¿Existe el purgatorio?

2014-03-17

¡Qué duro es ser pobre!


Una de las frases que más sueles encontrar en foros y páginas diversas de debate en Internet es precisamente esa: "¡qué duro es ser pobre!". Cuando un fabricante presenta un nuevo modelo de reloj, o cuando ese modelo llega al mercado con un precio notorio, enseguida surgen comentarios de ese tipo: "¡que malo es ser pobre!".

También ocurre cuando estás leyendo una revista de relojes con unos amigos, o incluso uno mismo al recorrer sus fotos, en más de una ocasión no podemos evitar pensar: "¡si tuviera dinero!".



Se dice que alguien no apreciaba sus zapatos viejos, deseando ardientemente unos nuevos, hasta que vio a alguien que iba descalzo. No soy a salir con la socorrida frase de que "no apreciamos lo que tenemos", sino que voy a ir más allá: ni siquiera apreciamos lo que sí podemos tener. De hecho la mayoría de las veces anhelamos lo que no tenemos precisamente por eso: porque no lo podemos tener.

Artistas, futbolistas, políticos, y gente del mundo del espectáculo suelen experimentar la sensación contraria: no hay nada que les logre satisfacer. El placer, o la pasión por estrenar algo se ha convertido en un hábito del cual cada vez disfrutan menos. Son físicamente incapaces de disfrutar de lo más cotidiano porque viven de espaldas a la realidad del resto del mundo. De hecho viven otra realidad, una realidad fatua e inexistente propiciada por sus managers, sus casas de discos, sus clubs, con el único fin de que esa máquina de crear dinero no se de cuenta de nada. No se estropee. Pero nosotros... Pero nosotros, los hombres de a pie, los que "no tenemos nada", aún estamos a tiempo de darnos cuenta de ello y no caer presas del consumismo.


Muchas veces nos creamos necesidades ficticias con los relojes. Anhelamos un producto incalcanzable mientras tenemos otro parecido más cerca, más completo, y más barato. No tenemos por qué gastarnos cientos de euros por un reloj con caja de metal, y armis macizo, cuando en las líneas Outgear o Edifice de Casio lo podemos encontrar mucho más asequible y con las mismas especificaciones. Tal vez entonces lo que nos llame la atención sea la exclusividad. Pero ni para eso en Casio tienes por qué endeudarte. En todos los años que llevo entre relojes no he visto aún a nadie lucir un F-84W en su muñeca. Vestirlo significa (al menos en Europa y América) que no vas a encontrar a casi nadie con otro igual. Ya ves, y no es un reloj de oro y diamantes.

Tal vez entonces lo que busques es que sea vistoso. Bueno, la mayoría de los relojes que llevemos hoy en día nadie podrá distinguir si te costó cinco euros o cinco mil, excepto los entendidos en el tema, que tampoco suelen ser personas con las que nos encontremos habitualmente en nuestro día a día (al menos un gran número de nosotros).


La mayoría de los que vean tu reloj, incluso aunque se trate de la exclusivísima y limitadísima serie del GW-T5030 de los mil dólares, no sabrán distinguir si es un GLX-5600 o un simple DW-5600 de apenas cien euros. No es como tener un Lamborghini o un Bentley, que entonces sí, al primer golpe de vista llama la atención.

Pero en tu muñeca, ni llevando un Rolex la mayoría de las personas sabrán distinguirlo, y además con la enorme cantidad de falsificaciones que existen la mayoría de los que te vean probablemente ni se creerán que llevas uno auténtico.


Puede ser que algunas personas lo hagan entonces por satisfacción personal, por ego, por orgullo. Por sentirse altivos o incluso con soberbia por su posesión. Pero quien crea que esto es bueno se confunde. De hecho es aún más malo -y peligroso- que llevarlo por vanidad o para despertar envidias.

Una cosa es sentir pasión por nuestros relojes y otra muy diferente es sentir un apego a ellos con esa soberbia enfermiza que te hace llevarlo como si fueras un devoto, casi rindiéndole culto. Cuidándolo como si fuera tu bien más preciado. Ten cuidado porque acabarás dándote cuenta de que tu bien no vale nada, y que al final acabas solo con el vicio que te has creado y obsesionado por un bien cuyo primera razón debe ser la utilidad y la practicidad. Por supuesto, también la comodidad. En esta sociedad narcisista es muy fácil caer en trampas de ese tipo, porque muchas veces prima más la imagen que los principios, la apariencia que el fondo y la exterioridad que la autenticidad.


Al fin y al cabo los relojes son instrumentos, bellas máquinas, que no deben causarnos quebraderos ni dolores de cabeza. Su fin es otro más simple y sencillo.

Así que no, no es duro, ni malo, ni triste ser pobre por no poder comprarse determinado modelo de reloj. Por no poder comprarse una barra de pan sí, sí es duro ser pobre. Pero no por un reloj. Porque entonces a dónde vamos a llegar.


| Redacción: Zona Casio

6 comentarios:

Elmer Homero dijo...

No tiene nada de malo ser pobre, pero es mejor ser rico. Y si lo eres, no sirve de nada si no vas diciéndole al mundo "tengo más dinero que tú, luego soy mejor que tú" para provocar admiración. O al menos así parecen pensar los ricos. Al final un reloj, por ser un invento bastante cercano a lo obsoleto, se ha convertido, para bien o para mal, en toda una demostración de estatus, como un auto o un buen vino. De lado quedan por supuesto aquellos relojes que son verdaderas herramientas, como las computadoras de buceo.

Francisco Frivero dijo...

Curioso reportaje a caballo entre la psicología y la sociología, con un toque de filosofía.

No viene mal de vez en cuando sumergirnos en estos pensamientos para intentar ver donde estamos, cual es nuestro rumbo, que tenemos, que queremos y el por qué de todo eso.

Vivimos en una sociedad tan consumista y acelerada, que pocas veces nos paramos a pensar en conceptos de este tipo. Entre otras cosas porque nuestras vidas están "programadas". Seguimos una rutina diaria que no nos deja ni siquiera "pensar". Sólo el fin del semana hacemos algo distinto, pero... si nos paramos a pensar, ¡también está programado!.

Muchos buscamos un "huequillo" entre todos estos actos robotizados para salir de esa rutina, aunque sólo sea por unos minutos, y eso nos humaniza algo más. Cada uno dedica esos minutillos a cosas distintas. Unos coleccionan sellos, otros monedas, otros relojes, otros hacen maquetas, etc.. Ciertamente el apego a las cosas nos deshumaniza, pero tenerlas como un escape a esa "robotización" que nos invade, como un entretenimiento, es todo lo contrario, nos humaniza algo más, aunque no todos, por desgracia, pueden tener ese escape, ese entretenimiento.

Los relojes hacen que cada día sientas algo distinto con cada uno de ellos, huyendo un poquito de esa terrible rutina o monotonía, como el que se cambia de corbata y dedica unos minutos por la mañana para decidir que corbata ponerse, o que camisa.

Comparto con Elmer la primera frase, pero no la segunda...

Se podría hablar mucho de todo esto, pero eso es para otro foro... ¡Buen reportaje!

guti.bitacoras.com dijo...

Se hizo un ensayo muy curioso hace algunos años. A la gente se le preguntaba:

¿Cómo te sentirías en una casa de 400m2 si la mayoría de tus vecinos la tuvieran de 600m2?
La respuesta habitual solía ser mal.

Luego se preguntaba:
¿Cómo ten sentirías en una casa de 300m2 si tus vecinos vivieran en una de 200m2?

Pues más del 70%, escogió el segundo escenario, a pesar de que la casa era 100m2 más pequeña.

En mi caso, prefiero la de 400m2, independientemente de lo que tengan mis amigos. Es decir, me gustan los relojes, los caros y los baratos, pero por lo que para mi significan, no para los demás.

Francisco Frivero dijo...

Quiero matizar algo que pudiera prestarse a una mala interpretación. Cuando digo que no comparto la segunda frase de Elmer, me refiero a que si se es rico, sí sirve de algo serlo sin tener que ir diciéndolo al mundo. Es decir, me cuesta trabajo creer, como dice Elmer, que la mayoría de los ricos piensen así. Eso es terrible. Creo que los que piensan así deben ser una minoría.

Xavi Huerga dijo...

La mayoría de los que leemos este blog tenemos más de un reloj. Lo práctico es tener un G-Shock, con las funciones que usamos en nuestra vida diaria y en el trabajo, y un reloj más "elegante" (por ejemplo Edifice). Eso sería lo lógico.

Yo, por ejemplo, tengo cuatro relojes (F-91w, A168WA, GW-5000 y Seiko 5). No es una gran cantidad, pero son más de los que necesito. Y es posible que ni los necesite, pues allá donde voy casi siempre hay un reloj. Y además siempre llevo el móvil conmigo. Pero por costumbre, y por "gusto", incluso por satisfacción personal, prefiero tener el reloj en la muñeca. Y, también, prefiero medir los tiempos, y usar las alarmas, de mis Casios. Estoy muy satisfecho con mis relojes. Me gustan mucho. Pero no hasta el punto de convertirlo en una obsesión. Eso sí que no.

¿Porque preferís un GW-5000 a un GW-M5610? Si ambos tienen el mismo módulo, son igual de resistentes y, estéticamente, son iguales ¿Porque gastarse el triple?
Si nos decantamos por el caro, es por satisfacción personal, no por más útil o práctico.

Elmer Homero dijo...

Francisco: Te entiendo y déjame matizarlo un poco yo también, porque parece que se me fue la mano con el sarcasmo y se me malinterpretó. Sin embargo, me sostengo: Hay cosas que destacan a un rico del resto de nosotros, aunque sean cosas que van más allá de la presunción. Un rico vacaciona en tahiti, no viaja en colectivo, no presume una copia de un breitling, etc. etc. Canta su condición sin necesidad de presumirla. La conseja popular lo afirma categorica: ni la ciencia ni la riqueza pueden esconderse. O algo así