
Tenemos smartphones con notificaciones e información que nos llegan al segundo. Gadgets que instalamos y aplicaciones de mensajería para que tengamos noticias de eventos, aunque ocurran en la otra parte del mundo y no tengan relación alguna con nuestro día a día. Los avisos de mensajería y de correo electrónico nos tienen que llegar al instante. Ahora el futuro son smartwatches: dentro de poco -de hecho ya, ahora-, todo mensaje, "me gusta" o foto en una red social o en tu suscripción de grupo o amistades, lo notarás en tu muñeca con una vibración, o lo escucharás con un timbre desde tu reloj. Aunque alejes el smartphone de ti, seguirás maniatado, "esposado", atrapado en el cepo por tu smartwatch.
El reloj de cuarzo sustituyó al mecánico porque "para qué darle cuerda", es mejor coger el reloj y echar a correr. Ver la hora sin darle lugar a la duda o a la sospecha: la obsesión por la seguridad. Ver la hora y saber que esa es la hora correcta, el minuto exacto, el segundo justo. Para eso están ya los relojes radio-receptores, o incluso aquéllos que llevan GPS: la hora medida al segundo atómico. Ahora no puedes dudar si es un minuto abajo o un segundo arriba, ya no queda tiempo a la duda ni a la improvisación. Tienes que controlar cada minuto porque así te controlan cada minuto.




