27/11/20

Nuestra adicción a la tecnología



Me ha llamado bastante la atención el vídeo que difundían desde Casio cuando comenzaban a publicitarlo, de su smartwatch WSD-F30. En el mismo, se nos muestran las infinitas posibilidades que nos ofrece un dispositivo de este tipo, no solo mostrándonos rutas, por dónde ir y en qué estado físico estamos, sino llega al extremo de indicarnos las tiendas de reparaciones cuando el protagonista del vídeo descubre que la rueda de su bicicleta está desinflada.

Uno, que ha vivido ya multitud de situaciones parecidas, no puede menos que pensar: "¿es que este tipo no sabe preguntar?". "¿No puede acercarse a alguien y consultar dónde hay una tienda cercana, simplemente?". "¿No puede cambiar el mismo la rueda o reparar el pinchazo?". Además de la información, tal vez si preguntase, algún amable interlocutor le podría sugerir que determinada tienda no es recomendable, que hay otra especializada en su marca, o que algunas han cerrado... Porque, ¿quién no se encontró con que su GPS le guiaba mal o, en estos tiempos de crisis, hacia negocios ya clausurados?




Claro que seguramente el resto de viandantes no estén hoy por la labor de responder nada, enfrascados en sus smartphones o absortos con el navegador de su automóvil. Puede que, comprándolo todo online como suele ocurrir ahora, ni siquiera sepan si hay tiendas de reparaciones cerca. Más aún: se da la paradoja de que las tiendas físicas tal vez ni estén abiertas, y hayan tenido que cerrar precisamente por culpa de esa tecnología en un dispositivo que nos manda a una tienda física. No deja de ser irónico, ciertamente.

Por otro lado, me llama la atención la fe ciega de la gente en esos dispositivos. Llevo muchísimos años usando bicicleta, - más de los que soy capaz de recordar -, algunas veces en trayectos larguísimos recorriendo la orografía - nada llevadera, por cierto - de mi región, y de toda la vida, uno llevaba las herramientas básicas con él. Incluso los que cogían la bicicleta de carretera por deporte, llevaban una pequeña bolsita incrustada entre el cuadro o bajo el sillín con los útiles imprescindibles. ¿Y cuántos no llevaban sus bombas ancladas al cuadro? Eso de siempre.



Ahora ya no se ve eso. Y cuando sale, uno cada vez se encuentra más con gente perdida por esos caminos con sus ruedas pinchadas y sin saber qué hacer. Sí, su smartphone es muy bonito, pero no tiene inflador de ruedas (aunque con todos los dispositivos a los que ha fagocitado, puede que algún fabricante se lo acabe poniendo).

Pero cuidado, que Casio no es precisamente la marca que más abuse de esto. Al menos en Casio tenemos relojes "convencionales". Otras marcas como Suunto ya solo fabrican smartwatches, se han "vendido" totalmente.

Luego uno se encuentra con noticias en donde miles de hogares están sin internet, o no pueden pagarlo, y se da cuenta de que aquí "pasa algo". Por un lado hay ciudadanos que juegan con ventaja, y otros que ni siquiera pueden jugar. La tecnología, en lugar de ayudar - que debería ser su sentido -, crea brechas y divisiones. Lo hemos visto durante el confinamiento, cómo algunos niños podían disfrutar y aprovechar sus clases online, y otros, simplemente... tenían que pasar el tiempo mirando por la ventana.



Ciertamente no nos hace menos consumistas, ni ha dejado de correr el dinero. El problema es que antes nuestro dinero se iba a nuestros vecinos (y el de nuestros vecinos a nosotros), a sus negocios, a sus ventas, y ahora se va a Amazon. Para Estados Unidos, claro, genial: más divisas en sus arcas. De ahí que las guerras comerciales siempre tengan que ver con productos de consumo tecnológico. A nadie hoy se le ocurre poner un impuesto o arancel al pan.

Pero, si uno echa la vista atrás, se dará cuenta que la tecnología ha dado unos pasos de gigante en los últimos tiempos. Antes nadie hablaba de tierras raras, ni de reservas estratégicas, y ahora están por todos lados: desde el display con el que lees esto hasta en tu encendedor.



Es curioso que en los primeros tiempos de esta "era digital", los primeros relojes LCD asombraban y eran el prodigio más fantástico. Pero era una tecnología, la de aquellos relojes, que te facilitaba la vida sin intromisión. Casio sigue fabricándolos hoy tal como antaño, y de hecho en muchas ocasiones ni siquiera les incluye avances como el STN. Hasta en productos que supuestamente son más avanzados, como sus GBA-800/GBD-800, carece de ese añadido.

En este aspecto, se suelen distinguir tres épocas o corrientes. Y para entenderlo mejor las compararé con un símil al mundo del automóvil. La primera sería como los primeros autos a motor de combustión interna: pesados, poco maniobrables, incómodos, muy fáciles de estropear, muy difíciles de conducir. La segunda serían los automóviles de los sesenta, hasta los primeros años ochenta. Poderosos, robustos, fiables - en general - y bastante sencillos de reparar. Y la tercera serían los últimos modelos actuales: muy quisquillosos, cualquier pequeña reparación requiere de tecnología, muy complejos, y unos recambios enormemente caros.



Dicen que en el punto medio está la virtud, y en este caso son los relojes de tecnología suficientemente probada, robustos, duraderos y de bastante autonomía. De los que el catálogo de Casio, por cierto, está plagado (y es casi la única marca que sigue teniendo los mejores y fabricándolos como antaño). Los viejos mecánicos son aquellos autos de principios del siglo XX, son poco precisos, su mantenimiento es complejo y caro, y carecen de muchas funciones. Los smartwatches son como los autos modernos, reflejo del tiempo que nos ha tocado vivir: actualizaciones constantes, recargas constantes. Fallos constantes.

Sin embargo los fiables digitales y analógicos de cuarzo son fruto de una tecnología, un tiempo, en el que aún se consideraba un reloj para toda la vida. Hoy no, como los autos de ahora, los relojes tienen fecha de caducidad.

Hace bastantes años ya Guti hablaba de ello precisamente en su post titulado "Tecnología sin mantenimiento". En él reflexionaba precisamente sobre esta esclavitud a la tecnología, llegando como, a nuestro caso, al punto paradójico de un reloj que te recomiende visitar una tienda física, cuando esa tecnología precisamente ha colaborado en gran manera a que tengan que cerrar. ¿No es irónico?



| Redacción: ZonaCasio.com / ZonaCasio.blogspot.com




| Tecnologia | | Reflexiones | | Consumo |

8 comentarios:

  1. Me habéis troleado completamente con la foto que abre el artículo. Había pensado "¿Pero qué virguería en formato de reloj calculadora C-xx puede haberse sacado Casio ahora?" Menudo "click-bait".

    Muy cierto. Yo cada vez me siento más bicho raro. Es salir a la calle, y si inconscientemente paso de algo es del móvil. Algo menos sí espero llamada importante, que entonces no lo llevo sólo en vibración si no que le pongo timbres a tope, porque si no como vaya por según qué calles y andando o pedaleando ¡no me entero! Paso completamente de él 😂. Si algún día me lo dejo en casa, tampoco me muero ni vuelvo inútil.
    En relación, tampoco puedo ir por la calle leyendo ni estando en un parque echando un rato, o jugando a algún videojuego. Me es imposible. Para mí eso son cosas que tienen sus lugares mejores.

    Por otro lado, aunque no sé si llegaré/llegaremos muchos (también pienso que si es no, también nos están engañando 🤭), no me terminan de gustar esos calendarios automáticos "hasta 2099". ¡Y no digamos a menos! Compré hace poco por cuatro perras una cámara compacta de carrete (a veces expongo alguno algún mes que otro) muy chula con respaldo fechador, y en lo que es el año de la fecha llega solo hasta diciembre de 2019... Una cámara plenamente funcional de mediados de los 90 hasta inicios de siglo XXI que estuvo a la venta y que sus buenos 200 euros proximadamente costaría si no incluso "15.000 chuchas más" cuando fuera novedad. Absurdo.

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    1. La foto supongo que era de alguien que quería un reloj-calculadora a batería :D

      Sí, ciertamente, lo de los calendarios, tanto como lo de las pilas, pudiendo hacer que duren más cuando no lo hacen, es lamentable. Lo mismo con el WR. Leía hace poco a un señor ponderando el F-91 porque le había llegado a los 8 metros bajo el agua y no se le había estropeado... Pues bueno, no es algo que sea para tirar cohetes. Supuestamente el F-91 debería poder llegar a los 30 metros.

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  2. Excelente nota, hasta la analogía con los autos, concuerdo 100%.

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  3. Hace unos dias termine de leer "A Pattern Language", un libro muy interesante de 1971, es una critica al urbanismo y arquitectura predominante de la epoca. El articulo me recordó a uno de los capitulos donde se habla de las muchas promesas rotas de las grandes ciudades. Una de ellas era que la vida en la ciudad realmente no se presta a conocer nuevas personas, los lugares de reunion se ubican en el centro, casi siempre lejos de donde la gente habita. Me puse a pensar que la tecnologia esta exacerbando aun mas esta problematica, perdemos las pocas oportunidades que tenemos de hablar con alguien completamente nuevo.

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  4. Jose Carlos27.11.20

    ¿Habéis visto la jungla de cristal? En una escena una mujer le dice que si no le suena algo llamado progreso y Bruce Willis le contesta: Por lo que a mi respecta, el progreso terminó con las pizzas congeladas. Yo tampoco creo que todo lo que nos está trayendo el progreso nos esté mejorando la vida.
    No se puede añadir ni una coma más a este magnífico artículo. Has vuelto a dar en el clavo.
    P.S: lo del "reloj calculadora" roza lo absurdo.

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  5. Es una cuestión compleja. Por un lado la tecnología nos hace dependiente de ella, pero no es algo malo. Somos dependientes de la rueda y eso nos ha hecho progresar. En mi caso incluso el GPS me ayuda mucho, soy un desastre orientándome.

    Por otro lado, el malo, nos encierra en nosotros mismos y nuestros cacharritos, como si nada importara.

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  6. Anónimo29.11.20

    Ciertos casos de dependencia tecnológica deben ser achacados a los fabricantes, dado que dicha dependencia es una fuente de ingresos.

    Por ejemplo, sencillas operaciones de mantenimiento - al menos sobre el papel - como cambiar un elemento del alumbrado de tu automóvil se han convertido en una pequeña azaña para un ciudadano corriente.

    Eso de ir a una tienda de repuestos de automóvil, comprar una bombilla halógena H7 y montarla tú en el faro es algo cada vez más del pasado. En los casos cada vez más modelos de automóviles debes ir a un taller. No es obligatorio que lo hagas a uno oficial del fabricante, pero ciertamente un porcentaje de estas reparaciones acabarán en uno de ellos.

    Con el alumbrado LED, tan chulo, lo anterior se eleva a la n-ésima potencia. Muchos de dichos elementos no son standar, por lo que el propietario ya se puede ir olvidando de comprarlos en un almacén de respuestos. En vez de ello deberá ir a un taller oficial de la marca, donde estarán muy contentos de hacer la reparación: razones para esa alegría las tienen, dado que la factura ascenderá a unos cuantos cientos de EUR.

    Y no son sólo los automóviles. En los smartphones las baterías empiezan a ser no-reemplazables y la entrada para conectores de audio de tipo jack, la de 3,5 milímetros, cada vez se ve menos en los nuevos modelos.

    Ejemplos, lamentablemente, no faltan.

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    Respuestas
    1. Muy buenos ejemplos, y muy ciertos además.

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