma era relativamente atrevida.

Ahora es tan reconocible que todo el mundo puede copiar el concepto visual sin necesidad de copiar el producto.

Y Apple se encuentra con un problema: si todos tienen esa forma... ¿cómo vuelves a diferenciarte?

Precisamente por eso resulta interesante que en 2026 estén apareciendo informaciones sobre una posible exploración de nuevas formas, incluso diseños circulares, para futuras generaciones del Apple Watch. 

Es casi el ciclo completo:

Apple rompe la norma → Apple crea una nueva norma → todo el mundo adopta la nueva norma → la nueva norma deja de diferenciar a Apple → Apple necesita volver a romperla.

Y mi conclusión sería esta: yo no diría todavía que "todos los relojes están convergiendo hacia el Apple Watch". Diría algo más interesante: "Estamos entrando en una época en la que la tecnología está imponiendo una geometría común a los relojes".

Y el Apple Watch ha sido probablemente el principal responsable de popularizar esa geometría en la muñeca. Lo verdaderamente significativo no es que un Skmei se parezca a un Apple Watch. Lo significativo es que un reloj digital de 5-10 euros ya puede utilizar exactamente el mismo lenguaje formal que un dispositivo tecnológico de cientos de euros y que, además, el consumidor lo encuentre completamente natural.

Eso sí me parece un cambio de paradigma.

Es decir: "¿se están convirtiendo todos los relojes en el mismo reloj?". Porque al final podríamos estar asistiendo al mismo fenómeno que ya vivimos con los teléfonos: la tecnología evoluciona muchísimo por dentro mientras el diseño exterior se vuelve cada vez más uniforme.

Y paradójicamente, mientras los fabricantes presumen de ofrecer miles de funciones, cada vez cuesta más distinguir unos productos de otros con la muñeca apagada.

Lo que ocurre con el Apple Watch no es un capricho, sino la repetición de un ciclo histórico que ya vivimos con los smartphones: la evolución hacia un "diseño óptimo" por convergencia funcional.

La forma sigue a la función (y al bolsillo):
Un reloj rectangular con bordes redondeados y pantalla brillante no es un capricho estético de Apple. Es la solución más eficiente para mostrar notificaciones, texto y esferas digitales en un espacio reducido. Las marcas como Sanda o Skmei no "copian" por moda; adoptan la ergonomía ganadora porque es la que mejor se adapta a la muñeca y a la lectura rápida. Es como cuando todos los coches acabaron teniendo cuatro ruedas y forma de gota.

El efecto "iPhone": el estándar se vuelve invisible. Igual que hoy un móvil con muesca o triple cámara trasera no nos parece copia de nadie, el smartwatch rectangular se está convirtiendo en el lenguaje visual por defecto de lo que entendemos por "reloj inteligente". Cuando el usuario ve un rectángulo curvo, asocia: "Esto es tecnología moderna". Las marcas chinas genéricas usan esa forma porque vende más, no porque quieran engañar.

La paradoja de la identidad. Aquí está lo interesante: mientras los relojes digitales convencionales se smartizan visualmente, los smartwatch de lujo (como Tag Heuer o Garmin) se vuelven más redondos para parecer analógicos. La diferenciación ya no está en la caja, sino en la interfaz, los materiales y el ecosistema. Un Apple Watch se distingue por su corona digital y su fluidez, no por su silueta.

En cualquier caso no deberíamos verlo como un empobrecimiento, sino como la madurez de un producto. Como ocurrió con el cuchillo o la silla, cuando un diseño funciona, se estandariza. La creatividad se desplaza entonces a los detalles: el software, la correa, la personalización. El riesgo real no es la uniformidad, sino que perdamos la capacidad de sorprendernos. Por eso marcas como Nothing o las esferas analógicas retro en un Apple Watch nos parecen tan refrescantes: rompen esa homogeneidad funcional con un guiño emocional.

Al final, el reloj deja de ser un objeto único para convertirse en un lienzo. Y en ese lienzo, cada uno puede seguir siendo diferente.

¿Crees que esta estandarización te quita deseo por el producto, o te parece un paso lógico? Me encantaría saber tu punto de vista.





9.07.2026

¿Desinterés o estrategia fallida?


Una cena privada con Kikuo Ibe en Madrid no es precisamente el tipo de convocatoria que debería necesitar que vayan detrás de la gente con una escoba. Y encima con sorteo de cuatro entradas dobles... Pero la respuesta del público lo dice todo: 22 comentarios y 11 envíos, y eso contando cualquier comentario, no necesariamente participantes.

Y aquí está lo interesante: no significa necesariamente que "nadie quiera ir", porque Instagram no nos enseña cuántas personas se han inscrito mediante el mecanismo del sorteo. Pero como termómetro de engagement, esas cifras son bastante pobres para una marca del tamaño de G-Shock.

Y yo creo que hay una lectura bastante más divertida detrás: G-Shock quizá está descubriendo que la celebridad relojera que funciona dentro de la propia industria no necesariamente funciona fuera de ella.

Para un friki de los G-Shock como nosotros, que aparezca Kikuo Ibe es como que venga Enzo Ferrari a cenar contigo. Pero para buena parte del público que lleva un G-Shock porque mola, porque lo lleva un rapero, porque es resistente o porque lo vio en Instagram… ¿quién narices es Kikuo Ibe? 

Y además hay otra paradoja: G-Shock lleva años construyendo una imagen basada en música, moda, cultura urbana, artistas, colaboraciones y espectáculo. Cuando de repente ofrece al público una experiencia profundamente relojera —"ven a cenar con el ingeniero que creó el G-Shock"— puede que haya una desconexión entre lo que la marca considera importante y lo que su audiencia considera interesante.

Es casi como si Casio dijera: "¡Tenemos una leyenda viva de la relojería!".

Y el público: "¿Tiene descuentos?".

Porque si realmente una cena exclusiva con Ibe tiene dificultades para generar participación, el problema no sería Kikuo Ibe. Sería bastante más profundo: quizá G-Shock ha construido una comunidad que conoce perfectamente el logo, pero cada vez conoce menos la historia que hay detrás del logo.

Y eso, para una marca que presume constantemente de su legado desde 1983, sería una ironía monumental. 

Creo que hay que ir más allá del análisis simplista "la publicación tiene pocos comentarios". Yo lo formularía así: no estamos viendo necesariamente el final de G-Shock, pero sí podríamos estar viendo los primeros síntomas de agotamiento de un modelo de negocio que durante décadas funcionó extraordinariamente bien.

G-Shock consiguió algo dificilísimo: convertir un reloj barato en un objeto cultural. El reloj podía costar relativamente poco, pero la marca consiguió asociarlo con músicos, deportistas, militares, diseñadores, artistas, cultura urbana… Y eso permitió que el consumidor aceptara pagar cada vez más.

El problema aparece cuando la marca empieza a cobrar como marca de lujo sin tener necesariamente una percepción de lujo equivalente. Y ahí entra el Skmei de turno. 

El consumidor mira un G-Shock de, pongamos, 120 € y al lado encuentra un digital chino de 15-25 € que da la hora, tiene cronógrafo, alarma, luz, resistencia al agua, estética parecida, y probablemente le dure varios años. Entonces aparece una pregunta demoledora: "¿Qué estoy pagando realmente?". Antes la respuesta podía ser: "Estoy pagando la ingeniería, la historia, la exclusividad y la cultura G-Shock".

Pero si la diferencia de precio se hace demasiado grande, la respuesta empieza a ser: "Estoy pagando el logo".

Y eso es peligrosísimo.

Y aquí viene la parte más interesante: Casio está atrapada por su propia estrategia.

Porque si mañana dijera: "Se acabó el postureo. Volvemos a hacer digitales sencillos de 20 euros, como antes", ¿qué ocurriría con toda la estructura de posicionamiento que ha construido? Tendría que admitir implícitamente que durante años ha estado alejándose precisamente de aquello que hizo grande a la marca.

Pero tampoco puede seguir indefinidamente subiendo precios mientras los chinos mejoran sus productos a una velocidad brutal. Y tampoco puede competir con ellos únicamente mediante prestaciones, porque un Skmei no necesita ganar, sólo necesita ser suficientemente bueno.

Ese es el auténtico problema.

Y hay otra cosa que me parece incluso más preocupante: la pérdida del vínculo emocional.

Cuando alguien dice: "Me compro un Skmei, me da lo mismo".

Eso es muchísimo más grave que perder una venta, porque significa que G-Shock ha dejado de ser imprescindible para esa persona.

Antes podía existir el pensamiento: "Quiero un digital. Tiene que ser un Casio".

Ahora suele aparecer: "Quiero un digital. Voy a mirar Casio, Skmei, Sanda, NaviForce...".

Y cuando una marca pasa de ser la categoría a ser simplemente una opción dentro de la categoría, empieza a perder poder. Eso es exactamente lo que ocurrió con muchas marcas en otros sectores.

Y lo de Kikuo Ibe tiene una ironía tremenda, porque fijaros en el círculo:

Casio creó una historia extraordinaria → convirtió esa historia en marketing → convirtió el marketing en prestigio → convirtió el prestigio en precio → y ahora necesita seguir contando la historia para justificar el precio. Todo gira alrededor de mantener vivo el mito.

Pero si el público empieza a desconectarse del mito, la maquinaria empieza a girar en vacío.

No es que cuatro comentarios vayan a hundir G-Shock. Ni muchísimo menos. Pero sí puede ser un pequeño indicador de algo más grande: la capacidad de la marca para generar entusiasmo espontáneo.

Y eso no se compra fácilmente con publicidad.

Lo paradójico es que Casio todavía tiene una salida, que es precisamente volver a aquello que sabe hacer mejor: relojes digitales sencillos, buenos, asequibles, reconocibles y honestos.

No abandonar G-Shock ni la gama premium, sino volver a tener abajo una auténtica propuesta de valor, un Casio de 20-30 € que haga pensar: "Por este dinero, ¿para qué carajos voy a comprar otra cosa?".

Eso sería devastador para los chinos, porque competirían con ellos en su propio terreno, pero con la historia, distribución, fiabilidad percibida y reconocimiento de Casio.

El problema es que no sé si Casio quiere volver allí.

Porque una marca puede sobrevivir muchos años después de perder su alma. Puede incluso vender productos muchísimo más caros. Lo difícil es recuperar el cariño que hizo que alguien quisiera llevarla cuando no necesitaba llevarla.

Y me temo que ese cariño no se recupera organizando otra cena privada. Kikuo Ibe puede explicar por qué nació G-Shock, pero no puede explicar por qué un chaval debería pagar hoy cinco veces más por un reloj chino que hace prácticamente lo mismo.

Ahí está el verdadero problema.

Bajo mi punto de vista, Casio y G-Shock están pagando su desprecio por la gente que los defendía. No es normal que un blog como ZonaCasio tenga que hablar a los fans de Skmei o Nixon, porque la marca ha decidido llevar ella su propia divulgación... ¿En qué cabeza entra eso? Imaginaros que Yamaha o cualquier otro le diga mañana al foro más importante a nivel mundial en español: "no habléis de nuestras motos, eh? Ya hablamos nosotros. Vosotros hablad de Honda o Suzuki", 🤯 Pero si debería ser al revés! debería ser: "gracias por seguir difundiendonos, aquí tenéis una alfombra roja para vosotros solos"

¡¡¡Ahí está el meollo!!! 

Porque una cosa es controlar la comunicación corporativa, y otra muy distinta es decirle a la comunidad que durante años te ha mantenido viva:

"Aparta, que ahora hablamos nosotros".

Eso es un error estratégico de libro.

Los Shock the World eran justamente lo contrario. G-Shock entendía algo fundamental: la marca no era solamente Casio; era también la gente que hablaba de G-Shock. Aquello tenía una cosa que hoy parece haberse perdido: comunidad. No era únicamente "presentamos el modelo X". Era: G-Shock llega a tu ciudad, reúne a tu gente, músicos, artistas, coleccionistas,  medios,  aficionados, fiesta, relojes, fotografías, blogs hablando de ello durante semanas.

Y la marca salía de allí con una barbaridad de publicidad que no tenía que pagar directamente.

Eso es lo que algunas estrategias modernas de comunicación parecen haber olvidado: la divulgación independiente es un multiplicador de la marca, no un enemigo de la marca.

Y lo que ocurre con ZonaCasio es todavía más absurdo. Porque este no es un medio generalista que Casio tenga que controlar. Es un medio especializado que ha dedicado años a documentar, explicar, fotografiar, analizar y mantener viva la conversación alrededor de Casio.

Si mañana Yamaha le dijera al mayor foro especializado de motos:

"A partir de ahora no habléis de Yamaha. La comunicación la hacemos nosotros. Si queréis hablar de algo, hablad de Honda".

Sería una locura.

¡Yamaha tendría que apoyar al foro para que hablara de Yamaha, no pedirle que dejara de hacerlo!

Porque cada artículo, cada análisis, cada fotografía, cada discusión y cada consulta de un usuario es una pequeña pieza de ecosistema de marca. Y hay algo que una cuenta corporativa jamás puede fabricar: credibilidad comunitaria.

Una marca puede decir: "Nuestro nuevo reloj es fantástico".

Un blog independiente puede decir: "Este reloj es fantástico... pero mira este defecto que hemos encontrado".

Y precisamente por eso, cuando ese blog dice después: "Pues este Casio es una maravilla", esa recomendación tiene muchísimo más valor.

Y aquí creo que está la verdadera tragedia de Casio: han confundido controlar la comunicación con controlar la conversación.

Son cosas completamente diferentes.

Puedes controlar tu Instagram, puedes controlar tus notas de prensa, puedes controlar tus campañas, puedes contratar influencers... Pero no puedes controlar lo que piensa tu comunidad.

Y si intentas hacerlo, corres el riesgo de destruir precisamente aquello que no puedes comprar: la conversación orgánica.

Y eso conecta perfectamente con lo que comentábamos de Ibe. 

Antes:

G-Shock → comunidad → eventos → blogs → foros → coleccionistas → conversación → nuevos compradores.

Ahora:

G-Shock → Instagram → campaña → influencer → Instagram → campaña → Instagram...

Y luego llega una publicación: "cena privada con Kikuo Ibe"

y...

22 comentarios.

Silencio administrativo. 🦗🦗🦗

Mientras en Japón parece existir todavía una comunidad mucho más conectada con el relato histórico de la marca.

Eso debería hacer sonar unas cuantas alarmas en la sede de Casio, porque si has sustituido una comunidad que hablaba espontáneamente de ti por una maquinaria corporativa que habla constantemente sobre ti misma, llega un momento en que la marca se convierte en su propio público.

Y eso es peligrosísimo.

Y diría algo más fuerte todavía: los fans NO eran un coste de marketing. Eran infraestructura de marketing gratuita.

El coleccionista que hacía una review, el bloguero que traducía una noticia japonesa, el foro que identificaba un módulo, el usuario que recomendaba un F-91... Todos ellos estaban haciendo algo que Casio no podía comprar con una campaña convencional.

Y si después de años de hacer eso reciben como respuesta: "No habléis de nosotros, ya hablamos nosotros", pues llega un momento en que dicen: "Ah, ¿que no queréis que hablemos de vosotros? Perfecto. Hablaré de Skmei o de Q&Q".

Y ahí aparece exactamente lo que estamos viviendo: ZonaCasio hablando de Skmei, Sanda, Synoke, Nixon...

No porque este blog haya dejado de amar la relojería japonesa, sino porque el espacio editorial que Casio abandona alguien lo va a ocupar.

Y la naturaleza aborrece el vacío.

Creo que podemos estar contemplando algo mucho más concreto: el final de la relación simbiótica entre G-Shock y la comunidad que ayudó a convertirla en lo que fue.

Y eso sí me parece serio. Porque una marca puede sobrevivir a una mala colección, a una subida de precios e incluso a varios años de ventas flojas, pero lo que resulta muchísimo más difícil recuperar es el entusiasmo perdido de sus propios divulgadores.

Y cuando esos divulgadores empiezan a decir: "Pues mira, este Skmei tampoco está nada mal...", entonces quizá alguien en Casio debería dejar de mirar tanto el panel de Instagram y las métricas, y empezar a preguntarse qué carajos ha pasado con aquella gente que antes llenaba los Shock the World.

Porque esa gente no desapareció. Simplemente dejó de sentirse invitada a la fiesta.


8.18.2026

G-Shock y los relojes secretos de las unidades especiales

Casio cuenta una historia muy bonita de fiabilidad, militares, misiones, recuerdos y relojes que sobreviven a explosiones… pero hay cosas interesantes debajo de esa capa de marketing.

Casio tiene un departamento que hasta hace poco prácticamente no existía para el gran público: Special Projects. Su misión es fabricar G-Shock personalizados para unidades militares, policiales y otros organismos que necesitan algo más que un simple reloj con un escudo grabado en la trasera.

Hay un mundo de la relojería militar bastante peculiar que transcurre lejos de las grandes campañas publicitarias. Son los llamados unit watches, relojes encargados específicamente por determinadas unidades del ejército, fuerzas policiales o servicios de inteligencia.

Marcas como Omega, Tudor, Breitling o Bremont han participado en este mercado, fabricando versiones personalizadas de sus modelos para determinados cuerpos o unidades. Son piezas que normalmente no llegan a las tiendas y cuyo acceso puede estar restringido a los miembros de la organización correspondiente.

Pero hay una paradoja interesante: mientras algunos fabricantes de relojes de lujo compiten por vestir a militares con piezas de varios miles de euros, en la muñeca de muchos profesionales que realmente trabajan en situaciones operativas aparece algo bastante menos glamuroso.

Un G-Shock que no pretende ser un reloj militar al uso, y la razón no tiene demasiado misterio.

Un G-Shock convencional no necesita aparentar que es un instrumento militar. Precisamente su atractivo está en que es un reloj relativamente barato, resistente, sencillo y que no necesita estar conectado a nada.

En determinados entornos eso puede ser una ventaja enorme frente a un smartwatch.

Un reloj inteligente incorpora comunicaciones, sensores, GPS, aplicaciones y conexiones con servicios externos. Todo eso resulta fantástico para un usuario normal, pero puede convertirse en un problema cuando la localización del portador debe permanecer en secreto.

El caso de los relojes inteligentes vinculados a Strava se ha convertido precisamente en uno de los ejemplos que se utilizan para explicar este problema: determinadas actividades físicas pueden terminar revelando información de localización que el usuario ni siquiera era consciente de estar compartiendo.

Un G-Shock básico, en cambio, no tiene nada que comunicar. Y ahí aparece una de las expresiones utilizadas por Casio para definirlos: son un "reloj tonto".

Puede sonar poco sofisticado, pero en determinadas circunstancias es exactamente lo que se busca.

Según explica Warren Halliwell, directivo de Casio UK y responsable del programa, Special Projects nació en 2024 por una razón bastante sencilla: empezaron a llegar demasiadas peticiones de unidades militares y policiales, así que la respuesta fue crear un departamento específico.

La idea va bastante más allá de coger un G-Shock de catálogo y grabarle un escudo. Las unidades pueden solicitar modificaciones de materiales, acabados, funciones o elementos concretos que respondan a sus necesidades operativas.

Y ahí es donde la historia se vuelve bastante más interesante.

Uno de los primeros proyectos conocidos fue desarrollado para la Royalty Protection Unit, encargada de la protección de miembros de la familia real británica.

Sus integrantes ya utilizaban G-Shock durante entrenamientos y servicio, pese a disponer también de acceso a relojes suizos mucho más caros.

El problema es que esos relojes de lujo podían ser magníficos relojes, pero no necesariamente buenos instrumentos para determinadas tareas tácticas.

La solución fue un GM-B2100 especialmente modificado, con acabado negro tipo gunmetal, un reloj que tiene poco de "reloj de batalla", pues es elitista, muy pesado y enormemente incómodo. Pero lo que importaba ofrecer era la imagen y el aspecto, por eso cada unidad llevaba grabado del castillo de Windsor en la trasera y elementos de identificación personalizados.

La existencia del proyecto terminó haciéndose pública casi por accidente: un visitante vio varios de estos relojes durante una visita al castillo, hizo fotografías y las imágenes comenzaron a circular por internet.

Después de aquello, Casio decidió aumentar considerablemente la discreción alrededor de este tipo de encargos. Y probablemente tenga sentido, aunque la personalización de relojes de Casio no es algo nuevo: Casio lleva ofreciendo este servicio a empresas w instituciones desde hace más de veinte años. Lo que es nuevo es la creación de un departamento especial pensado solamente para uniformados.

Aquí está la diferencia entre Special Projects y una simple personalización. Una cosa es comprar un G-Shock y grabarle tu nombre, o el logo de tu compañía, y otra muy distinta es que una unidad militar se siente con el fabricante y le diga qué necesita exactamente.

Casio asegura haber trabajado, entre otros, con personal de protección, unidades de desactivación de explosivos, pilotos y miembros del Servicio de Submarinos de la Royal Navy.

En este último caso nació el denominado G-Shock Trident, desarrollado para el Servicio de Submarinos británico.

El proyecto tiene además una vertiente benéfica: la Royal Navy & Royal Marines Charity anunció que la edición limitada había conseguido recaudar más de 5.500 libras, aproximadamente 6.434 euros, para fines benéficos.

Y aquí conviene separar dos cosas, que a veces por ciertos intereses que poco tienen que ver con lo táctico nos vienen mezclados. Una es el indiscutible interés relojero del proyecto. La otra es el evidente valor simbólico que tiene para las personas que pertenecen a esas unidades.

Porque un reloj que llevas durante años de servicio puede terminar convirtiéndose en una especie de objeto de memoria personal. No es exactamente lo mismo que comprar una edición limitada porque aparezca en Instagram.

El rojo que empezó en los submarinos; uno de los ejemplos más curiosos de cómo estos proyectos pueden terminar afectando a los G-Shock normales es la iluminación roja.

Casio explica que determinadas unidades necesitaban evitar la iluminación blanca intensa de algunos relojes porque puede resultar demasiado visible en determinadas circunstancias. La solución fue utilizar iluminación roja.

En el caso del proyecto Trident, esta característica tenía especial sentido dentro del entorno submarino y militar.

Pero lo interesante viene después: Casio reconoce que algunas de estas soluciones desarrolladas para unidades específicas pueden terminar llegando a modelos destinados al público general. Es decir, el laboratorio de pruebas no está únicamente en los departamentos convencionales de desarrollo.

También está en una jungla, en un avión, en un submarino o en las condiciones reales en las que trabaja el usuario para el que se ha creado el reloj. Y eso sí puede resultar interesante desde el punto de vista relojero.

Halliwell pone como ejemplo otro proyecto destinado a pilotos y habla de relojes capaces de detectar determinadas condiciones relacionadas con campos magnéticos y pulsos electromagnéticos.

Aquí conviene coger las afirmaciones con cierta cautela, porque estamos hablando de información procedente del propio responsable del programa y, además, de proyectos de los que Casio reconoce que no puede revelar todos los detalles. Pero hay una idea de fondo que sí resulta perfectamente comprensible: en determinados trabajos, cuanto menos dependa un reloj de sistemas externos, mejor.

Y ahí un digital convencional tiene una ventaja que durante años parecía un inconveniente: es extraordinariamente aburrido: no tiene Wi-Fi, no tiene apps, no necesita un teléfono, no publica tu recorrido, no recibe notificaciones, no intenta convertirse en tu centro de comunicaciones... Y, dependiendo del modelo, puede funcionar durante años con una pila o con energía solar.

Uno de los relojes mencionados por Halliwell cuesta alrededor de 99 libras, que al cambio actual son unos 115,81 euros. No hace falta decir mucho más para entender el atractivo de la propuesta. Por eso hay que distinguir muy bien estos relojes tácticos y asequibles, para unidades militares, con también los modelos elitistas y exclusivos de Windsor mencionados líneas arriba, también para cuerpos de seguridad.

Hay algo casi paradójico en todo esto. Durante años, buena parte de la industria relojera ha intentado convertir el reloj en un objeto de lujo, de diseño, de exclusividad o de tecnología conectada.

Y ahora, en determinados ámbitos profesionales, algunas de las características más valoradas son exactamente las contrarias: que sea sencillo, resistente e independiente. Que no llame la atención ni se diferencie de un G-Shock "del montón" normal y corriente, que puedas leerlo rápidamente -y no los invertidos que a veces nos venden "para militares"- y, sobre todo, que funcione con fiabilidad.

Es precisamente la filosofía que convirtió a los G-Shock en herramientas populares mucho antes de que Casio comenzase a convertir algunos de ellos en auténticos objetos de lujo. 

Y aquí aparece quizá la parte más interesante para los aficionados a Casio. La compañía ha pasado de fabricar relojes digitales extremadamente baratos y destinados al gran público a construir piezas de varios miles de euros, como los MR-G, mientras mantiene al mismo tiempo una relación muy estrecha con el segmento profesional y militar.

Special Projects demuestra que ambas realidades pueden convivir.

Un mismo fabricante puede vender un G-Shock relativamente sencillo que no llega a los cien euros y, al mismo tiempo, desarrollar piezas especiales para unidades que trabajan en situaciones donde un reloj convencional puede formar parte del equipamiento operativo.

La diferencia es que el primero se vende en una tienda. El segundo puede que ni siquiera sepamos que existe.

Y eso explica también por qué estos proyectos tienen algo que los habituales “limited edition” de G-Shock han ido perdiendo: no nacen para crear una edición limitada que alguien quiera coleccionar, sino porque alguien necesita realmente ese reloj. Ese es el verdadero valor de un reloj de unidad

Quizá esa sea la parte que más merece la pena rescatar de toda esta historia. Un reloj de unidad no es necesariamente especial porque sea técnicamente mejor que el que puedes comprar tú, sino que normalmente lo es porque estuvo en esa misión, porque acompañó a su propietario durante años, porque pertenece a una etapa concreta de su vida, porque lleva el emblema de la unidad a la que perteneció. O simplemente porque sobrevivió a las mismas circunstancias que su dueño.

Eso explica que un G-Shock aparentemente vulgar pueda terminar teniendo para su propietario un valor sentimental muy superior al de un reloj suizo mucho más caro.

Y también explica por qué Casio ha encontrado en Special Projects un terreno bastante más interesante que otra colección de colores, colaboraciones comerciales y ediciones limitadas.

Porque, al menos en este caso, el reloj no se fabrica para parecer una herramienta. Se fabrica porque alguien necesita una herramienta.

Y esa diferencia, en relojería, todavía importa.


Zona Casio Semanal