Mismo reloj, diferentes formas de usarlo


En los siglos XVIII y XIX, cuando se empezó a popularizar el reloj y, sobre todo, a partir de tener la tecnología suficiente como para lograr miniaturizarlo -con la invención del muelle en espiral, siglos atrás-, los afortunados que podían permitirse adquirir uno lo llevaban consigo cada vez que salían de sus casas, principalmente los domingos o en ocasiones especiales y reuniones sociales. Cuando regresaban lo volvían a guardar con mucho mimo y cuidados en su caja de madera, de nogal, roble o arce, y únicamente lo volvían a sacar de allí cuando recibían a familiares o amigos -para que lo admirasen-, o para darle cuerda.

En aquellos siglos la tecnología de un reloj de bolsillo era lo último. No podemos llegar a hacernos una idea de lo que suponía tener un instrumento capaz de medir el tiempo en tus propias manos, de lo que realmente significaba para la sociedad de entonces algo así. Ni siquiera podemos compararlo con el último smartphone o tablet de ahora, ya que, en mayor o menor medida, más barato o más caro, un smartphone casi todo el mundo lo puede tener, pero en aquélla época no había relojes "low cost", los relojes únicamente tenían una forma de fabricarse, y estaban al alcance de las manos de unos pocos afortunados.



Era como si sólo unas pocas personas pudieran tener un smartphone, la gente se arremolinaría en torno a ti, llamarías la atención. Era un signo de exclusividad.

Hoy en día el uso del reloj es variopinto. Hay gente que tiene su modelo a colores y con display invertido únicamente como objeto "para llevar". Un complemento de moda. Otros le sacan más provecho y llegan a usarlos, pero sólo "para salir". En sus casas guardan el reloj a salvo de cualquier imprevisto, y lo mantienen en el mejor estado posible para lucirlo.


Hay otras personas que tienen varios modelos "preferidos", uno de ellos suele ser "de batalla", y es el que usan para trabajar o para el día a día, dejando los modelos más exclusivos o queridos para ocasiones especiales. Una variante de estos usuarios son los que disponen de dos relojes, uno de ellos para salir, y el otro para estar por casa, como si fueran sus zapatillas. Suele ser este último un modelo ligero de Casio, uno de esos que apenas lo sientes ni te pesa en tu muñeca, pero que siempre está ahí para cuando necesitas consultar la hora.

No nos olvidemos, además, de esas otras personas que usan su reloj día y noche, no sólo trabajan con él, sino que duermen con él. Es como una extensión de sus cuerpos, y para ese tipo de usuarios el reloj suele formar parte de su vida para todo: lo usan como alarma, como reloj nocturno para conocer la hora de noche, y como compañero en todas sus actividades. Sin su preciado reloj están cojos.


Dicen los que saben de esto que la simbiosis entre un reloj y un teléfono móvil cada vez está más cerca. Puede que sea cierto y que nuestro smartphone de hoy se acabe convirtiendo en nuestro reloj de mañana (de hecho, ya hay muchísima gente que usa su smartphone como reloj), o quizá como complemento tecnológico de esos mismos smartphones (como los Casío Bluetooth). Pero sea así o no, los relojes seguirán formando parte intrínseca del ser humano, ligados íntimamente a nosotros. Al menos, mientras el tiempo siga teniendo sentido y valor para la especie humana. Mientras el tiempo siga siendo... la vida en movimiento.

| Redacción: Zona Casio

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