Mis historias más agradables con Casio



Seguramente que todos tenéis algunas anécdotas parecidas con vuestros relojes. Si os apetece, os animo a compartirlas con nosotros en los comentarios. Yo he decidido reunir algunas de las que recuerdo con más cariño, la mayoría ya las he comentado con ocasión de algún post en ocasiones anteriores, pero ahora las reúno todas a modo de resumen porque, además de que os resultarán bastante familiares -por coincidencia me imagino que a muchos os habrán ocurrido cosas parecidas-, tiene mucho que ver también con el aprecio que sentimos por la marca y la ternura y simpatía que nos inspiran muchos de sus relojes.

No he llegado a encontrar, como sí les ha ocurrido a otros, esa "perla exquisita" en algún cajón olvidado de sus casas, o en el escaparate de una humilde tienda de relojería por algún minúsculo pueblo (aunque bueno, algo parecido sí me ocurrió con mi W-71), o quizá en el mercadillo un día de feria. Pero aún así algunos de los ejemplares que he podido conseguir, y que he tenido también el gusto de disfrutar, son en los tiempos actuales francamente complicados de poder hacerte con ellos.




Procedente de las últimas existencias de una tienda, de estas que, como tantas, la crisis económica se llevó por delante, uno de los ejemplares más queridos que llegó a mis manos fue un F-30. Era la versión"secundaria", y no la versión estándar que Casio vendía por aquellos años ochenta -que era roja-. Es decir, era "el jugador dos", si lo trasladamos al mundo de los videojuegos, que tenía unos bonitos detalles turquesa, uno de los pocos "teal" de Casio.

Ya os lo podéis imaginar: caja polvorienta, arrugada, y dentro un reloj sin usar, un F-30 nuevecito que era lo más parecido para nosotros, los "casioinómanos", a encontrar un tesoro. Pero tantos años entre cajas en la trastienda no dejó de pasarla factura, y aquella fragil correa de resina que montan los F-30, ya débil de por sí, tras tanto tiempo plegada sobre sí misma se había "pegado" una parte con la otra, y también adherido en parte que tenía contacto con la caja, probablemente por el calor de una calefacción demasiado cercana (o de muchos veranos en un tórrido ambiente soleado).


Pero no pasaba nada, era recuperable y más que bricolaje requirió un poco de cariño. Estos relojes no son solo indestructibles, sino que son además enormemente agradecidos.

Otro de mis "pequeños grandes tesoros" es el W-24 Marlin. Encontrar un Marlin en buenas condiciones hoy día, y a un precio razonable es tarea imposible. Aunque la caja sea de resina y el cristal de plástico (como ocurre en estos preciosos W-24) solo el pez vela en su frontal hace que el reloj alcance precios desorbitados. Decidí armarme de paciencia a ver si aparecía alguno, pero cada vez que encontraba un Marlin era más caro que el anterior. Empecé a dudar de si algún día podría volver a tener en mis manos y a disfrutar en directo de uno de estos ejemplares. Pero entonces me enteré que un chaval que tenía piezas de relojes había conseguido "rescatar" un W-24 destrozado. No me preguntéis cómo lo consiguió, pero cuando lo ví tanto el módulo como la caja estaban para el vertedero. Era un Marlin desahuciado. Aún así el chico me pidió por él un precio de risa, así que pensé ¿por qué no intentarlo? Al fin y al cabo el pez vela seguía allí, debajo de todo aquel desastre.


Tras un poco de esfuerzo conseguí que recuperara no solo parte de su aspecto, sino de su funcionalidad. Una estupenda labor y más aún cuando veo que relojes en un estado no mucho mejor se venden hoy por casi los 200 €. Increíble. Y están tan hechos fosfatina como el mío. La gente se vuelve loca por un logo Marlin, a este paso va a costar mas hacerse con ese logo que con el de un Rolls Royce.

Podría seguir bastante rato, pero para terminar lo haré con otro de los relojes ochenteros a los que les tengo más cariño, el Casio W-19. Su dueño no sabía ni qué modelo era, y me salvó de la situación el que fuera un modelo poco famoso, nada que ver con los Marlin o los HD. Sin embargo su estética radicalmente ochentera me encantó desde el primer momento. Era uno de aquellos modelos típicos que solían adquirir la chavalería, porque eran baratos y coloridos. Las franjas cromáticas recuerdan mucho a los vinilos que llevaban los coches utilitarios (especialmente las series especiales o más juveniles de los Renault 5 o Ford Fiesta) de la época solían lucir. Es, además, uno de los relojes con estética mas sugerente y evocadora, muy personal e identificable. Su módulo, el 596, era el típico de Casio dentro de la gama más asequible, de tres botones, lo que indica claramente que está pensado para un uso muy versátil.


El W-19 es primo hermano de nuestro actual W-59, aunque la estética del W-59 sea más acorde con los de la serie F (especialmente con los F-91 y los F-99). Sin duda este W-19 es un claro exponente de la más exitosa gama de Casio, la W, que con su precio asequible y sus virtudes (principalmente el Water Resist 50 que, por cierto, en aquellos años era cuando Casio aún grababa las leyendas directamente sobre la caja, y no como ahora que suelen estar todas pintadas) los convertía en la elección perfecta para todo tipo de usuarios.

Como veis, son pequeños tesoros, muy pequeños y de un valor económico ridículo en algunos, pero de un valor histórico y sentimental impagable.

| Redacción: Zona Casio

1 comentario:

  1. Me gusta la idea que abre este hilo, nuevas posibilidades.

    Mi historia es el F-87W, mi primer Casio, y mi primer digital como Dios manda, que tuve con 10 años. Por fortuna, lo conservo, tal cual acabó su vida cuando lo retiré tras una caída, es decir, cristal rallado, y botones tan hundidos del uso que apenas se pueden usar. Conté un poco la historia aquí.

    Intenté conseguir después uno NOS, pero sin éxito. La siguiente, fue con el W-780, una pieza en la que ZC tuvo mucho que ver, y que era un tipo de reloj, que desde mi infancia había querido. Ya sabéis, caja de acero, módulo muy completo, WR100M, ...

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