Hace unos días asistíamos boquiabiertos ante el espectáculo de una pesadilla. Cientos, sino miles de ucranianos se agolpaban en las gasolineras buscando llenar los tanques de sus coches y garrafas, para salir huyendo de la barbarie rusa que se les avecinaba. Quienes consiguieron llenar el depósito antes de que el combustible de la gasolinera se acabase, se enfrentaban a otro imprevisible obstáculo: las kilométricas retenciones en las carreteras, que les impedían avanzar. Kilómetros y kilómetros de vías de asfalto colapsadas, hasta el punto que tuvieron que asistir viendo cómo su país era invadido, desde el sillón de sus autos, e informándose por la radio de su coche o por internet.
Por eso, explicaba hace unos días un señor cómo él había tratado de prepararse para, caso de ser necesario, que eso no le ocurriese. Tanto era así que había adquirido dos bicicletas MTB de rueda de 26, cuando aún ese tipo de ruedas eran fáciles de encontrar. Lo de las bicicletas tiene su sentido, porque los automóviles, e incluso las motos, pueden ver detenido su avance por la escasez de combustible (que sí o sí, será lo primero en faltar) y por el colapso, al tratar de escapar todo el mundo en tropel. Una bicicleta no tiene ese inconveniente, porque obviamente no funciona con combustible. Tampoco es opción la bicicleta eléctrica, porque pronto su planta motriz se agotará y tendrás que cargar con un agobiante peso muerto.
