Casio lleva años navegando aguas turbulentas: ventas estancadas, márgenes cada vez más estrechos y la necesidad de vender activos —incluida su histórica sede en Estados Unidos— para mantener la liquidez. En medio de este panorama, la compañía ha anunciado un movimiento clásico de defensa financiera: recomprar sus propias acciones y destruirlas después.
La operación, limitada en tiempo y presupuesto, busca reducir el número total de acciones en circulación. ¿El efecto inmediato? Cada acción restante representa una porción mayor de la empresa, lo que mejora los ratios financieros y sostiene el precio en bolsa. Es una forma de decirle al mercado: “Seguimos aquí, seguimos apostando por nosotros mismos.”
Pero no deja de ser un gesto que revela más necesidad que fortaleza. Cuando una empresa no tiene proyectos sólidos donde invertir su dinero, recurre a estas maniobras para ganar tiempo y calmar a los inversores. Casio no está celebrando un éxito: está intentando evitar un deterioro mayor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario