¿Existe el purgatorio?

2014-09-14

Dossier: los smartwatches mataron a la estrella de la radio


Parafraseando a esa popular canción (aunque luego no se cumpliera la predicción, más bien habría que decir que Internet mató a la estrella de la radio, si atendemos a la realidad), la aparición de los relojes inteligentes, los "smartwatches", va a suponer la desaparición de los relojes digitales. Al menos tal como los conocemos en la actualidad. Eso es lo que creen firmemente muchas personas, que no dejan de adelantar una próxima revolución en nuestras muñecas. Pero ¿sucederá así?

La aparición de los teléfonos móviles, allá por la década de los noventa, sería el fin de las calculadoras. Eso vaticinaban también no pocos expertos, sin embargo hoy en día se siguen vendiendo un gran número de calculadoras, y no ha disminuido su uso, más bien al contrario.






Un smartwatch debería ofrecernos la opción de utilizar el diseño del reloj que más nos guste, e ir cambiando cada día de diseño sin necesidad de cambiar de reloj. Pero detrás de sus aparentes ventajas esconden todo un submundo de falsedades, engaños y ardides sutilmente entretejidos para exprimirnos al máximo.

Si pasas por cualquier sección de electrónica o por una tienda similar ves un amplísimo surtido de calculadoras, casi todas de Casio, y casi todas ellas a unos precios muy competitivos. Y a mucha gente comprándolas. En los exámenes antiguamente no permitían calculadoras, hoy cada vez las permiten en más sitios, y lo que no suelen permitir son los teléfonos móviles y smartphones. Los teléfonos móviles, por lo tanto, no han hecho desaparecer a las calculadoras, todo lo contrario: dejaron bien palpable lo valiosas que son por su silencio y practicidad. Y los smartwatches no van a acabar con los relojes digitales.


Hacia un mundo con el reloj hiperconectado.
Siempre tendemos a pensar en el reloj como en un elemento de auxilio, de apoyo. Esa es la idea subyacente y el por qué el reloj haya triunfado en la muñeca: siempre podemos acudir a él y consultarlo con un golpe de vista. Si no estás acostumbrado a llevar reloj úsalo durante unos cuantos meses y luego quítatelo por un día. Verás cómo automáticamente, sin pensar, son multitud las ocasiones a lo largo del día que giras tu muñeca y acudes a él para consultarlo. Lo bueno del reloj es que cumple su función en silencio, sin causarnos irritación ni molestarnos. Los smartwatches, sin embargo, tienen otras intenciones. Con ellos el peligro de saturación de información (un mal endémico en nuestros días) es tremendamente elevado: notificaciones, mensajes, llamadas, correos, alertas, vídeos, conectividad... Ciertamente que muchas de esas funciones son opcionales y desconectables, pero la mayoría de los usuarios pensarán que para qué se habrán gastado el dinero en un reloj si no van a explotar todas sus funciones. Y al final lo harán.

Que conste que yo soy un gran defensor de los smartwatches, de los relojes inteligentes que te provean todo tipo de información, creo que son un gran avance, pero su concepto y sus puntos débiles creo que deberían reconsiderarse para no hacer de sus dueños, sus esclavos.


El precio de un smartwatch no es solo dinero
Si miramos la tecnología de marcas como Casio y cómo la ha usado, podremos darnos cuenta de lo que debería ser un reloj inteligente. Cuando Casio se vio en la necesidad de ofrecer relojes con una alta demanda de energía, como los multisensores de Pro Trek o G-Shock, eligió tecnología solar para alimentarlos, con una gran autonomía. Los smartwatches se están inclinando por el uso de baterías cuya duración se mide en días, ni tan siquiera en semanas. Lo malo no es eso, porque con un reloj con una batería cuya duración es de tres o cuatro días aún podríamos sobrevivir, habida cuenta de que utilizamos prácticamente a diario el ordenador, y siempre lo podemos recargar mientras tanto por USB. El mayor inconveniente estriba en que las baterías, aunque no posean efecto memoria, tienen una vida útil limitada, y en cada recarga esta capacidad de retener electricidad disminuye, llegando un momento en que ya no será práctica su recarga, porque se volverá a descargar al poco tiempo. En un reloj solar esto no supone inconveniente alguno: le sustituyes el acumulador y como nuevo. El problema de los smartwatches es que la mayoría no están pensados para eso, y una vez con la batería inutilizable deberás acudir a un SAT o comprarte otro reloj. Es obsolescencia programada en estado puro.

Pero si su batería no nos decepciona ni nos echa para atrás, lo hará su firmware.


Hace un tiempo me compré un teléfono Nokia de Vodafone, creyendo que tendría ya un móvil para muchísimos años. Craso error. A día de hoy su firmware defectuoso no admite actualización, y, por supuesto, en el SAT no quieren verlo porque ya es un teléfono de hace tantos años que no merece la pena. Para mí sí me merece la pena, y me resulta útil, y me ayuda, pero parece ser que "el resto del mundo" no está de acuerdo conmigo y, según ellos, necesito un móvil nuevo que no me ofrece mucho más de lo que ya tengo pero que en cambio tiene extras y añadidos que no he pedido, ni elegido, ni necesito, como Whatsapp, espacio en la nube o tienda de aplicaciones. El camino de los smartwatches es el mismo. Por cuatro funciones que sí vas a usar tendrás que pagar un precio mucho más alto que su PVP. Los fabricantes y/u operadores te impondrán sus condiciones, unas condiciones con las que deberás de tragar quieras o no, y si no quieres, ya te obligarán a ello.

Un día despertarás y al mirar la hora lo que verás será un mensaje de advertencia de que tal función ha caducado, de que determinada aplicación necesita actualización, o de que un error desconocido imposibilita la carga de tal librería. Cuando te pongas a actualizarlo ya se ocuparán muy mucho de "recomendarte" la adquisición de un reloj más potente. ¡Qué estupidez! ¿Cuándo hemos nosotros necesitado actualizar nuestros Pro Trek? ¿Cuándo nuestro G-Shock o nuestro reloj de cabecera dejó de funcionar por un "error de sistema"? ¿Cuándo Casio nos "recomendó" que nos comprásemos otro reloj porque el chip del nuestro se nos había quedado "anticuado" y no podía correr con tantas funciones nuevas? ¿Cuándo nos hemos visto en la necesidad de actualizar "nada" de nuestro reloj porque su sistema se volvió frágil y lento? No. Nuestros digitales siempre funcionaron como el primer día, a la misma velocidad y con idéntica agilidad. En el momento de la compra y dentro de diez o veinte años, y eso sin actualización, sin elementos superfluos, sin parches, sin "Service Packs", sólo con un cambio de pila, y reloj como nuevo. ¿A dónde nos quieren llevar, pues? A que la tecnología nos esclavice.



Errores, Service Packs anti-fraude, actualizaciones, bloqueos... Esa es la parte que menos se menciona de los smartwatches. ¿Estás preparado para ella?

El futuro ya está aquí: el smartwatch es dueño de ti
En algunos libros de ciencia ficción hay un tema interesante y que ha dado pie a aventuras y tramas muy atractivas: una sociedad dominada por robots y en la cual los humanos son esclavos. Sin ir más lejos, Matrix es un buen ejemplo de ello, con una subyacente advertencia que, para desgracia nuestra, estamos viviendo en estos tiempos. Lo peor es que no nos damos cuenta de ello. O más terrorífico aún: no quieren que nos demos cuenta. ¿Quienes no quieren? Las grandes corporaciones, por supuesto.

Este drama cada vez está más presente en nuestra vida, las cosas que nos compramos ya no nos pertenecen, sino que "nos las prestan". Guti nos lo contaba bastante bien en su blog cuando trataba el tema de los libros con el sistema DRM. Alguien que compre un libro así no adquiere realmente el libro -aunque le quieran hacer creer que sí-, sino que solo adquiere los derechos para leerlo. Los smartwatches llevan el concepto de la robótica y la tecnología tirana a niveles intrínsecos en nuestra vida, hasta el punto de que no solo nuestras relaciones personales, nuestros álbunes de fotos personales que antes guardábamos en una estantería en nuestras casas y que ahora alojamos "en la nube", nuestras conversaciones privadas que antes se quedaban entre nosotros en el bar o en un partido de fútbol, y que ahora se quedan ¿en manos de quién? En redes sociales y en servidores de los servicios y aplicaciones de mensajería. Hasta la hora, nuestro tiempo, quieren prestárnoslo. Ellos guardan tu agenda, tus horarios y tus búsquedas por Internet, y por tanto saben lo que te preocupa, de dónde vienes y a dónde vas. Y con el geoposicionamiento de los smartwatches sabrán hasta dónde estás y lo que haces cada momento.


Pero el verdadero logro, la verdadera maravilla es que han conseguido hacernos creer en la idea de que un producto de esos nos pertenece. Muchos de nosotros vivimos con las ideas del siglo XX cuando sus mentes pensantes nos han trasladado ya, con sus técnicas de venta y de marketing, a una sociedad totalmente diferente: la del siglo XXI. La sociedad de robots, máquinas y automatismos creados, hechos y pensados para exprimirnos al máximo. Al contrario de las novelas y películas, esos robots no buscan tu energía, tus pensamientos o tus componente biológicos, tranquilo. Para ellos eres un número, y solo buscan tu cartera. Todo ello disfrazado entre -lo que dicen- tecnología puntera.

La sociedad occidental está estructurada solo con un fin: el de obtener tu dinero, es ese el único valor que, para ellos, posees. Y podríamos dar muchos ejemplos de ello. Hace muchos años para viajar en tren o en autobús solamente te bastaba con sacar un billete, y si sacabas uno de ida y regreso automáticamente te aplicaban un descuento. No tenías que hacer nada mas, y el descuento era automático. Una vez en el tren o en el autobús, una persona específica para ese puesto (un revisor o un taquillero) se encargaba de verificar que todos viajaban con billete. Ese sistema "ya no se lleva". Los taquilleros y la mayoría de revisores se han ido al paro: ya no se les necesita. Su trabajo lo hace una máquina expendedora o un escáner, y si algo sale mal, pagas un billete equivocado o te equivocas de ruta, la máquina no quiere saber nada. No tienes a dónde ni a quien reclamar. Solamente a un número de teléfono, donde otras máquinas te responderán automáticamente para filtrar tu llamada. La mayoria de personas usan una tarjeta de transporte, ya no sacan su billete al viajar, sino que adquieren todos sus viajes de golpe, vayan a viajar o no, con lo cual el dinero le llega a la compañía por adelantado. Los viajeros pagan por trayectos que quizá nunca vayan a realizar.

Probablemente un gran número de los que usan ese tren o ese autobús aprovechen todos los viajes, pero ¿sabeis la cantidad de personas que, o bien porque la pierden, porque se les olvida o porque han dejado de usarla, se quedan con la tarjeta sin usar al completo? Lo mismo ocurre con las tarjetas de prepago para viajes. No hace mucho escuchaba a una anciana cómo se quejaba porque su tarjeta en ocasiones no funcionaba bien, o no se enteraba, o no oía el pitido de verificación, y reconocía que en la mayoría de sus viajes estaba pagando dos veces. Sé de muchos estudiantes que han dejado de utilizar sus monederos electrónicos, porque no saben lo que gastan en ellos realmente. Cuando nuestro smartwach, con tecnologías como la NFC, se convierta en nuestro monedero, ¿qué ocurrirá? Por supuesto, los operadores y compañías nos dirán que eso es una ventaja, nos lo llenarán de bondades, pero en el fondo debemos recordar siempre que si venden un producto así no es porque nos beneficie a nosotros, sino, y sobre todo, ante todo y por todo, porque les beneficia a ellos.


Negar el futuro
Por supuesto, no es cuestión de volver a la tecnología de antes ni de ser tan obstinados que el progreso nos cause pánico, sino, y principalmente, es cuestión de filosofía, de principios y de sentido común. Los primeros relojes de cuarzo triunfaron porque llevaban en sí la filosofía de un reloj tradicional, eran la innovación y el paso natural del desarrollo tecnológico lo que propició que la gente los encontrase útiles. Sus bondades eran claras y estaban perfectamente latentes, nadie los quería utilizar con "segundas intenciones" porque, simplemente, no existía esa prevalencia en las técnicas de marketing que ahora invaden todo nuestro mundo. Nadie quería -al menos a propósito- engañar a nadie o explotar unos beneficios que no fueran los de la simple venta del producto.

Esa era la misma filosofía de elementos tecnológicos antiguos, como los teclados, con resortes de metal y no con membranas de goma como los actuales. Teclados que podías usar las veces que quisieras sin miedo, no como ahora donde un teclado te dura unos pocos años. Claro, no importa, porque su precio es irrisorio.


Esa filosofía de antaño -por lo menos a corto o medio plazo- no va a volver, porque las compañías quieren beneficios cada vez más altos y más pronto, y nunca se van a cansar aunque lleguen a determinado tope. No van a decir: "bueno, ahora que hemos conseguido vender determinadas unidades, centrémonos en mejorar el producto". No. Cuando lleguen a determinado tope, se pondrán metas más altas para conseguir mayores beneficios, aunque sea a costa de la calidad, de la utilidad, o de la durabilidad de sus productos. Y es por eso que notamos ahora productos cada vez peores, y sin embargo sus precios no son tan diferentes a los de antaño.

Podríamos decir que los relojes de cuarzo nacieron de una época de búsqueda, de innovación y de asombro tecnológico, como era la segunda mitad del siglo pasado, mientras que los smartwatches son hijos de su tiempo, de las técnicas de ventas, de las mentiras del mercado, de la necesidad de beneficios explotando a quien sea, donde sea y como sea, sin prejuicios ni ética ni moral. De las necesidades artificialmente creadas. Pensados para hacernos la vida en ciertos aspectos -pocos, a mi entender- más cómoda, es indudable, porque algo tienen que ofrecer. Pero pensados también, y principalmente y sobre todo, para exprimirnos al máximo y sacar de nosotros todo lo que puedan para enriquecerse las grandes compañías.

No voy a concluir diciendo "cuidado con ellos", no quiero ser catastrofista, y además, cada uno debemos aprender a discenir hasta qué punto queremos que se aprovechen de nosotros. Pero sí voy a decir que si lo adquieres porque realmente lo necesitas, asegúrate de tener tu modelo de reloj tradicional a mano y no separarte demasiado de él. Puede que lo vayas a necesitar, y que tengas que recurrir a él más pronto de lo que te hubieras imaginado.


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| Redacción: Zona Casio

7 comentarios:

LUIS MIGUEL FUSTERO dijo...

sabeis que yo tengo muchos relojes (sobre todo G,s)y ademas un reloj sony SmartWatch 2.

pues como no me atrebo a mojar este ultimo se que jamas un reloj inteligente va a suplir un buen reloj sumergible.

Francisco Frivero dijo...

No se podía exponer mejor, No se ha dejado margen para poder añadir algo más. Una exposición muy completa que deja este artículo como referencia, con los argumentos justos y precisos.

Hace poco comentaba yo aquí sobre una boda a la que asistí y que me sirvió de test sobre los relojes, por el gran número de gente que había, por la diversidad de clases sociales que asistieron y porque era bastante "internacional", gente de 4 países (España y Francia principalmente, pero habían varios polacos y belgas). Comenté también que me dediqué a observar los relojes (durante las 7 horas que estuve allí tuve más que tiempo). También comenté que no ví ni un sólo digital, pués bién, si ví un smartwatch, ¡¡uno!!, sólo uno.

¿Sabéis lo desagradable que es ver un rectángulo negro sobre una muñeca? ¡porque eso es lo único que se ve!. Sólo cuando el chico (era un chico joven) pulsó un botón se iluminó esa pantalla negra para la dar la hora. Porque esa es otra, para ver la hora o lo que sea en el smartwatch tienes que pulsar el botoncito. En tu reloj "normal" lo ves casi sin mover el brazo, y los demás también pueden verlo. Supón que tienes el brazo ocupado, (con un paquete, un niño en brazos o cualquier cosa) y quieres ver la hora. ¿como te las apañas? ¿le dices al tipo más cercano que te lo pulse? ¡¡vamos hombre!!

En fin... por cierto, buena idea cambiar el color del texto de vez en cuando. Muy buen artículo. :)

cachemir dijo...

A mi también me ha gustado el cambio temporal del color de la fuente, le da un toque mas divertido al blog.

Francisco señala algo muy cierto: que para ver la hora tienes que pulsar el reloj, por lo que ya tienes las dos manos ocupadas y pierde parte de su utilidad.

V.R.S dijo...

Un reloj es para mostrar la hora. Pero ese reloj no la muestra, y como no la muestra ya no es un reloj propiamente dicho, y como no es un reloj, sino otra cosa con pulsera no puede sustituir al reloj, ¿no? Es probable que al final solo se lo compren los que antes no querian reloj y miraban la hora en el movil, junto a la tablet y demas gadgets

LUIS MIGUEL FUSTERO dijo...

no voy a defenderlo... pero mi sony SmartWatch 2 se ve la hora con la luz de fondo desconectada. es mas... cuanto mas sol, mas se ve.

Francisco Frivero dijo...

Vale Luis Miguel, pero la mayoría no son así, porque yo veo mucha gente al cabo del día, y todavía no he visto un solo chisme de esos que no sea negro, negro.

sorderita dijo...

Totalmente de acuerdo con ZonaCasio salvo en que a mi no me gustan los Smartwatches. Pero vamos...sobre todo por el precio pero también por la autonomía , reticencias a la hora de un trato duro...
Como dice ZonaCasio: actualizaciones. Tienes que cambiar de móvil, no ya por la posible "presión social" de estar a la última, sino porque hay aplicaciones que pueden ser interesantes, pero que corre a partir de, por ejemplo , la versión XX.X de Android.

Las empresas saben que dos son las palabras mágicas para vender: "nuevo" y "exclusivo". Saben perfectamente de las debilidades del ser humano y una de ellas es la de intentar provocar en el prójimo un sentimiento lamentable: la envidia, alimentado por la soberbia. Así que si puedes dar envidia en tu prójimo quedando por encima como el aceite, ya has colmado tus expectativas semanales.
Particularmente ,combato esto con un truco:pragmatismo. Analizo mis necesidades y no me muevo ni un milímetro de ellas. No soy un monje cartujo y, como a todo hijo de vecino, me encantaría poner un Riseman en mi vida, pero luego digo ¿de verdad tengo necesidad de un Riseman? Y actúo en consecuencia. Ahora bien... Si alguien me quiere regalar un Riseman no le voy a poner pegas.

A día de hoy, por el precio que tienen y sus múltiples inconvenientes, paso de smartwatches. Todo lo que necesito, en ese sentido, me lo da mi móvil.

Perdón por el rollete