La atrayente magia del temporizador


Vivía en un piso que, cuando llegaba el verano, solían venir a vernos unos extraños visitantes. Eran como minúsculos escarabajos -ignoro qué nombre tendrán- que se pasaban días enteros pegados al mismo lugar en la pared. Esto me ha venido a la mente porque por la mañana me encontré con uno sobre el techo de la cocina, y mientras lo quitaba y lo arrojaba a la basura me pregunté qué sentido tendrían ese tipo de animales. Son bichos que nacen sentenciados -sobre todo si lo hacen en una casa-, y que nacen para morir. Para acabar en la basura. Me pareció un desperdicio por parte de la naturaleza: un desperdicio de energía, de tiempo, de recursos... Y una existencia totalmente banal. Nacer para morir.

Entonces me di cuenta que ellos cumplían su papel. Puede que llegase un humano y su papel durase unas horas, o que por causas de su ciclo vital su existencia no perdurase más allá de una temporada, pero seguían cumpliendo su papel. Su papel sirviendo al tiempo, degradando su entorno.




Todo envejece y todo cambia dictado por el paso del tiempo, y es inevitable. Y ellos ponían su propio grano de arena aportando su esfuerzo en la degradación de su entorno mientras ellos mismos -como nosotros también- agotaban su existencia.

En cualquier caso desde la limitadísima visión humana la tendencia a la degradación que sigue la línea de tiempo es muy sesgada. Por ejemplo, si una colonia de avispas invade una casa y crean entre un par de vigas su colmena, para los habitantes de la casa esas avispas están destruyendo la casa, están corrompiendo su estructura, pero desde el punto de las avispas es justo al revés: están creando algo nuevo, están dándole forma y vida a una colmena nueva. De manera que el tiempo transcurre hacia adelante o hacia atrás dependiendo del observador. Si algo nuevo se crea en este mundo es porque proviene de algo viejo (los ladrillos y cementos de piedras destruidas, los combustibles fósiles de arboles muertos... ).


Al final todos cumplimos nuestro papel transformando el entorno, nos demos cuenta o no, en una batalla constante (y perdida de antemano) contra la flecha del tiempo que nos dice que todo lo material, absolutamente todo, tiende hacia la corrupción y hacia el envejecimiento. Y esa es una ley implacable a la que nadie escapa y que incide en todo lo que hagamos. Incluso en nuestras propias vidas y en nuestro cuerpo. Porque en nuestro universo el tiempo siempre avanza hacia adelante inexorablemente.

¿Siempre? Bueno, no siempre.

Quizá por eso desde pequeño siempre me han causado una poderosa atracción los temporizadores. Por desgracia fue relativamente tarde cuando pude disfrutar de un reloj con esta función, realmente no entendía muy bien tampoco su funcionamiento, ¿medir el tiempo "hacia atrás"? ¿Cómo puede ser eso posible? ¡Eso no se puede hacer! Las primeras veces me pareció algo extraordinario, incluso difícil de entender. Quizá fuese porque... Bueno, en mi familia eran todos de analógicos, y en esos modelos el temporizador es casi como una ensoñación.


El temporizador es algo tan maravilloso que, por primera vez, nos da la opción de contar el tiempo "hacia atrás", una característica que hoy nos parece insignificante pero que hasta la llegada de los primeros digitales la gente solo podía fantasear, a pesar de todos los siglos de historia de la relojería el común de los mortales no disponía de temporizador ni lo llevaba en su muñeca hasta eso, hasta que llegó el reloj digital con otra forma de leer el tiempo, sin indicadores, sin señalizadores aproximados, sino literalmente, un dominio tal que solo nos lo permite un reloj digital.

A veces, cuando hago alguna comida, pongo el temporizador, y entonces ocurre "la magia": por primera vez el tiempo no transcurre hacia adelante, los alimentos, en lugar de degradarse, se cocinan. Se crea algo nuevo en lugar de destruirlo. Es curioso el concepto que cambia y la diferente visión con solo la presencia y activación de un temporizador, pero tal como ocurría en el ejemplo de las avispas que os ponía antes, a veces el sentido del tiempo depende de nuestro punto de vista. Incluso su rapidez o lentidud de nuestros movimientos.


Por supuesto una vez se cocinen los alimentos comenzarán a degradarse, volviendo a quedar atrapados en esa flecha del tiempo en cuya burbuja todo nuestro universo está metido y a la que nadie escapa. Pero el temporizador nos permite, en cierta forma, cambiarla o, en parte, darnos la sensación de que por unos instantes podamos hacerlo.

Casio es la única firma en la cual se ofrece uno de los pocos relojes en donde el temporizador no solo está presente, sino que es una pieza fundamental del mismo. En efecto, me estoy refiriendo al GD-350, un reloj en donde el temporizador está tan valorado que incluso puede llevarse a la pantalla principal.


Casio ya ofrecía relojes con los cronógrafos de protagonistas, como aquellos CBX-500 que pudísteis ver en nuestro twitter, o los mas recientes G-Lide invernales, los GLS-100 y GLS-8900, pero no suele ser habitual que el fabricante nipón le dé tanto protagonismo al temporizador.

Entender el concepto de temporizador, más que su funcionamiento (y la multitud de utilidades prácticas que posee) no es fácil para los niños, pero cuando lo logran comprender y la particular relación que un temporizador tiene con el tiempo, "rompiendo" radicalmente lo que antes se entendía como ver el paso de las horas, los minutos y los segundos, cambian muchas cosas. Una gran mayoría de nuestros abuelos y bisabuelos murieron sin lograr ver, entender y, sobre todo, manejar un temporizador. No pudieron disfrutar de él ni llevarlo a su vida cotidiana. Si logramos recapacitar sobre ello y valorar lo que ahora con los digitales sí tenemos a nuestro alcance, nos resultará contradictorio e incomprensible el que, en los tiempos que corren, pudiendo llevar un temporizador consigo la mayoría de la gente no lo haga. Y es que nos hemos acostumbrado a poder disponer de esa función que, por desgracia, generalmente ya no se la aprecia lo suficiente.



| Redacción: ZonaCasio.com

5 comentarios:

  1. De los bichitos, a ser posible, mi consejo es que en vez de a la basura, los tires a la calle. Los mirlos, murciélagos, algunos reptiles, disfrutan de ellos, y así contribuyes al equilibrio natural.

    En cuanto al temporizador, para mi sólo representan una característica que quiero no tener. No porque la necesite, que la uso una vez al año como mucho, sino que representa la diferencia entre un reloj básico, y uno avanzado. Esto viene heredado de mi niñez con las series F, que traían cronógrafo, pero no cuentra regresiva. Y siempre queremos lo que no tenemos...

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  2. Podría estar escribiendo horas acerca de lo que representa para mí el temporizador...lamentablemente hoy me es imposible. Tengo un temporizador de menos de un minuto corriendo hacia atrás.

    Sólo un par de detalles:

    En los años 80 el temporizador representaba la diferencia entre un buen Casio digital y un digital de vanguardia. En muchos casos este hecho lo marcaban los Marlin. Tener temporizador era un detalle de calidad. Unas miles de pesetas más. El reloj que todos añorábamos.

    Además de dicha calidad, algo distintivo de las "cuentas atrás" (lo de temporizador no se usaba, veíamos mcgyver y "V" así que nada de tecnicismos) era su cuadruple beep. Mientras las alarmas tenían 20 segundos de doble beep. Las cuentas atrás lanzaban una ráfaga de cuatro beeps. El doble y a doble frecuencia en el mismo espacio de 0,5 segundos.


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  3. Lo mejor del artículo...

    "A veces, cuando hago alguna comida, pongo el temporizador, y entonces ocurre "la magia": por primera vez el tiempo no transcurre hacia adelante, los alimentos, en lugar de degradarse, se cocinan".

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  4. Todos mis relojes están seteados a 23 minutos, el tiempo que tardo en llegar al trabajo (tanto en auto como en bicicleta, 10km).

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  5. Revisando las funciones del ws-220 encontré que se puede configurar dos diferentes tiempos secuenciales de temporizador, y que se puede repetir hasta diez veces, lo veo muy útil para ciertas actividades de ejercicios físicos.

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