
Aunque no pueda decir que todavía esté al cien por cien (la verdad es que voy un poco "a rastras", disculpadme), estos días que he estado obligatoriamente alejado del mundo de los relojes creía que iban a ser diferente. En cierta manera pensaba que los iba a echar en falta, o que tendría la necesidad de escribir o hablar de ellos, aunque solamente fuera por la costumbre de haberlo hecho de manera periódica durante tanto tiempo. No ha sido así. Para mi propia sorpresa. No he echado en falta los relojes, ni escribir sobre ellos, ni importaba que en mi muñeca llevase un G-Shock o un F-91W. Incluso me sorprendí a mí mismo cuando, tras la visita de mi cuñado este fin de semana y ver en su muñeca un Nowley ana-digi, no le mencioné nada. Y cuando se fue me quedé pensando por qué no había sacado el tema del reloj, mientras que hablábamos de las cosas más dispares. Era curioso.
Me imagino que en la vida hay aspectos mucho más importantes, y los relojes no lo son cuando tienes que enfrentarte a problemas y dificultades más serias o perentorias.
Al menos para mí.





