
Un taller lóbrego y oscuro cargado de herramientas antediluvianas. Una atmósfera donde las máquinas electrónicas y automáticas brillan por su ausencia. Lo más parecido a la forja de un forjador de katanas medieval. No es para menos: el maestro Bihou Asano es la tercera generación de artesanos. Su familia se ha especializado en la técnica metalúrgica del tsuiki, una técnica que en sus tiempos hizo legendariamente famosas las katanas de los ninja, con su filo irrompible, y que luego sería aplicada a los materiales de soporte y carrocería en locomotoras a vapor.
El vapor. Ese elemento que propició la revolución industrial y le dio alas al hombre, es ahora sinónimo del lujo y de la exclusividad más elevada en acabado de relojería. Una técnica que envidiarían los mismos suizos pero que Casio, que como buena marca japonesa conoce la tradición, puede ofrecer desde el país del sol naciente.




