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9.10.2026

Todos quieren ser un Apple Watch


El reloj digital está empezando a parecer un smartwatch... aunque no lo sea.

La comparación con los smartphones es mucho más acertada de lo que parece. Lo interesante es que aquí no estamos hablando simplemente de que los chinos "copien al Apple Watch": estamos viendo cómo una forma deja de pertenecer a un producto concreto y acaba convirtiéndose en el arquetipo visual de toda una categoría.

De hecho, hay una pequeña paradoja: Apple eligió la forma rectangular precisamente porque era la más adecuada para mostrar información en una pantalla pequeña; con el tiempo, esa decisión funcional se ha convertido en un lenguaje estético. Apple explica que el Apple Watch está pensado para interacciones rápidas y de un vistazo, y otros análisis señalan precisamente la ventaja de aprovechar mejor una pantalla rectangular para texto e información. 

Y ahora ocurre algo curioso con los Sanda, Skmei y compañía: esa geometría ya está saltando del smartwatch al reloj digital barato tradicional.

Durante décadas, el reloj digital tenía una gramática bastante clara: el Casio W-59 de caja rectangular pequeña, pantalla horizontal, botones laterales, asas integradas.

Luego aparecieron infinidad de variaciones: cajas octogonales, redondas, cuadradas, ultrafinas, deportivas, con protectores, con botones enormes...

Pero últimamente aparece cada vez más otro patrón: caja rectangular vertical con esquinas muy redondeadas, pantalla ocupando prácticamente todo el frontal, bisel mínimo y apariencia de pequeña pantalla electrónica.

Y eso ya no es exactamente el lenguaje visual de un Casio tradicional, Ee el lenguaje visual del smartphone trasladado a la muñeca.

Ahí está la clave.

El fenómeno es exactamente el mismo que ocurrió con los móviles. Mira un móvil de 1998: los móviles podían tener tapa, antena, teclado físico, formas redondeadas, colores, diseños extrañísimos... Luego llegó el iPhone y ocurrió algo brutal: pantalla grande,  rectángulo y pocos botones.

Al principio era "el diseño del iPhone", después pasó a ser "el diseño de un smartphone".

Hoy puedes poner diez teléfonos de diez fabricantes sobre una mesa y, salvo detalles, cuesta distinguirlos. No porque todos quieran copiar exactamente a Apple, sino porque la tecnología ha impuesto una geometría óptima. Y creo que estamos viendo algo parecido en los relojes.

Pero Apple no inventó el reloj rectangular. Esto es importante para no caer en el típico "Apple inventó todo". Los relojes rectangulares llevan existiendo muchísimo tiempo. El propio mundo de la relojería tiene ejemplos históricos como el Reverso. Y Q&Q, o Casio, llevan décadas fabricando relojes cuadrados y rectangulares.

La novedad del Apple Watch no fue "hacer un reloj rectangular", sino combinar rectángulo, pantalla dominante, esquinas redondeadas, carcasa muy limpia e interfaz gráfica.

Eso creó una silueta tremendamente reconocible.

Diez años después, esa silueta se ha convertido prácticamente en el "dibujo mental" que mucha gente hace cuando piensa en un smartwatch. Incluso se ha señalado que el Apple Watch se ha convertido en la silueta de referencia del smartwatch y que numerosos modelos asequibles han adoptado formatos similares. 

Y aquí viene lo realmente interesante: los chinos están haciendo algo diferente. Un Sanda o un Skmei rectangular barato no necesita tener una pantalla táctil, ni necesita ejecutar aplicaciones, ni tener Bluetooth. Ni siquiera necesita parecer tecnológicamente avanzado.

Pero visualmente puede beneficiarse de la asociación: "Esto parece una pequeña pantalla moderna." Y eso vende, porque el consumidor actual está acostumbrado a interpretar esa forma como algo contemporáneo.

Es una especie de semiótica tecnológica. Una caja redonda dice: "reloj". Una caja rectangular con pantalla grande dice:  "dispositivo electrónico".

Y un fabricante de un reloj digital barato puede estar aprovechando precisamente esa segunda asociación.

Lo más curioso: estamos volviendo al pasado... pero con estética del futuro. Aquí es donde, para mí, está la ironía. Un Skmei de 8 o 10 euros puede tener un módulo digital sencillísimo: hora, fecha, alarma, crono, luz, quizá cuenta atrás... Es decir, tecnológicamente estamos ante un reloj digital de toda la vida.

Pero lo metes en una caja rectangular redondeada, con una pantalla grande y una estética minimalista... Y de repente parece un "smartwatch sin smartwatch".

Es casi como si el reloj digital tradicional estuviera disfrazándose de Apple Watch. Y eso tiene una consecuencia muy interesante:se está produciendo una convergencia estética.

Creo que podemos imaginar tres familias que antes estaban bastante separadas:

Reloj tradicional redondo, con agujas, corona y esfera.

Reloj digital rectangular, LCD segmentado, botones, información.

Y smartwatch con pantalla rectangular interfaz gráfica, táctil, y sensores.

Y poco a poco tenemos todos en el reloj digital moderno: caja tipo smartwatch,  pantalla LCD tradicional, botones físicos, funciones de reloj digital.

Es decir: el reloj digital está adoptando el envoltorio del smartwatch. Y esto tiene una explicación económica además de estética.

Aquí los fabricantes chinos tienen una ventaja enorme: no necesitan desarrollar una identidad de diseño completamente nueva, pueden observar qué formas reconoce el consumidor y después producir esa forma que ya sabes que te gusta.

Es parecido a lo que ocurre con los smartphones económicos. La forma rectangular con esquinas redondeadas ya está socialmente validada. No tienes que educar al comprador, no tienes que explicarle qué es. Lo ve y entiende inmediatamente: "Ah, un dispositivo electrónico moderno."

Pero hay una segunda consecuencia: la pérdida de personalidad. Y aquí es donde creo que está lo verdaderamente interesante. Porque la estandarización tiene una ventaja: el producto se vuelve familiar.

Pero también tiene un inconveniente: se vuelve intercambiable.

Y eso ya lo estamos viendo con los teléfonos. Antes podías reconocer un Nokia, un Ericsson, un Motorola o un Siemens prácticamente por la silueta. Hoy muchas veces necesitas mirar el logotipo.

Con los relojes puede suceder exactamente lo mismo. Imagina dentro de unos años una mesa con: un smartwatch de Apple, un smartwatch de Xiaomi, un smartwatch de Huawei, un digital de Skmei, un digital de Sanda, un digital de Casio, un digital de otra marca china... Y todos tienen: rectángulo vertical + esquinas redondeadas + pantalla enorme + dos botones laterales.

¿Qué diferencia queda? El logotipo. Y poco más.

Aunque hay una diferencia importantísima con lo que pasó con los smartphones: los relojes tienen una historia estética mucho más fuerte.

El reloj mecánico lleva siglos siendo circular, por eso existe una tensión que no existe en un teléfono: ¿debe parecer un ordenador o debe parecer un reloj?

Y aquí Apple tomó una decisión radical: que pareciera un pequeño ordenador.

Samsung, Google y otros fabricantes han apostado muchas veces por la solución contraria: mantener el círculo para conservar la asociación con el reloj tradicional. De hecho, la propia discusión sobre circular frente a rectangular gira precisamente alrededor de esa tensión entre estética relojera y aprovechamiento de la pantalla. 

Pero ahora está ocurriendo algo muy gracioso, los relojes digitales baratos están empezando a abandonar incluso la necesidad de parecer relojes tradicionales.

Y Apple podría acabar siendo víctima de su propio éxito. Esto es precioso desde el punto de vista del diseño. Cuando Apple lanzó el Watch, su forma era relativamente atrevida.

Ahora es tan reconocible que todo el mundo puede copiar el concepto visual sin necesidad de copiar el producto.

Y Apple se encuentra con un problema: si todos tienen esa forma... ¿cómo vuelves a diferenciarte?

Precisamente por eso resulta interesante que en 2026 estén apareciendo informaciones sobre una posible exploración de nuevas formas, incluso diseños circulares, para futuras generaciones del Apple Watch. 

Es casi el ciclo completo:

Apple rompe la norma → Apple crea una nueva norma → todo el mundo adopta la nueva norma → la nueva norma deja de diferenciar a Apple → Apple necesita volver a romperla.

Y mi conclusión sería esta: yo no diría todavía que "todos los relojes están convergiendo hacia el Apple Watch". Diría algo más interesante: "Estamos entrando en una época en la que la tecnología está imponiendo una geometría común a los relojes".

Y el Apple Watch ha sido probablemente el principal responsable de popularizar esa geometría en la muñeca. Lo verdaderamente significativo no es que un Skmei se parezca a un Apple Watch. Lo significativo es que un reloj digital de 5-10 euros ya puede utilizar exactamente el mismo lenguaje formal que un dispositivo tecnológico de cientos de euros y que, además, el consumidor lo encuentre completamente natural.

Eso sí me parece un cambio de paradigma.

Es decir: "¿se están convirtiendo todos los relojes en el mismo reloj?". Porque al final podríamos estar asistiendo al mismo fenómeno que ya vivimos con los teléfonos: la tecnología evoluciona muchísimo por dentro mientras el diseño exterior se vuelve cada vez más uniforme.

Y paradójicamente, mientras los fabricantes presumen de ofrecer miles de funciones, cada vez cuesta más distinguir unos productos de otros con la muñeca apagada.

Lo que ocurre con el Apple Watch no es un capricho, sino la repetición de un ciclo histórico que ya vivimos con los smartphones: la evolución hacia un "diseño óptimo" por convergencia funcional.

La forma sigue a la función (y al bolsillo):
Un reloj rectangular con bordes redondeados y pantalla brillante no es un capricho estético de Apple. Es la solución más eficiente para mostrar notificaciones, texto y esferas digitales en un espacio reducido. Las marcas como Sanda o Skmei no "copian" por moda; adoptan la ergonomía ganadora porque es la que mejor se adapta a la muñeca y a la lectura rápida. Es como cuando todos los coches acabaron teniendo cuatro ruedas y forma de gota.

El efecto "iPhone": el estándar se vuelve invisible. Igual que hoy un móvil con muesca o triple cámara trasera no nos parece copia de nadie, el smartwatch rectangular se está convirtiendo en el lenguaje visual por defecto de lo que entendemos por "reloj inteligente". Cuando el usuario ve un rectángulo curvo, asocia: "Esto es tecnología moderna". Las marcas chinas genéricas usan esa forma porque vende más, no porque quieran engañar.

La paradoja de la identidad. Aquí está lo interesante: mientras los relojes digitales convencionales se smartizan visualmente, los smartwatch de lujo (como Tag Heuer o Garmin) se vuelven más redondos para parecer analógicos. La diferenciación ya no está en la caja, sino en la interfaz, los materiales y el ecosistema. Un Apple Watch se distingue por su corona digital y su fluidez, no por su silueta.

En cualquier caso no deberíamos verlo como un empobrecimiento, sino como la madurez de un producto. Como ocurrió con el cuchillo o la silla, cuando un diseño funciona, se estandariza. La creatividad se desplaza entonces a los detalles: el software, la correa, la personalización. El riesgo real no es la uniformidad, sino que perdamos la capacidad de sorprendernos. Por eso marcas como Nothing o las esferas analógicas retro en un Apple Watch nos parecen tan refrescantes: rompen esa homogeneidad funcional con un guiño emocional.

Al final, el reloj deja de ser un objeto único para convertirse en un lienzo. Y en ese lienzo, cada uno puede seguir siendo diferente.

¿Crees que esta estandarización te quita deseo por el producto, o te parece un paso lógico? Me encantaría saber tu punto de vista.





5.28.2020

Delicia de Tough Solares


Esta mañana he puesto mi teléfono móvil a recargar; a su lado, he buscado un enchufe para recargarle la batería al lector de rtfs que uso para las oraciones. Otro de los enchufes lo he dedicado a recargar el Nokia que uso para conectarme a Internet y, en momentos de extrema necesidad, como modem. Finalmente, he tenido que irme al salón para usar otro de sus enchufes para el smartphone. También he aprovechado esta soleada mañana para la recarga del Tough Solar. En este caso, no fue necesario recurrir a un enchufe, ni adaptador de corriente, ni cargador alguno. Simplemente lo he dejado que le diera la luz. Una delicia.

Sí, respecto a todos los aparatos que requieren recarga constante y siempre tener a mano un enchufe, uno no puede evitar sentir un cierto alivio cuando ve que su reloj, sin embargo, puede recargarse por sí mismo. Lo mismo ocurre con las calculadoras solares, capaces de funcionar con una ínfima porción de luz.

4.19.2020

La gran oportunidad perdida


Cada vez encuentro y veo a más gente con el Smart Watch de Apple, incluso a médicos con sus trajes de aislamiento, llevando con todo orgullo el reloj de la manzana podrida mordida. Muchísimas de esas personas son, además, mujeres, y de gran importancia en la esfera pública. Y, a la vez, cada vez me da más lástima de la gran oportunidad que perdió Casio para lograr un hueco muy bueno en ese mercado.

Inicialmente los diseñadores de Casio ofrecieron a sus directivos un diseño de reloj inteligente bastante parecido al que Apple presentaría, con unos pulsadores en lugar de corona, y unas líneas suaves y elegantes. Sin embargo, una vez más se lo rechazaron y, en su lugar, lanzaron un reloj cargado de testosterona, supervitaminado, con plástico por todas partes y multitud de recovecos que nadie entiende.

12.14.2019

Al menos usan reloj...


Hace unos días estuve leyendo las reflexiones que Diloy hace en su blog, y ciertamente no le falta razón. A grandes rasgos, habla sobre el "boom" que ha supuesto la irrupción de los smartwatches en este - hasta ahora - un tanto anquilosado mundo de la relojería "clásica" o convencional, y el cambio que ello está propiciando. Tengamos en cuenta - y no lo olvidemos - que a día de hoy el Apple Watch es el reloj más vendido del mundo (y con diferencia), aunque yo sea también de esos que opinan que "eso" es cualquier otra cosa (un gadget, un móvil en miniatura...) menos un reloj, pero esa es otra cuestión.

El caso es que en Diloy dicen que en lugar de ver este "aire fresco" llegar al mundo de la relojería con temor, debería verse como una oportunidad. O sea, ser optimistas y ver el vaso "medio lleno", dicho claramente. Y una de las razones que exponen, y que modestamente creo que están en lo cierto, es que al menos hay personas que han vuelto a llevar reloj. Gente que antes no usaba reloj, por "aparentar" o por lo que sea - cada uno está en su derecho de llevarlo por lo que le apetezca, faltaría más -, se han vuelto a poner un reloj en su muñeca. Como el Apple Watch es tan, digamos, "especial" (léase "tocapelotas"), mucha de esa gente, o esperemos que un gran número de ellos, seguirán esa costumbre y pasarán a un reloj más convencional, con más autonomía o más sencillo y fiable. Ejemplos los hemos visto no hace mucho en esta misma publicación.

10.04.2017

Android Wear dominará absolutamente el mercado de los smartwatches


No debe resultarnos sorprendente que Watch OS, de Apple, con el 51% de cuota de mercado, y Android Wear, de Google, con el 24%, se posicionen como los dominadores absolutos del mercado de los smartwatches en los próximos años. Samsung, con su Tizen que llega al 13%, y las demás marcas con sistemas operativos independientes, que apenas consiguen una cuota marginal del 12%, están condenados a desaparecer.

De hecho para Neil Mawston, experto analista de Strategy Analytics, será solamente Apple y Google quienes tendrán la mayoría de modelos de relojes inteligentes en el mercado, "y no habrá espacio ni lugar para terceros".

2.19.2016

La industria suiza de relojería tiene un problema, y se llama Apple Watch


La frase no es mía, la expresaron desde el New York Times tras la aparición del Apple Watch, el reloj inteligente de la marca de la manzana. Y el tiempo les está dando la razón. Neil Mawston, director ejecutivo de Strategy Analytics, lo dice con estas palabras: "la industria relojera suiza ha respondido muy lentamente para desarrollar un reloj smartwatch", para añadir: "han estado escondiendo su cabeza bajo la arena esperando que el boom de los smartwatches desaparezca, pero eso no ha ocurrido". Todo esto tiene su raíz en el descenso de ventas que han experimentado el año pasado los fabricantes suizos, y de lo cual ya hemos hablado no hace mucho en Zona Casio.

Y es que para ver la relación no hay que ser muy listo: las ventas de relojes suizos disminuyeron un 5% en el cuarto trimestre de 2015, mientras que los smartwatches aumentaron un 316 por ciento en el mismo periodo. Esto no se verá mermado este año, más bien se espera lo contrario.

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