¿Por qué nos molesta recargar un reloj, y no nos molesta darle cuerda?


Un día cualquiera te despiertas y sientes un deseo irrefrenable de volver a la antigua tecnología de visualización horaria, en forma de monoaguja. Así que rascas la cartera lo más que puedes, imploras, suplicas, hasta que consigues saciar esa repentina desesperación que te consume por momentos, y adquieres un Meistersinger o, sino puedes llegar a tanto, un Luch.

Pero tras las primeras ilusiones, sorpresas, y anécdotas con compañeros y amigos, te encuentras que hay momentos que echas de menos una alarma, y que un calendario no estaría nada mal porque hay veces que se te olvida hasta el día de la semana en el que vives. Casi sin caer en la cuenta arrinconas tu monoaguja sin apenas haberlo disfrutado, y lo abandonas en cualquier cajón como el objeto más inservible que jamás hayas adquirido. Incluso te increpas a ti mismo por no haberte podido resistir al consumismo, "¡maldita compra compulsiva!", te repites mentalmente.




Y ahí te ves, buscando ahora un old-school con alarma por calendario y, a ser posible, que no le dé ninguna cuchillada más a tu malherida cartera. Por fortuna Casio viene a paliar tu necesidad y te encuentras con el asequible y "salvavidas" W-202, que con su alarma que permite un ajuste tan preciso como ponerle mes, día y hora, ya no tendrás ningún problema de que una determinada fecha se te pase.

No ha pasado mucho tiempo de eso, tal vez ni siquiera una semana, cuando los bombardeos constantes de esos bonitos G-Shock te empiezan a recordar que tu Collection no lleva cristal mineral, ni protección a impactos, ni es resistente al agua 200 metros... Bueno, todo eso no lo necesitas si lo piensas fríamente, pero te sentirías más satisfecho si contaras con ese cristal, ¿y si al W-202 le entra agua? Y si algún GD-350 o G-9300 con su completo módulo de temporizadores y sensores te encandila, entonces se acabó. Y vuelta a buscar. Y vuelta a rascar la cartera. Y vuelta a lo mismo.


Llega el paquete a tu casa, o lo acabas de sacar de la tienda, y contento como unas castañuelas vas por la calle con una sonrisa de oreja a oreja. Tu ostentoso G-Shock luce para ti más que el reloj de Ben 10. Pero no tardas en descubrir, o redescubrir a la mañana siguiente, que tu G-Shock se pelea con los puños de todo lo que te pongas. Y o lo llevas sobre la manga del suéter, jersey, camisa o cazadora, como si fueras un "colgado" o un idiota, o no hay forma de ponértelo. Y te dices a ti mismo que ahora recuerdas las razones por las que dejaste de usar esos G-Shock. Ni doblar la muñeca puedes con uno. El colmo es cuando llegas a la cafetería o a la oficina y te empiezan a mirar raro, y alguno que otro de tus compañeros, los más cercanos y los que siempre intentan ser sinceros contigo, te comentan: ¿qué clase de "pegote" llevas ahí puesto, hombre? Al final de la jornada poco te falta para arrojar tu flamante G-Shock a la papelera, no lo haces porque vuelves a recordar el dinero que te ha costado recuperar "la magia" de sentir un G-Shock. Coges el teléfono y vuelves a tropezar con el reloj. Lo apartas farfullando improperios, "¡maldito reloj!".

Por supuesto en el coche, en el autobús o andando de vuelta a casa, aquel bonito G-Shock que hace pocas jornadas lucías con tanto orgullo ya se ha desprendido de ti y viaja "cómodamente" en el fondo del bolsillo de tu chaqueta o mochila, y cuando llegas a casa lo coges con dos dedos como si estuvieras manejando una boñiga de vaca, y lo apartas con mirada horrorosa para dejarlo en el lugar más alejado de ti donde no tengas que volver a verlo más en mucho, mucho tiempo.


Y entonces rebuscas en tu caja de relojes como un toxicómano buscando migajas de alguna dosis que haya podido olvidar en sus pertenencias, con los ojos desencajados y un aliento ávido como un perrito policía buscando drogas en maletas. Hasta encontrar tu preciado Citizen, Zeppelin, o cualquier otra marca parecida, de remonte manual, que te regaló tu madre, tu hermana, tu esposa o tu novia hace tanto tiempo atrás. Y en tu rostro despierta una sonrisa cuando le das cuerda y lo ves revivir. Suspiras: ni pilas, ni riesgos de sulfatado ni historias, ¡tu reloj de siempre, aquél sencillo reloj que era para eso: para dar la hora!

Pero bueno, todos nos conocemos, y no tardarás mucho en volver a echar de menos aquella función, o aquel formato digital o LCA, da lo mismo. Es la pescadilla que se muerde la cola. Pero mientras tanto te pasas días, meses o incluso un par de años con ese reloj, dándole cuerda cada mañana, o cada dos días.


Seguro que muchos os sentís identificados con alguna de estas historias, sea porque os ha pasado, porque conocéis a alguien que le haya pasado, o porque lo estáis pasando en la actualidad. Poco a poco eso tiene su consecuencia, y no es solamente el ir acumulando "trastos viejos", relojes que nos hicieron soñar y que ahora tenemos que malvender o que dejar arrinconados en un rincón a que se deterioren, pierdan o cojan polvo, sino toda la cantidad de dinero invertido que mejor estaba destinado a otras cosas más provechosas.

Todo esto se podría evitar con un reloj inteligente. Un smartwatch con el que un día despiertas con ganas de tener el reloj más clásico posible, así que le incorporas una "face" monoaguja y listo. No hay ningún problema. Incluso podrías diseñarle una tú mismo en donde los minutos se espaciaran y tuvieran el color que te gustase, para ver mejor la hora en ese formato. Puede que al día siguiente quieras algo digital, y tendrías un W-202, o incluso un reloj calculadora de lo más retro con solo elegirlo en tu galería de diseño de carátulas para el reloj. Y si el fin de semana te apetece comerte el mundo, hacer deporte o explorar las montañas, no hay problema: no tienes que rebuscar por las tiendas para encontrar un G-Shock con sensores o el Pro Trek de última hornada. Nada de eso. Cambias de carátula y pones una lo más completa posible, con todos los sensores e incluso con navegador, para no perderte (o por si te pierdes). Por supuesto, con brújula, altímetro, barómetro... Y todo en el modo gráfico que más te apetezca, analógico, digital, o una mezcla de ambos. Y con el color de fondo, invertido o no, agujas de alto contraste o no. Como más te agradase. Y si en mitad de la subida por la senda de montaña te das cuenta que esa combinación es demasiado colorista y quieres algo más práctico, puedes pasar a otro modo con solo un gesto de tu dedo.


Todo eso suena muy bonito, pero el precio que hay que pagar, el que más acusa la gente y por el que más suelen quejarse, es el de una recarga diaria. Resulta curioso, porque hasta hace no mucho, nuestros abuelos y muchos de nuestros padres si querían usar reloj tenían que "recargarlo" manualmente a diario. O sea, darle cuerda a su reloj mecánico. Y todo el mundo lo veía normal, nadie se quejaba, aunque pronto aparecerían los modelos automáticos para paliar -al menos en parte- esta molestia.

Quizá lo malo y tedioso no sea la recarga en sí, sino la molestia de tener que disponer de un enchufe, no poder recargarlo en cualquier parte y, además, la limitada vida de las baterías. Si de verdad los fabricantes (si de verdad Casio hubiera querido hacer un buen smartwatch) luchasen por ofrecer un reloj inteligente duradero, y no anti-obsolescente como son la mayoría de los actuales, ofrecerían baterías intercambiables. Y la molestia de recargarlo diariamente sería menos si se mejorase la carga mediante inducción y, además, el sistema de recarga pudiera tener baterías propias (por ejemplo, funcionar con pilas y que éstas pudieran ser también recargables). Imaginaros un sistema de recarga que pudiera hacer uso de la energía solar. Podríamos dejarlo junto a la ventana todo el día y, por la noche, dejar sobre él nuestro reloj y se cargaría solo, sin necesidad de hacer nosotros nada más. O un sistema -o una mezcla de ambos- en donde el cargador almacenase energía manualmente, por una manivela como tienen algunas linternas.

La mayoría de las veces, en los sistemas actuales, la recarga se deja en manos de una fuente USB, con lo que aparte de la molestia y lentitud de conectarla a un puerto, nos obliga a tener el ordenador encendido. Por otra parte, los conectores, enchufes y demás cada vez tienen una vida más limitada (que levante la mano a quien no se le haya estropeado el cable de carga de su ordenador con el uso...) así que un sistema compacto en donde todo viniera incluido y que no tuviese que recurrir (o al menos no solamente) a elementos como redes eléctricas y demás harían del reloj inteligente un instrumento mucho más atractivo. Porque llegar a casa y dejarlo sobre su plataforma no es, en sí mismo, un gesto molesto, antes la mayoría de personas lo hacían dándole cuerda a sus relojes mecánicos y no pasaba nada. Lo auténticamente molesto es ver y cada día descubrir con su mal envejecimiento que todo eso es un sistema pensado y diseñado con un único objetivo: hacer que el smartwatch, a pesar de todas sus ventajas y bondades, te dure un determinado número de años -muy pocos-, y no más. Y eso echa al traste con todas sus otras ventajas y atractivos, por sugerentes y provechosos que éstos puedan ser.

| Redacción: ZonaCasio.com

3 comentarios:

  1. Eso sería la panacea, pero en la práctica todos sabemos que estos relojes no funcionan así. Como los móviles, empezarán a dar fallos, a quedarse colgados, querrás poner una máscara diferente y te dará error o creará conflictos, deberá ser necesarias actualizaciones y para usarlas habrá que comprar otro reloj nuevo (como el caso del Apple). No es solo la recarga, es todo el coñazo que hay detras.

    Un reloj mecánico es verdad que tiene la molestia de darle cuerda, pero el resto del día te olvidas de él y no te va a dar más problemas, estos relojes inteligentes ofrecen muy poco y piden demasiado. Es para frikis.

    ResponderEliminar
  2. Pues sí, ese es el problema. Con los relojes de remontuar manual solo le das cuerda y ya, en menos de 30 segundos los tienes funcionales. Con los smarts, no solo es tener que buscar el enchufe (y traer cable extra, aparte del de la cámara, el celular, la laptop y cualquier otra cosa que se recargue) sino que es esperar horas para que vuelva a estar operativo, amen de tener que cargar con un teléfono cuya pila tambien tiene que estar cargada... Que tal que estamos de campamento en el bosque, o en la playa o donde sea. Ademas influye la poca confiabilidad que tiene, pues uno nunca sabe a ciencia cierta cuanto le puede durar la batería, habida cuenta de que las apps no suelen informar cuanto gastan. Por cierto, en el articulo menciona que la mayoría de los relojes inteligentes son anti-obsolescentes, lo cual es justamente al contrario. Así las cosas...

    ResponderEliminar
  3. Lo peor de los smartwatches, no es tenerlo que cargar cada día. Sino que si le das caña, puede que no te dure ni siquiera eso, y ya estás buscando un enchufe con un adaptador USB como loco.

    Uno de cuerda, primero que la carga les dura más de 24h, independientemente de la caña que le demos. O sea que gastan lo mismo si miramos la hora 1000 veces. Pero es que además, darle cuerda, lleva 1 minuto, y lo puedes hacer en cualquier lugar.

    ResponderEliminar

Última entrada

Un día por Singapur con un smartwatch de Casio

Nuevo vídeo desde Casio Japón, ahora mostrándonos lo que nos puede aportar uno de sus últimos smartwatches, el WSD-F20 de Pro-Trek. A pesar...