Durante los años noventa Casio aprovechó los módulos 549 que en los ochenta habían montado una gran variedad de relojes old-school (como los W-780), para colocárselo a una serie de modelos que, en esos años, pertenecían a la gama medio-baja de sus relojes. Tal era el caso de los W-71, o de los W-720.
Estos módulso habían dejado de ensamblarse en Japón, y se montaban en la extinta factoría de Casio en Corea. En esa década, la de los años 90, es cuando los digitales de este tipo empezaron a padecer más problemas, puesto que el público cada vez era menor y la atracción por la relojería digital había pasado como una moda durante los ochenta. Sólo quedaban vestigios, y Casio se esforzaba por ofrecer relojes llamativos sin tener que complicarse demasiado con módulos, por eso en esa década de los noventa encontramos una de las mayores riquezas visuales en los frontales de los digitales de Casio, ya que el fabricante japonés exploró todo tipo de diseños con el fin de atraer a un público muy variado, y también resultar de interés para sus clientes más jóvenes.