Dos polos opuestos


En los primeros siglos de la historia relojera un reloj servía para consultar la hora, y gracias. No se le pedía nada más porque eso ya era, por sí mismo, extraordinario. Incluso podías considerarte afortunado si tu reloj no iba varios minutos atrasado (o adelantado). Y fíjate que hablamos de minutos, no de segundos. No sería hasta la llegada de los movimientos de cuarzo donde se empezarían a popularizar (y masificar) funciones accesorias. Primero relacionadas con la propia medición del tiempo (cronógrafos y cronómetros, alarmas...), pero luego enfocadas a cuestiones más variopintas, como juegos, sensores, posición solar y lunar...

Los relojes, principalmente digitales, comenzaron a llenarse de "botoncitos" por todas partes, pulsadores que fueron la antesala de la microinformática de hoy en día.



La mayoría de la gente no podía costearse uno de los escasos y carísimos ordenadores que existían a finales de los setenta y principios de los ochenta, pero saciaban su curiosidad y calmaban su afición con los relojes de pulsera convertidos casi en microcomputadoras, sobre todo aquéllos extraordinarios modelos calculadora con una gran cantidad de botones.

Pero hoy en día, saturados quizá por tanto tablet, ultrabook, notebook, smartphone... muchos usuarios de relojes vuelven a la esencia. A sencillos relojes que ofrecen sólo eso: la hora, y quizá todo lo más la fecha. Son relojes sencillos, sin complicaciones, que además unen a su belleza y practicidad unos movimientos más robustos y fiables gracias a carecer de subesferas que son más proclives a estropearse. Un buen ejemplo de ello son los últimos Edifice EFR-101, o los MTP-1376.


En cuanto a lo digital, se podría considerar a toda la serie F como unos modelos de reloj con estas características. Gracias a ser tan sencillos, sus pilas suelen tener una considerable duración, y son fáciles de manejar y entender por cualquier persona. El F-28 va mucho más allá incluso, con apenas la función de hora solamente.

Suponen dos formas de entender la relojería, dos "polos opuestos", casi con tanta diferencia y antagonismo como la hay entre los movimientos analógicos y digitales, con defensores y detractores por ambos lados.


Muchas personas son mas partidarias de llevar un reloj lo más completo posible, bien por su estética sobrecargada, por su aspecto a instrumento de ciencia-ficción, o porque nunca se sabe cuando podremos llegar a necesitar algunas de sus múltiples funciones.

Los usuarios más clásicos, sin embargo, se decantan por el minimalismo esencial de un reloj lo más simple y sencillo posible, donde sólo ofrecer la hora sea el centro de todo y su principal razón de ser.


¿Qué es mejor? Por supuesto, es mejor lo que a cada uno de nosotros le resulte más práctico, atractivo, y con lo que se sienta más cómodo. Pero lo mejor de todo es sin duda que el mundo de la relojería es tan amplio que nos ofrece la posibilidad de elegir. No ocurre como antaño, que tenías que conformarte con lo que hubiera, y ya podías dar gracias. En estos momentos podemos adquirir cualquier reloj, pudiendo elegir entre el instrumento más complejo, o el más minimalista. Y, entre estos dos extremos, por supuesto, todo un abanico de opciones y posibilidades.








| Redacción: Zona Casio

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Última entrada

Nuevo catálogo de Sheen

Sheen en Japón acaba de presentar también su nuevo catálogo otoño/invierno, en donde destaca una presencia en la portada de uno de sus mode...