15/3/19

Nubes encerradas en tu reloj


Un cielo azul y disfrutar de la tarde con nuestro G-Shock, o con nuestro humilde reloj de Collection. Es tan sencillo como eso. Sin embargo, a veces las cosas más sencillas también se pueden estropear. Dicen que las cajas roscadas y tipo Oyster no sufren el desagradable efecto de la condensación, quizá sea porque la mayoría están hechas en Japón - en el caso de Casio - y allí los controles de calidad son más estrictos y exhaustivos. También es cierto, además, que de todos los relojes con los que he sufrido ese desagradable imprevisto (alguno de ellos G-Shock), ninguno era de tapa roscada. Será por algo. Y será por algo que los clientes más expertos y usuarios más avanzados de G-Shock admiran y valoran ante todo las cajas roscadas. Y quizá por eso en Casio sean tan cuidadosos con ellas, y de hecho solo las ofrecen en algunos modelos elitistas - y no en todos - y en contadas, muy contadas, ediciones especiales.

Uno siente que se le cae el alma al suelo cuando, en un día caluroso, se pone a ver la hora y se encuentra con aquella "manchita" de nebulosa que emborrona el frontal del reloj. Tras recuperarnos del susto, inmediatamente corremos a pasar el dedo por el cristal confiando en que sea algún rastro de suciedad que se ha pegado. Pero cuando esto no es así y comprobamos que no se quita, en nuestra cabeza empiezan a sonar todas las alarmas.




No es cuestión de ser tampoco tan expeditivo como Tissot, en cuyos manuales de mantenimiento aconsejan al cliente que, si ve condensación tras el cristal, eche a correr sin perder ni un solo segundo tras un SAT.

Normalmente no debemos preocuparnos, pero entiendo que la gente se preocupe, más aún si su reloj es un Tought-Solar que no debería ser necesario abrir en mucho tiempo, o uno de pila de larga duración. A mí me ocurrió una vez con un W-215, y no he vuelto a ponérmelo. No es solo - que también - que dificulte la consulta de la hora, y sea un incordio cuando queremos activar alguna función o cambiar de display, sino que ya pierdes tu confianza en ese reloj y la confortabilidad que sentías por él se va por el desagüe.


En una ocasión estaba siguiendo el Viacrucis por el móvil, en medio de la soledad y el silencio de una de estas tardes primaverales, donde amanece amenazando tormenta y termina el día con el más radiante sol, y he aquí que los rayos de nuestra estrella (ya decían nuestros abuelos que el sol de febrero y marzo no era bueno) recalientan el sustrato de la pantalla, y empieza a formase esa temible "neblina", por lo que tuve que concluir con casi media pantalla opaca.

No deberíamos echarnos a llorar, al fin y al cabo un smartphone no tiene cierre hermético, pero se supone que un reloj sí, más aún un G-Shock, que debería poder llegar a los 20 bares de presión en el agua y salir como si nada.


No es nada bueno para un digital - para ningún reloj, en realidad - dejarlo expuesto a la luz directa del sol. En los antiguos Marlin los efectos eran desastrosos: la placa frontal del módulo "se fundía" contra el cristal, y los colores de la carátula palidecían. En todo digital, además, se produce el efecto "fanding" - pérdida de contraste -, o lo que se conoce popularmente como LCD "quemado" (técnicamente "burn-in"), y en los analógicos se pierde lustre y brillo, los colores se deterioran... Eso sin mencionar el daño irreparable sobre las resinas.

Pero a veces no es necesario una exposición "a quemarropa"; solo el frío o el calor más o menos extremo pueden a veces conseguir que nos demos cuenta de que nuestro reloj lleva dentro partículas de agua en suspensión. O eso, o nos estamos cargando su maquinaria y electrónica a pasos agigantados.

Sea como fuere, una limpieza llega a ser algo casi obligado, en una atmósfera lo más seca posible, y cerrarlo adecuadamente. Supuestamente esto deberían poder hacerlo también en el SAT, pero nadie nos garantiza que lo hagan porque no es un procedimiento habitual.

| Redacción: ZonaCasio.com / ZonaCasio.blogspot.com

3 comentarios:

  1. En los manuales de Casio mencionan que en ocasiones y con cambios bruscos de temperatura es un efecto que puede aparecer (la condensación de agua tras el cristal).

    Otro efecto que he visto en algunos DW 6900/6600 antiguos es una neblina grasa permanente tras el cristal justo por delante de la máscara, posiblemente por efecto de la descomposición de algunos materiales de la pintura de la máscara con el sol. Se puede limpiar el cristal por dentro retirando el módulo, yo lo he hecho.

    En los tough-solar digitales también se puede formar con el tiempo una neblina grasa permanente entre el cristal y el cristal del panel solar situado debajo, esto no se puede limpiar al estar la neblina entre los dos cristales... este efecto se nota mucho más en los invertidos.

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    1. Muy buenas puntualizaciones Tomás, muchas gracias.

      En efecto, la condensación que desaparece cuando la temperatura se estabiliza entra dentro de "la normalidad", en alguna ocasión me llegó algún reloj en invierno empañado.

      Pero no hay que confundirlo con las "microgotitas", las cuales sí son un problema - un ejemplo de ellas lo vemos en el reloj de la primera imagen -, eso es mucho más grave que una simple condensación.

      A veces, en relojes viejos sobre todo, es una clara señal de que deben cambiarse las juntas de estanqueidad.

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  2. A mi me sucedio con un GW-A 1000, que no es precisamente un reloj barato... Los primeros días de invierno, según salía del portal a la calle, se me empañaba por dentro casi toda la pantalla. En un reloj de 5 euros lo puedo admitir, en un Casio Alto de gama, made un Japan, de mas de 300 euros, no. Me devolvieron el dinero en Baroli...

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