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8.08.2026

G-Shock: de reloj indestructible a espectáculo indestructible

Hubo un tiempo en el que comprar un G-Shock era una decisión bastante sencilla. Uno quería un reloj que aguantara golpes, caídas, agua, polvo y el trato que probablemente acabaría con cualquier reloj convencional. Casio ponía la tecnología y el consumidor ponía el maltrato.

Hoy la cosa es bastante más complicada.

Porque G-Shock ya no vende únicamente relojes resistentes. Vende una identidad, una estética, una comunidad, colaboraciones, ediciones limitadas, materiales exóticos, celebrities, coleccionismo y, sobre todo, una marca capaz de convertir un reloj digital de resina en un objeto cuyo precio puede multiplicar varias veces el de un Casio convencional.

Y quizá por eso habría que empezar a llamarlo G-Show.

No porque los G-Shock hayan dejado de ser buenos relojes. Algunos siguen siendo auténticas máquinas. Sino porque alrededor de ellos se ha construido un espectáculo comercial extraordinariamente eficaz.

El G-Shock original tenía una idea bastante más sencilla
Cuando Casio presentó el primer G-Shock, el DW-5000C, en 1983, la filosofía era casi de ingeniería militar: ¿cómo hacemos un reloj que no se rompa?

La solución de Kikuo Ibe y su equipo no consistió simplemente en fabricar una caja de acero cada vez más gruesa.

El concepto era mucho más inteligente: proteger el módulo mediante una estructura que absorbiera los impactos. La caja interior metálica, la tapa trasera de acero y la envolvente de resina trabajaban juntas para mantener el mecanismo aislado.

Y ahí aparece una de las grandes ironías de la historia del G-Shock: la resina no convirtió al reloj en un producto barato porque fuese una solución de compromiso; formaba parte precisamente de la solución técnica.

La resina podía absorber impactos, era ligera, podía moldearse con formas complejas y permitía fabricar grandes cantidades de piezas de manera muy eficiente.

El acero, mientras tanto, seguía teniendo sus ventajas: dureza superficial, resistencia al desgaste y una sensación de construcción que ningún plástico puede reproducir completamente.

Por tanto, no es correcto decir que "el plástico es más resistente que el acero". Es otra cosa. El acero es más duro. La resina puede ser más adecuada para absorber determinados impactos.

Y esa diferencia es fundamental.

Entonces llegó el fenómeno G-Shock
Durante sus primeros años, G-Shock era fundamentalmente una solución técnica a un desafío real. Pero en los años noventa sucedió algo extraordinariamente importante: el reloj empezó a convertirse en cultura.

La estética de los G-Shock encajó perfectamente con determinadas escenas musicales y urbanas, especialmente con el hip-hop. El reloj dejó de ser solamente aquello que llevabas porque necesitabas un reloj resistente. Empezaste a llevarlo porque decía algo de ti. Y ahí el negocio dio un giro radical.

Porque cuando un producto se convierte en símbolo cultural, el precio deja de guardar una relación directa con su coste de fabricación. Un bolígrafo puede costar unos céntimos y venderse por cientos de euros si lleva determinado nombre. Una camiseta puede costar muy poco fabricarla y convertirse en objeto de culto.

Y un reloj digital de resina puede convertirse en un G-Shock. La diferencia no está necesariamente en el material, está en lo que representa.

El curioso caso del reloj de plástico cada vez más caro
Aquí es donde aparece una paradoja fascinante; durante años, el G-Shock fue asociado precisamente a esa combinación: electrónica + resina + resistencia + precio razonable.

Pero conforme la marca ganó prestigio, el precio comenzó a despegarse progresivamente de esa ecuación. Y no necesariamente porque fabricar el reloj se hubiese vuelto proporcionalmente más caro.

Es importante aclararlo: desarrollar un nuevo módulo, crear moldes, realizar ensayos, diseñar una construcción más compleja, incorporar sensores, Bluetooth, GPS, Tough Solar o nuevas tecnologías sí cuesta dinero. Una edición limitada también puede tener costes de desarrollo y producción diferentes.

Pero existe una diferencia enorme entre el coste de fabricar un producto y el precio que el mercado está dispuesto a pagar por él. Y G-Shock descubrió que el mercado estaba dispuesto a pagar mucho más de lo que costaba en realidad el reloj.

Muchísimo.

La resina es barata. El G-Shock no tiene por qué serlo
Esta es probablemente la parte que más chirría cuando observamos la evolución de la marca. Una caja de resina inyectada puede ser extraordinariamente barata de producir a gran escala una vez amortizados los moldes y los costes de desarrollo.

Eso no significa que un G-Shock sea barato de fabricar en su totalidad, claro, pero sí significa algo importante: el precio final no puede explicarse simplemente diciendo "es que lleva materiales caros".

De hecho, en determinados modelos ocurre exactamente lo contrario: puedes encontrarte un reloj con una enorme cantidad de resina y un módulo digital relativamente sencillo que cuesta varias veces lo que otro Casio también digital, también de resina y con una electrónica comparable.

¿Qué estás pagando entonces? La respuesta es incómoda: estás pagando G-Shock. Y no lo digo necesariamente como algo negativo. Las marcas tienen derecho a cobrar por su diseño, investigación, distribución, marketing, prestigio y posicionamiento.

Pero conviene reconocerlo.

De "reloj indestructible" a "objeto de coleccionismo"
Aquí está probablemente la transformación más importante. El G-Shock original necesitaba convencerte de algo básico y simple: de que no se iba a romper.

El G-Shock moderno intenta convencerte de muchas más cosas:

→de que es exclusivo.
→de que es una edición especial.
→de que es una colaboración.
→de que tiene un material diferente, con otro color, con otro acabado.
→de que lo llevan determinados artistas.
→de que hay pocas unidades.
→de que sólo se va a fabricar esa variante por determinado tiempo.
→de que es una buena pieza para coleccionar.

Es decir, el producto ha pasado de vender principalmente prestaciones a vender también pertenencia. Y eso es una estrategia comercial potentísima, porque un reloj funcional tiene un límite: si solamente necesitas saber la hora, un Casio de 20 euros puede solucionar el problema perfectamente. Pero si quieres ese G-Shock, ya no estás comprando simplemente la hora, estás comprando el G-Shock como marca, concepto e historia. Y contra eso no puede competir ninguna hoja de especificaciones.

La paradoja de Casio
Y aquí encontramos una de las contradicciones más interesantes de la historia reciente de Casio. La empresa construyó una parte enorme de su reputación gracias a productos extraordinariamente accesibles: relojes digitales sencillos, fiables, resistentes y asequibles.

Aquella filosofía tenía algo revolucionario: hacer tecnología útil para prácticamente cualquier persona, independientemente de su poder económico.

Pero décadas después, la misma marca pasa a presentar relojes de miles de euros, y aquí es donde uno puede preguntarse: "¿qué ha cambiado?". Porque la tecnología digital que permitió fabricar relojes extraordinariamente baratos no ha desaparecido, la electrónica no se ha convertido mágicamente en oro, la resina tampoco se ha convertido en platino. Lo que ha cambiado fundamentalmente es el posicionamiento del producto.

Y cuanto más caro, más "G" parece
Hay algo casi cómico en esta evolución: el G-Shock nació como una especie de reloj utilitario radical.

Ahora podemos encontrar G-Shock con cajas metálicas, titanio, tratamientos especiales, acabados sofisticados, movimientos analógicos de mayor complejidad y versiones de precios que hace unas décadas habrían resultado absurdas para la propia imagen de la marca.

Y aquí aparece otra paradoja: cuanto más se aleja un G-Shock de aquel reloj barato, digital y de resina que conquistó las calles, más sofisticado parece ser considerado por la propia industria. Es como si el éxito hubiese terminado convirtiendo la sencillez original en algo que necesitara ser superado.

Primero fue el "mira qué bien funciona y cómo lo aguanta todo por 20 euros".

Después llegó el "mira cuánto podemos hacerte pagar por él y encima sales contento".

El verdadero golpe no lo recibe el reloj
Y quizá ahí esté la genialidad del modelo de negocio. El G-Shock puede recibir golpes, pero la marca, no. Porque cuando una empresa consigue convertir un producto en símbolo, puede aumentar el precio hasta límites absurdos sin necesidad de aumentar proporcionalmente el coste material, porque su consumidor no está comparando únicamente "acero frente a resina", está comparando "Casio frente a G-Shock".

Y eso cambia absolutamente todo.

Por eso un consumidor puede mirar un reloj de Skmei de 15 euros y decir: "Tiene alarma, cronómetro, calendario, luz, resistencia al agua y una pila que dura años".

Y tener razón.

Pero el propietario de un G-Shock suele responder: "Sí, pero no es un G-Shock".

Y también tiene razón. Es en esa pequeña pero vital diferencia donde está el auténtico negocio.

¿Entonces G-Shock es humo?
No. Y sería injusto decirlo. El problema aparece cuando confundimos valor técnico con valor de marca.

Un G-Shock puede tener un magnífico diseño de protección, una construcción muy estudiada, controles de calidad exigentes y una historia tecnológica real detrás. Pero eso no significa que cada euro adicional que pagamos corresponda a un euro adicional de ingeniería.

En determinados productos, una parte creciente del precio responde a algo mucho más intangible: marca + diseño + exclusividad + marketing + deseo.

Y eso no es patrimonio exclusivo de Casio. Lo hacen prácticamente todas las marcas que han conseguido convertirse en símbolos.

Pero en G-Shock resulta especialmente llamativo porque la marca nació precisamente como la antítesis de todo eso. Nació para solucionar un problema, y para hacerle frente a todo eso que hoy se ha convertido en parte de su identidad.

Y aquí aparece el "G-Show"
Por eso la broma tiene más recorrido del que parece. G-Shock describe el reloj, pero G-Show describe todo lo que se ha construido alrededor: las colaboraciones, el precio inflado, las ediciones limitadas, las fiestas de lanzamientos, las celebridades, los influencers, las cajas especiales, los materiales exóticos, el coleccionismo, las campañas publicitarias, los modelos que desaparecen rápidamente del mercado... Y, por supuesto, los seguidores que parecen defender la marca como si estuvieran defendiendo a su propio equipo de fútbol o a un partido político. 

La imagen que veis es casi una caricatura perfecta del fenómeno: alguien escribiendo simplemente "Casio ❤️❤️❤️❤️❤️❤️", mientras su foto de perfil convierte el comentario en una especie de documento sociológico involuntariamente maravilloso que retrata perfectamente a ese tipo de aficionados de "G-Show".

Ahí ya no estamos hablando de prestaciones. Estamos hablando de tribu.

El mayor éxito de G-Shock
Y quizá haya que reconocerle a Casio algo incluso aunque seamos críticos con la estrategia: han conseguido algo que muy pocas marcas de relojes han logrado. Han conseguido que una generación de consumidores pueda sentir por un reloj digital de cuarzo una vinculación emocional comparable a la que otros sienten por relojes mecánicos de lujo.

Eso es extraordinario. Pero hay un gran problema: al contrario de las marcas que sí nacieron como relojes de lujo, G-Shock nació precisamente para combatir eso. Y otro gran problema es que esa misma capacidad puede convertirse en una trampa.

Porque cuando una marca descubre que puede venderte un producto por lo que significa, y no solamente por lo que cuesta fabricarlo, aparece una tentación evidente: seguir subiendo hasta el infinito.

Y entonces surge la pregunta incómoda que los seguidores de G-Show temen siempre hacerse: ¿hasta dónde puede alejarse G-Shock de aquel reloj humilde, resistente y relativamente asequible antes de convertirse en otra cosa?

Porque quizá el mayor peligro para G-Shock no sea que los chinos fabriquen relojes digitales casi iguales y mucho más baratos. Quizá sea que G-Shock olvide por qué aquellos relojes baratos se hicieron famosos en primer lugar.

Del "indestructible" al "incuestionable"
Y aquí cierro con una paradoja que me parece incluso más interesante que la del plástico: el primer G-Shock tenía que demostrar que era indestructible.

El G-Shock moderno ya no necesita demostrarlo tanto.

Su mayor logro ha sido conseguir algo mucho más difícil: que algunos consumidores y aficionados consideren incuestionable el precio que Casio decide ponerle. Y eso sí que es una tecnología verdaderamente avanzada, mucho más que la electrónica, que el Tough Solar, que el Bluetooth y que el carbono:

El marketing.

Eso ya es otra cosa. Eso es cuento, otra fachada, puro engaño. Puro G-Show. 



9.29.2018

Vender caramelos


Viendo la imagen de un Tissot en una publicidad de época, me llamó la atención que antes los relojes se vendían "dibujados". En muchas ocasiones era una representación del reloj, no era su aspecto real. Y es que hasta los ochenta el color no llegó a los periódicos generalistas. Lo recuerdo muy bien, cuando los diarios regionales estrenaban esta nueva "tecnología" capaz de imprimir "imágenes a color". Tan exclusiva era que inicialmente solo ponían en color las portadas, y eso los días de domingo, que era cuando más ventas tenían.

Pero antes, hace muchos años, las revistas también se imprimían en blanco y negro, y solo estaba en color su portada exterior. Recuerdo aquellas Semana, Diez Minutos o Lecturas, impresas todo su interior en blanco y negro. Pero aún así eso no era todo: más atrás en el tiempo poner una imagen en una revista o en un periódico no era algo cotidiano, y en muchos casos la publicidad se servía de dibujos.

9.25.2018

Sí, pero se lo paga la marca


Hace poco veía en algunas publicaciones reportajes sobre algunos famosos con sus relojes, todos gente de éxito, principalmente actores y deportistas, mostrando a propósito sus muñecas vestidas con relojes de renombradas marcas. Los autores de los reportajes destacaban cómo esas personalidades vestían el reloj de tal marca, y ponderaban su estética, sus virtudes, sus acabados... Gente que, sobra decirlo, perfectamente pueden adquirir de su propio bolsillo esos relojes y aún mucho más caros, pero que visten el reloj que les da determinada marca porque, obviamente -y ahí está el truco- a la marca le conviene que se le vea con él.

Por supuesto, no es culpa de ellos, o al menos no solo de esos famosos, que engañan -y es cierto-, pero también a la gente que se los compra les gusta ser engañados. Porque yo sigo sin entender qué mérito tiene un reloj, sea éste cual sea y de la marca que sea, qué mérito tiene, insisto, darlo a conocer si te pagan por ello. Si te lo paga la marca para que lo lleves, y para que algún fan tontaina, queriendo imitarle -que de esto hay mucho-, vaya corriendo a la tienda y se lo compre.

7.31.2017

Nuevo sitio web para Casio


Casio adquirió hace un mes aproximadamente un nuevo dominio para un nuevo sitio web, se trata de MarketingCasio.es y su finalidad es impulsar la compra de relojes en tienda, específicamente -de momento- modelos premium de G-Shock.

No supone una sorpresa para nadie el que Casio, por lo general, prefiera que sus modelos premium se adquieran "in situ". Las razones son varias, una de ellas tiene que ver con la exclusividad, al intentar evitar que estos relojes se vendan "sin control" de forma online e, incluso, con la adquisición en el extranjero bajen de precio peligrosamente.

8.28.2014

Lo realmente bueno no necesita venderse porque se vende solo. Lo que nadie quiere es lo que necesita marketing


Los estudios de mercado que nos vaticinan que un producto tendrá éxito están muy bien. Pero no todo se fundamenta en eso, y un gran número de veces no aciertan. Un estudio de mercado mira la competencia, el segmento, la franja de precios y los aspectos ventajosos y positivos donde nuestro producto va a destacar frente al resto.

Casio lo tiene más fácil (o mas difícil, según se mire...) porque en digitales al menos no tienen competencia, y la competencia que hay de otras marcas es ridícula. Así que "simplemente" (entre comillas, porque no es tan sencillo) se dedican a estudiar dónde se posicionan sus modelos entre su misma línea de producto.

1.21.2014

¿Casio lo hace bien o lo hace mal en publicidad?


Nos ha gustado la buena acogida y el encendido debate que tanto aquí como en el foro del Comando G los seguidores de Casio habéis estando dando como respuesta a nuestro post de este fin de semana pasado, donde le proponíamos a Casio un patrocinio un poco más cercano a gente aventurera y no el simple "famoseo".

Debate y una crítica siempre constructiva es lo que buscábamos, una forma de llamar su atención y de darles un punto de vista diferente fuera de las "palmaditas en la espalda" que sus seguidores en las redes sociales suelen darles (que, por otra parte, para eso les siguen). Un "feedback" diferente que a veces en Zona Casio creemos interesante incentivar.

10.20.2013

No menosprecies a la marca que te da de comer (dedicado a los minoristas)


La mayoría de regalos que han hecho amigos o conocidos a otras personas, en cuanto a relojes se refiere, han sido modelos de Casio, influenciados siempre por mi opinión, insistencia y amor a la marca. Pero como digo esto, también es verdad que la mayoría de regalos que han recibido de terceras personas amigos y familiares no han sido relojes de Casio. Muchas veces han sido marcas menos conocidas pero con relojes de un valor, unas características y un precio muy similar. Me atrevería a decir que Casio está muy por delante de todas las demás cuando se trata de modelos digitales, pero en analógico le salen rivales por todos sitios.

Antes había muchas más, pero aún quedan tiendas en los barrios de las ciudades cuyos escaparates están casi en un 50% dedicados a relojes de Casio. En mi barrio existe una así, y lleva con los mismos relojes desde hace más de cinco años (y creo que incluso más). Si unimos esto con lo dicho anteriormente tendremos como resultado que un altísimo porcentaje de clientes ve a Casio como algo obsoleto, y cuando van a decidir un reloj para regalar, cualquier modelo "extraño", poco visto o diferente les resultará más llamativo que los que ven una y otra vez en el escaparate.

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