
Muchas veces me he preguntado por qué hay tanta gente mayor que lleva humildes Casio F91, o analógicos como MQ-24. A lo largo de sus vidas muchos de ellos seguro que se habrán podido permitir un Rolex, un IWC o un Omega. O un Oceanus. Sé que esto no es una muestra estadística -ni pretende serlo-, y que, en gran medida, dependerá de la escala social en que te muevas. Pero me ha llamado la curiosidad que las razones que exponen habitualmente muchas de las personas mayores con las que me he encontrado suelen coincidir bastante. No reniegan de los relojes caros, e incluso casi todos confiesan haberlos tenido en algún momento de sus vidas. Pero aparte de en alguna vitrina, o parados en algún cajón olvidado, no han sobrevivido en sus muñecas.
Tendréis curiosidad en saber las razones. Yo también.





