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9.07.2026

¿Desinterés o estrategia fallida?


Una cena privada con Kikuo Ibe en Madrid no es precisamente el tipo de convocatoria que debería necesitar que vayan detrás de la gente con una escoba. Y encima con sorteo de cuatro entradas dobles... Pero la respuesta del público lo dice todo: 22 comentarios y 11 envíos, y eso contando cualquier comentario, no necesariamente participantes.

Y aquí está lo interesante: no significa necesariamente que "nadie quiera ir", porque Instagram no nos enseña cuántas personas se han inscrito mediante el mecanismo del sorteo. Pero como termómetro de engagement, esas cifras son bastante pobres para una marca del tamaño de G-Shock.

Y yo creo que hay una lectura bastante más divertida detrás: G-Shock quizá está descubriendo que la celebridad relojera que funciona dentro de la propia industria no necesariamente funciona fuera de ella.

Para un friki de los G-Shock como nosotros, que aparezca Kikuo Ibe es como que venga Enzo Ferrari a cenar contigo. Pero para buena parte del público que lleva un G-Shock porque mola, porque lo lleva un rapero, porque es resistente o porque lo vio en Instagram… ¿quién narices es Kikuo Ibe? 

Y además hay otra paradoja: G-Shock lleva años construyendo una imagen basada en música, moda, cultura urbana, artistas, colaboraciones y espectáculo. Cuando de repente ofrece al público una experiencia profundamente relojera —"ven a cenar con el ingeniero que creó el G-Shock"— puede que haya una desconexión entre lo que la marca considera importante y lo que su audiencia considera interesante.

Es casi como si Casio dijera: "¡Tenemos una leyenda viva de la relojería!".

Y el público: "¿Tiene descuentos?".

Porque si realmente una cena exclusiva con Ibe tiene dificultades para generar participación, el problema no sería Kikuo Ibe. Sería bastante más profundo: quizá G-Shock ha construido una comunidad que conoce perfectamente el logo, pero cada vez conoce menos la historia que hay detrás del logo.

Y eso, para una marca que presume constantemente de su legado desde 1983, sería una ironía monumental. 

Creo que hay que ir más allá del análisis simplista "la publicación tiene pocos comentarios". Yo lo formularía así: no estamos viendo necesariamente el final de G-Shock, pero sí podríamos estar viendo los primeros síntomas de agotamiento de un modelo de negocio que durante décadas funcionó extraordinariamente bien.

G-Shock consiguió algo dificilísimo: convertir un reloj barato en un objeto cultural. El reloj podía costar relativamente poco, pero la marca consiguió asociarlo con músicos, deportistas, militares, diseñadores, artistas, cultura urbana… Y eso permitió que el consumidor aceptara pagar cada vez más.

El problema aparece cuando la marca empieza a cobrar como marca de lujo sin tener necesariamente una percepción de lujo equivalente. Y ahí entra el Skmei de turno. 

El consumidor mira un G-Shock de, pongamos, 120 € y al lado encuentra un digital chino de 15-25 € que da la hora, tiene cronógrafo, alarma, luz, resistencia al agua, estética parecida, y probablemente le dure varios años. Entonces aparece una pregunta demoledora: "¿Qué estoy pagando realmente?". Antes la respuesta podía ser: "Estoy pagando la ingeniería, la historia, la exclusividad y la cultura G-Shock".

Pero si la diferencia de precio se hace demasiado grande, la respuesta empieza a ser: "Estoy pagando el logo".

Y eso es peligrosísimo.

Y aquí viene la parte más interesante: Casio está atrapada por su propia estrategia.

Porque si mañana dijera: "Se acabó el postureo. Volvemos a hacer digitales sencillos de 20 euros, como antes", ¿qué ocurriría con toda la estructura de posicionamiento que ha construido? Tendría que admitir implícitamente que durante años ha estado alejándose precisamente de aquello que hizo grande a la marca.

Pero tampoco puede seguir indefinidamente subiendo precios mientras los chinos mejoran sus productos a una velocidad brutal. Y tampoco puede competir con ellos únicamente mediante prestaciones, porque un Skmei no necesita ganar, sólo necesita ser suficientemente bueno.

Ese es el auténtico problema.

Y hay otra cosa que me parece incluso más preocupante: la pérdida del vínculo emocional.

Cuando alguien dice: "Me compro un Skmei, me da lo mismo".

Eso es muchísimo más grave que perder una venta, porque significa que G-Shock ha dejado de ser imprescindible para esa persona.

Antes podía existir el pensamiento: "Quiero un digital. Tiene que ser un Casio".

Ahora suele aparecer: "Quiero un digital. Voy a mirar Casio, Skmei, Sanda, NaviForce...".

Y cuando una marca pasa de ser la categoría a ser simplemente una opción dentro de la categoría, empieza a perder poder. Eso es exactamente lo que ocurrió con muchas marcas en otros sectores.

Y lo de Kikuo Ibe tiene una ironía tremenda, porque fijaros en el círculo:

Casio creó una historia extraordinaria → convirtió esa historia en marketing → convirtió el marketing en prestigio → convirtió el prestigio en precio → y ahora necesita seguir contando la historia para justificar el precio. Todo gira alrededor de mantener vivo el mito.

Pero si el público empieza a desconectarse del mito, la maquinaria empieza a girar en vacío.

No es que cuatro comentarios vayan a hundir G-Shock. Ni muchísimo menos. Pero sí puede ser un pequeño indicador de algo más grande: la capacidad de la marca para generar entusiasmo espontáneo.

Y eso no se compra fácilmente con publicidad.

Lo paradójico es que Casio todavía tiene una salida, que es precisamente volver a aquello que sabe hacer mejor: relojes digitales sencillos, buenos, asequibles, reconocibles y honestos.

No abandonar G-Shock ni la gama premium, sino volver a tener abajo una auténtica propuesta de valor, un Casio de 20-30 € que haga pensar: "Por este dinero, ¿para qué carajos voy a comprar otra cosa?".

Eso sería devastador para los chinos, porque competirían con ellos en su propio terreno, pero con la historia, distribución, fiabilidad percibida y reconocimiento de Casio.

El problema es que no sé si Casio quiere volver allí.

Porque una marca puede sobrevivir muchos años después de perder su alma. Puede incluso vender productos muchísimo más caros. Lo difícil es recuperar el cariño que hizo que alguien quisiera llevarla cuando no necesitaba llevarla.

Y me temo que ese cariño no se recupera organizando otra cena privada. Kikuo Ibe puede explicar por qué nació G-Shock, pero no puede explicar por qué un chaval debería pagar hoy cinco veces más por un reloj chino que hace prácticamente lo mismo.

Ahí está el verdadero problema.

Bajo mi punto de vista, Casio y G-Shock están pagando su desprecio por la gente que los defendía. No es normal que un blog como ZonaCasio tenga que hablar a los fans de Skmei o Nixon, porque la marca ha decidido llevar ella su propia divulgación... ¿En qué cabeza entra eso? Imaginaros que Yamaha o cualquier otro le diga mañana al foro más importante a nivel mundial en español: "no habléis de nuestras motos, eh? Ya hablamos nosotros. Vosotros hablad de Honda o Suzuki", 🤯 Pero si debería ser al revés! debería ser: "gracias por seguir difundiendonos, aquí tenéis una alfombra roja para vosotros solos"

¡¡¡Ahí está el meollo!!! 

Porque una cosa es controlar la comunicación corporativa, y otra muy distinta es decirle a la comunidad que durante años te ha mantenido viva:

"Aparta, que ahora hablamos nosotros".

Eso es un error estratégico de libro.

Los Shock the World eran justamente lo contrario. G-Shock entendía algo fundamental: la marca no era solamente Casio; era también la gente que hablaba de G-Shock. Aquello tenía una cosa que hoy parece haberse perdido: comunidad. No era únicamente "presentamos el modelo X". Era: G-Shock llega a tu ciudad, reúne a tu gente, músicos, artistas, coleccionistas,  medios,  aficionados, fiesta, relojes, fotografías, blogs hablando de ello durante semanas.

Y la marca salía de allí con una barbaridad de publicidad que no tenía que pagar directamente.

Eso es lo que algunas estrategias modernas de comunicación parecen haber olvidado: la divulgación independiente es un multiplicador de la marca, no un enemigo de la marca.

Y lo que ocurre con ZonaCasio es todavía más absurdo. Porque este no es un medio generalista que Casio tenga que controlar. Es un medio especializado que ha dedicado años a documentar, explicar, fotografiar, analizar y mantener viva la conversación alrededor de Casio.

Si mañana Yamaha le dijera al mayor foro especializado de motos:

"A partir de ahora no habléis de Yamaha. La comunicación la hacemos nosotros. Si queréis hablar de algo, hablad de Honda".

Sería una locura.

¡Yamaha tendría que apoyar al foro para que hablara de Yamaha, no pedirle que dejara de hacerlo!

Porque cada artículo, cada análisis, cada fotografía, cada discusión y cada consulta de un usuario es una pequeña pieza de ecosistema de marca. Y hay algo que una cuenta corporativa jamás puede fabricar: credibilidad comunitaria.

Una marca puede decir: "Nuestro nuevo reloj es fantástico".

Un blog independiente puede decir: "Este reloj es fantástico... pero mira este defecto que hemos encontrado".

Y precisamente por eso, cuando ese blog dice después: "Pues este Casio es una maravilla", esa recomendación tiene muchísimo más valor.

Y aquí creo que está la verdadera tragedia de Casio: han confundido controlar la comunicación con controlar la conversación.

Son cosas completamente diferentes.

Puedes controlar tu Instagram, puedes controlar tus notas de prensa, puedes controlar tus campañas, puedes contratar influencers... Pero no puedes controlar lo que piensa tu comunidad.

Y si intentas hacerlo, corres el riesgo de destruir precisamente aquello que no puedes comprar: la conversación orgánica.

Y eso conecta perfectamente con lo que comentábamos de Ibe. 

Antes:

G-Shock → comunidad → eventos → blogs → foros → coleccionistas → conversación → nuevos compradores.

Ahora:

G-Shock → Instagram → campaña → influencer → Instagram → campaña → Instagram...

Y luego llega una publicación: "cena privada con Kikuo Ibe"

y...

22 comentarios.

Silencio administrativo. 🦗🦗🦗

Mientras en Japón parece existir todavía una comunidad mucho más conectada con el relato histórico de la marca.

Eso debería hacer sonar unas cuantas alarmas en la sede de Casio, porque si has sustituido una comunidad que hablaba espontáneamente de ti por una maquinaria corporativa que habla constantemente sobre ti misma, llega un momento en que la marca se convierte en su propio público.

Y eso es peligrosísimo.

Y diría algo más fuerte todavía: los fans NO eran un coste de marketing. Eran infraestructura de marketing gratuita.

El coleccionista que hacía una review, el bloguero que traducía una noticia japonesa, el foro que identificaba un módulo, el usuario que recomendaba un F-91... Todos ellos estaban haciendo algo que Casio no podía comprar con una campaña convencional.

Y si después de años de hacer eso reciben como respuesta: "No habléis de nosotros, ya hablamos nosotros", pues llega un momento en que dicen: "Ah, ¿que no queréis que hablemos de vosotros? Perfecto. Hablaré de Skmei o de Q&Q".

Y ahí aparece exactamente lo que estamos viviendo: ZonaCasio hablando de Skmei, Sanda, Synoke, Nixon...

No porque este blog haya dejado de amar la relojería japonesa, sino porque el espacio editorial que Casio abandona alguien lo va a ocupar.

Y la naturaleza aborrece el vacío.

Creo que podemos estar contemplando algo mucho más concreto: el final de la relación simbiótica entre G-Shock y la comunidad que ayudó a convertirla en lo que fue.

Y eso sí me parece serio. Porque una marca puede sobrevivir a una mala colección, a una subida de precios e incluso a varios años de ventas flojas, pero lo que resulta muchísimo más difícil recuperar es el entusiasmo perdido de sus propios divulgadores.

Y cuando esos divulgadores empiezan a decir: "Pues mira, este Skmei tampoco está nada mal...", entonces quizá alguien en Casio debería dejar de mirar tanto el panel de Instagram y las métricas, y empezar a preguntarse qué carajos ha pasado con aquella gente que antes llenaba los Shock the World.

Porque esa gente no desapareció. Simplemente dejó de sentirse invitada a la fiesta.


8.11.2026

Casio AQ‑230 con diales temáticos de Pokémon

Bisel Studio ha lanzado un proyecto que mezcla relojería clásica y cultura Pokémon, y creo que a muchos de vosotros os va a llamar la atención.

Se trata de modificaciones artesanales del Casio AQ‑230, donde el dial original se sustituye por diseños de Pokémon creados e impresos por ellos mismos. No son mods rápidos ni superficiales: el dial se monta a mano, pieza por pieza, y las calcomanías son de impresión propia, con mucho detalle.

El reloj mantiene su delgadez y estética original, porque todo queda bajo el cristal sin añadir grosor.

Bisel Studio trabaja desde España y funciona mediante drops de unidades limitadas, así que cada reloj es bastante exclusivo. Cumplen con la normativa europea de comercio electrónico, incluyendo 14 días de devolución, por si alguien quiere comprar con tranquilidad.





8.08.2026

G-Shock: de reloj indestructible a espectáculo indestructible

Hubo un tiempo en el que comprar un G-Shock era una decisión bastante sencilla. Uno quería un reloj que aguantara golpes, caídas, agua, polvo y el trato que probablemente acabaría con cualquier reloj convencional. Casio ponía la tecnología y el consumidor ponía el maltrato.

Hoy la cosa es bastante más complicada.

Porque G-Shock ya no vende únicamente relojes resistentes. Vende una identidad, una estética, una comunidad, colaboraciones, ediciones limitadas, materiales exóticos, celebrities, coleccionismo y, sobre todo, una marca capaz de convertir un reloj digital de resina en un objeto cuyo precio puede multiplicar varias veces el de un Casio convencional.

Y quizá por eso habría que empezar a llamarlo G-Show.

No porque los G-Shock hayan dejado de ser buenos relojes. Algunos siguen siendo auténticas máquinas. Sino porque alrededor de ellos se ha construido un espectáculo comercial extraordinariamente eficaz.

El G-Shock original tenía una idea bastante más sencilla
Cuando Casio presentó el primer G-Shock, el DW-5000C, en 1983, la filosofía era casi de ingeniería militar: ¿cómo hacemos un reloj que no se rompa?

La solución de Kikuo Ibe y su equipo no consistió simplemente en fabricar una caja de acero cada vez más gruesa.

El concepto era mucho más inteligente: proteger el módulo mediante una estructura que absorbiera los impactos. La caja interior metálica, la tapa trasera de acero y la envolvente de resina trabajaban juntas para mantener el mecanismo aislado.

Y ahí aparece una de las grandes ironías de la historia del G-Shock: la resina no convirtió al reloj en un producto barato porque fuese una solución de compromiso; formaba parte precisamente de la solución técnica.

La resina podía absorber impactos, era ligera, podía moldearse con formas complejas y permitía fabricar grandes cantidades de piezas de manera muy eficiente.

El acero, mientras tanto, seguía teniendo sus ventajas: dureza superficial, resistencia al desgaste y una sensación de construcción que ningún plástico puede reproducir completamente.

Por tanto, no es correcto decir que "el plástico es más resistente que el acero". Es otra cosa. El acero es más duro. La resina puede ser más adecuada para absorber determinados impactos.

Y esa diferencia es fundamental.

Entonces llegó el fenómeno G-Shock
Durante sus primeros años, G-Shock era fundamentalmente una solución técnica a un desafío real. Pero en los años noventa sucedió algo extraordinariamente importante: el reloj empezó a convertirse en cultura.

La estética de los G-Shock encajó perfectamente con determinadas escenas musicales y urbanas, especialmente con el hip-hop. El reloj dejó de ser solamente aquello que llevabas porque necesitabas un reloj resistente. Empezaste a llevarlo porque decía algo de ti. Y ahí el negocio dio un giro radical.

Porque cuando un producto se convierte en símbolo cultural, el precio deja de guardar una relación directa con su coste de fabricación. Un bolígrafo puede costar unos céntimos y venderse por cientos de euros si lleva determinado nombre. Una camiseta puede costar muy poco fabricarla y convertirse en objeto de culto.

Y un reloj digital de resina puede convertirse en un G-Shock. La diferencia no está necesariamente en el material, está en lo que representa.

El curioso caso del reloj de plástico cada vez más caro
Aquí es donde aparece una paradoja fascinante; durante años, el G-Shock fue asociado precisamente a esa combinación: electrónica + resina + resistencia + precio razonable.

Pero conforme la marca ganó prestigio, el precio comenzó a despegarse progresivamente de esa ecuación. Y no necesariamente porque fabricar el reloj se hubiese vuelto proporcionalmente más caro.

Es importante aclararlo: desarrollar un nuevo módulo, crear moldes, realizar ensayos, diseñar una construcción más compleja, incorporar sensores, Bluetooth, GPS, Tough Solar o nuevas tecnologías sí cuesta dinero. Una edición limitada también puede tener costes de desarrollo y producción diferentes.

Pero existe una diferencia enorme entre el coste de fabricar un producto y el precio que el mercado está dispuesto a pagar por él. Y G-Shock descubrió que el mercado estaba dispuesto a pagar mucho más de lo que costaba en realidad el reloj.

Muchísimo.

La resina es barata. El G-Shock no tiene por qué serlo
Esta es probablemente la parte que más chirría cuando observamos la evolución de la marca. Una caja de resina inyectada puede ser extraordinariamente barata de producir a gran escala una vez amortizados los moldes y los costes de desarrollo.

Eso no significa que un G-Shock sea barato de fabricar en su totalidad, claro, pero sí significa algo importante: el precio final no puede explicarse simplemente diciendo "es que lleva materiales caros".

De hecho, en determinados modelos ocurre exactamente lo contrario: puedes encontrarte un reloj con una enorme cantidad de resina y un módulo digital relativamente sencillo que cuesta varias veces lo que otro Casio también digital, también de resina y con una electrónica comparable.

¿Qué estás pagando entonces? La respuesta es incómoda: estás pagando G-Shock. Y no lo digo necesariamente como algo negativo. Las marcas tienen derecho a cobrar por su diseño, investigación, distribución, marketing, prestigio y posicionamiento.

Pero conviene reconocerlo.

De "reloj indestructible" a "objeto de coleccionismo"
Aquí está probablemente la transformación más importante. El G-Shock original necesitaba convencerte de algo básico y simple: de que no se iba a romper.

El G-Shock moderno intenta convencerte de muchas más cosas:

→de que es exclusivo.
→de que es una edición especial.
→de que es una colaboración.
→de que tiene un material diferente, con otro color, con otro acabado.
→de que lo llevan determinados artistas.
→de que hay pocas unidades.
→de que sólo se va a fabricar esa variante por determinado tiempo.
→de que es una buena pieza para coleccionar.

Es decir, el producto ha pasado de vender principalmente prestaciones a vender también pertenencia. Y eso es una estrategia comercial potentísima, porque un reloj funcional tiene un límite: si solamente necesitas saber la hora, un Casio de 20 euros puede solucionar el problema perfectamente. Pero si quieres ese G-Shock, ya no estás comprando simplemente la hora, estás comprando el G-Shock como marca, concepto e historia. Y contra eso no puede competir ninguna hoja de especificaciones.

La paradoja de Casio
Y aquí encontramos una de las contradicciones más interesantes de la historia reciente de Casio. La empresa construyó una parte enorme de su reputación gracias a productos extraordinariamente accesibles: relojes digitales sencillos, fiables, resistentes y asequibles.

Aquella filosofía tenía algo revolucionario: hacer tecnología útil para prácticamente cualquier persona, independientemente de su poder económico.

Pero décadas después, la misma marca pasa a presentar relojes de miles de euros, y aquí es donde uno puede preguntarse: "¿qué ha cambiado?". Porque la tecnología digital que permitió fabricar relojes extraordinariamente baratos no ha desaparecido, la electrónica no se ha convertido mágicamente en oro, la resina tampoco se ha convertido en platino. Lo que ha cambiado fundamentalmente es el posicionamiento del producto.

Y cuanto más caro, más "G" parece
Hay algo casi cómico en esta evolución: el G-Shock nació como una especie de reloj utilitario radical.

Ahora podemos encontrar G-Shock con cajas metálicas, titanio, tratamientos especiales, acabados sofisticados, movimientos analógicos de mayor complejidad y versiones de precios que hace unas décadas habrían resultado absurdas para la propia imagen de la marca.

Y aquí aparece otra paradoja: cuanto más se aleja un G-Shock de aquel reloj barato, digital y de resina que conquistó las calles, más sofisticado parece ser considerado por la propia industria. Es como si el éxito hubiese terminado convirtiendo la sencillez original en algo que necesitara ser superado.

Primero fue el "mira qué bien funciona y cómo lo aguanta todo por 20 euros".

Después llegó el "mira cuánto podemos hacerte pagar por él y encima sales contento".

El verdadero golpe no lo recibe el reloj
Y quizá ahí esté la genialidad del modelo de negocio. El G-Shock puede recibir golpes, pero la marca, no. Porque cuando una empresa consigue convertir un producto en símbolo, puede aumentar el precio hasta límites absurdos sin necesidad de aumentar proporcionalmente el coste material, porque su consumidor no está comparando únicamente "acero frente a resina", está comparando "Casio frente a G-Shock".

Y eso cambia absolutamente todo.

Por eso un consumidor puede mirar un reloj de Skmei de 15 euros y decir: "Tiene alarma, cronómetro, calendario, luz, resistencia al agua y una pila que dura años".

Y tener razón.

Pero el propietario de un G-Shock suele responder: "Sí, pero no es un G-Shock".

Y también tiene razón. Es en esa pequeña pero vital diferencia donde está el auténtico negocio.

¿Entonces G-Shock es humo?
No. Y sería injusto decirlo. El problema aparece cuando confundimos valor técnico con valor de marca.

Un G-Shock puede tener un magnífico diseño de protección, una construcción muy estudiada, controles de calidad exigentes y una historia tecnológica real detrás. Pero eso no significa que cada euro adicional que pagamos corresponda a un euro adicional de ingeniería.

En determinados productos, una parte creciente del precio responde a algo mucho más intangible: marca + diseño + exclusividad + marketing + deseo.

Y eso no es patrimonio exclusivo de Casio. Lo hacen prácticamente todas las marcas que han conseguido convertirse en símbolos.

Pero en G-Shock resulta especialmente llamativo porque la marca nació precisamente como la antítesis de todo eso. Nació para solucionar un problema, y para hacerle frente a todo eso que hoy se ha convertido en parte de su identidad.

Y aquí aparece el "G-Show"
Por eso la broma tiene más recorrido del que parece. G-Shock describe el reloj, pero G-Show describe todo lo que se ha construido alrededor: las colaboraciones, el precio inflado, las ediciones limitadas, las fiestas de lanzamientos, las celebridades, los influencers, las cajas especiales, los materiales exóticos, el coleccionismo, las campañas publicitarias, los modelos que desaparecen rápidamente del mercado... Y, por supuesto, los seguidores que parecen defender la marca como si estuvieran defendiendo a su propio equipo de fútbol o a un partido político. 

La imagen que veis es casi una caricatura perfecta del fenómeno: alguien escribiendo simplemente "Casio ❤️❤️❤️❤️❤️❤️", mientras su foto de perfil convierte el comentario en una especie de documento sociológico involuntariamente maravilloso que retrata perfectamente a ese tipo de aficionados de "G-Show".

Ahí ya no estamos hablando de prestaciones. Estamos hablando de tribu.

El mayor éxito de G-Shock
Y quizá haya que reconocerle a Casio algo incluso aunque seamos críticos con la estrategia: han conseguido algo que muy pocas marcas de relojes han logrado. Han conseguido que una generación de consumidores pueda sentir por un reloj digital de cuarzo una vinculación emocional comparable a la que otros sienten por relojes mecánicos de lujo.

Eso es extraordinario. Pero hay un gran problema: al contrario de las marcas que sí nacieron como relojes de lujo, G-Shock nació precisamente para combatir eso. Y otro gran problema es que esa misma capacidad puede convertirse en una trampa.

Porque cuando una marca descubre que puede venderte un producto por lo que significa, y no solamente por lo que cuesta fabricarlo, aparece una tentación evidente: seguir subiendo hasta el infinito.

Y entonces surge la pregunta incómoda que los seguidores de G-Show temen siempre hacerse: ¿hasta dónde puede alejarse G-Shock de aquel reloj humilde, resistente y relativamente asequible antes de convertirse en otra cosa?

Porque quizá el mayor peligro para G-Shock no sea que los chinos fabriquen relojes digitales casi iguales y mucho más baratos. Quizá sea que G-Shock olvide por qué aquellos relojes baratos se hicieron famosos en primer lugar.

Del "indestructible" al "incuestionable"
Y aquí cierro con una paradoja que me parece incluso más interesante que la del plástico: el primer G-Shock tenía que demostrar que era indestructible.

El G-Shock moderno ya no necesita demostrarlo tanto.

Su mayor logro ha sido conseguir algo mucho más difícil: que algunos consumidores y aficionados consideren incuestionable el precio que Casio decide ponerle. Y eso sí que es una tecnología verdaderamente avanzada, mucho más que la electrónica, que el Tough Solar, que el Bluetooth y que el carbono:

El marketing.

Eso ya es otra cosa. Eso es cuento, otra fachada, puro engaño. Puro G-Show. 



8.01.2026

El último informe de Casio es demoledor: la empresa que pone precios como si fueran Rolex y que vende relojes como si fueran Synoke


Casio acaba de publicar un nuevo informe de resultados financieros y de previsiones. A primera vista los números son muy positivos, pero si lo analizamos con profundidad, las cosas cambian bastante. 

Primeras buenas impresiones
Casio muestra un buen músculo financiero, conseguido a base de despidos, jubilaciones anticipadas, ventas de inmuebles y, sobre todo, aumentos de márgenes de beneficio por unidad vendida. Eso es innegable y los datos lo confirman.

El informe pinta un panorama muy optimista para Casio. La compañía ha sabido capitalizar las tendencias del mercado de relojería, ejecutando una estrategia de marca claramente definida y efectiva. El notable crecimiento de las ventas y, más importante aún, la espectacular mejora en los márgenes de beneficio en el negocio de relojería, demuestran que la estrategia está funcionando.

La revisión al alza de las previsiones anuales refleja la confianza de la dirección en la continuidad de esta tendencia. Los desafíos principales serán mantener este impulso en el negocio de relojería, gestionar los riesgos cambiarios y lograr una recuperación sostenible en el negocio de instrumentos musicales (Sound) y continuar el desarrollo de sus nuevas apuestas de negocio (Moflin, SXC-1) para asegurar un crecimiento a largo plazo más diversificado.

La gran pregunta: ¿se puede mantener una marca como Casio, vendiendo sólo relojes?
¡Sí, es una buena pregunta! Y con ese tono tan directo, daremos una respuesta igual de clara: sí, puede, y de hecho lo está haciendo mejor que muchas marcas de lujo.

Vamos a desmontar esa idea de que "vender cuatro relojes" es un problema, porque en el informe de Casio se ve todo lo contrario.

→No venden "cuatro relojes", venden casi 2 millones en un trimestre.
Solo en el primer trimestre (abril-junio 2026), vendieron 1,65 millones de unidades G-Shock (incluyendo Baby-G). Eso es un +6,5% más que el año anterior (1,55 millones). Y eso solo de G-Shock. Luego tenemos toda la línea Collection, Vintage, Edifice, Oceanus, etc.

Por lo tanto no es volumen pequeño, es volumen masivo con márgenes altos.

El gran secreto: el margen de beneficio es bestial (20-23%)
Aquí está la clave: no necesitan vender como Apple para ganar dinero. En el primer trimestre, el margen operativo (OPM) de relojería fue del 23,1% (20,7% sin devolución de aranceles). Para que nos hagamos una idea, Rolex tiene márgenes similares o algo superiores, pero vende muchísimo menos volumen. Swatch Group (dueña de Omega, Longines, Tissot) ronda el 10-15%, y Fossil está en pérdidas o con márgenes de un solo dígito.

La estrategia de "varias submarcas" les funciona de maravilla
G-Shock tiene su enfoque en grandes márgenes de beneficio: vender menos pero más caros (modelos metálicos, ediciones limitadas, colaboraciones). El 12% de sus G-Shock son metálicos, que son los que dejan más dinero.

Collection y Vintage por su parte, están enfocados en volumen: vender mucho en mercados emergentes y a jóvenes. Con esto han logrado un crecimiento del +22% en Norteamérica y +24% en Europa.

Es decir: los G-Shock metálicos y ediciones especiales (como el MR-G de 30 aniversario) pagan los gastos, y los Collection de 50€ llenan la caja registradora y ganan cuota de mercado.

Están aprovechando la "fatiga del smartwatch"
Además, Casio está teniendo mucha fortuna, porque mucha gente empieza a estar cansada de cargar el Apple Watch todos los días, y vuelven al reloj tradicional por estilo, durabilidad y emocionalidad. Casio lo está petando en Norteamérica (+22%) y Europa (+24%) precisamente por eso.

No compiten con Apple, compiten con el deseo de tener un reloj que dure varios años y tenga nostalgia.

En otros negocios tampoco se duermen
Están expandiendo Moflin (mascota robótica), que es otro nicho. Además, lanzaron un sampler portátil SXC-1 para música, abriendo nueva línea para su división de sonido, y en educación (calculadoras científicas) tienen un 22% de margen en el trimestre.

No son solo relojes, son una compañía tecnológica con músculo financiero.

Por lo tanto, Casio está en modo "optimización de beneficio":

· Deuda neta: 96.800 millones de yenes (prácticamente cero deuda comparado con su caja).
· Ratio de capital: 67,1% (muy saneada).
· Previsión de beneficio operativo anual: 34.000 millones de yenes (un +30% sobre lo que esperaban hace tres meses).

Así que sí, venden "cuatro relojes", pero cada uno deja el beneficio de tres de la competencia. Y mientras sigan con esta estrategia de marca dual, expansión internacional y control de costes, tienen cuerda para rato.

La otra cara de la moneda
Pero hay otra gran verdad incómoda que se desprende del informe: la dependencia total y absoluta del mercado de relojes. Y sí, eso es un riesgo enorme

El informe es brutalmente sincero en eso:
- Negocio Beneficio Operativo (1T) de relojería: ~9.000 M yenes. Esto es el 100% del pastel
- EdTech ~3.850 M yenes. No está mal, pero es estacional y pequeño
- Sound (música) -0.5 M yenes. Arrastra  pérdidas desde no se sabe cuánto.

Antes, Casio era:
· Calculadoras (dominio mundial)
· Instrumentos musicales (los teclados Casiotone y Privia eran bestiales)
· Relojes (una línea más)

Ahora:
· Relojería: el 90%+ del beneficio, y subiendo.
· Música: en caída libre y en reestructuración.
· Calculadoras: estables pero sin el músculo de antes.

Si mañana los jóvenes deciden que los relojes no les gustan, si cambia la moda, si otra marca lanza un reloj rompedor, Casio estará hundido. Es decir: viven bien, pero viven en la cuerda floja constante.

"Querer ser Rolex pero no ser Rolex": Duro pero cierto
Aquí vamos a ser 100% honestos:

- Casio: ofrece relojes de resina, acero inoxidable y tecnología básica. Precio medio 50-500€. Margen de beneficio alto, pero por volumen.
- Rolex: ofrece relojes de oro 18k, platino, cerámica, acero 904L. Precio medio 8.000-100.000€. Margen de beneficio altísimo, por exclusividad.

Es evidente: Casio NO es Rolex. Ni puede serlo realmente. Lo que hace Casio es jugar en la liga del "premium asequible". Un G-Shock metálico de 500-1.000€ no es Rolex, pero es mejor que un Fossil o un Diesel, por eso su estrategia es subir el precio medio sin perder el alma juvenil.

Pero el salto a Rolex es imposible:
· Rolex vende 1 millón de relojes/año con lista de espera de 5 años.
· Casio vende 6 millones de G-Shock/año en Amazon y El Corte Inglés.

Son dos mundos distintos.

En Casio "siempre fueron de hacer relojes populares": Verdad a medias
Verdad sí, porque Casio siempre fue la marca de los relojes digitales de 30€, los calculadoras de instituto y los teclados de juguete.

Pero desde los 80, los G-Shock se convirtieron en culto. Se los dan rebajados o directamente se los regalan a los militares, policías, bomberos, surfistas, y ahora hasta raperos y artistas, para que el público se los vea puestos.

Además, han sabido evolucionar con G-Shock metálicos (serie Full Metal), colaboraciones con marcas de moda y de lujo (por ejemplo, con Bape, con Coca Cola, Swarovski, incluso con marcas de coches como Lamborghini), y esas ediciones limitadas se agotan en horas y se revenden por el doble

¿Y si los gustos cambian?
Casio es consciente de ese riesgo, y por eso están intentando diversificar con Moflin (mascota robótica) y el sampler SXC-1 (música). Pero sus ventas son anecdóticas comparadas con relojes. Por eso, si la moda juvenil cambia, Casio no tiene un plan B sólido.

Y hay unos cuantos peligros que pueden derrumbar el edificio entero:

- Los jóvenes de ahora no ven los relojes como algo necesario (tienen el móvil).
- Si el "hype" de G-Shock se apaga, pueden perder el 50% de sus ventas en 2-3 años, como si les hubiera pasado un tifón por encima.

Y es que el truco que siempre le funcionó a Casio, puede que si las modas cambian ya no les funcione:

· Venden volumen para pagar las facturas.
· Venden ediciones especiales para ganar prestigio y margen.
· No compiten con Rolex, compiten con Swatch, Timex, Citizen, Seiko... y en esa liga, están ganando.

Pero siendo sinceros, si los jóvenes dejan de llevar reloj, Casio tiene un problema gordo. Y en el informe no hay un plan B que les permita subsistir. 

Destapando la cloaca en la que se mueve hoy Casio
Vamos a ponerle nombres y apellidos a todo lo que hemos dicho, porque es el "modus operandi" desesperado de Casio en la última década.

- Moflin: La compra de una idea ajena por pura desesperación.
Pues sí. Casio no inventó Moflin. Lo compró (o licenció) de la startup japonesa Vanguard Industries, que lo había financiado mediante crowdfunding en 2021. ¿Qué hizo Casio, realmente?

· Le pone su marca.
· Le sube el precio un 40%.
· Y lo presenta como "innovación propia".

¿El resultado? No es un producto de masas. Es un peluche con motorcito que mueve la cabeza. No va a salvar un conglomerado de 300.000 millones de yenes. Es un parche emocional para parecer "tecnológicos" cuando su I+D en robótica es nula.

Fracaso tras fracaso: El cementerio de productos de Casio
Vamos a hacer un repaso breve pero brutalmente certero. Y es que la lista es incluso más larga. Pero veamos:

- Lupa dermatológica (Medical) ~2015. Fracaso absoluto. Competían contra marcas médicas de verdad y no tenían red de ventas.

- Auriculares de buceo (Logosease) ~2017. Un producto ridículo. Bucear con auriculares y música. Nadie lo pidió. Retirado del mercado.

- Reloj para sauna (para usar con vapor de agua) ~2022. Tuvieron que hacer crowdfunding en Makuake (plataforma japonesa) para financiarlo. Una marca con 80 años de historia pidiendo dinero a particulares para lanzar un reloj... ¿Realmente no resulta patético?

- Dispositivo para guitarras (Air Amplifier) ~2023 con crowdfunding otra vez. Un altavoz portátil para guitarristas. Nadie lo compra.

- SXC-1 (sampler portátil) 2026 (ahora). El que mencionan en el informe. Es su "nueva apuesta". ¿El problema? Teenage Engineering lleva años haciendo esto mejor, encima más barato y con más estilo.

- G-Shock con pulsómetro (GBD-H1000) ~2020. Quisieron competir con Garmin y Apple. Fracasó totalmente. La batería duraba poco, el GPS era malo, y encima era enorme.

- Proyectores inteligentes (Smart Projectors) ~2018. Sacaron proyectores con Android. Competían contra Epson y Sony. No vendieron ni una décima parte.

Todos estos son "palos de ciego". No hay una estrategia corporativa clara. Es: "a ver si esta pega en la pared".

El fiasco musical
En música, hoy Casio vive de las rentas de los 80 (los Casiotone de los 80).

- Los teclados Privia y Celviano son buenos, pero compiten contra Yamaha y Roland, que son gigantes que se dejan el alma en I+D. Casio está a años luz de ellos, y encima su precio no es mucho mejor. 

· Sus productos "standalone" (como el SXC-1) no tienen comunidad de usuarios, ni ecosistema, ni marketing potente. Nadie fuera del mundillo Casio los conoce. 

· Teenage Engineering les come la tostada con el OP-1 y el Pocket Operator, más portables, muy potentes, y encima mucho más baratos. 

· Korg les gana en sintetizadores. La innovación de Korg hoy en día le saca los colores a Casio.

· Roland les gana en pianos digitales.

¿Cuál es la posición de Casio en música hoy? Marca de segunda fila para colegios e institutos. Sin alma, sin comunidad, sin innovación real, sin apuesta firme, sin usuarios. Sin nada. Que su negocio musical este agonizando no es casual, es el resultado de una enorme cadena de desaciertos.

La pregunta del millón: ¿Esto es éxito?
NO y rotundamente NO. No es éxito. Es supervivencia.

Casio está en un momento delicado. El negocio de relojes les da dinero para tapar los agujeros de todo lo demás, pero no tienen un plan B creíble, todo lo que tocan fuera de relojes fracasa o es irrelevante.

El problema de fondo es la cultura corporativa anclada en el pasado. Siguen pensando que son la Casio de los 80, cuando innovaban en todo, que la gente les va a comprar por el nombre aunque encarezcan su producto cuatro veces sin añadir ninguna ventaja, con módulos amortizados y penosa construcción. 

Ademas, tienen una falta de visión de futuro sobrecogedora. No han sabido adaptarse a la era digital, al IoT, a los smartwatches, a su comunidad de fieles seguidores -a los que ningunean constantemente-, a la inteligencia artificial, a nada.

Y por si todo ello fuera poco, sus productos no tienen alma ni sentido. Moflin, el sampler, la lupa... son productos sin historia, sin comunidad, sin "hype". Solo existen porque alguien en la junta dijo: "pues probemos esto a ver si suena la flauta".

El espejismo del beneficio
Ahora se entiende por qué el informe de resultados es tan "bueno". Los relojes están petándolo en ventas y márgenes, es verdad. Eso genera beneficios, también es verdad. Y esos beneficios permiten hacer experimentos raros (Moflin, SXC-1, etc.). Experimentos que la mayoría fracasan, pero como los relojes siguen dando dinero, pueden permitirse el lujo de fallar.

Pero el día que los relojes dejen de dar dinero, no hay plan B. Y ese día puede llegar si los jóvenes dejan de comprar G-Shock, si sus aficionados dejan de coleccionarlos, si la economía global se resiente, si una nueva moda o tecnología los deja obsoletos.

Conclusión final (y brutalmente honesta)
Casio no es una empresa exitosa, es una empresa rentable por inercia. Les va bien porque los G-Shock siguen atrayendo a muchos fieles, pero no tienen ninguna otra pata estable, todos sus intentos de diversificación son fracasos con marketing corporativo.

¿Son los reyes del reloj asequible? Sí, sin duda. ¿Son una empresa innovadora con futuro? No, son una marca que vive de su pasado. Y en ese informe nos damos cuenta que los datos financieros son buenos, pero el relato de futuro es un espejismo.

¿Crees que la directiva de Casio es consciente de esto y está realmente trabajando en un cambio profundo, o crees que están esperando a que el negocio de relojes les dure otros 20 años, y luego el que venga después que se busque la vida?





2.13.2026

Casio se lo pone duro a Baroli: abre tienda propia en Madrid

Movimiento estratégico de los que hacen ruido. Casio ha decidido dar un paso que muchos esperaban y otros temían: abrir tienda propia en Madrid. Y no una cualquiera. Hablamos de una flagship exclusiva de G-Shock, situada en plena calle Fuencarral, en el número 47.

La tienda abrió discretamente en diciembre, pero su inauguración oficial tuvo lugar el pasado 5 de febrero, reuniendo a algunos de los perfiles más influyentes del panorama de moda urbana de la ciudad. Porque si algo ha conseguido G-Shock es trascender el concepto de “reloj resistente” para convertirse en pieza clave del streetwear.
El impacto de G-Shock dentro del catálogo de Casio es tan potente que la marca japonesa lleva tiempo desarrollando espacios dedicados únicamente a esta línea. Esto permite exhibir una selección mucho más amplia, especial y cuidada de modelos, algo difícil de replicar en distribución multimarca.

La de Madrid es la primera tienda oficial G-Shock en España, aunque en Europa ya existen varias. Su ubicación no es casual: la calle Fuencarral es una de las arterias comerciales más relevantes de la capital y un punto neurálgico del público joven y urbano. Es, básicamente, el escenario perfecto para convertir la tienda en lugar de peregrinación para amantes de los relojes y la cultura street.
El mensaje es claro: Casio quiere controlar más su marca, su imagen y su experiencia de venta en nuestro país. Y eso, inevitablemente, supone competir de tú a tú con distribuidores históricos como Baroli.

La tienda abre de lunes a sábado de 11:00 a 21:00 y domingos de 12:00 a 20:00.

Casio mueve ficha. Y cuando una marca con ese músculo decide jugar en casa, el tablero cambia.



1.21.2026

Casio estrena nueva sede en EE. UU

Casio USA ha inaugurado oficialmente su nuevo cuartel general en Jersey City (185 Hudson Street). Este espacio de aproximadamente 1260m² está diseñado para inspirar creatividad, facilitar la colaboración y apoyar una cultura de trabajo flexible y sostenible. Albergará a los equipos centrales de ventas y marketing, con espacios abiertos, salas modernas y un área de demostración de producto alineada con la diversidad de portafolio de la marca. 

Lo más relevante: este movimiento no es solo una mudanza. Casio ha vendido su histórico campus corporativo en Dover, Nueva Jersey como parte de un plan para optimizar recursos, generar liquidez y modernizar operaciones. Las nuevas oficinas de Jersey City están ubicadas en un inmueble de alquiler, de manera que Casio puede adaptarse con más agilidad a cambios futuros en su infraestructura. 

Para Yusuke Suzuki, presidente y CEO de Casio USA, este nuevo espacio representa “un punto de inflexión en la estrategia de crecimiento en EE. UU.”: un entorno donde los equipos pueden colaborar mejor, conectar con clientes de forma más significativa y moldear el futuro de la marca. Pamela Cosmillo, general manager de Recursos Humanos, subraya que espacios inspiradores impulsan mejores resultados cuando la gente puede trabajar y crear juntos.

Este cambio se suma a otras inversiones clave, como el nuevo Operations Center en Rockaway (NJ) y un centro de distribución en Sparks (NV), reforzando la infraestructura de la compañía en todo el país. 

Más allá de mejorar sus instalaciones, Casio está fortaleciendo su vínculo con la comunidad local en Jersey City a través de iniciativas en educación, artes y desarrollo profesional, para que la sede no solo sea un lugar de trabajo, sino un catalizador de crecimiento compartido.


12.08.2025

Casio ante el futuro: la empresa que se rehace para sobrevivir a su propio legado


En las oficinas de Casio, la palabra “reinicio” ya no es una metáfora: es un plan de vida. A las puertas de su 80º aniversario (2026), la compañía japonesa afronta quizá el mayor giro estratégico desde que inventó calculadoras portátiles, relojes digitales y cámaras compactas. En una entrevista con el presidente del Consejo, Kazuhiro Kashio, éste pinta un retrato nítido de una empresa consciente de que el tiempo se agota si no cambia su manera de operar.

Kashio reconoce sin adornos que los últimos años han sido duros: retirada de negocios deficitarios, reformas internas y hasta un programa de jubilación anticipada para "soltar lastre" y reducir personal (actualmente en poco más de 8000 empleados, una cifra que muestra una terrible realidad si tenemos en cuenta aquellos tiempos en los que Casio superaba los 20000). Todo ello, afirma, no respondía a una simple reestructuración, sino a la necesidad de preparar el terreno para un nuevo comienzo. Según explica, la empresa ha pasado demasiado tiempo exprimiendo la eficiencia de negocios ya maduros, especialmente la división de relojes, hasta depender casi por completo de ella.

Ese modelo ya no funciona. Casio sabe que no puede vivir de su pasado glorioso y se marca un objetivo mucho más ambicioso: dejar de “responder al cambio” y empezar a “crearlo” por sí misma. Es una declaración de intenciones que atraviesa toda la entrevista y que define lo que vendrá: un viraje hacia la innovación real con una visión a medio y largo plazo, y no solo medidas tácticas para salvar beneficios del trimestre.

El plan, según detalla Kashio, pasa por varias capas. La primera es cultural: abandonar la mentalidad heredada que priorizaba la optimización de cada división aislada y avanzar hacia una organización donde todos los negocios asumen responsabilidad directa sobre su rentabilidad. Para eso han reestructurado toda la empresa en un modelo de divisiones reales —desarrollo, ventas, planificación y calidad trabajando juntas—, con decisiones rápidas y orientadas al mercado.

La segunda capa es estratégica y toca el corazón del negocio: el reloj. Casio quiere que su división Timepiece vuelva a ser el motor, pero de una forma diferente. No se conforma con vender relojes: apunta a crear “nuevos estilos de vida”. Igual que G-Shock marcó una cultura global, la marca quiere convertir los futuros smartwatches en dispositivos que definan modos de vivir, no solo características técnicas. El mercado del cuarzo está cambiando y Casio quiere surfear esa ola, no ser arrastrada por ella. Por lo tanto, su apuesta por futuros smartwatches es evidente.

La tercera capa es expansiva: buscar nuevos modelos de negocio que no existían en su catálogo tradicional. Un ejemplo claro es Moflin, el robot mascota con IA, que la compañía presenta como un salto hacia la tecnología emocional y el bienestar mental. Casio lo describe como el germen de una nueva categoría que encarna su ADN: innovar creando mercados desde cero, igual que hicieron con los relojes digitales en los años 70.

La educación también entra en este nuevo mapa. Las calculadoras científicas y los diccionarios electrónicos seguirán evolucionando, no como simples herramientas, sino como “socios de aprendizaje” adaptados a nuevas formas de estudiar y enseñar. Allí también buscan construir valor más allá del hardware tradicional.

Kashio no oculta su preocupación: la empresa, afirma, todavía no está usando su potencial real. Tiene la tecnología, tiene la historia y tiene la base mundial de seguidores —más de 6 millones de G-Shock vendidos cada año—, pero siente que falta convertir esa inercia en un impulso renovado. El refuerzo del CRM, la relación directa con el usuario y el uso estratégico de sus más de 2.300 tiendas especializadas será uno de los pilares para reactivar el músculo de la marca en todo el mundo.

Lo que deja entrever la entrevista es una mezcla de urgencia y ambición. Casio se prepara para su próxima década como si fuera una startup con 70 años de experiencia: reorganiza su estructura, reescribe su propósito y se lanza de lleno a productos que ya no son “relojes o calculadoras”, sino piezas de estilo de vida. La compañía parece decidida a no quedarse congelada en su propio museo.

Mientras avanza hacia ese 2027 simbólico, el mensaje final de Kashio resume el espíritu del nuevo rumbo: la misión de Casio, dice, no es solo vender productos, sino crear culturas que hagan la vida un poco más sorprendente. Un aviso claro de que quieren escribir otro capítulo, no vivir de los anteriores.

12.07.2025

Casio rinde homenaje a su línea Vintage


Casio celebró en Bangkok su evento “Back in Time, Ahead in Style”, una inmersión en décadas pasadas con una puesta en escena impecable: luces cálidas de los setenta, excesos ochenteros, rebeldía noventera y un mercadillo con objetos reales que parecían sacados de un desván intacto. 

El ambiente era perfecto, casi hipnótico. Pero bajo ese barniz retro había una ironía difícil de ignorar: la marca que un día definió la relojería accesible, dura y funcional, hoy se refugia en la estética para justificar relojes que cuestan mucho más… y hacen mucho menos.

El pasado robusto que Casio prefiere convertir en “estilo”
Durante décadas, Casio construyó su reputación sobre relojes que resistían lo que fuera. Eran baratos, de diseño humilde, con cajas de acero real, cristales minerales, módulos innovadores y funciones que en su momento eran punteras. No eran “vintage”: eran contemporáneos, útiles y sorprendentemente avanzados para su precio.

Esa esencia pulida a fuerza de ingenieros y no de estilistas convertía a modelos como el F-100 en iconos involuntarios. Aquellos relojes no buscaban ser moda; buscaban durar. Esa era la gracia.

El evento: una cápsula del tiempo que funciona como espejo
En The Warehouse de Talat Noi, Casio recreó tres décadas enteras como si uno pudiera atravesarlas con solo cambiar de sala. No era una escenografía cualquiera: era una declaración. Música analógica, muebles que parecían recién desempolvados, juguetes antiguos, discos gastados… El tipo de objetos que envejecen con dignidad.

Y entre todo ello, los relojes vintage: pero no los de verdad, sino las reinterpretaciones actuales.

Verlos brillar bajo la luz ámbar dejó en evidencia algo que quizá Casio no quería resaltar tanto: la modernidad —la auténtica— estaba en los modelos de hace cuarenta años.

El eterno regreso de los clásicos… pero sin sus virtudes originales
Casio anunció la vuelta de modelos entrañables: el A158WA-1A, el A230, los Future Classics, o rarezas simpáticas como el Ring Watch. Son relojes que muchos aman porque están cargados de historia, pero también porque funcionaban bien, eran duros y accesibles para cualquiera.

Hoy, sin embargo, esa narrativa se ha desplazado. Se habla de “estilo”, “tendencias”, “colaboraciones”, “reinterpretaciones”, “comunidades creativas”… mientras sus relojes actuales mantienen el diseño de hace décadas pero pierden los materiales que los hacían especiales, recortan funciones y multiplican el precio. Donde antes había innovación, ahora hay un guiño irónico al pasado convertido en producto premium.

Casio lo reconoce sin querer:
—Al principio nos centramos en la practicidad, no en la moda —admitía Marie Yoshizawa, con un punto de sorpresa por que fuese la moda quien adoptara la marca, y no al revés.

Una estética impecable que no tapa las grietas
En cada esquina del evento había creadores, influencers y artistas luciendo sus Casio Vintage como complemento de estilo. Natural, ligero, casi despreocupado. Y precisamente ahí está la paradoja: los relojes que antes se compraban por su valor técnico se venden ahora por su capacidad para encajar en una foto de Instagram.

Las declaraciones de los responsables de diseño dejaban entrever esa tensión crónica entre lo que la ingeniería permite y lo que marketing exige.

Hablan de tendencias como punto de partida, de límites materiales, de reinterpretar formas que ya funcionaron. Pero nunca se menciona recuperar la robustez perdida. Nadie habla del acero, del cristal mineral, de módulos nuevos o de funciones adicionales. No interesa.

Porque ahora Casio Vintage no se compra para durar; se compra para combinar.

El resultado: una celebración hermosa… que subraya una triste ironía
Entre las actuaciones, las luces, los creativos tailandeses y filipinos desfilando con gracia por el recinto, y los guiños nostálgicos cuidadosamente colocados, el evento fue un éxito estético. Un portal bien construido hacia el pasado.

Pero ese viaje al pasado recordó justo lo que Casio parece haber dejado atrás:
la filosofía que convirtió a la marca en referente mundial.

Casio Vintage: un viaje al pasado que deja al descubierto las contradicciones del presente
Mientras los invitados posaban entre muebles setenteros y neones noventeros, era imposible no pensar en la contradicción:
Casio homenajea sus relojes históricos… mientras vende versiones actuales que se parecen mucho pero comparten muy poco.

Al final, lo que quedó claro es que la cultura siempre vuelve, pero no siempre lo hace con la misma honestidad material. Los relojes sí parecen retro, pero su espíritu ya no lo es. Y esa es la mayor ironía de todas.


11.24.2025

Casio reescribe lo que es el lujo


La industria relojera global vive un cambio profundo. Mientras las marcas suizas de gama media -Tudor, Oris y compañía-bafrontan caídas de ventas de dos dígitos, los fabricantes japoneses están avanzando con paso firme. Ya no basta con un apellido suizo y un legado centenario: el consumidor joven quiere otra cosa. Quiere tecnología, autenticidad cultural y una historia que le hable directamente.

Casio es el ejemplo más llamativo del momento. Con un crecimiento sólido y cerca de mil millones de francos suizos en ingresos anuales solo en relojería, la marca japonesa se ha permitido lanzar una estrategia dual que mezcla nostalgia y premium de una forma que hasta ahora parecía impensable en el sector.


En un evento celebrado en Bangkok bajo el lema “Back in Time, Ahead in Style”, Casio dejó clara su visión: la cultura importa tanto como la maquinaria. Ambientación setentera, iconos de los 80 y 90, colaboraciones con Back to the Future y Stranger Things... más que un lanzamiento de producto, fue una declaración de intenciones. Su objetivo no es competir con la tradición suiza, sino redefinir lo que significa “lujo” en 2026. O sea, convertir los relojes baratos de plástico y cromado, en exclusivo objetos de deseo. Muestra de ello son ediciones como la del Casio F-91 Pacman de las imágenes; vender un F-91 a 60 €, y conseguir que alguien te lo compre. Algo impensable hace tan sólo un par de años atrás, pero que en Casio están logrando.

La táctica funciona porque responde a un dato incontestable: según A.T. Kearney, el 94% de los consumidores jóvenes no pagará más de 1.500 dólares por un reloj inteligente. Eso deja un espacio enorme para marcas capaces de ofrecer valor, durabilidad y personalidad sin obligar a endeudarse.


Casio está explotando dos motivaciones clave: la necesidad de diferenciarse y la búsqueda de productos de calidad. Ambos factores alimentan el auge de los relojes vintage, un terreno que Casio domina sin esfuerzo gracias a su archivo histórico. En lugar de diseñar desde cero, la marca rescata modelos clásicos, los adapta con materiales actuales -como milanesas o nuevas paletas de color- y los lanza con colaboraciones que conectan directamente con la cultura popular.

El resultado es un golpe directo al corazón de la relojería suiza tradicional. No porque los japoneses quieran reemplazarla, sino porque han entendido mejor que nadie qué quiere el público que marcará el futuro del mercado.

Casio no está compitiendo en la misma liga... está creando una nueva.



6.19.2025

¿Por qué Zonacasio.com está en horas bajas?


Durante años, Zonacasio.com fue mucho más que un blog: era un punto de encuentro para los entusiastas de Casio, una fuente de noticias, análisis y pasión por una marca que marcó a generaciones. Sin embargo, en los últimos tiempos, la actividad ha disminuido notablemente, y muchos se preguntan qué ha pasado. Las respuestas no son simples, pero hay varios factores que han confluido.

Cambios en la estrategia de Casio
Casio ha experimentado una transformación significativa en la última década. La apuesta por modelos premium (G-Shock "Full Metal", colaboraciones de lujo, ediciones limitadas) ha desplazado en parte a los clásicos asequibles que hicieron grande a la marca. Al mismo tiempo, líneas como los F-91, AE-1200 o la serie W, que eran el alma del blog, reciben cada vez menos innovación o promoción.

Esto ha limitado el flujo de novedades relevantes para la comunidad que Zonacasio alimentaba: los fieles a los digitales clásicos, los amantes de la funcionalidad sencilla y robusta por encima del marketing.

Falta de apoyo por parte de Casio
A pesar de haber sido uno de los mayores altavoces de la marca en español, Zonacasio rara vez recibió apoyo directo de Casio, ni en forma de información anticipada, colaboración institucional o reconocimiento. Mientras otras marcas entendieron el valor de los blogs especializados como aliados estratégicos, Casio pareció mirar hacia otro lado.

Esta desconexión resultó frustrante para una comunidad apasionada que, lejos de pedir patrocinios o regalos, simplemente quería ser escuchada y tenida en cuenta. La indiferencia institucional tuvo un coste: el apagamiento de una de las plataformas más activas y comprometidas con el universo Casio.

Políticas de comunicación más cerradas
En los últimos años, Casio ha optado en muchas regiones por una comunicación institucional más controlada, priorizando influencers, eventos puntuales o grandes medios tecnológicos. Los blogs independientes como Zonacasio, que ofrecían crítica, historia y contexto sin depender de la marca, se han visto desplazados o ignorados. Cuando una comunidad no se siente escuchada, se enfría.

Cambios en los hábitos de consumo
La llegada de los smartwatches y la creciente cultura de lo desechable han cambiado la forma en que muchas personas ven un reloj. Ya no se busca tanto un objeto duradero y funcional como una extensión del smartphone. La nostalgia por los Casio de siempre sigue viva, pero en un nicho que no crece, y que muchas veces se mueve en foros, subreddits o vídeos de YouTube, más que en blogs tradicionales.

La fatiga del creador
No hay que subestimar el desgaste personal. Mantener un blog como Zonacasio con actualizaciones constantes, investigación histórica, análisis técnicos y una línea editorial coherente durante años es un reto inmenso. Si a eso se suma una audiencia que decrece, una marca que no colabora y el esfuerzo cae en saco roto, el silencio se vuelve comprensible.

¿Y ahora qué?
Zonacasio.com fue y sigue siendo un archivo invaluable para quien ame los relojes digitales, la historia de Casio y el diseño funcional japonés. Aunque su actividad se haya reducido, su legado permanece. Tal vez, con un giro en las políticas de Casio o una nueva generación de entusiastas, podría resurgir.

Pero mientras tanto, toca valorar el trabajo hecho, y entender que los blogs como Zonacasio no desaparecen porque "la gente ya no lea", sino porque el ecosistema —marca, público, tecnología y apoyo institucional— ya no es el mismo.

El valor de lo auténtico
Zonacasio no fue solo un blog sobre relojes. Fue una voz independiente, entusiasta y rigurosa que defendió lo esencial de Casio cuando muchos solo miraban las cifras de ventas. Habló de historia, de diseño, de utilidad real. Conectó a miles de personas que descubrieron que el valor de un reloj no está en su precio, sino en lo que representa.

Puede que hoy esté en pausa. Puede que el silencio pese. Pero lo auténtico no desaparece: se transforma, se guarda en la memoria colectiva, y a veces, renace. Tal vez no con el mismo formato, pero sí con el mismo espíritu.

Porque mientras haya alguien que mire su viejo F-91W con cariño, o que espere con ilusión una reedición del DW-1000, el legado de Zonacasio seguirá vivo.

Y quién sabe… puede que aún no haya dicho su última palabra.

Zona Casio Semanal