Y el imparable paso del tiempo...

"Cuando oís dar la hora
¿quién os impide pensar en la brevedad del tiempo
y considerar interiormente:
'las horas van pasando y la muerte se acerca,
corro a cada instante hacia la eternidad'?"
San Juan Bta. Ma. Vianney

Hoy se venden más relojes que nunca, pero se usan menos que en ningún otro tiempo. Se han convertido en simples adornos, se les llama "complementos", o sea: objetos "opcionales", que puedes llevar contigo o no, según te apetezca.

Sus números e índices desaparecen de las esferas, manecillas que apenas se ven, que parezcan que no están ahí, o bien displays invertidos persiguiendo la estética, pero que casi ni se vea el tiempo. Casi que ni los dígitos aparezcan, que estén difuminados u oscurecidos. Porque hoy lo menos importante es dar la hora. La hora molesta, el tiempo es un depredador inquebrantable y hoy nadie quiere saber, sentir ni darse cuenta de que nos está devorando. ¡Devorándonos vivos!




"Da tu tiempo", decía José Luis Martín Descalzo, "¡da tu tiempo ahora porque, cuando menos te lo esperes, te quedarás sin él!".

Pero no. Hoy ver la hora es algo secundario. Podemos mostrarla (o no) en nuestro smartphone. Si queremos, podemos optar por ocultarla. A nuestro antojo. Guardarla, esconderla, disimularla, que nadie se de cuenta que está ahí. E incluso sustituirla por algo más "práctico" en los popularísimos smartwatches. Por notificaciones. Por notas. Por música. Por lo que sea. La cuestión es intentar apartarla. Ignorarla.


Y esto ocurre así porque el reloj nos recuerda nuestra temporalidad, es un objeto que nos acusa implacablemente, nos insiste en que nuestro tiempo corre, y mientras él marca los segundos hacia adelante, como si de los granos de arena en un reloj de ese tipo se tratara, nuestros propios segundos cuentan hacia atrás. Desde que nacemos iniciamos una cuenta regresiva que no podemos detener, y que acabará inevitablemente en un año. En un día. A una hora, y a unos minutos en concreto.

Por eso hoy se trata de ocultar. No se quiere ver eso. Se retira el reloj de la muñeca para no recordarlo y se le mueve al smartphone como si fuera una aplicación más. La sociedad no quiere usar reloj, vive a espaldas de él, haciendo una huida hacia adelante que no pueden ganar. Es una batalla perdida luchar contra el tiempo.


Lo más trágico es saber que ese tiempo que se nos ha dado no volverá. Seguramente que conocéis muchos casos de gente huyendo del tiempo, viven al límite, disfrutando, gozando, y su filosofía es: "total, mañana no vamos a estar aquí". Viven en una constante algarabía como si el mundo fuera una fiesta y su vida una orgía. Este tipo de vacuidad es lo que está imperando hoy.

Pero eso es no haber entendido nada. No me extraña que esas personas vivan sin reloj, quieren ocultarlo, tratan de esquivar su infortunio. Pero el tiempo, las horas del reloj, no son un trozo de pastel para tragar glotonamente. Son un regalo, un obsequio que debemos consumir con responsabilidad. ¿Qué estás haciendo tú con los minutos, las horas y los años que te han sido concedidos? ¿Para qué los usas? Ver cómo cuenta el reloj la vida mientras disfrutamos no es la mejor forma de invertir una de las cosas más preciadas que se nos ha prestado: el tiempo. No somos dueños del tiempo, somos simplemente administradores de una pequeña porción que, además, compartimos en el mismo espacio con muchos otros.


Llevar un reloj en nuestra muñeca es ser conscientes de nuestra temporalidad, no vivir como si no fuésemos a morir nunca, como hacen otros, como cada vez te incita más esta sociedad consumista, sino vivir teniendo presente que solo tenemos una oportunidad. Siendo conscientes de nuestra trascendencia. Que el tiempo que desperdiciemos será tiempo precioso arrojado a la basura del que jamás volveremos a disponer. Un día lo echaremos en falta. Un día ya no podremos recuperarlo. Un día será nuestro último día, y cuando tu reloj se detenga y cuente tu última hora, ¿cómo vas a explicar el tiempo que perdiste tratando de eso, de matar el tiempo?

No estamos viviendo. Eso es mentira. Simplemente, estamos muriendo a cada rato. Y morimos con los segundos deshojándose alrededor nuestro. No lo ignores quitándote el reloj, escondiéndolo en tu smartphone o en el bolsillo de tu pantalón. Miremos nuestra hora, ahora, y afrontémoslo.


Nuestros actos escribirán nuestra historia. Que no digan de ti que consumiste tu crédito de tiempo tratando de olvidar, como esos borrachos en la barra de un bar. Porque cuando pasen los efectos del alcohol no habrá más oportunidades.

Nuestro reloj de arena corre en un tic-tac mecánico o en unos constantes impulsos eléctricos con vibraciones de cuarzo, y ser consciente de ello nos llevará a entender el por qué portamos un reloj en nuestra muñeca, leyendo las horas, oteando el devenir, advirtiéndonos de nuestra limitada existencia que la sociedad hedonista de hoy nos intenta ocultar, nos quiere hacer que ignoremos. Por eso para ellos el reloj no tiene más valor que un objeto decorativo. No pueden tolerar que les diga en su esfera o con sus dígitos que se les escapa la vida a cada segundo.

Somos muertos vivientes caminando hacia nuestro final. Cómo realices ese trayecto, intentando ignorarlo o siendo consciente de ello, depende de ti.



| Redacción: ZonaCasio.com

3 comentarios:

  1. Por supuesto, ser consciente del transcurso del tiempo, es lo que te motiva a aprovecharlo, a reflexionar sobre a dónde quieres ir, a tomar el control de tu vida.

    Quizás por eso no tengo ningún digital negativo, y todos mis relojes analógicos, tienen la esfera de color claro, y las agujas bien contrastadas. La legibilidad es lo que le da función a un reloj. Si quieres estética, mejor una pulsera (que por cierto también llevo, pero en la otra muñeca).

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  2. El tiempo es un concepto muy abstracto y filosófico, de todos modos solo hay que preocuparse de aprovecharlo bien y tomar conciencia de lo que ocurre a nuestro alrededor para expandir el tiempo, y para conseguir ese fin no hay nada mejor que tener a mano un sencillo reloj que nos sirva como toma de tierra ante nuestra realidad, que sea de fácil lectura y agradable a la vista, en definitiva, un reloj clásico o neoclásico, todo lo demás es tontería… :)



    Con respecto a los relojes analógicos a mí me gustan planos, con la esfera limpia y en colores blanco y azul, tengo debilidad por los analógicos con las fases de la Luna y con números romanos, vamos, un estilo Patek Philippe Calatrava… Con respecto a los digitales los típicos estilo Marlin, lo que no me gusta nada son los relojes grandes, recargados de funciones y con colorines, con estos relojes uno va desfasado y la hora es lo de menos.

    Muy buen Post ZonaCasio, muy bonito el reloj de Arena y el Casio con números Romanos.

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  3. Muy bella prosa.

    Gracias amigo por compartirlo.

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