
Son bastantes conocidas las pruebas que a los relojes digitales se les sometió en sus inicios para poder discernir y valorar su eficiencia en situaciones peligrosas a las que normalmente se enfrentan las Fuerzas Armadas. La USAF, con ayuda de la RAAF y el grupo australiano de ciencias de la defensa (el DSTG) evaluaron 500 prototipos de relojes para desarrollar las especificaciones militares MIL-M-87967, que vieron la luz en diciembre de 1980. Como resultado de estas pruebas y tests se fabricó el modelo militar de Stocker & Yale, el famoso Type III Class A. Este reloj (que puedes ver en algunas de las imágenes que adjuntamos, así como su manual original) tenía una forma muy parecida a los
W-202 actuales, y contaba con una correa de nylon. El modelo tuvo su difusión exclusivamente en el mundo militar, y era resistente a los golpes y sumergible hasta los 100
metros pies. Fue el modelo "oficial" de las FFAA hasta la llegada de un modelo que lo dejó
por los suelos al ofrecer un módulo más completo y una resistencia de 200 metros a la inmersión. Sí, estamos hablando de los G-Shock aparecidos en 1983, el DW-5000.
¿Y por qué todas esas pruebas dieron como resultado un modelo digital y la popularización y uso, más tarde, de los G-Shock por los militares? En las conclusiones del informe encontramos la respuesta: "para el Departamento de Defensa de los Estados Unidos" -decía el informe- "los relojes digitales cumplen con los requerimientos de seguridad y operacionales (...). Los relojes con display digital
son preferibles a los modelos analógicos, en particular en aquellos casos en donde se requiera una exacta representación del tiempo". Las ventajas que ofrecían los digitales llevó, por tanto, a que se fabricara uno en exclusiva para las Fuerzas Armadas.