¿Existe el purgatorio?

2016-09-04

No somos el centro del mundo


Quien escriba en un blog para ganar dinero, o para hacerse rico y famoso, muy mal lo lleva. Muchas redes de blogs han cerrado, otras están en horas bajas, y una gran cantidad de aquellos blogs de tendencias que tanto éxito tuvieron y tantos seguidores cosechaban hará un par de años o tres, han desaparecido del panorama. En la última entrevista que me realizaban para La Vanguardia me vi loco buscándolos (porque muchas de aquellas bloggers lucían modelos old-school de Casio) y no los encontré.

Desde el primer día tuve bien claro que el protagonista aquí debía ser Casio y sus productos, y no yo, por eso en ningún momento se me ocurrió firmar con otra cosa que no fuera el nombre del mismo blog. Es lógico que, con el paso de los años, acabe uno siendo más conocido (y también porque he contado muchos elementos de mi vida personal aquí), pero eso es algo inevitable, no concibo un blog que hable sobre lo que me gusta (como los relojes de Casio) sin compartir esa complicidad con todos los lectores que día a día nos seguís y nos leéis.




Ver cómo este blog se ha convertido en mucho más que comentar o presentar un simple reloj me congratula y me enternece. Cuando me llegan historias de personas que se sienten motivadas, impactadas o atraidas por los textos que ponemos aquí me doy cuenta de la gran utilidad que somos para muchos. Gente que te dicen que nuestras entradas les sirven de inspiración, les han abierto los ojos o les han hecho recapacitar y descubrir el uso del tiempo, del reloj de su niñez o de su modelo favorito, de otra manera. Todo eso va más allá de un simple elemento material y, como bien suele decir Jokerblue, tiene mucho que ver con lo que sentimos en el corazón y lo que nos une (y nos hace rememorar, y en muchos casos añorar) a un determinado modelo de Casio.

Ayer mismo recibí uno de estos correos, en donde uno de nuestros queridos lectores nos escribía para decirnos lo edificante que le había resultado leer cosas que no había podido saborear en otros sitios, al menos con tanta profundidad, pasión y fuerza (que es como escribimos muchas de las entradas en este blog, por eso la mayoría de las veces somos tan pasionales con Casio), y nos transmitía sus más fervientes agradecimientos. Uno de los posts que más ha cautivado a la gente es el de "el imparable paso del tiempo...", probablemente porque toca el sentido filosófico último del tiempo, que es ese, precisamente: su temporalidad. Todo lo que vivimos es pasajero. Es verdad que muchas veces no nos damos cuenta de ello (ni queremos), pero es así.


Claro que háblales de temporalidad a esas personas que van a ser operadas a vida o muerte. Háblales de temporalidad a tantos que están encadenados a su lecho del dolor en la cama de un hospital o en su casa. Háblales de temporalidad a los que durante estas semanas van a tener que desembolsar cientos de euros para que sus hijos puedan estudiar y así tener al menos la posibilidad -y aunque solo sea eso- de labrarse un futuro mejor, y no tienen ni para comer, y les cuesta llegar a fin de mes... Háblale de temporalidad al que sale cada mañana con el alba a trabajar respirando vapores tóxicos o jugándose la vida por su familia. Háblale de temporalidad al que no ve ninguna salida a su situación.

Pero es así, realmente: lo único cierto e irrefutable es que tenemos un tiempo aquí, sobre este suelo, y es un tiempo fijado. Una cuenta atrás que tendrá un punto final.


No voy a dar consejos facilones, tipo "así que aprovéchalo" o "vive lo mejor que puedas", no. Ese tipo de consejos de librillo de auto-ayuda todos sabemos que son fáciles de leer, pero que a fin de cuentas son una muletilla, un recurso del autor que, de tanto haberlos repetido ya han perdido totalmente el sentido y su profundidad. No. Además, yo no soy nadie en especial para dar consejos a nadie, y menos triunfalistas o tan paternalistas. Solo quiero hacer pensar, recapacitar -algo tan difícil y tan extraño y desconocido hoy en día, donde todos los medios de comunicación te lo tratan de dar todo tan masticado y tú solo tienes que sentarte, mirar, "tragar" y asimilar- y que cada uno de nosotros mire hacia su interior y busque esa pequeña llama, o esa pequeña luz, que pueda prender y avivar. Porque pausadamente, mirándonos a nosotros mismos sin tapujos y con sinceridad, veremos lo pequeños e insignificantes que somos.

No somos el centro del mundo, nada gira en torno nuestro, desprendernos de esas capas de soberbia y de trajes falsos que nos ponemos, de esa imagen que queremos presentar haciéndonos creer (y tratando de hacer creer a los demás) lo que no somos y, probablemente, jamás seremos, es el primer paso para vernos tal como somos. Reconocer nuestra debilidad no está mal, nuestros miedos y limitaciones, para atrevernos a superarlas, a enfrentarlas, a no ignorarlas (los problemas nunca desaparecen ignorándolos) y, a partir de ahí, poder así aprovechar mejor ese nuestro tiempo. El que tú y yo tenemos, el que nos ha hecho coincidir y confluir en estas coordenadas espacio-tiempo de la historia, ese tiempo que puede parecernos mucho o poco, pero que no volverá a repetirse nunca más. Gracias por dejarnos, por lo tanto, acompañarte estos minutos de tu tiempo, un tiempo que transcurre en el giro del segundero que tú lo ves hacia adelante, pero es solo una ilusión: mira tu reloj en un espejo, y te darás cuenta que en realidad está girando hacia atrás, descontando ante ti las horas que te restan de vida. Ese mismo espejo en el que también tenemos que mirarnos nosotros para vernos sinceramente reflejados y volver a reconocer sin tapujos nuestro auténtico "yo". Lo que de verdad somos; y no somos más que débiles y pasajeras briznas de vida.

Intenta dejar tras de ti, pues, tu mayor esfuerzo en facilitarle la existencia y aportar felicidad a tu paso. Que esa sea nuestra mejor huella que se quede como la estela de nuestro peregrinar por este mundo.



| Redacción: ZonaCasio.com

1 comentario:

guti.bitacoras.com dijo...

Por supuesto que no somos el centro del mundo, y un reloj sirve precisamente para indicarnos que todo es temporal. Pero en algunos afortunados como nosotros, un reloj, también nos sirve para deleitarnos, y de este modo, dar cierto valor y placer a este tiempo que nos queda.