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29/6/21

Relojes en la literatura (94)



Nuestro lector Marco nos recomienda un fragmento de este libro que, con mucho gusto, incorporamos a esta sección.



Título: Ruido de fondo

Autor: Don DeLillo

Fragmento:


En College-on-the-Hill los jefes de departamento visten togas académicas. No hablo de esas prendas ostentosas y tremolantes que llegan hasta los pies, sino de túnicas sin mangas fruncidas a la altura de los hombros. Me gusta la idea. Me gusta desembarazar el brazo de los pliegues del atavío para consultar el reloj. El simple acto de mirar la hora resulta transformado por este ademán. Los gestos decorativos aportan romanticismo a una vida. Los estudiantes ociosos tienen así ocasión de contemplar la propia hora como un complejo embellecimiento -como un romance de la conciencia humana- cuando observan al presidente de su departamento atravesando el campus con un brazo encorvado emergiendo de su túnica medieval, y el reloj digital parpadeando bajo la luz del tardío crepúsculo veraniego. La toga, por supuesto, es negra, y va bien prácticamente con todo.


| Preparación: ZonaCasio.com / ZonaCasio.blogspot.com | Gracias a Marco por el fragmento



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7/3/21

Relojes en la literatura (93)




Título: Rescate en el tiempo

Autor: Michael Crichton

Fragmento:


Pero ella no lo miraba. Tenía puesta toda la atención en sus dos amigos, los agentes de bolsa.

Típico, pensó Chris. Dijeran lo que dijesen, las mujeres sólo sentían atracción por los hombres con dinero y poder. Incluso tratándose de un par de sujetos vulgares y desquiciados como aquéllos.

Sin darse cuenta, Chris se concentró en sus relojes. Los dos agentes de bolsa lucían sendos Rolex, voluminosos y macizos, con las cadenas muy holgadas, de modo que colgaban de la muñeca y se deslizaban pesadamente arriba y abajo como pulseras de mujer. Era un signo de indiferencia y riqueza, una informal dejadez que inducía a pensar que vivían en vacaciones permanentes. Ese detalle le molestó.

Cuando uno de ellos empezó a juguetear con su reloj, haciéndolo girar en torno a la muñeca, Chris vio colmada su paciencia. De pronto se levantó, pretextó entre dientes que tenía que volver al yacimiento para verificar unos análisis, y se marchó abajo en dirección al aparcamiento situado en la periferia del barrio antiguo.

Descendiendo por la calle, tuvo la impresión de que alrededor sólo había amantes, parejas cogidas del brazo, la mujer con la cabeza apoyada en el hombro de su compañero. Se sentían a gusto juntos, sin necesidad de hablar, limitándose a disfrutar del entorno. Con cada pareja que veía, aumentaba su irritación, induciéndolo a apretar el paso.





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3/3/21

Relojes en la literatura (92)




Título: La expedición

Autor: Stephen King

Fragmento:


Carune se guardó las llaves en el bolsillo y se quitó el reloj de pulsera. Era un Seiko de cuarzo con un pequeño ordenador bajo la esfera. Veinticuatro botoncitos permitían efectuar cualquier operación matemática, desde la suma y la resta, hasta la raíz cuadrada. Además de un magnífico cronómetro, un delicado mecanismo de precisión. Carune colocó el reloj delante de la ventanilla y lo empujó suavemente con un lápiz.

El reloj reapareció instantáneamente al otro extremo. En el momento de introducirlo marcaba las 11.31. 37. Cuando Carune lo recogió, las 11.31.49. Perfecto. Aunque hubiese sido mucho mejor disponer de un ayudante junto a los cajones para certificar que no había alteración temporal alguna. Bueno, no importaba tanto. Muy pronto, el Gobierno lo cubriría de ayudantes.

Probó la calculadora del reloj. Dos y dos seguían siendo cuatro. Ocho dividido entre cuatro continuaba siendo dos. La raíz cuadrada de once no había variado: 3,3166247..., etcétera.

Había llegado el momento de experimentar con los ratones.





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21/2/21

Los anuncios de Casio antes de la era G-Shock



Estamos en 1982, a los G-Shock aún les quedaba un año por llegar (y muchos más para hacerse populares), y Casio lo apostaba todo a la tecnología, la durabilidad y la robustez. Muestra de ello es este anuncio en donde vemos a un soberbio DW-1000 haciendo alarde de una de sus características más importantes, cual era su resistencia al agua de 200 metros. No hay que olvidar que por aquellos años, en donde se venía de un tiempo en donde la mayoría de relojes no tenían resistencia "a nada", hablar de 200 metros eran palabras mayores y, por supuesto, no algo tan común como ahora.

Junto a él vemos la Casio digital de entonces, con su GM-40 (el Casio con el juego de las pirámides), o las bondades de sus relojes para señora, con pilas de gran autonomía. Porque, a diferencia de ahora, Casio era eso, y lo decía claramente su eslogan: "Digital es Casio".

20/2/21

Relojes en la literatura (91)




Título: Todas las fiestas de mañana

Autor: William Gibson

Fragmento:


Tras una pausa, el chico lo sigue, alzando el reloj de la esfera negra como si fuese un pequeño animal.

No será nada, piensa Fontaine. Un Waltham del ejército con las entrañas oxidadas. Mierda. Mierda, has dejado entrar al colgado este.

El chico se queda en el centro de la pequeña superficie de la tienda, mirando. Fontaine cierra la puerta, da una sola vuelta al cerrojo, y se retira detrás del mostrador. Hace todo esto sin bajar el revólver, evitando acercarse al chico, y sin quitarle los ojos de encima.
Los ojos del chico se abren al ver la bandeja con los relojes.

- Lo primero es lo primero - dice Fontaine, retirando la bandeja con la mano libre -. Veamos.

Señala el reloj en la mano del chico.

- Dame - ordena, golpeando sobre el descolorido logotipo dorado de Rolex sobre una almohadilla de piel sintética, acolchada, de color verde oscuro.

El chico parece entenderlo. Deja el reloj en la almohadilla, y cuando retira la mano Fontaine le ve las uñas, las descuidadas uñas de bordes negros.

- Mierda - murmura Fontaine -. Retírate, ahí, un momento - dice, señalando el sitio amablemente con el cañón de la Smith & Wesson. El chico da un paso atrás.

Sin dejar de vigilar al chico, Fontaine rebusca en el bolsillo izquierdo de la gabardina y saca una pequeña lente de aumento de relojero, y se la pone en el ojo izquierdo.

- No te muevas, ¿eh? No quieres que se dispare la pistola...

Levanta el reloj, y se permite un rápido vistazo a través de la lente. Silba entre dientes, muy a su pesar.

- Jaeger LeCoultre. - Alza la cabeza y mira; el chico no se ha movido. Vuelve al reloj, esta vez observa las marcas de la caja. - Royal Australian Air Force, 1953 - traduce -. ¿Dónde has robado esto?

Nada.

- Está casi en perfectas condiciones. - Fontaine se siente, de pronto, profunda e inesperadamente perdido -. ¿Es una reproducción?

Nada.

Fontaine mira a través de la lente, y piensa que quiere este reloj.

- ¿Todo original?

Lo deja sobre la almohadilla verde, encima del desgastado símbolo de la corona, observando que la correa de piel de becerro ha sido cosida a mano a unas barras permanentes en dos lados de la esfera. Tan solo este trabajo, que reconoce como italiano o austríaco, podría costar más que algunos de los relojes de la bandeja. El chico lo recoge inmediatamente.





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14/2/21

Relojes en la literatura (90)




Título: 334

Autor: Thomas M. Disch

Fragmento:


- Es como... ¿Viste Los huérfanos anoche? Es una historia que transcurre en el siglo XIX y hay un matrimonio que es muy feliz y muy pobre, pero cada uno tiene algo de lo que sentirse orgulloso. El hombre tiene un reloj de oro y la mujer, pobrecita, tiene su cabellera. ¿Y qué ocurre? Él empeña su reloj para comprarle un peine y ella vende su cabellera para comprarle una cadena de reloj. Menuda historia. Es todo un caso de ding-dong, ¿verdad?

- Pero si lo piensas bien es justo lo que hemos hecho, ¿no? ¿Enero?

...

- Enero, ¿estás dormida?





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10/2/21

Relojes en la literatura (89)




Título: Purgatorio, la decadencia de un sueño

Autor: Nathalia Tortora

Fragmento:


- ¿No hay relojes en este lugar?

- Solo en el comedor. Y yo todavía no lo sé leer.

La pelirroja suspiró. Añadiría eso a la lista mental de cosas indispensables sin las cuales no podría sobrevivir. Por el momento, el listado era sencillo: ropa, maquillaje y un reloj. Ah, y posiblemente un mp3 o un equipo de música. Asumía que pedir una computadora era demasiado, si es que existían allí.





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30/1/21

Relojes en la literatura (88)




Título: Espiritualidad de la liberación

Autor: Pedro Casaldaliga y José María Vigil

Fragmento:


Las relaciones de trabajo, cuando no se han sometido ya a los férreos mecanismos de las grandes industrias, importadas o controladas totalmente desde el exterior, fácilmente se viven también a un nivel de compañerismo, pese a los tradicionales capataces ("feitores") de los ingenios de azúcar y demás dueños o dirigentes de empresas modernas, que en América Latina se ven obligados a adaptarse a esas relaciones más cercanas. El reloj, continúa siendo en gran parte bastante "cósmico", y los acontecimientos, las fiestas, los percances de unos u otros, modifican con cierta connaturalidad los horarios, los programas y las previsiones. Todo, en última instancia, favorece esa actitud de gratuidad que el Primer Mundo, supertecnificado, tan altivamente excomulga..., o tanto añora.

Muchos europeos/as, o nacidos en el Primer Mundo en general, después de vivir o trabajar en América Latina se sienten incapaces de readaptarse a los fríos esquemas de vida y de trabajo primermundistas.





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23/1/21

Relojes en la literatura (87)




Título: 334

Autor: Thomas M. Disch

Fragmento:


Bajó la mirada hacia su muñeca, pero se había dejado el reloj en la garita porque no encajaba con su atuendo "blanco-total" de hoy. Giró sobre sí mismo. El gigantesco reloj publicitario de la fachada del First National Citibank afirmaba que eran las dos y cuarto.

No, imposible. Birdie fue hacia los bancos y le preguntó a dos viejos si realmente era esa hora. Sus relojes estaban de acuerdo con el del banco.





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19/1/21

Relojes en la literatura (86)




Título: La máquina diferencial

Autor: William Gibson y Bruce Sterling

Fragmento:


Dentro de J. Walker y Compañía, un establecimiento pequeño pero de un gusto maravilloso, situado entre las tiendas con escaparates saledizo de la afamada Arcada, Mallory descubrió un regalo que le pareció de lo más adecuado. Era un reloj semanal que daba los cuartos y las horas con unas magníficas campanadas de tono catedralicio. El reloj, que también mostraba la fecha, el día de la semana y las fases de la luna, era una extraordinaria obra de precisión de los artesanos británicos, aunque como es natural, el elegante soporte del reloj suscitaría más admiración entre aquellos no entendidos en mecánica. El soporte, del mejor "papier-maché" lacado e incustrado con cristales azul turquesa, estaba coronado por un grupo de grandes figuras doradas. Estas representaban a una joven y decididamente atractiva Britania, ataviada con una túnica muy ligera, que admiraba el progreso conseguido por el tiempo y la ciencia para mayor civilización y felicidad del pueblo de la Gran Bretaña. Este loable tema quedaba también ilustrado por una serie de siete escenas grabadas que giraban a lo largo de la semana sobre un engranaje oculto en la base del reloj.

El precio era nada menos que de catorce guineas. Parecía que un artículo de tal originalidad artística no podía tasarse en simples libras, chelines y peniques. Aquella crasa y pragmática idea hizo pensar a Mallory que la feliz pareja estaría mucho mejor con un tintineante puñado de catorce guineas, pero el dinero desapareciería pronto, como ocurría siempre con el dinero cuando se era joven. Un buen reloj como aquel podía adornar una casa durante generaciones.





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13/1/21

Relojes en la literatura (85)




Título: Historia de un alma

Autor: Santa Teresa de Lisieux

Fragmento:


Un día, Paulina sacó de debajo de la almohada una preciosa navajita suya y se la regaló a su hijita, dejándola sumida en un arrobamiento imposible de describir.

- ¡Paulina! - exclamó -, ¿así que me quieres tanto, que te privas por mí de tu preciosa navajita que tiene una estrella de nácar...? Y si me quieres tanto, ¿sacrificarías también tu reloj para que no me muriera?

- No sólo sacrificaría mi reloj para que no te murieras, sino que lo sacrificaría ahora mismo por verte pronto curada.

Al oír esas palabras de Paulina, mi asombro y mi gratitud llegaron al colmo.





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10/1/21

Un Casio W-87 en un submarino



Llevo varios días metido en un proyecto documental de submarinos, entre Akulas, Sierras y demás "mastodontes" nucleares que surcaron las aguas de los océanos durante la llamada Guerra Fría y convirtieron las profundidades de los mares en campo de confrontación como, en su momento, lo hicieron también los bombarderos y cazabombarderos sobre los cielos.

Sin embargo por una u otra razón los submarinos, a diferencia del mundo de la aviación que ha tenido mucha repercusión en la relojería, nunca han tenido demasiado protagonismo en nuestros queridos "medidores de tiempo". Pero eso no quiere decir que no se usaran, obviamente.

9/1/21

Relojes en la literatura (84)




Título: El frío de la muerte

Autor: John Connolly

Fragmento:


Casi todo lo que sabía Parker sobre Waterbury, Connecticut, podía resumirse en dos palabras: latón y relojes. La manufactura de latón fue la base de la riqueza de la ciudad en los siglos XIX y XX, pero eso acabó en la década de 1960 cuando Chase Brass se llevó la fábrica a Ohio. La industria relojera creció a la par que la del latón, y en Waterbury se manufacturó el reloj de bolsillo Yankee de un dólar de Robert Ingersoll a finales del XIX, y más tarde el reloj Mickey Mouse. Ahora una empresa asiática era la dueña de la marca Ingersoll, y eso, para algunos, era un ejemplo que sintetizaba los problemas de la América moderna.




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3/1/21

Relojes en la literatura (83)




Título: Hija de Marte

Autor: Robert A. Heinlein

Fragmento:


- Tío Tom, cuéntame mi cuento.

- ¿A tu edad?

- Por favor - trepé a sus rodillas -, quiero sentarme una vez más en tu regazo para escucharlo. Lo necesito.

- De acuerdo - dijo, y me rodeó con sus brazos -. Una vez, hace muchísimo tiempo, cuando el mundo era joven, y en una ciudad especialmente favorecida, vivía una niña pequeña llamada Poddy. Todo el día estaba ocupadísima, como un relojito. Tic-tic-tic, hacían sus zapatos; tic-tic-tic, hacían sus agujas de hacer punto y, especialmente, tic-tic- tic, hacía su mente que no paraba de discurrir. Sus cabellos tenían el color de los ranúnculos en primavera, cuando el hielo deja los canales; sus ojos eran de ese azul cambiante bajo los rayos del sol que juegan en el agua de los arroyos en primavera. La nariz todavía no había decidido qué dirección seguir y la boca era como un signo de interrogación. Saludaba al mundo como un regalo por descubrir y no había maldad en ella. Un día, Poddy...

Le interrumpí.

- Pero yo ya no soy pequeña. ¡Y ya no creo que el mundo fuera joven alguna vez!

- Aquí tienes mi pañuelo - dijo -. Suénate. Jamás te conté el final del cuento, siempre te quedabas dormida. Termina con un milagro.

- ¿Un milagro auténtico?

- Sí. Ése es el final. Poddy creció y tuvo otra Poddy. Y entonces el mundo fue joven de nuevo.

- ¿Y eso es todo?

- Eso es todo. Mejor dicho, ya es bastante.





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30/12/20

Relojes en la literatura (82)




Título: Por sendas estrelladas

Autor: Fredric Brown

Fragmento:


Creo que nos encontramos a medio camino de tales conceptos. Esta charla sobre la edad del Universo, como cifra específica, dos mil millones de años, cuatro mil millones de años..., es algo que vuelve loco a cualquiera. ¿Puedes imaginarte a algo o a cualquiera que de repente le dé cuerda a un reloj y comience a marchar y que no existiese ningún tiempo anterior a determinado momento específico?

El tiempo no puede ser detenido, ni ha debido comenzar nunca. Si este Universo particular, tiene una edad definida, no es eterno y entonces se renueva a sí mismo constantemente por algún proceso que nos es totalmente desconocido, por tanto debe existir otro universo anterior a éste. En la eternidad, existiría una infinita progresión de universos, un número infinito de ellos que han pasado y extinguido y otro número infinito que aún no han aparecido.





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26/12/20

Relojes en la literatura (81)




Título: Vida de Guzmán de Alfarache

Autor: Mateo Alemán

Fragmento:


Es el pobre moneda que no corre, conseja de horno, escoria del pueblo, barreduras de la plaza y asno del rico. Come más tarde, lo peor y más caro. Su real no vale medio, su sentencia es necedad, su discreción locura, su voto escarnio, su hacienda del común; ultrajado de muchos y aborrecido de todos. Si en conversación se halla, no es oído; si lo encuentran, huyen de él; si aconseja, lo murmuran; si hace milagros, que es hechicero; si virtuoso, que engaña; su pecado venial es blasfemia; su pensamiento castigan por delito, su justicia no se guarda, de sus agravios apelan para la otra vida.

Todos lo atropellan y ninguno lo favorece.

Sus necesidades no hay quien las remedie, sus trabajos quien los consuele ni su soledad quien la acompañe. Nadie le ayuda, todos le impiden; nadie le da, todos le quitan; a nadie debe y a todos pecha.

¡Desventurado y pobre del pobre, que las horas del reloj le venden y compra el sol de agosto! Y de la manera que las carnes mortecinas y desaprovechadas vienen a ser comidas de perros, tal, como inútil, el discreto pobre viene a morir comido de necios.




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20/12/20

Relojes en la literatura (80)




Título: Razones desde la otra orilla

Autor: José Luis Martín Descalzo

Fragmento:


Efectivamente: esa noche que nosotros aceptamos con toda normalidad, como parte del tiempo, porque sabemos por experiencia que mañana regresará el sol, ¿qué tuvo que ser para quien no la conocía, para quien no podía saber si mañana regresaría el sol? Sin duda para él tuvo que ser doloroso ir descubriendo que Dios había partido el tiempo en dos y que la noche y el día eran para cosas. distintas (trabajar y descansar), pero las dos eran partes integrantes de una misma realidad temporal. Y tal vez hasta llegó a descubrir que el mundo no sería vividero si sólo existiese, siempre a todas horas, la luz cegadora del sol. Entendería que la vida humana se apoya en esos dos bastones y descubriría que hasta tal punto nuestro cuerpo se acostumbra a esa alternancia que, cuando en nuestra época se introduce esa fórmula de adelantar o retrasar los relojes, durante un cierto tiempo el cuerpo tarda en acostumbrarse y hasta se duerme mal por algunos primeros días.

Escribo todo esto pensando que, si en lo cronológico hay un día y una noche, también en el camino de la felicidad humana hay días y noches, horas de gozo abierto y horas de dolor, esperanzas y amarguras, días o meses en los que todo lo vemos claro y otros en los que la oscuridad invade los ojos del alma. ¡Y ambos son parte de la realidad!




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17/12/20

Relojes en la literatura (79)




Título: Héroes y villanos

Autor: Angela Carter

Fragmento:


Marianne tenía ojos penetrantes, fríos, y mal genio, pero su padre la amaba. El padre era Profesor de Historia; en el comedor familiar, sobre el aparador en que guardaban la heredada vajilla de acero inoxidable, tenía un reloj al que daba cuerda todas las mañanas.

Marianne pensaba que el reloj era la mascota de su padre, como lo fuera el conejito para ella, pero el conejito murió pronto y se lo entregaron al Profesor de Biología para que lo destripara, mientras que el reloj continuó con su inescrutable tic-tac. Marianne concluyó, pues, que el reloj era inmortal, pero esto no la impresionó. Mientras comía, sentada a la mesa, observaba con indiferencia el movimiento de las manecillas, pero nunca sentía que el tiempo pasase, pues estaba congelado alrededor de ella en ese apartado lugar, donde una quietud pastoral se adueñaba de todo y el infatigable reloj tallaba las horas en esculturas de hielo.




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12/12/20

Relojes en la literatura (78)




Título: Cuarenta grados en Marte

Autor: Bia Namaran

Fragmento:


- ¡Eh! ¿¡Estás loca!? ¡¡No enseñes eso!! - Entonces, se percató del reloj en mi muñeca. Lo cubrió con su otra mano, y me bajó la manga del abrigo -. ¡¡Y mucho menos eso!! ¡Te matarían por conseguirlo, y a mí me matarían contigo por no habértelo robado! Los relojes electrónicos hace tiempo que dejaron de fabricarse, el gobierno prohibió la venta de pilas cuando comenzaron a agotarse las reservas de los compuestos químicos. Ahora se reciclan, pero sólo para unos pocos privilegiados. En el mercado negro tienen precios estratosféricos.

- ¡Pero éste es solar! ¡Y muy antiguo! - Se lo mostré. Con ímpetu, volvió a cubrírmelo, bajándome el brazo y mirándome con rostro asustado directamente a los ojos:

- ¡Por eso mismo! ¡Esa tecnología ya no se usa! Cualquiera te lo cogería, los satélites que han caído por todas partes están llenos de circuitos con esos capacitadores, ¡es lo más valioso hoy!





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8/12/20

Relojes en la literatura (77)




Título: Jauría

Autor: Kelley Armstrong

Fragmento:


Le Blanc se había sentado al otro lado de mi. Lo ignoré. Dada la opción, prefería hablar con Marsten antes que con el hombre que había matado a Lagan.

- Leí un par de artículos tuyos en la revista - continuó Marsten -. Muy bien escritos. Parece que tienes una carrera exitosa.

- No tanto como otros - dije, mirando su Rolex -. ¿Lo compraste o es robado?

Le brillaron los ojos.

- Adivina.

Lo pensé.

- Lo compraste. Sería más fácil - y más barato - robarlo, pero tú no usarías el reloj de otra persona. Aunque no te molestaría comprarlo con el dinero que obtuviste robando las joyas de alguien.

- Como siempre, acertaste.

- Los negocios deben de andar bien.

Marsten volvió a reír.





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