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4.15.2020

Casio en el cine (2)



The Lookout (2007). Dirigida por Scott Frank, escrita por el mismo Scott Frank con fotografía de Alar Kivilo y música de James Newton Howard. Producida por Walter Parkes, Laurence Mark, Gary Barber y Roger Birnbaum.

Reloj: Casio DB-36 (2002). Este reloj, de la familia Data Bank, se muestra como un elemento imprescindible en la vida de Chris Pratt, el protagonista. Sus alarmas le sirven para recordar multitud de tareas que su cerebro, dañado y que sufre una amnesia anterógrada, no es capaz de almacenar.




Sinopsis: "Me despierto, apago el despertador, miro afuera para saber qué ponerme, me ducho con jabón (en la escena se observa que todas sus cosas se encuentran señaladas con un letrero), luego me afeito, a veces lloro sin motivo… me enfado con facilidad" (verbalización de Pratt al iniciar el film).

Luego del daño cerebral, Pratt arranca demostrando como es todo un reto para su nueva vida el crear una simple lista de lo que hace en su día a día, aspectos que serían rutinarios y comunes para un individuo con un cerebro conservado, sin embargo, para un cerebro sobreviviente, como el de Pratt, estás actividades son un verdadero desafío.

Pratt, antes de su accidente era un excelente deportista, uno de los mejores en el hockey, se lo veía concentrado, con un gran nivel de coordinación motora, con la agilidad mental para planificar y ejecutar en segundos una gran jugada, con ese nivel de metacognición que le permite a un delantero engañar a un portero y terminar disparando a un lugar diferente, cuando éste creyó con toda su fe, que el delantero dispararía a otro lugar; en fin, con esa cognición que diferencia a un simple mortal, de uno con alto rendimiento.

Sin embargo, todo ese talento, que en verdad fue su cerebro en acción, como lo diría el gran Luria (1984), termina luego de tres minutos y dos segundos que duró el momento de alta excitación, cuando Pratt, por querer demostrar su calidad de chico malo, termina estropeando ese gran sistema nervioso que le permitía brillar sobre el hielo.

La primera escena donde se observa la apraxia de Pratt, es cuando acude a tomar un café con una asistente social, y se puede identificar que al tomar la cuchara es incapaz de darle un uso adecuado. Es más, parecería que fuera la primera vez que usa ese utensilio, demostrando un cuadro magistral, en donde las redes de conexión fisiológica entre la idea y el acto estarían destruidas.


El momento más intenso en la apraxia ideomotora de Pratt, se lo dibuja cuando su compañero de apartamento le indica mediante un mensaje telefónico (solicitud verbal para realizar el acto), que debe abrir una lata de tomate para cocinar un espagueti. Entonces, sale a escena el actor principal, la apraxia ideomotora, y Pratt padece ante una simple lata de tomates. Primero busca algún elemento que le permitiera abrirla, pero se debe resaltar que esta búsqueda parecería ser automática, sin un verdadero sentido, sólo por cumplir con un rito que no tendría mayor significación para Pratt, como jugando a quedar bien con un proceso en el cual no tiene ni idea en qué consiste. Luego, busca en sus dispositivos compensatorios externos, como su libreta, y nada, no tiene información que le permita entender el proceso para abrir una simple lata de tomates (ojo, digo simple para recalcar lo catastrófico que es presentar este trastorno, ya que un cerebro conservado hace estas acciones casi de forma automática, sin embargo, en el daño cerebral, este tipo de acciones se vuelven una verdadera pesadilla).

Luego, encuentra un aplastador de ajos que intenta usar como abrelatas, no obstante, su cerebro no es capaz ni siquiera de acercarse al movimiento que se debería hacer con un abrelatas verdadero. La situación se empieza a poner más caliente debido al síndrome frontal de Pratt, y pierde la paciencia, lo lanza todo y llama enfadado a su amigo indicando que no encuentra el abrelatas. Para finalizar la escena, se observa a Pratt sentado en un rincón, la cocina destrozada y una lata de tomates golpeada, destrozada, como si un Neanderthal con una piedra hubiera intentado abrirla, pero nunca lo logró.

Un elemento dentro del entendimiento de la rehabilitación neuropsicológica que permite comprender el film, es el uso de dispositivos externos para sustituir las funciones cerebrales dañadas, lo cual se lo puede observar en la dependencia de Pratt a su libreta, alarmas de reloj o letreros de información de las cosas de su hogar, que funcionaban en una suerte de memoria de su cerebro.

El cerebro que sobrevive en Pratt, es un cerebro inferior, torpe, que procesa la información en una forma defectuosa, que no almacena información nueva, que no es capaz de predecir las intenciones del resto, que no se autorregula ante situaciones sociales novedosas, que no planifica..., en fin, mi estimado lector, el clásico cuadro de un daño cerebral adquirido.

(crítica de Carlos Alberto Ramos Galarza, neuropsicólogo clínico, en "Cuadernos de Neuropsicología")


3 comentarios:

  1. Esta película no la conocía. Así que estos posts no sólo hacen disfrutar, sino que además descubren nuevas películas.

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  2. El casio G-2900F sale en Generation Kill, miniserie de 2008 en el personaje de Ray Person. Está ambientada en Irak en 2003. También sale en The Big Short, de Ryan Gosling, y en Baywatch, que trata de vigilantes de playa. Muy muy buen artículo para sobrellevar este confinamiento. Un abrazote!


    Jose

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