14/1/20

La magia del tiempo


El tiempo, ese bien tan preciado, cantado por filósofos y poetas. El tiempo es muy valioso, en eso todos estamos de acuerdo, y por lo tanto, ¿por qué no mostrar esa enorme valía, indicándolo en un hermoso reloj?

No nos estamos refiriendo a esos elitistas "muestratiempos" suizos, sabéis que aquí no vamos de ese palo. Casio tiene muchos de estos "clásicos" en su catálogo, relojes que parecen obras de arte, como llevar una pieza digna de exponer en un museo, o una interpretación de una catedral gótica, o de un palacio del Renacimiento.




Instrumentos que nos muestran cómo, grano a grano, segundo a segundo, el tiempo se va escapando entre los dedos, sin que nada podamos hacer por evitarlo. A veces muy lento, en angustiosas esperas, en tediosos vaivenes. Otras placenteramente, viendo la tarde pasar en un parque, o caminando sin agobios entre la hojarasca de un otoño repentino, bajo un cielo plomizo. Entre una brisa cálida.

Y mientras ese tiempo transcurre consultando nuestro reloj, el devenir de su segundero deslizándose va sugiriendo que nos preparemos, que no hay vuelta atrás, que el tiempo pasado ya nunca regresará.


"Dadme tiempo", gritaba aquel codicioso en su lecho de muerte, "una hora más". Pero ni una hora le fue concedida. "Hay un tiempo para todo" - decía un poeta -, "un tiempo para aprender, y un tiempo para olvidar. Un tiempo para el placer, y un tiempo para llorar". Siempre me ha llamado la atención, cuando me invitan a la casa de alguna señora o anciano, la muestra de sus cuadros. En algunas de esas moradas casi puedes, por orden cronológico, ver la película de sus vidas en sucesiones continuas de acontecimientos. Sus años de estudio, su foto de la graduación o con sus compañeros de trabajo. Sus años de vacaciones, de meses veraniegos en la costa o en la playa, disfrutando del sol. Eran buenos tiempos.

A continuación se muestra, casi como una constante, la foto de su boda. Las fotos con sus hijos, sus nieto... Y luego la decadencia. Aquellos años dorados que perviven en su memoria y que te cuentan una y otra y otra vez, si les dedicas un minuto a escucharlos. Viven en su pasado idílico, y cuando caminas con ellos en sus pausados paseos de medio día, ese pasado sale más a relucir. En sus quemadas manos los F-91 o MQ-24 hablan de un futuro cercano, donde cada llegada a la noche es una victoria, cada día superado, una tregua. Ven cómo, año a año, más amigos y más conocidos, vecinos, familiares..., terminan su cuenta de tiempo y se van al último viaje, el definitivo, el más importante.


No somos dueños del tiempo. Solo se nos presta y nos lo muestra un reloj en donde nada más podemos hacer que eso: mirarlo. Ver cómo se va consumiendo, en silencio, de forma implacable, constante y fugaz. No hay otra cosa que eso, lo demás es mera ilusión transitoria, y solo, y únicamente, ese tiempo tendrás.



| Redacción: ZonaCasio.com / ZonaCasio.blogspot.com

6 comentarios:

  1. Bonito post para todos los amantes a la relojería.

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  2. Jose Carlos14.1.20

    Precioso post, como siempre. Me encantan estas reflexiones.
    Ya que el tiempo es nuestro enemigo ( ya lo decías en otro post: Vulnerant omnes, ultima necat) al menos nosotros tenemos la suerte de poder disfrutar del instrumento que lo mide.

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    1. "Vulnerant omnes, ultima necat", fíjate, no me acordaba.

      Sí, es cierto, los relojes tienen esa parte sentimental que tanto nos encanta a los que amamos la relojería.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Bonito post, muy emocional y reflexivo.

    Muchas veces no pensamos que cada segundo que vivimos es un segundo más y un segundo menos. Estar en casa, en el trabajo o lejos de los seres queridos (sobretodo para lo que los tenemos en otro país).

    Todo queda resumido a eso, vivir el presente pq como dice la palabra, cada segundo es un regalo y dejando claro que al fin y al cabo, somos prisioneros del tiempo.

    Lo curioso de todo es que los relojes siendo una herramienta, para muchos de nosotros son objetos que nos transmiten mucho más que su finalidad principal, lo que demuestra cuanto nos preocupa y cuan "inconscientes" somos del paso del mismo, como dice cada palabra de este post.

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