Por favor, cuida de mi reloj

Un reloj no es más que un objeto material, creado gracias al saber humano, lentamente acumulados. Algo que llevamos por su utilidad práctica, o estética. Sin embargo, no puedo evitar ir más allá con hechos como el que expliqué en Una bonita historia del Casio GMW-15 (Moon Graph). Me estoy refiriendo, a cómo ese artículo inanimado, en muchas ocasiones, debido al tiempo que comparten en nuestras vidas, acaba cargado de emociones y sentimientos. Por supuesto, somos nosotros mismos los que acabamos atribuyendo al reloj esos valores, pues para ellos, no es nada más que su función vital: llevar la cuenta del transcurso del tiempo.



Resulta irónico que mientras los guardatiempos, acumulan el devenir de lo vivido, esa crueldad, que tiene por significado último recordarnos que nuestro tiempo aquí es limitado, y que inexorablemente se va reduciendo, al mismo tiempo una porción de esa vida se quede con ellos. Por un lado, son tan desagradables como para recordarnos que cada segundo que transcurre, es un segundo menos que tenemos, por el otro, pueden ser tan agradecidos, como para hacernos recordar de manera muy intensa aquello que ya pasó.

Tal vez ese reloj fuera un regalo de cumpleaños especial, y que inevitablemente rememoramos a medida que cumplimos años. Quizás fuera el que adquirimos con nuestro primer sueldo, y aunque ya no nos lo pongamos, sólo con verlo nos viene a la memoria aquel gran hito en nuestra vida. Puede que haya pasado tantos años con nosotros, que nos guste apreciar los golpes y el desgaste, que como cicatrices, son la prueba inequívoca de lo que hemos vivido. O simplemente sea un reloj que nos gusta, y que como ya no se produce, le tenemos un cariño especial. No importa si es un Rolex Milgauss 116400, o un Casio W-720, lo que verdaderamente lo hace especial, no es su valor intrínseco, sino el valor que tiene para nosotros.

Admiro cuando veo a un señor mayor, vistiendo su mismo Seiko 5 o Citizen 7 que probablemente lleve con él más de 40 años. Tal vez fuera un regalo de su hijo traído de Canarias. Puedo imaginarme que a raíz de un viaje en su jueventud, contando 20 años, y que de pronto, se ha transformando en un hombre maduro en la sesentena. Todas esas experiencias, han tenido un testigo de primera linea, habitualmente agazapado bajo las mangas de la camisa o del jersey, pero siempre presente, tanto para lo bueno, como para lo malo. Inevitablemente ese reloj, se va llenando de sentimientos, de recuerdos, de lo que vivimos. Tanto es así, que llegado el momento de tenernos que desprendernos de él, es como si nos quitaran una parte de nosotros.

Los que tenemos pasión por la relojería, terminamos acumulando tanto valor sentimental en esa pieza, que hace que nos cueste desprendernos de ellos. Un poco como si fuera un ser vivo, porque ciertamente no lo es, pero si que es más que un simple objeto.

| Redacción: Javier Gutiérrez Chamorro (Guti)

3 comentarios:

Bia Namaran dijo...

En efecto, los relojes son compañeros inseparables de nuestras andanzas (o lo eran, al menos, hasta no hace mucho). Lástima que la conveniencia de intentar que se sustituyan cada vez más deprisa y así se adquieran nuevos modelos, ha hecho que tanto en materiales como en valor sentimental se tengan menos en cuenta. La distancia entre un reloj de usar y tirar y un modelo "para toda la vida" cada vez es más amplia, entre un Casio simple y un Jaeger, por ejemplo. Antes uno podía adqurir un Casio "barato", un G-Shock o un Marlin con caja de metal, y podía durarle toda la vida como la construcción de un Jaeger puede durar multiplicando hasta límites insospechados el precio del Casio. Ahora eso ya no es tan posible, e incluso entre la gama alta de Casio tienes que conformarte con la resina, a no ser que uno se pase a Edifice.

Cuando los G-Shock eran G-shock, eran de caja de metal y módulo flotante. No se quién ha ido estropeando todo aquello, ni por qué un Jaeger se puede seguir fabricando y vendiendo como entonces, y un G-Shock no.

Bonita reflexión Guti, muy emotiva y entrañable, se nota que sale del corazón de una persona que ama -y conoce- muy bien el mundo de la relojería. Es realmente enternecedor leer algo así.

guti.bitacoras.com dijo...

Gracias Bia Namaran. Es lo que intentaba transmitir, la emoción de un reloj que nos acompaña. Fíajte que pongo de ejemplo los Seiko 5, relojes que esencialmente no han cambiado (aún se venden, y mucho), y no de Casio, pese a que es la temática del blog.

Me da pena que Casio no nos deje tener relojes que estén con nosotros muchos años. Piezas como el W-720, o el W-780.

Robinson Molina dijo...

Por ahora he vendido los relojes que no me llamaban la atención y los otros he decidido quedarmelos indefinidamente, porque hay unos que no podré reponer porque nuevos son muy costosos, o ya no los fabrican. Varios relojes que tengo tienen pequeñas fallas aunque para un uso normal son perfectamente funcionales, otras personas tal vez no valorarían eso y lo tratarían como un reloj viejo y dañado. Puede que en el futuro encuentre otras aficiones pero por ahora los relojes Casio que tengo me gustan bastante.

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