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9.24.2026

Casio descubre los relojes mecánicos: ¿qué ha sido de la compañía electrónica?

¿Qué le ocurre a Casio últimamente con los relojes mecánicos? Han sacado el EFK-100, el EFK-110, luego el EFK-200, y ahora van a lanzar el también mecánico CMK-100... se suponía que era una compañía de electrónica de vanguardia, ¿verdad? Pues ya no. O cada vez menos, mejor dicho.

Sí, es un cambio de rumbo bastante llamativo. Y lo curioso es que no parece que Casio esté abandonando la electrónica; más bien está intentando ocupar un terreno que históricamente había dejado a otras marcas.

El EFK-100 fue presentado oficialmente como el primer reloj automático de Casio, dentro de Edifice. Lleva movimiento mecánico, unas 40 horas de reserva, zafiro y, en una de las variantes posteriores, esfera de carbono forjado. 

Y ahora el supuesto CMK-100 va todavía un paso más allá: según se dice habría tres variantes, caja de titanio, cristal de zafiro y movimiento Miyota 8215. 

Y aquí está la parte que me parece más interesante: Casio nació precisamente alrededor de la idea de hacer cosas electrónicas que cambiaran lo que podía hacer un reloj.

Calculadoras, relojes digitales, alarmas, cronógrafos, calculadoras en la muñeca, bases de datos, sensores, Tough Solar, radiocontrol, Bluetooth...

Es decir: mientras la relojería tradicional decía: "Vamos a perfeccionar el mecanismo que mueve las agujas".

Casio podía decir: "¿Y si directamente hacemos que el reloj haga cosas que un reloj mecánico nunca podrá hacer?".

Y durante décadas esa fue precisamente su personalidad. Ahora llega el EFK-100 y toda esa filosofía la tiran a la basura y Casio te dice: "Mira qué bonito nuestro reloj mecánico". 

Lo paradójico es que el movimiento ni siquiera es lo revolucionario. El  CMK-100 utilizaría un Miyota 8215, mientras que la propia documentación del EFK-100 habla de un movimiento mecánico de 24 rubíes y 21.600 alternancias/hora, que primeramente fue comprado a Miyota, y luego a Seiko. 

Eso cambia bastante la lectura.

Casio no está desarrollando aparentemente una nueva tecnología mecánica revolucionaria. Está incorporando una tecnología mecánica de otros ya existente a su catálogo y envolviéndola en materiales y diseño Casio.

No digo que comercialmente hablando no tenga bastante sentido: el reloj mecánico tiene un atractivo que el cuarzo digital no puede reproducir fácilmente para determinado público. El movimiento visible, el segundero deslizándose, el ritual de darle cuerda...

Pero desde el punto de vista histórico de Casio, resulta casi cómico.

La compañía que durante décadas hizo que los relojeros tradicionales parecieran tecnológicamente anticuados ahora tiene que vendernos las virtudes de un mecanismo que funciona básicamente como hace siglos. 

Y fijémonos en otra cosa: el EFK-200 no se vende como un simple reloj mecánico. Casio intenta justificarlo mediante su lenguaje tecnológico: carbono forjado, materiales de automoción, diseño inspirado en los deportes de motor, etc. 

Eso me parece muy revelador.

No es que Casio haya dejado de ser Casio. Está intentando encontrar una narrativa para que la relojería mecánica encaje dentro de lo que Casio representa.

Para una marca que durante tanto tiempo construyó su identidad precisamente alrededor de lo contrario, el cambio es enorme, y estoy seguro que más de uno en Casio quisiera hablar -y no muy bien, por cierto- de todo esto.

Además , podríamos plantear una pregunta bastante incómoda: si Casio entra en el terreno donde ya compiten Seiko, Citizen, Orient y decenas de marcas mecánicas, ¿qué queda exactamente de aquello que hacía que comprar un Casio fuese comprar algo diferente a un reloj tradicional?

Porque siempre fueron en contra de la relojería mecánica, no querían verla ni en pintura... quizás porque antes con sus Pro Trek y sus Master of G podían presumir de ofrecer los relojes más tecnológicamente avanzados, pero ahora Garmin y Apple les adelantó por todos lados. Tampoco pueden ofrecer relojes sencillos a precios competitivos, porque Sanda y Skmei les comieron la tostada y les han sacado una ventaja brutal. Así que lanzan los mecánicos comprándoles a Miyota el calibre, o el EFK-200 por 300 eurazos, cuando ese calibre en Seiko no vale ni 20 euros... 

He encontrado una prueba documental que hace que la contradicción sea todavía más divertida.

En un informe corporativo de Casio de 2012, la propia empresa explicaba su filosofía relojera contraponiendo explícitamente lo "electrónico", "avanzado" y "juvenil" frente a lo "mecánico", "tradicional" y "artesanal", que asociaba a la relojería de alta gama. 

O sea: esto no es una interpretación nuestra; Casio lo decía literalmente. 

Y su historia encaja perfectamente. Casio entró en la relojería porque el cuarzo digital permitía aprovechar su tecnología LSI procedente de las calculadoras. El Casiotron de 1974 no pretendía hacer el reloj mecánico de siempre un poquito mejor: pretendía cambiar lo que un reloj podía hacer. 

Y entonces llegamos a 2025-2026, con toda una gama de relojes mecánicos.

La compañía dice que el EFK-100 fue su primer automático y que tuvo una acogida suficientemente fuerte como para agotarse en mercados de todo el mundo. Ahí está probablemente la clave. Casio ha descubierto que hay dinero y demanda en el reloj mecánico.

Pero hay una ironía enorme: precisamente porque el mercado tecnológico de la muñeca se ha desplazado, aquella vieja ventaja diferencial de Casio ya no es tan exclusiva.

Antes un Pro Trek podía decir: "Tengo sensores que tu reloj tradicional ni sueña con tener".

Hoy existen relojes inteligentes que llevan GPS, mapas, pulsómetro, entrenamientos, comunicaciones, aplicaciones, etc.

Y en el otro extremo tienes el reloj digital económico.

Ahí aparece el problema que llevamos tiempo señalando: el Casio barato ya no tiene el monopolio de "reloj digital sencillo y funcional". Un fabricante chino puede hacerte una cosa que se parece muchísimo a determinado Casio por cuatro duros. Así que Casio parece estar desplazándose hacia el centro: un mecánico con mayor margen/prestigio

Y aquí viene lo que me parece más llamativo de todo: Casio no está convirtiéndose en una empresa de relojes mecánicos. Está intentando monetizar la marca Casio en un mercado donde no necesita inventar la tecnología desde cero.

Eso explica perfectamente la utilización de calibres externos. Aún así, por mucho que en Casio quieran hacer creer lo contrario, un movimiento automático industrial relativamente convencional y generalista no convierte automáticamente a un reloj de 300 € en un reloj mecánicamente excepcional.

Y eso abre una pregunta buenísima: ¿Casio está innovando... o está utilizando el prestigio de la relojería mecánica para compensar que ya no controla como antes los extremos tecnológico y económico del mercado?

Porque ahí sí hay una historia. Y además tiene una paradoja inquietante: Casio nació para escapar de la relojería mecánica.
Ahora, medio siglo después, está volviendo a ella porque quizá el futuro electrónico de los relojes ya no es territorio exclusivamente suyo.

¿Queréis saber mi opinión respecto a todo esto que os estoy comentando? Que todo tiene que ver con que hoy Casio esté en manos de banqueros, y esos lo que buscan son los beneficios a corto plazo vengan de donde vengan y hagan lo que hagan. Como si tienen que comprar motos chinas y remarcarlas. Si la familia Casio siguiera controlando la compañía, dudo mucho que permitieran estos desvaríos. La Casio histórica podía permitirse pensar: "¿Qué podemos inventar que no exista?". Y de ahí salieron cosas como el Casiotron, los primeros digitales, Databank, Pro Trek, G-Shock...

La Casio cotizada moderna tiene además que responder ante decenas de miles de accionistas -39.618 a marzo de 2026- y mantener una relación explícita con inversores. 

De hecho, su propia documentación de gobierno corporativo habla de construir una relación de largo plazo con accionistas e inversores y de maximizar el valor corporativo. 

Eso no demuestra que alguien haya dicho "vamos a comprar calibres baratos y ponerles CASIO para ganar dinero", obviamente.  Pero sí describe un entorno empresarial muy diferente del de los hermanos Kashio construyendo una compañía alrededor de la electrónica.

Y aquí hay una cosa que me parece especialmente buena para mi anterior argumento: Casio no necesita que el reloj mecánico sea una revolución tecnológica. Necesita que sea suficientemente atractivo, fabricable sin desarrollar toda la tecnología internamente, vendible a un precio superior al de un digital convencional, compatible con la imagen de la marca, y capaz de abrirle una categoría en la que antes prácticamente no estaba.

Desde esa perspectiva, comprar un calibre externo tiene muchísimo sentido empresarial. Y entonces aparece la contradicción histórica que todos los aficionados de Casio hemos detectado: la compañía que durante décadas decía, en esencia, "el futuro está en la electrónica", ahora está entrando en la relojería mecánica precisamente cuando su antigua superioridad electrónica está siendo atacada por otros fabricantes.

Eso sí es una historia. Y podríamos plantearlo de una manera mucho más demoledora: "De los hermanos Kashio a los accionistas institucionales: ¿qué queda de la Casio que quería cambiar la relojería?".

Y entonces volvemos a aquel informe de 2012, porque es oro. Ahí encontramos una comparación documental brutal: la propia Casio explicando hace años por qué su identidad estaba ligada a lo electrónico y diferenciándola de la relojería mecánica tradicional... y la misma empresa lanzando ahora automáticos.

Y eso ya no es opinión. Eso sí se puede documentar y comparar. 

En realidad, esa misma documentación corporativa puede decirnos bastante sin que nadie tenga que reconocer nada. Si la familia Kashio tiene una participación minoritaria y no dispone de una posición que le permita por sí sola determinar el consejo, mientras que los inversores institucionales concentran una parte enorme del capital, entonces podemos describir objetivamente el cambio: Casio pasó de ser una empresa fundada y dirigida por los Kashio a ser una sociedad cotizada con un accionariado institucionalizado.

Y eso es mucho más jugoso que "los banqueros mandan". Porque permite hacer una comparación histórica:

- la Casio de los Kashio:
electrónica como identidad,
innovación propia,
diferenciación tecnológica,
"hagamos algo que los demás no pueden hacer".

-la Casio corporativa actual:
rentabilidad por categorías,
materiales y posicionamiento premium,
tecnologías compradas a terceros cuando resulte conveniente,
expansión hacia segmentos donde antes no competía, incluido el mecánico.

Incluso me atrevería a ir más allá aún: pongamos por caso que así fuera, que los bancos movieran el cotarro y que los Kashio que quedan fueran al consejo a chupar chupa-chups y comer pipas... ¿a algún aficionado le importaría eso? Creo que a casi nadie. La mayoría de los que quedan lo que quieren es ver el logo Casio en su reloj, da igual que dentro lleve un tornillo, un Seiko, o un Swatch. El aficionado habitual de la Casio de hoy lo que quiere ver es la pegatina de Casio, le pidan por ella diez euros o diez mil. Y por eso los mecánicos triunfan y todas esas salidas de olla, porque lo que importa hoy es que lleve escrito Casio o G-Shock, y no hay más... 

Porque podemos discutir durante horas si dentro hay un Miyota, un Seiko, un módulo Casio o un mecanismo desarrollado por Casio. Pero para una parte del público, la ecuación se ha simplificado muchísimo:

CASIO = CASIO.

Y eso explica bastante bien determinadas decisiones. Antes la marca podía diferenciarse por lo que había dentro: "Mira qué tecnología hemos desarrollado".

Ahora puede diferenciarse también por lo que pone fuera: "Mira lo que pone en la esfera". Aunque el módulo lo haga Miyota, el chip Sony y la algorítmica Polar.

Y ahí el logotipo se convierte en un activo comercial por sí mismo. El problema aparece cuando la marca se vuelve más importante que el producto. Si alguien está dispuesto a pagar 10 € por un Casio sencillo y otra persona 10.000 € por un MR-G, evidentemente los productos son radicalmente diferentes. Pero la legitimidad de ambos procede en parte del mismo sitio: el nombre Casio. Y eso permite a la compañía entrar en territorios que antes parecían completamente ajenos.

Y aquí está la paradoja que creo más nos interesa ver a nosotros: Casio construyó su reputación haciendo que el producto fuese extraordinario. Ahora puede permitirse que, en determinados segmentos, sea la reputación de Casio la que haga extraordinario al producto.

Son dos modelos de negocio completamente distintos.

Y esto también explica por qué el origen del componente puede importar mucho menos al comprador que hace unos años. Si el consumidor compra una determinada referencia porque quiere un Casio, probablemente no esté comprando un Miyota o un Seiko: está comprando la experiencia de poseer un Casio.

Eso no significa que todos los aficionados sean así, ni mucho menos. Hay coleccionistas que se fijan muchísimo en módulos, construcción, materiales y procedencia. Pero como fenómeno comercial, lo que está pasando tiene sentido.

Y además conecta con algo que llevamos hablando varias veces: cuando G-Shock empezó a convertirse en una marca de estilo además de ser un producto técnico, el logo adquirió una vida propia.

Llegado cierto punto, ya no necesitas convencer al comprador de que ese reloj concreto es extraordinario, sólo necesitas convencerle de que merece la pena llevar ese logo en la muñeca.

Y ahí podemos entender perfectamente el cabreo de los aficionados incondicionales de la Casio de antaño, y que hoy la han ido abandonando por determinados lanzamientos. Porque si Casio puede vender prácticamente cualquier cosa bajo el paraguas de Casio/G-Shock, aparece una pregunta incómoda: ¿Hasta dónde puede estirarse una marca antes de que el logo deje de significar aquello que originalmente representaba?

Esa me parece incluso más interesante que la discusión sobre los bancos o el control de la compañía, porque al aficionado probablemente le dé igual quién vote en la junta de accionistas; lo que sí puede importarle es qué significa "CASIO" cuando mira la esfera.

Es lo mismo que ya hemos visto con Adidas, Nike, Grundig, Kodak y tantas otras. La fábrica no se sabe dónde está ni qué hace, pero el producto lleva el logo y es lo que la gente les compra. Porque una cosa es fabricar productos y otra muy distinta es poseer una marca.

En muchos sectores, la marca acaba convirtiéndose en una especie de certificado de identidad. El consumidor no necesariamente sabe quién ha fabricado físicamente el producto, dónde se ha producido o cuánto de su tecnología pertenece realmente a la empresa. Lo que reconoce es el nombre.

Y eso puede ser tremendamente rentable.

Con Casio la paradoja resulta especialmente curiosa porque su marca se construyó precisamente sobre la tecnología propia. No era solamente: "Compra esto porque pone CASIO".

Era:

"Compra esto porque CASIO ha hecho algo que los demás no saben hacer".

Ahí está el cambio.

Un antiguo Casiotron, Databank o Pro Trek tenía detrás una historia tecnológica que formaba parte del propio producto. La marca y la ingeniería estaban muy vinculadas. En cambio, si mañana tenemos: un calibre externo, una caja externa, y sólo el diseño Casio y la distribución Casio, el producto puede seguir teniendo un enorme valor comercial aunque la aportación tecnológica específicamente relojera de Casio sea mucho menor.

Y eso no convierte automáticamente al reloj en malo. Es otra cosa: la marca pasa a ser uno de los componentes principales del producto.

Y hay una palabra para esto: brand equity

El valor acumulado de una marca permite vender cosas que, objetivamente, pueden compartir componentes, fabricantes o tecnologías con productos mucho más baratos.

Porque si consiguen que alguien piense:

"Quiero un CASIO"

antes incluso de pensar:

"¿Qué reloj quiero?"

han conseguido algo comercialmente potentísimo.

Y entonces da igual que el catálogo se vaya desplazando de 20 € a 50 €, a 150 €, a 300 € a 1.000 €... como estamos viendo. La marca puede acompañar al consumidor durante todo el recorrido.

Pero aquí aparece el peligro que hemos estado señalando: Cuando una marca puede vender casi cualquier cosa gracias a su logotipo, puede llegar un momento en que el logotipo tenga más peso que aquello que hizo famosa a la marca.

Y eso es especialmente delicado en Casio, porque su patrimonio no era simplemente "una marca japonesa conocida", sino que era electrónica japonesa aplicada a objetos cotidianos.

Por eso resulta tan llamativo ver a la Casio contemporánea acercándose al reloj mecánico tradicional. No es simplemente que hayan hecho un automático, es que el automático representa casi lo contrario de la filosofía con la que Casio conquistó el mercado relojero.

La verdadera pregunta ya no sería entonces "¿qué lleva dentro un Casio?", sino que sería:

"¿Cuánto de lo que estás pagando pertenece al reloj y cuánto pertenece a las cinco letras de la esfera?".

Y por eso no nos extrañe que pasado mañana los F-91 lleven dentro un Skmei. Y lo más gracioso es que, siguiendo la lógica que estamos comentando, comercialmente sería perfectamente comprensible si algún día Casio externalizara todavía más partes del producto:

-Módulo digital fabricado por un tercero.
-Caja fabricada por un tercero.
-Montaje realizado por un tercero.
-Distribución Casio.

Precio final Casio F-91W: 29,90 €.

Lo verdaderamente irónico es que SKMEI ya ha demostrado que puede competir precisamente en el terreno que hizo grande al F-91W: reloj digital sencillo, barato y con funciones suficientes.

Así que tendríamos una situación surrealista:

Casio: "Nuestro reloj tiene un módulo fabricado por Skmei y cuesta 29 €".
Skmei: "Nuestro reloj cuesta 5 €".
Consumidor: "Sí, pero yo quiero que ponga CASIO".

Y ahí se demuestra el poder de una marca.

Pero hay un límite interesante: si algún día Casio externalizara absolutamente todo, seguiría vendiendo CASIO, pero ya no estaría vendiendo necesariamente la Casio que conocemos. Y lo más asombroso es que la gente seguiría prefiriendo el Casio, aunque fuesen el mismo producto... Ahí está la verdadera fuerza de una marca: llega un momento en que deja de ser una identificación del fabricante y se convierte en una señal de confianza, pertenencia y significado.

Imaginad el experimento: Dos relojes salen de la misma fábrica, utilizan exactamente el mismo módulo, la misma caja, el mismo cristal, la misma pila y hasta el mismo molde.

Uno lleva:

SKMEI — 5,99 €

y el otro:

CASIO — 24,99 €

Y una parte importante del público probablemente diría: "yo quiero el Casio".

¿Por qué?

Porque no está comprando únicamente las prestaciones. Está comprando todo lo que ha aprendido a asociar con esas cinco letras: los recuerdos, la reputación, la estética, la historia, la percepción de fiabilidad, incluso cierta nostalgia.

Eso se llama brand equity: el valor añadido que tiene un producto simplemente por pertenecer a una marca determinada. Y aquí aparece una paradoja fascinante para Casio: la empresa ha conseguido que su logotipo tenga tanto valor que puede sobrevivir incluso cuando la ventaja tecnológica que originó ese valor deja de ser exclusiva.

Y eso explica también por qué puedes poner un Casio de 10 € al lado de un reloj chino de 5 € con prestaciones similares y encontrar gente defendiendo al primero con uñas y dientes. No necesariamente porque estén equivocados. Están comprando cosas diferentes aunque objetivamente los relojes hagan prácticamente lo mismo.

Y aquí está lo verdaderamente peligroso para Casio: si algún día el consumidor deja de percibir una diferencia real entre el producto Casio y el producto chino, el logotipo será lo único que quede para justificar la diferencia de precio. 



9.10.2026

Todos quieren ser un Apple Watch


El reloj digital está empezando a parecer un smartwatch... aunque no lo sea.

La comparación con los smartphones es mucho más acertada de lo que parece. Lo interesante es que aquí no estamos hablando simplemente de que los chinos "copien al Apple Watch": estamos viendo cómo una forma deja de pertenecer a un producto concreto y acaba convirtiéndose en el arquetipo visual de toda una categoría.

De hecho, hay una pequeña paradoja: Apple eligió la forma rectangular precisamente porque era la más adecuada para mostrar información en una pantalla pequeña; con el tiempo, esa decisión funcional se ha convertido en un lenguaje estético. Apple explica que el Apple Watch está pensado para interacciones rápidas y de un vistazo, y otros análisis señalan precisamente la ventaja de aprovechar mejor una pantalla rectangular para texto e información. 

Y ahora ocurre algo curioso con los Sanda, Skmei y compañía: esa geometría ya está saltando del smartwatch al reloj digital barato tradicional.

Durante décadas, el reloj digital tenía una gramática bastante clara: el Casio W-59 de caja rectangular pequeña, pantalla horizontal, botones laterales, asas integradas.

Luego aparecieron infinidad de variaciones: cajas octogonales, redondas, cuadradas, ultrafinas, deportivas, con protectores, con botones enormes...

Pero últimamente aparece cada vez más otro patrón: caja rectangular vertical con esquinas muy redondeadas, pantalla ocupando prácticamente todo el frontal, bisel mínimo y apariencia de pequeña pantalla electrónica.

Y eso ya no es exactamente el lenguaje visual de un Casio tradicional, Ee el lenguaje visual del smartphone trasladado a la muñeca.

Ahí está la clave.

El fenómeno es exactamente el mismo que ocurrió con los móviles. Mira un móvil de 1998: los móviles podían tener tapa, antena, teclado físico, formas redondeadas, colores, diseños extrañísimos... Luego llegó el iPhone y ocurrió algo brutal: pantalla grande,  rectángulo y pocos botones.

Al principio era "el diseño del iPhone", después pasó a ser "el diseño de un smartphone".

Hoy puedes poner diez teléfonos de diez fabricantes sobre una mesa y, salvo detalles, cuesta distinguirlos. No porque todos quieran copiar exactamente a Apple, sino porque la tecnología ha impuesto una geometría óptima. Y creo que estamos viendo algo parecido en los relojes.

Pero Apple no inventó el reloj rectangular. Esto es importante para no caer en el típico "Apple inventó todo". Los relojes rectangulares llevan existiendo muchísimo tiempo. El propio mundo de la relojería tiene ejemplos históricos como el Reverso. Y Q&Q, o Casio, llevan décadas fabricando relojes cuadrados y rectangulares.

La novedad del Apple Watch no fue "hacer un reloj rectangular", sino combinar rectángulo, pantalla dominante, esquinas redondeadas, carcasa muy limpia e interfaz gráfica.

Eso creó una silueta tremendamente reconocible.

Diez años después, esa silueta se ha convertido prácticamente en el "dibujo mental" que mucha gente hace cuando piensa en un smartwatch. Incluso se ha señalado que el Apple Watch se ha convertido en la silueta de referencia del smartwatch y que numerosos modelos asequibles han adoptado formatos similares. 

Y aquí viene lo realmente interesante: los chinos están haciendo algo diferente. Un Sanda o un Skmei rectangular barato no necesita tener una pantalla táctil, ni necesita ejecutar aplicaciones, ni tener Bluetooth. Ni siquiera necesita parecer tecnológicamente avanzado.

Pero visualmente puede beneficiarse de la asociación: "Esto parece una pequeña pantalla moderna." Y eso vende, porque el consumidor actual está acostumbrado a interpretar esa forma como algo contemporáneo.

Es una especie de semiótica tecnológica. Una caja redonda dice: "reloj". Una caja rectangular con pantalla grande dice:  "dispositivo electrónico".

Y un fabricante de un reloj digital barato puede estar aprovechando precisamente esa segunda asociación.

Lo más curioso: estamos volviendo al pasado... pero con estética del futuro. Aquí es donde, para mí, está la ironía. Un Skmei de 8 o 10 euros puede tener un módulo digital sencillísimo: hora, fecha, alarma, crono, luz, quizá cuenta atrás... Es decir, tecnológicamente estamos ante un reloj digital de toda la vida.

Pero lo metes en una caja rectangular redondeada, con una pantalla grande y una estética minimalista... Y de repente parece un "smartwatch sin smartwatch".

Es casi como si el reloj digital tradicional estuviera disfrazándose de Apple Watch. Y eso tiene una consecuencia muy interesante:se está produciendo una convergencia estética.

Creo que podemos imaginar tres familias que antes estaban bastante separadas:

Reloj tradicional redondo, con agujas, corona y esfera.

Reloj digital rectangular, LCD segmentado, botones, información.

Y smartwatch con pantalla rectangular interfaz gráfica, táctil, y sensores.

Y poco a poco tenemos todos en el reloj digital moderno: caja tipo smartwatch,  pantalla LCD tradicional, botones físicos, funciones de reloj digital.

Es decir: el reloj digital está adoptando el envoltorio del smartwatch. Y esto tiene una explicación económica además de estética.

Aquí los fabricantes chinos tienen una ventaja enorme: no necesitan desarrollar una identidad de diseño completamente nueva, pueden observar qué formas reconoce el consumidor y después producir esa forma que ya sabes que te gusta.

Es parecido a lo que ocurre con los smartphones económicos. La forma rectangular con esquinas redondeadas ya está socialmente validada. No tienes que educar al comprador, no tienes que explicarle qué es. Lo ve y entiende inmediatamente: "Ah, un dispositivo electrónico moderno."

Pero hay una segunda consecuencia: la pérdida de personalidad. Y aquí es donde creo que está lo verdaderamente interesante. Porque la estandarización tiene una ventaja: el producto se vuelve familiar.

Pero también tiene un inconveniente: se vuelve intercambiable.

Y eso ya lo estamos viendo con los teléfonos. Antes podías reconocer un Nokia, un Ericsson, un Motorola o un Siemens prácticamente por la silueta. Hoy muchas veces necesitas mirar el logotipo.

Con los relojes puede suceder exactamente lo mismo. Imagina dentro de unos años una mesa con: un smartwatch de Apple, un smartwatch de Xiaomi, un smartwatch de Huawei, un digital de Skmei, un digital de Sanda, un digital de Casio, un digital de otra marca china... Y todos tienen: rectángulo vertical + esquinas redondeadas + pantalla enorme + dos botones laterales.

¿Qué diferencia queda? El logotipo. Y poco más.

Aunque hay una diferencia importantísima con lo que pasó con los smartphones: los relojes tienen una historia estética mucho más fuerte.

El reloj mecánico lleva siglos siendo circular, por eso existe una tensión que no existe en un teléfono: ¿debe parecer un ordenador o debe parecer un reloj?

Y aquí Apple tomó una decisión radical: que pareciera un pequeño ordenador.

Samsung, Google y otros fabricantes han apostado muchas veces por la solución contraria: mantener el círculo para conservar la asociación con el reloj tradicional. De hecho, la propia discusión sobre circular frente a rectangular gira precisamente alrededor de esa tensión entre estética relojera y aprovechamiento de la pantalla. 

Pero ahora está ocurriendo algo muy gracioso, los relojes digitales baratos están empezando a abandonar incluso la necesidad de parecer relojes tradicionales.

Y Apple podría acabar siendo víctima de su propio éxito. Esto es precioso desde el punto de vista del diseño. Cuando Apple lanzó el Watch, su forma era relativamente atrevida.

Ahora es tan reconocible que todo el mundo puede copiar el concepto visual sin necesidad de copiar el producto.

Y Apple se encuentra con un problema: si todos tienen esa forma... ¿cómo vuelves a diferenciarte?

Precisamente por eso resulta interesante que en 2026 estén apareciendo informaciones sobre una posible exploración de nuevas formas, incluso diseños circulares, para futuras generaciones del Apple Watch. 

Es casi el ciclo completo:

Apple rompe la norma → Apple crea una nueva norma → todo el mundo adopta la nueva norma → la nueva norma deja de diferenciar a Apple → Apple necesita volver a romperla.

Y mi conclusión sería esta: yo no diría todavía que "todos los relojes están convergiendo hacia el Apple Watch". Diría algo más interesante: "Estamos entrando en una época en la que la tecnología está imponiendo una geometría común a los relojes".

Y el Apple Watch ha sido probablemente el principal responsable de popularizar esa geometría en la muñeca. Lo verdaderamente significativo no es que un Skmei se parezca a un Apple Watch. Lo significativo es que un reloj digital de 5-10 euros ya puede utilizar exactamente el mismo lenguaje formal que un dispositivo tecnológico de cientos de euros y que, además, el consumidor lo encuentre completamente natural.

Eso sí me parece un cambio de paradigma.

Es decir: "¿se están convirtiendo todos los relojes en el mismo reloj?". Porque al final podríamos estar asistiendo al mismo fenómeno que ya vivimos con los teléfonos: la tecnología evoluciona muchísimo por dentro mientras el diseño exterior se vuelve cada vez más uniforme.

Y paradójicamente, mientras los fabricantes presumen de ofrecer miles de funciones, cada vez cuesta más distinguir unos productos de otros con la muñeca apagada.

Lo que ocurre con el Apple Watch no es un capricho, sino la repetición de un ciclo histórico que ya vivimos con los smartphones: la evolución hacia un "diseño óptimo" por convergencia funcional.

La forma sigue a la función (y al bolsillo):
Un reloj rectangular con bordes redondeados y pantalla brillante no es un capricho estético de Apple. Es la solución más eficiente para mostrar notificaciones, texto y esferas digitales en un espacio reducido. Las marcas como Sanda o Skmei no "copian" por moda; adoptan la ergonomía ganadora porque es la que mejor se adapta a la muñeca y a la lectura rápida. Es como cuando todos los coches acabaron teniendo cuatro ruedas y forma de gota.

El efecto "iPhone": el estándar se vuelve invisible. Igual que hoy un móvil con muesca o triple cámara trasera no nos parece copia de nadie, el smartwatch rectangular se está convirtiendo en el lenguaje visual por defecto de lo que entendemos por "reloj inteligente". Cuando el usuario ve un rectángulo curvo, asocia: "Esto es tecnología moderna". Las marcas chinas genéricas usan esa forma porque vende más, no porque quieran engañar.

La paradoja de la identidad. Aquí está lo interesante: mientras los relojes digitales convencionales se smartizan visualmente, los smartwatch de lujo (como Tag Heuer o Garmin) se vuelven más redondos para parecer analógicos. La diferenciación ya no está en la caja, sino en la interfaz, los materiales y el ecosistema. Un Apple Watch se distingue por su corona digital y su fluidez, no por su silueta.

En cualquier caso no deberíamos verlo como un empobrecimiento, sino como la madurez de un producto. Como ocurrió con el cuchillo o la silla, cuando un diseño funciona, se estandariza. La creatividad se desplaza entonces a los detalles: el software, la correa, la personalización. El riesgo real no es la uniformidad, sino que perdamos la capacidad de sorprendernos. Por eso marcas como Nothing o las esferas analógicas retro en un Apple Watch nos parecen tan refrescantes: rompen esa homogeneidad funcional con un guiño emocional.

Al final, el reloj deja de ser un objeto único para convertirse en un lienzo. Y en ese lienzo, cada uno puede seguir siendo diferente.

¿Crees que esta estandarización te quita deseo por el producto, o te parece un paso lógico? Me encantaría saber tu punto de vista.





8.18.2026

G-Shock y los relojes secretos de las unidades especiales

Casio cuenta una historia muy bonita de fiabilidad, militares, misiones, recuerdos y relojes que sobreviven a explosiones… pero hay cosas interesantes debajo de esa capa de marketing.

Casio tiene un departamento que hasta hace poco prácticamente no existía para el gran público: Special Projects. Su misión es fabricar G-Shock personalizados para unidades militares, policiales y otros organismos que necesitan algo más que un simple reloj con un escudo grabado en la trasera.

Hay un mundo de la relojería militar bastante peculiar que transcurre lejos de las grandes campañas publicitarias. Son los llamados unit watches, relojes encargados específicamente por determinadas unidades del ejército, fuerzas policiales o servicios de inteligencia.

Marcas como Omega, Tudor, Breitling o Bremont han participado en este mercado, fabricando versiones personalizadas de sus modelos para determinados cuerpos o unidades. Son piezas que normalmente no llegan a las tiendas y cuyo acceso puede estar restringido a los miembros de la organización correspondiente.

Pero hay una paradoja interesante: mientras algunos fabricantes de relojes de lujo compiten por vestir a militares con piezas de varios miles de euros, en la muñeca de muchos profesionales que realmente trabajan en situaciones operativas aparece algo bastante menos glamuroso.

Un G-Shock que no pretende ser un reloj militar al uso, y la razón no tiene demasiado misterio.

Un G-Shock convencional no necesita aparentar que es un instrumento militar. Precisamente su atractivo está en que es un reloj relativamente barato, resistente, sencillo y que no necesita estar conectado a nada.

En determinados entornos eso puede ser una ventaja enorme frente a un smartwatch.

Un reloj inteligente incorpora comunicaciones, sensores, GPS, aplicaciones y conexiones con servicios externos. Todo eso resulta fantástico para un usuario normal, pero puede convertirse en un problema cuando la localización del portador debe permanecer en secreto.

El caso de los relojes inteligentes vinculados a Strava se ha convertido precisamente en uno de los ejemplos que se utilizan para explicar este problema: determinadas actividades físicas pueden terminar revelando información de localización que el usuario ni siquiera era consciente de estar compartiendo.

Un G-Shock básico, en cambio, no tiene nada que comunicar. Y ahí aparece una de las expresiones utilizadas por Casio para definirlos: son un "reloj tonto".

Puede sonar poco sofisticado, pero en determinadas circunstancias es exactamente lo que se busca.

Según explica Warren Halliwell, directivo de Casio UK y responsable del programa, Special Projects nació en 2024 por una razón bastante sencilla: empezaron a llegar demasiadas peticiones de unidades militares y policiales, así que la respuesta fue crear un departamento específico.

La idea va bastante más allá de coger un G-Shock de catálogo y grabarle un escudo. Las unidades pueden solicitar modificaciones de materiales, acabados, funciones o elementos concretos que respondan a sus necesidades operativas.

Y ahí es donde la historia se vuelve bastante más interesante.

Uno de los primeros proyectos conocidos fue desarrollado para la Royalty Protection Unit, encargada de la protección de miembros de la familia real británica.

Sus integrantes ya utilizaban G-Shock durante entrenamientos y servicio, pese a disponer también de acceso a relojes suizos mucho más caros.

El problema es que esos relojes de lujo podían ser magníficos relojes, pero no necesariamente buenos instrumentos para determinadas tareas tácticas.

La solución fue un GM-B2100 especialmente modificado, con acabado negro tipo gunmetal, un reloj que tiene poco de "reloj de batalla", pues es elitista, muy pesado y enormemente incómodo. Pero lo que importaba ofrecer era la imagen y el aspecto, por eso cada unidad llevaba grabado del castillo de Windsor en la trasera y elementos de identificación personalizados.

La existencia del proyecto terminó haciéndose pública casi por accidente: un visitante vio varios de estos relojes durante una visita al castillo, hizo fotografías y las imágenes comenzaron a circular por internet.

Después de aquello, Casio decidió aumentar considerablemente la discreción alrededor de este tipo de encargos. Y probablemente tenga sentido, aunque la personalización de relojes de Casio no es algo nuevo: Casio lleva ofreciendo este servicio a empresas w instituciones desde hace más de veinte años. Lo que es nuevo es la creación de un departamento especial pensado solamente para uniformados.

Aquí está la diferencia entre Special Projects y una simple personalización. Una cosa es comprar un G-Shock y grabarle tu nombre, o el logo de tu compañía, y otra muy distinta es que una unidad militar se siente con el fabricante y le diga qué necesita exactamente.

Casio asegura haber trabajado, entre otros, con personal de protección, unidades de desactivación de explosivos, pilotos y miembros del Servicio de Submarinos de la Royal Navy.

En este último caso nació el denominado G-Shock Trident, desarrollado para el Servicio de Submarinos británico.

El proyecto tiene además una vertiente benéfica: la Royal Navy & Royal Marines Charity anunció que la edición limitada había conseguido recaudar más de 5.500 libras, aproximadamente 6.434 euros, para fines benéficos.

Y aquí conviene separar dos cosas, que a veces por ciertos intereses que poco tienen que ver con lo táctico nos vienen mezclados. Una es el indiscutible interés relojero del proyecto. La otra es el evidente valor simbólico que tiene para las personas que pertenecen a esas unidades.

Porque un reloj que llevas durante años de servicio puede terminar convirtiéndose en una especie de objeto de memoria personal. No es exactamente lo mismo que comprar una edición limitada porque aparezca en Instagram.

El rojo que empezó en los submarinos; uno de los ejemplos más curiosos de cómo estos proyectos pueden terminar afectando a los G-Shock normales es la iluminación roja.

Casio explica que determinadas unidades necesitaban evitar la iluminación blanca intensa de algunos relojes porque puede resultar demasiado visible en determinadas circunstancias. La solución fue utilizar iluminación roja.

En el caso del proyecto Trident, esta característica tenía especial sentido dentro del entorno submarino y militar.

Pero lo interesante viene después: Casio reconoce que algunas de estas soluciones desarrolladas para unidades específicas pueden terminar llegando a modelos destinados al público general. Es decir, el laboratorio de pruebas no está únicamente en los departamentos convencionales de desarrollo.

También está en una jungla, en un avión, en un submarino o en las condiciones reales en las que trabaja el usuario para el que se ha creado el reloj. Y eso sí puede resultar interesante desde el punto de vista relojero.

Halliwell pone como ejemplo otro proyecto destinado a pilotos y habla de relojes capaces de detectar determinadas condiciones relacionadas con campos magnéticos y pulsos electromagnéticos.

Aquí conviene coger las afirmaciones con cierta cautela, porque estamos hablando de información procedente del propio responsable del programa y, además, de proyectos de los que Casio reconoce que no puede revelar todos los detalles. Pero hay una idea de fondo que sí resulta perfectamente comprensible: en determinados trabajos, cuanto menos dependa un reloj de sistemas externos, mejor.

Y ahí un digital convencional tiene una ventaja que durante años parecía un inconveniente: es extraordinariamente aburrido: no tiene Wi-Fi, no tiene apps, no necesita un teléfono, no publica tu recorrido, no recibe notificaciones, no intenta convertirse en tu centro de comunicaciones... Y, dependiendo del modelo, puede funcionar durante años con una pila o con energía solar.

Uno de los relojes mencionados por Halliwell cuesta alrededor de 99 libras, que al cambio actual son unos 115,81 euros. No hace falta decir mucho más para entender el atractivo de la propuesta. Por eso hay que distinguir muy bien estos relojes tácticos y asequibles, para unidades militares, con también los modelos elitistas y exclusivos de Windsor mencionados líneas arriba, también para cuerpos de seguridad.

Hay algo casi paradójico en todo esto. Durante años, buena parte de la industria relojera ha intentado convertir el reloj en un objeto de lujo, de diseño, de exclusividad o de tecnología conectada.

Y ahora, en determinados ámbitos profesionales, algunas de las características más valoradas son exactamente las contrarias: que sea sencillo, resistente e independiente. Que no llame la atención ni se diferencie de un G-Shock "del montón" normal y corriente, que puedas leerlo rápidamente -y no los invertidos que a veces nos venden "para militares"- y, sobre todo, que funcione con fiabilidad.

Es precisamente la filosofía que convirtió a los G-Shock en herramientas populares mucho antes de que Casio comenzase a convertir algunos de ellos en auténticos objetos de lujo. 

Y aquí aparece quizá la parte más interesante para los aficionados a Casio. La compañía ha pasado de fabricar relojes digitales extremadamente baratos y destinados al gran público a construir piezas de varios miles de euros, como los MR-G, mientras mantiene al mismo tiempo una relación muy estrecha con el segmento profesional y militar.

Special Projects demuestra que ambas realidades pueden convivir.

Un mismo fabricante puede vender un G-Shock relativamente sencillo que no llega a los cien euros y, al mismo tiempo, desarrollar piezas especiales para unidades que trabajan en situaciones donde un reloj convencional puede formar parte del equipamiento operativo.

La diferencia es que el primero se vende en una tienda. El segundo puede que ni siquiera sepamos que existe.

Y eso explica también por qué estos proyectos tienen algo que los habituales “limited edition” de G-Shock han ido perdiendo: no nacen para crear una edición limitada que alguien quiera coleccionar, sino porque alguien necesita realmente ese reloj. Ese es el verdadero valor de un reloj de unidad

Quizá esa sea la parte que más merece la pena rescatar de toda esta historia. Un reloj de unidad no es necesariamente especial porque sea técnicamente mejor que el que puedes comprar tú, sino que normalmente lo es porque estuvo en esa misión, porque acompañó a su propietario durante años, porque pertenece a una etapa concreta de su vida, porque lleva el emblema de la unidad a la que perteneció. O simplemente porque sobrevivió a las mismas circunstancias que su dueño.

Eso explica que un G-Shock aparentemente vulgar pueda terminar teniendo para su propietario un valor sentimental muy superior al de un reloj suizo mucho más caro.

Y también explica por qué Casio ha encontrado en Special Projects un terreno bastante más interesante que otra colección de colores, colaboraciones comerciales y ediciones limitadas.

Porque, al menos en este caso, el reloj no se fabrica para parecer una herramienta. Se fabrica porque alguien necesita una herramienta.

Y esa diferencia, en relojería, todavía importa.


8.08.2026

G-Shock: de reloj indestructible a espectáculo indestructible

Hubo un tiempo en el que comprar un G-Shock era una decisión bastante sencilla. Uno quería un reloj que aguantara golpes, caídas, agua, polvo y el trato que probablemente acabaría con cualquier reloj convencional. Casio ponía la tecnología y el consumidor ponía el maltrato.

Hoy la cosa es bastante más complicada.

Porque G-Shock ya no vende únicamente relojes resistentes. Vende una identidad, una estética, una comunidad, colaboraciones, ediciones limitadas, materiales exóticos, celebrities, coleccionismo y, sobre todo, una marca capaz de convertir un reloj digital de resina en un objeto cuyo precio puede multiplicar varias veces el de un Casio convencional.

Y quizá por eso habría que empezar a llamarlo G-Show.

No porque los G-Shock hayan dejado de ser buenos relojes. Algunos siguen siendo auténticas máquinas. Sino porque alrededor de ellos se ha construido un espectáculo comercial extraordinariamente eficaz.

El G-Shock original tenía una idea bastante más sencilla
Cuando Casio presentó el primer G-Shock, el DW-5000C, en 1983, la filosofía era casi de ingeniería militar: ¿cómo hacemos un reloj que no se rompa?

La solución de Kikuo Ibe y su equipo no consistió simplemente en fabricar una caja de acero cada vez más gruesa.

El concepto era mucho más inteligente: proteger el módulo mediante una estructura que absorbiera los impactos. La caja interior metálica, la tapa trasera de acero y la envolvente de resina trabajaban juntas para mantener el mecanismo aislado.

Y ahí aparece una de las grandes ironías de la historia del G-Shock: la resina no convirtió al reloj en un producto barato porque fuese una solución de compromiso; formaba parte precisamente de la solución técnica.

La resina podía absorber impactos, era ligera, podía moldearse con formas complejas y permitía fabricar grandes cantidades de piezas de manera muy eficiente.

El acero, mientras tanto, seguía teniendo sus ventajas: dureza superficial, resistencia al desgaste y una sensación de construcción que ningún plástico puede reproducir completamente.

Por tanto, no es correcto decir que "el plástico es más resistente que el acero". Es otra cosa. El acero es más duro. La resina puede ser más adecuada para absorber determinados impactos.

Y esa diferencia es fundamental.

Entonces llegó el fenómeno G-Shock
Durante sus primeros años, G-Shock era fundamentalmente una solución técnica a un desafío real. Pero en los años noventa sucedió algo extraordinariamente importante: el reloj empezó a convertirse en cultura.

La estética de los G-Shock encajó perfectamente con determinadas escenas musicales y urbanas, especialmente con el hip-hop. El reloj dejó de ser solamente aquello que llevabas porque necesitabas un reloj resistente. Empezaste a llevarlo porque decía algo de ti. Y ahí el negocio dio un giro radical.

Porque cuando un producto se convierte en símbolo cultural, el precio deja de guardar una relación directa con su coste de fabricación. Un bolígrafo puede costar unos céntimos y venderse por cientos de euros si lleva determinado nombre. Una camiseta puede costar muy poco fabricarla y convertirse en objeto de culto.

Y un reloj digital de resina puede convertirse en un G-Shock. La diferencia no está necesariamente en el material, está en lo que representa.

El curioso caso del reloj de plástico cada vez más caro
Aquí es donde aparece una paradoja fascinante; durante años, el G-Shock fue asociado precisamente a esa combinación: electrónica + resina + resistencia + precio razonable.

Pero conforme la marca ganó prestigio, el precio comenzó a despegarse progresivamente de esa ecuación. Y no necesariamente porque fabricar el reloj se hubiese vuelto proporcionalmente más caro.

Es importante aclararlo: desarrollar un nuevo módulo, crear moldes, realizar ensayos, diseñar una construcción más compleja, incorporar sensores, Bluetooth, GPS, Tough Solar o nuevas tecnologías sí cuesta dinero. Una edición limitada también puede tener costes de desarrollo y producción diferentes.

Pero existe una diferencia enorme entre el coste de fabricar un producto y el precio que el mercado está dispuesto a pagar por él. Y G-Shock descubrió que el mercado estaba dispuesto a pagar mucho más de lo que costaba en realidad el reloj.

Muchísimo.

La resina es barata. El G-Shock no tiene por qué serlo
Esta es probablemente la parte que más chirría cuando observamos la evolución de la marca. Una caja de resina inyectada puede ser extraordinariamente barata de producir a gran escala una vez amortizados los moldes y los costes de desarrollo.

Eso no significa que un G-Shock sea barato de fabricar en su totalidad, claro, pero sí significa algo importante: el precio final no puede explicarse simplemente diciendo "es que lleva materiales caros".

De hecho, en determinados modelos ocurre exactamente lo contrario: puedes encontrarte un reloj con una enorme cantidad de resina y un módulo digital relativamente sencillo que cuesta varias veces lo que otro Casio también digital, también de resina y con una electrónica comparable.

¿Qué estás pagando entonces? La respuesta es incómoda: estás pagando G-Shock. Y no lo digo necesariamente como algo negativo. Las marcas tienen derecho a cobrar por su diseño, investigación, distribución, marketing, prestigio y posicionamiento.

Pero conviene reconocerlo.

De "reloj indestructible" a "objeto de coleccionismo"
Aquí está probablemente la transformación más importante. El G-Shock original necesitaba convencerte de algo básico y simple: de que no se iba a romper.

El G-Shock moderno intenta convencerte de muchas más cosas:

→de que es exclusivo.
→de que es una edición especial.
→de que es una colaboración.
→de que tiene un material diferente, con otro color, con otro acabado.
→de que lo llevan determinados artistas.
→de que hay pocas unidades.
→de que sólo se va a fabricar esa variante por determinado tiempo.
→de que es una buena pieza para coleccionar.

Es decir, el producto ha pasado de vender principalmente prestaciones a vender también pertenencia. Y eso es una estrategia comercial potentísima, porque un reloj funcional tiene un límite: si solamente necesitas saber la hora, un Casio de 20 euros puede solucionar el problema perfectamente. Pero si quieres ese G-Shock, ya no estás comprando simplemente la hora, estás comprando el G-Shock como marca, concepto e historia. Y contra eso no puede competir ninguna hoja de especificaciones.

La paradoja de Casio
Y aquí encontramos una de las contradicciones más interesantes de la historia reciente de Casio. La empresa construyó una parte enorme de su reputación gracias a productos extraordinariamente accesibles: relojes digitales sencillos, fiables, resistentes y asequibles.

Aquella filosofía tenía algo revolucionario: hacer tecnología útil para prácticamente cualquier persona, independientemente de su poder económico.

Pero décadas después, la misma marca pasa a presentar relojes de miles de euros, y aquí es donde uno puede preguntarse: "¿qué ha cambiado?". Porque la tecnología digital que permitió fabricar relojes extraordinariamente baratos no ha desaparecido, la electrónica no se ha convertido mágicamente en oro, la resina tampoco se ha convertido en platino. Lo que ha cambiado fundamentalmente es el posicionamiento del producto.

Y cuanto más caro, más "G" parece
Hay algo casi cómico en esta evolución: el G-Shock nació como una especie de reloj utilitario radical.

Ahora podemos encontrar G-Shock con cajas metálicas, titanio, tratamientos especiales, acabados sofisticados, movimientos analógicos de mayor complejidad y versiones de precios que hace unas décadas habrían resultado absurdas para la propia imagen de la marca.

Y aquí aparece otra paradoja: cuanto más se aleja un G-Shock de aquel reloj barato, digital y de resina que conquistó las calles, más sofisticado parece ser considerado por la propia industria. Es como si el éxito hubiese terminado convirtiendo la sencillez original en algo que necesitara ser superado.

Primero fue el "mira qué bien funciona y cómo lo aguanta todo por 20 euros".

Después llegó el "mira cuánto podemos hacerte pagar por él y encima sales contento".

El verdadero golpe no lo recibe el reloj
Y quizá ahí esté la genialidad del modelo de negocio. El G-Shock puede recibir golpes, pero la marca, no. Porque cuando una empresa consigue convertir un producto en símbolo, puede aumentar el precio hasta límites absurdos sin necesidad de aumentar proporcionalmente el coste material, porque su consumidor no está comparando únicamente "acero frente a resina", está comparando "Casio frente a G-Shock".

Y eso cambia absolutamente todo.

Por eso un consumidor puede mirar un reloj de Skmei de 15 euros y decir: "Tiene alarma, cronómetro, calendario, luz, resistencia al agua y una pila que dura años".

Y tener razón.

Pero el propietario de un G-Shock suele responder: "Sí, pero no es un G-Shock".

Y también tiene razón. Es en esa pequeña pero vital diferencia donde está el auténtico negocio.

¿Entonces G-Shock es humo?
No. Y sería injusto decirlo. El problema aparece cuando confundimos valor técnico con valor de marca.

Un G-Shock puede tener un magnífico diseño de protección, una construcción muy estudiada, controles de calidad exigentes y una historia tecnológica real detrás. Pero eso no significa que cada euro adicional que pagamos corresponda a un euro adicional de ingeniería.

En determinados productos, una parte creciente del precio responde a algo mucho más intangible: marca + diseño + exclusividad + marketing + deseo.

Y eso no es patrimonio exclusivo de Casio. Lo hacen prácticamente todas las marcas que han conseguido convertirse en símbolos.

Pero en G-Shock resulta especialmente llamativo porque la marca nació precisamente como la antítesis de todo eso. Nació para solucionar un problema, y para hacerle frente a todo eso que hoy se ha convertido en parte de su identidad.

Y aquí aparece el "G-Show"
Por eso la broma tiene más recorrido del que parece. G-Shock describe el reloj, pero G-Show describe todo lo que se ha construido alrededor: las colaboraciones, el precio inflado, las ediciones limitadas, las fiestas de lanzamientos, las celebridades, los influencers, las cajas especiales, los materiales exóticos, el coleccionismo, las campañas publicitarias, los modelos que desaparecen rápidamente del mercado... Y, por supuesto, los seguidores que parecen defender la marca como si estuvieran defendiendo a su propio equipo de fútbol o a un partido político. 

La imagen que veis es casi una caricatura perfecta del fenómeno: alguien escribiendo simplemente "Casio ❤️❤️❤️❤️❤️❤️", mientras su foto de perfil convierte el comentario en una especie de documento sociológico involuntariamente maravilloso que retrata perfectamente a ese tipo de aficionados de "G-Show".

Ahí ya no estamos hablando de prestaciones. Estamos hablando de tribu.

El mayor éxito de G-Shock
Y quizá haya que reconocerle a Casio algo incluso aunque seamos críticos con la estrategia: han conseguido algo que muy pocas marcas de relojes han logrado. Han conseguido que una generación de consumidores pueda sentir por un reloj digital de cuarzo una vinculación emocional comparable a la que otros sienten por relojes mecánicos de lujo.

Eso es extraordinario. Pero hay un gran problema: al contrario de las marcas que sí nacieron como relojes de lujo, G-Shock nació precisamente para combatir eso. Y otro gran problema es que esa misma capacidad puede convertirse en una trampa.

Porque cuando una marca descubre que puede venderte un producto por lo que significa, y no solamente por lo que cuesta fabricarlo, aparece una tentación evidente: seguir subiendo hasta el infinito.

Y entonces surge la pregunta incómoda que los seguidores de G-Show temen siempre hacerse: ¿hasta dónde puede alejarse G-Shock de aquel reloj humilde, resistente y relativamente asequible antes de convertirse en otra cosa?

Porque quizá el mayor peligro para G-Shock no sea que los chinos fabriquen relojes digitales casi iguales y mucho más baratos. Quizá sea que G-Shock olvide por qué aquellos relojes baratos se hicieron famosos en primer lugar.

Del "indestructible" al "incuestionable"
Y aquí cierro con una paradoja que me parece incluso más interesante que la del plástico: el primer G-Shock tenía que demostrar que era indestructible.

El G-Shock moderno ya no necesita demostrarlo tanto.

Su mayor logro ha sido conseguir algo mucho más difícil: que algunos consumidores y aficionados consideren incuestionable el precio que Casio decide ponerle. Y eso sí que es una tecnología verdaderamente avanzada, mucho más que la electrónica, que el Tough Solar, que el Bluetooth y que el carbono:

El marketing.

Eso ya es otra cosa. Eso es cuento, otra fachada, puro engaño. Puro G-Show. 



8.01.2026

El último informe de Casio es demoledor: la empresa que pone precios como si fueran Rolex y que vende relojes como si fueran Synoke


Casio acaba de publicar un nuevo informe de resultados financieros y de previsiones. A primera vista los números son muy positivos, pero si lo analizamos con profundidad, las cosas cambian bastante. 

Primeras buenas impresiones
Casio muestra un buen músculo financiero, conseguido a base de despidos, jubilaciones anticipadas, ventas de inmuebles y, sobre todo, aumentos de márgenes de beneficio por unidad vendida. Eso es innegable y los datos lo confirman.

El informe pinta un panorama muy optimista para Casio. La compañía ha sabido capitalizar las tendencias del mercado de relojería, ejecutando una estrategia de marca claramente definida y efectiva. El notable crecimiento de las ventas y, más importante aún, la espectacular mejora en los márgenes de beneficio en el negocio de relojería, demuestran que la estrategia está funcionando.

La revisión al alza de las previsiones anuales refleja la confianza de la dirección en la continuidad de esta tendencia. Los desafíos principales serán mantener este impulso en el negocio de relojería, gestionar los riesgos cambiarios y lograr una recuperación sostenible en el negocio de instrumentos musicales (Sound) y continuar el desarrollo de sus nuevas apuestas de negocio (Moflin, SXC-1) para asegurar un crecimiento a largo plazo más diversificado.

La gran pregunta: ¿se puede mantener una marca como Casio, vendiendo sólo relojes?
¡Sí, es una buena pregunta! Y con ese tono tan directo, daremos una respuesta igual de clara: sí, puede, y de hecho lo está haciendo mejor que muchas marcas de lujo.

Vamos a desmontar esa idea de que "vender cuatro relojes" es un problema, porque en el informe de Casio se ve todo lo contrario.

→No venden "cuatro relojes", venden casi 2 millones en un trimestre.
Solo en el primer trimestre (abril-junio 2026), vendieron 1,65 millones de unidades G-Shock (incluyendo Baby-G). Eso es un +6,5% más que el año anterior (1,55 millones). Y eso solo de G-Shock. Luego tenemos toda la línea Collection, Vintage, Edifice, Oceanus, etc.

Por lo tanto no es volumen pequeño, es volumen masivo con márgenes altos.

El gran secreto: el margen de beneficio es bestial (20-23%)
Aquí está la clave: no necesitan vender como Apple para ganar dinero. En el primer trimestre, el margen operativo (OPM) de relojería fue del 23,1% (20,7% sin devolución de aranceles). Para que nos hagamos una idea, Rolex tiene márgenes similares o algo superiores, pero vende muchísimo menos volumen. Swatch Group (dueña de Omega, Longines, Tissot) ronda el 10-15%, y Fossil está en pérdidas o con márgenes de un solo dígito.

La estrategia de "varias submarcas" les funciona de maravilla
G-Shock tiene su enfoque en grandes márgenes de beneficio: vender menos pero más caros (modelos metálicos, ediciones limitadas, colaboraciones). El 12% de sus G-Shock son metálicos, que son los que dejan más dinero.

Collection y Vintage por su parte, están enfocados en volumen: vender mucho en mercados emergentes y a jóvenes. Con esto han logrado un crecimiento del +22% en Norteamérica y +24% en Europa.

Es decir: los G-Shock metálicos y ediciones especiales (como el MR-G de 30 aniversario) pagan los gastos, y los Collection de 50€ llenan la caja registradora y ganan cuota de mercado.

Están aprovechando la "fatiga del smartwatch"
Además, Casio está teniendo mucha fortuna, porque mucha gente empieza a estar cansada de cargar el Apple Watch todos los días, y vuelven al reloj tradicional por estilo, durabilidad y emocionalidad. Casio lo está petando en Norteamérica (+22%) y Europa (+24%) precisamente por eso.

No compiten con Apple, compiten con el deseo de tener un reloj que dure varios años y tenga nostalgia.

En otros negocios tampoco se duermen
Están expandiendo Moflin (mascota robótica), que es otro nicho. Además, lanzaron un sampler portátil SXC-1 para música, abriendo nueva línea para su división de sonido, y en educación (calculadoras científicas) tienen un 22% de margen en el trimestre.

No son solo relojes, son una compañía tecnológica con músculo financiero.

Por lo tanto, Casio está en modo "optimización de beneficio":

· Deuda neta: 96.800 millones de yenes (prácticamente cero deuda comparado con su caja).
· Ratio de capital: 67,1% (muy saneada).
· Previsión de beneficio operativo anual: 34.000 millones de yenes (un +30% sobre lo que esperaban hace tres meses).

Así que sí, venden "cuatro relojes", pero cada uno deja el beneficio de tres de la competencia. Y mientras sigan con esta estrategia de marca dual, expansión internacional y control de costes, tienen cuerda para rato.

La otra cara de la moneda
Pero hay otra gran verdad incómoda que se desprende del informe: la dependencia total y absoluta del mercado de relojes. Y sí, eso es un riesgo enorme

El informe es brutalmente sincero en eso:
- Negocio Beneficio Operativo (1T) de relojería: ~9.000 M yenes. Esto es el 100% del pastel
- EdTech ~3.850 M yenes. No está mal, pero es estacional y pequeño
- Sound (música) -0.5 M yenes. Arrastra  pérdidas desde no se sabe cuánto.

Antes, Casio era:
· Calculadoras (dominio mundial)
· Instrumentos musicales (los teclados Casiotone y Privia eran bestiales)
· Relojes (una línea más)

Ahora:
· Relojería: el 90%+ del beneficio, y subiendo.
· Música: en caída libre y en reestructuración.
· Calculadoras: estables pero sin el músculo de antes.

Si mañana los jóvenes deciden que los relojes no les gustan, si cambia la moda, si otra marca lanza un reloj rompedor, Casio estará hundido. Es decir: viven bien, pero viven en la cuerda floja constante.

"Querer ser Rolex pero no ser Rolex": Duro pero cierto
Aquí vamos a ser 100% honestos:

- Casio: ofrece relojes de resina, acero inoxidable y tecnología básica. Precio medio 50-500€. Margen de beneficio alto, pero por volumen.
- Rolex: ofrece relojes de oro 18k, platino, cerámica, acero 904L. Precio medio 8.000-100.000€. Margen de beneficio altísimo, por exclusividad.

Es evidente: Casio NO es Rolex. Ni puede serlo realmente. Lo que hace Casio es jugar en la liga del "premium asequible". Un G-Shock metálico de 500-1.000€ no es Rolex, pero es mejor que un Fossil o un Diesel, por eso su estrategia es subir el precio medio sin perder el alma juvenil.

Pero el salto a Rolex es imposible:
· Rolex vende 1 millón de relojes/año con lista de espera de 5 años.
· Casio vende 6 millones de G-Shock/año en Amazon y El Corte Inglés.

Son dos mundos distintos.

En Casio "siempre fueron de hacer relojes populares": Verdad a medias
Verdad sí, porque Casio siempre fue la marca de los relojes digitales de 30€, los calculadoras de instituto y los teclados de juguete.

Pero desde los 80, los G-Shock se convirtieron en culto. Se los dan rebajados o directamente se los regalan a los militares, policías, bomberos, surfistas, y ahora hasta raperos y artistas, para que el público se los vea puestos.

Además, han sabido evolucionar con G-Shock metálicos (serie Full Metal), colaboraciones con marcas de moda y de lujo (por ejemplo, con Bape, con Coca Cola, Swarovski, incluso con marcas de coches como Lamborghini), y esas ediciones limitadas se agotan en horas y se revenden por el doble

¿Y si los gustos cambian?
Casio es consciente de ese riesgo, y por eso están intentando diversificar con Moflin (mascota robótica) y el sampler SXC-1 (música). Pero sus ventas son anecdóticas comparadas con relojes. Por eso, si la moda juvenil cambia, Casio no tiene un plan B sólido.

Y hay unos cuantos peligros que pueden derrumbar el edificio entero:

- Los jóvenes de ahora no ven los relojes como algo necesario (tienen el móvil).
- Si el "hype" de G-Shock se apaga, pueden perder el 50% de sus ventas en 2-3 años, como si les hubiera pasado un tifón por encima.

Y es que el truco que siempre le funcionó a Casio, puede que si las modas cambian ya no les funcione:

· Venden volumen para pagar las facturas.
· Venden ediciones especiales para ganar prestigio y margen.
· No compiten con Rolex, compiten con Swatch, Timex, Citizen, Seiko... y en esa liga, están ganando.

Pero siendo sinceros, si los jóvenes dejan de llevar reloj, Casio tiene un problema gordo. Y en el informe no hay un plan B que les permita subsistir. 

Destapando la cloaca en la que se mueve hoy Casio
Vamos a ponerle nombres y apellidos a todo lo que hemos dicho, porque es el "modus operandi" desesperado de Casio en la última década.

- Moflin: La compra de una idea ajena por pura desesperación.
Pues sí. Casio no inventó Moflin. Lo compró (o licenció) de la startup japonesa Vanguard Industries, que lo había financiado mediante crowdfunding en 2021. ¿Qué hizo Casio, realmente?

· Le pone su marca.
· Le sube el precio un 40%.
· Y lo presenta como "innovación propia".

¿El resultado? No es un producto de masas. Es un peluche con motorcito que mueve la cabeza. No va a salvar un conglomerado de 300.000 millones de yenes. Es un parche emocional para parecer "tecnológicos" cuando su I+D en robótica es nula.

Fracaso tras fracaso: El cementerio de productos de Casio
Vamos a hacer un repaso breve pero brutalmente certero. Y es que la lista es incluso más larga. Pero veamos:

- Lupa dermatológica (Medical) ~2015. Fracaso absoluto. Competían contra marcas médicas de verdad y no tenían red de ventas.

- Auriculares de buceo (Logosease) ~2017. Un producto ridículo. Bucear con auriculares y música. Nadie lo pidió. Retirado del mercado.

- Reloj para sauna (para usar con vapor de agua) ~2022. Tuvieron que hacer crowdfunding en Makuake (plataforma japonesa) para financiarlo. Una marca con 80 años de historia pidiendo dinero a particulares para lanzar un reloj... ¿Realmente no resulta patético?

- Dispositivo para guitarras (Air Amplifier) ~2023 con crowdfunding otra vez. Un altavoz portátil para guitarristas. Nadie lo compra.

- SXC-1 (sampler portátil) 2026 (ahora). El que mencionan en el informe. Es su "nueva apuesta". ¿El problema? Teenage Engineering lleva años haciendo esto mejor, encima más barato y con más estilo.

- G-Shock con pulsómetro (GBD-H1000) ~2020. Quisieron competir con Garmin y Apple. Fracasó totalmente. La batería duraba poco, el GPS era malo, y encima era enorme.

- Proyectores inteligentes (Smart Projectors) ~2018. Sacaron proyectores con Android. Competían contra Epson y Sony. No vendieron ni una décima parte.

Todos estos son "palos de ciego". No hay una estrategia corporativa clara. Es: "a ver si esta pega en la pared".

El fiasco musical
En música, hoy Casio vive de las rentas de los 80 (los Casiotone de los 80).

- Los teclados Privia y Celviano son buenos, pero compiten contra Yamaha y Roland, que son gigantes que se dejan el alma en I+D. Casio está a años luz de ellos, y encima su precio no es mucho mejor. 

· Sus productos "standalone" (como el SXC-1) no tienen comunidad de usuarios, ni ecosistema, ni marketing potente. Nadie fuera del mundillo Casio los conoce. 

· Teenage Engineering les come la tostada con el OP-1 y el Pocket Operator, más portables, muy potentes, y encima mucho más baratos. 

· Korg les gana en sintetizadores. La innovación de Korg hoy en día le saca los colores a Casio.

· Roland les gana en pianos digitales.

¿Cuál es la posición de Casio en música hoy? Marca de segunda fila para colegios e institutos. Sin alma, sin comunidad, sin innovación real, sin apuesta firme, sin usuarios. Sin nada. Que su negocio musical este agonizando no es casual, es el resultado de una enorme cadena de desaciertos.

La pregunta del millón: ¿Esto es éxito?
NO y rotundamente NO. No es éxito. Es supervivencia.

Casio está en un momento delicado. El negocio de relojes les da dinero para tapar los agujeros de todo lo demás, pero no tienen un plan B creíble, todo lo que tocan fuera de relojes fracasa o es irrelevante.

El problema de fondo es la cultura corporativa anclada en el pasado. Siguen pensando que son la Casio de los 80, cuando innovaban en todo, que la gente les va a comprar por el nombre aunque encarezcan su producto cuatro veces sin añadir ninguna ventaja, con módulos amortizados y penosa construcción. 

Ademas, tienen una falta de visión de futuro sobrecogedora. No han sabido adaptarse a la era digital, al IoT, a los smartwatches, a su comunidad de fieles seguidores -a los que ningunean constantemente-, a la inteligencia artificial, a nada.

Y por si todo ello fuera poco, sus productos no tienen alma ni sentido. Moflin, el sampler, la lupa... son productos sin historia, sin comunidad, sin "hype". Solo existen porque alguien en la junta dijo: "pues probemos esto a ver si suena la flauta".

El espejismo del beneficio
Ahora se entiende por qué el informe de resultados es tan "bueno". Los relojes están petándolo en ventas y márgenes, es verdad. Eso genera beneficios, también es verdad. Y esos beneficios permiten hacer experimentos raros (Moflin, SXC-1, etc.). Experimentos que la mayoría fracasan, pero como los relojes siguen dando dinero, pueden permitirse el lujo de fallar.

Pero el día que los relojes dejen de dar dinero, no hay plan B. Y ese día puede llegar si los jóvenes dejan de comprar G-Shock, si sus aficionados dejan de coleccionarlos, si la economía global se resiente, si una nueva moda o tecnología los deja obsoletos.

Conclusión final (y brutalmente honesta)
Casio no es una empresa exitosa, es una empresa rentable por inercia. Les va bien porque los G-Shock siguen atrayendo a muchos fieles, pero no tienen ninguna otra pata estable, todos sus intentos de diversificación son fracasos con marketing corporativo.

¿Son los reyes del reloj asequible? Sí, sin duda. ¿Son una empresa innovadora con futuro? No, son una marca que vive de su pasado. Y en ese informe nos damos cuenta que los datos financieros son buenos, pero el relato de futuro es un espejismo.

¿Crees que la directiva de Casio es consciente de esto y está realmente trabajando en un cambio profundo, o crees que están esperando a que el negocio de relojes les dure otros 20 años, y luego el que venga después que se busque la vida?





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