17/6/19

El caso de Paul Davis


Un relato de A. Bial Le Métayer, que forma parte de la saga "Un lugar en el tiempo" y "A Contrarreloj".


- ¡Extra! ¡Extra! ¡Ha llegado "El Extra"! ¡Las últimas noticias de ayer para hoy! ¡Extra! ¡"El Extra"! ¡No se quede sin su ejemplar!

En cuanto oyó los gritos anunciando el periódico, Adela dejó sus bártulos sobre la mesa de trabajo y correteó hacia la zona de atención al público de la tienda. Se fue hacia la puerta y la abrió, volviéndose de nuevo hacia el mostrador, y colocándose tras él. Abrió la caja registradora y sacó de uno de los cajetines un euro, justo en el momento en que Iván González entraba a grito pelado en el local:

- ¡Extra! ¡Extra! ¡No se quede sin su ejemplar!

Adela extendió la moneda y, sin bajar la voz, el muchacho dejaba uno de los periódicos sobre el mostrador, cogiendo acto seguido el euro. Sin despedirse, sin dejar de gritar, dio media vuelta y regresó a la calle. Adela esbozó una sonrisa.

Iván era un chico vivaracho y, a la vista estaba, con ingenio. Por desgracia no había tenido buena suerte, había nacido en una familia totalmente desestructurada, apenas pudo estudiar y a los quince años ya había abandonado el colegio. Desde hacía unos meses se había dedicado a una tarea curiosa: por la tarde sacaba noticias de páginas de Internet, las pegaba en una plantilla, y las pasaba a pdf. Luego metía el archivo en un pendrive, imprimía en una copistería varios ejemplares, regresaba a casa y los grapaba. A la mañana siguiente los iba vendiendo por la calle, a un euro "o la voluntad", decía. Siempre y cuando esa "voluntad", claro, fuese más que un euro.

Al periódico (por decirlo de alguna manera, ya que no eran más que un incierto número de páginas fotocopiadas a doble cara, y grapadas en la esquina superior) le llamaba "El Extra" porque, según Iván, se publicaban las noticias "extraordinarias" que encontraba (o todo lo extraordinarias que él valorase como tal, claro), y era como un "extra" a lo que la gente podía leer en Internet. Incluso a veces ponía secciones, centrándose - por su obvio éxito - en las noticias, acontecimientos, y sucesos locales.

En el membrete del periódico ponía en grandes letras de corte románico: "El Extra" y, bajo ellas, añadía la leyenda: "las noticias de ayer para hoy". Iván parecía no darse cuenta de lo poco acertada de esa leyenda, era como enfocar la atención hacia el hecho de que eran noticias un tanto "caducadas", algo que iba en contra de las más mínimas normas publicistas o de marketing. Pero lo que a Iván no se le podía negar era, eso sí, iniciativa. El muchacho trataba de salir adelante como podía y con imaginación, y la idea de un periódico era mucho mejor que ir vendiendo crack, esnifar pegamento, o lo que fuera que hicieran los jóvenes marginados de hoy.

En suma, a ella le caía simpático el muchacho, y le pagaba con gusto el euro que, junto al encabezado del periódico, se anunciaba como precio de venta: "Sólo por 1 €". La relojera suponía que cada ejemplar no debía costarle a Iván más de sesenta céntimos (dependiendo del número de hojas, que ya decimos que era muy dispar), así que el chico podía sacar un poco de dinero "honradamente".

Poco a poco el joven había conseguido una clientela más o menos habitual, excepto el propietario del quiosco del barrio, que no lo veía con buenos ojos y le acusaba de violar copyrights y unas cuantas cosas más; la mercería, la panadería, y algunas vecinas eran clientes habituales. También muchos de los ancianos que se sentaban en el parque gastaban ese euro con gusto, sobre todo los días en los que hacía buen tiempo. Porque Iván, que como decimos era muy espabilado y bastante imaginativo, se había dado cuenta que si aumentaba el tamaño de las fuentes tipográdicas de su periódico, los viejecitos lo leerían mejor. Acababan acostumbrándose tanto a esa letra que los periódicos en papel y al uso les daban la sensación que tenían las letras más pequeñas que antes.

Normalmente Adela no leía el periódico, lo compraba y luego lo dejaba en el mostrador para que se lo llevara algún cliente que entrase, y de esa manera colaborar a difundir el negocio de Iván. Aunque, eso sí, lo ojeaba por alto.

Por lo tanto así se encontraba, mirando los titulares de diversas noticias, cuando una captó su atención. Decía:

"Paul Davis resuelve un nuevo caso". Y añadía, en la entradilla: "El popular detective de relojes consigue dar con la solución a otro misterio". La pequeña mujercita cogió el periódico en su mano, se puso las gafas, y se sentó junto a la butaca de su abuelo, interesada y centrando toda su atención en aquella sugerente y atrayente noticia de "El Extra".

Esto fue lo que leyó.




****

Paul Davis resuelve un nuevo caso

El popular detective de relojes consigue dar con la solución a otro misterio.

Valencia. Agencias.

Espeluznante hallazgo el que hicieron la pasada semana las autoridades valencianas. A primera hora de la mañana, bajo un cielo nuboso y plomizo, los viandantes despertaron con una escena dantesca: sobre el asfalto de la Avenida de la Plata, una de las vías principales y de más trasiego en Valencia, yacía el cuerpo de la joven R. M. S. La zona fue de inmediato bloqueada, y la policía científica ordenó que se acordonase toda la manzana y se cortase el tráfico, algo que produjo grandes retenciones por el centro hasta la media mañana.

Todo parecía indicar que se trataba de un suicidio, sin embargo la policía sospechaba ya desde un principio puesto que la joven apareció con poca ropa, y no tenía ningún antecedente ni policial, ni médico, que hiciera pensar en tan fatal desenlace. Además, su familia, muy conocida en el barrio por regentar una céntrica cafetería, no tenía problemas de índole económico. Sus padres aseguraban a las fuerzas del orden que su hija era completamente normal, una buena estudiante y una joven modélica que no se mezclaba con malas compañías.

Una vez en la morgue, a los investigadores algo les llamó la atención. La autopsia había revelado que la joven había muerto en torno a las cinco cuarenta de la madrugada, sin embargo su reloj, con el cristal de la esfera dañado por el impacto, señalaba las ocho y diez, algo imposible puesto que a esa hora la policía ya estaba en el escenario donde yacía el cadáver. Era un indicio que podía deberse a muchas causas (como que el impacto hubiese hecho girar las manecillas), pero el daño en el cristal no parecía haber afectado a su funcionamiento.

Desde la comandancia de la policía valenciana se dio aviso a la comisaría de Barcelona para hacer llamar a Paul Davis, el investigador experto en relojes que tantos casos había resuelto. Davis llegó aquella misma tarde del día siguiente para revisar el reloj, un Casio Sheen, que su novio le había regalado a la joven. La astucia y destreza de Davis pronto dieron sus frutos, puesto que el investigador hizo notar a las autoridades un detalle muy importante: el reloj, aún en funcionamiento, no movía sus agujas no por el hecho de que éstas fueran dañadas al partirse el cristal (ya que éste no se había roto por completo), sino porque la corona del mismo había sido extraída. Paul Davis señaló la teoría de que la joven había cambiado la hora antes de caer al vacío o, dicho de otra forma: el reloj señalaba a su asesino.

El equipo de homicidios de la policía nacional, en colaboración con Paul Davis, se puso de inmediato manos a la obra para intentar desvelar qué significaba aquella hora y esclarecer a quién acusaba. Catorce horas después, la policía entraba en el edificio de diez plantas desde el cual la joven había caído, y detenía como presunto asesino a R. T. J., natural de Murcia y que llevaba viviendo en el mismo edificio que la víctima unos tres años. El acusado vivía en el piso octavo, puerta B. Eso era lo que señalaba el reloj y que Paul Davis, una vez más, logró descifrar: las ocho eran el piso octavo, y la hora "y diez" era la letra B, entendiendo que cada índice del reloj señalase una puerta de cada planta (el primero la "A", el segundo la "B", y así sucesivamente).

El presunto homicida confesaría horas después en dependencias policiales, diciendo que estaba enamorado de la joven y que, como no le hacía caso, en un ataque de celos fue a su casa, al abrirle la puerta la atacó, intentando forzarla. Mientras ella intentaba defenderse logró escapar y correr escaleras arriba, mientras él trataba de seguirla. En el último piso se volvieron a enzarzar, dando como resultado que, tras empujarla, ella acabase siendo arrojada al vacío.

El juez ha decretado prisión incondicional y sin fianza para R. T. J. Paul Davis ya ha regresado a su despacho en Barcelona.

| Redacción: A. Bial Le Métayer

3 comentarios:

  1. Muy acertada la foto de la cabecera del artículo y una saga increíble la de Paul Davis. Con lo aficionado que soy a las aventuras gráficas que maravilla sería adaptar toda la saga a varios videojuegos de aventuras gráficas a lo Broken Sword o The Longest Journey por poner un ejemplo, sería increíble.

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  2. A mi también me gustan las aventuras gráficas, y lo cierto es que sería genial ver a Paul Davis y sus historias en una de ellas. El problema es que es un mercado minoritario, mucha inversión para poco retorno, ya no es un género que esté de moda. Por otro lado, Davis sólo es conocido por los hispanoparlantes, y claro la mayoría de estudios son anglosajones.

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