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6.07.2020

Hazañas de la relojería: el segundero muerto


Uno de los grandes e históricos retos de la relojería mecánica moderna, fue siempre el de lograr el llamado "segundero muerto". Por la simple concepción de los engranajes mecánicos de movimiento continuo, el hacer que éstos se detengan (fuera del inapreciable paso entre diente y diente de engranaje) y volvieran a reiniciar su marcha fue uno de los quebraderos de cabeza de la relojería mecánica de los últimos tiempos. Y es que el dilema no era sencillo: ¿cómo hacer que el segundero se detuviera, sin detener al mismo reloj?

Claro que, antes de meternos en harina, conviene empezar por el principio: ¿para qué íbamos a necesitar un segundero "a saltos", lo que en el argot lleva el curioso nombre de "segundero muerto", "seconde morte" o "deat beat second"? Hay quienes creen que la intención de las manufacturas relojeras al lograr este hito mecánico es el meramente estético, casi como el de un tourbillon (con los debidos respeto al tourbillon, por supuesto). En suma: conseguir que el reloj mecánico imite el movimiento de un reloj de cuarzo. Así, tendríamos un reloj que, a ojos del neófito, llevaría dentro una pila (o una batería), cuando en realidad lleva engranajes y cuerda y, en algunos casos, rotor con su masa oscilante.




Pero esas personas se equivocarían. De hecho, para encontrar los primeros indicios del segundero muerto hay que irse muy atrás en el tiempo, y por supuesto más lejos que el surgimiento de la relojería de cuarzo. Hay que irse al siglo XVIII, que es cuando se logró semejante hazaña, para encontrar un reloj con este mecanismo. Y su función era, por raro que pueda parecer, muy lejos de la estética, todo lo contrario: era de suma importancia. Este tipo de segunderos eran muy apreciados por el personal sanitario, ya que con ellos por fin podían controlar el pulso de sus pacientes con precisión. En unos tiempos en donde la medicina carecía de aparatos fiables y de dispositivos precisos, el contar con un reloj con el segundero muerto era todo un privilegio. No hay que olvidar que los relojes con cronógrafo aún tardarían siglos en aparecer, de manera que no había un sistema fácil y rápido para hacer una cuenta de segundos. El segundero muerto podía hacer las veces de cronógrafo - expeditivo, pero funcional al fin y al cabo - perfectamente.

El primer calibre con esa función tan valiosa llegaría en el año 1754, de la mano de Jean Romilly. Este experto relojero genovés nacido el 27 de junio de 1714, y fallecido el 16 de febrero de 1796, además de hábil en relojería era bibliotecario y reportero. No solo tuvo la audacia de enfrentarse al reto del segundero muerto, sino que inventó un reloj capaz de funcionar un año entero sin necesidad de volver a darle cuerda. Romilly, de origen francés, se vio obligado junto con su familia a huir hacia Ginebra debido al Edicto de Nantes contra los protestantes. En 1776, el relojero Jean-Moise Rouzait, también de Ginebra en Suiza, logró avanzar un paso más con el segundero muerto independiente, gracias a un tren de ruedas adicional que estaba arrastrado por un barrilete extra.

Con estos relojes se solucionó la medición de pequeñas fracciones de tiempo, algo sumamente difícil debido al continuo e incesante barrido que la aguja segundera realiza en un reloj mecánico.


Aún hoy el segundero muerto sigue siendo una "rara avis" en relojería, tal es así que los modelos que lo poseen hacen alarde de una gran ingeniería. A ellos pertenecen creaciones tan recientes como la de Arnold & Son de 2012 con el TB88 (de "true beat"), donde se nos muestra un movimiento invertido, con fondo transparente, para que su propietario pueda disfrutar de toda la espectacularidad de este tipo de complicaciones. Más asombroso es aún cuando rizamos el rizo incorporando segundero muerto y tourbillon, este es el caso del F. P. Journe con el Souverain, el cual con su calibre 1403 de remonte manual y rueda de escape de 15 dientes lleva a la relojería a un nuevo nivel.

Es interesante mencionar, además, que la relojería de cuarzo, irónicamente, ha buscado imitar lo contrario: el movimiento continuo del segundero de los clásicos relojes mecánicos, simulando así que el reloj de cuarzo parezca un reloj de cuerda con engranajes. Son los conocidos como los "relojes smooth" o sweep, de entre los cuales tenemos varios representantes en Casio, como el MTD-1086, MTP-SW320, MTP-SW310, o los MTP-SW300.

En las imágenes, podéis admirar el Tourbillon Souverain Calibre 1403 y el Arnold & Son TB88 que os mencionábamos líneas arriba, ambos con complicación "seconde morte". Al final de ellos, tenéis todas las variantes de algunos de los modelos de Casio con "smooth", en concreto los MTP-SW300 y los MTP-SW310, así como un vídeo, por último, con el movimiento clásico mecánico y de cuarzo en el segundero, que no tiene mucho misterio pero que servirá para que algunos refresquen sus memorias sobre la diferencia de movimientos de los segunderos en ambas tecnologías.





















| Redacción: ZonaCasio.com / ZonaCasio.blogspot.com

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