Blindar tu G-Shock (...al paso del tiempo)


Cuando has logrado conseguir finalmente tu reloj preferido, surge casi inevitablemente un dilema: ¿cómo conservarlo de la mejor forma posible el mayor tiempo? ¿Estará dentro de diez o veinte años de la misma manera que ahora? ¿Podré disfrutar de él como el primer día?

Curiosamente, y aún a pesar de que los G-Shock son los relojes más resistentes del mundo (o de los que más), su propia manera de construcción hace que sean también (muchos de ellos) proclives a un "mal envejecer". Lo más problemático son sus biseles: la goma con la que están construídos empezará a perder propiedades y dejará de ser flexible. Con el paso de los años se agrietará y romperá. Además, a partir de los dos años la correa empezará a monstrar signos de fatiga, se hará más dura y perderá brillo. Acabará también agrietándose por las partes más débiles (zona de flexión y agujeros de ajuste), hasta finalmente partirse. Eso sin contar la junta y las protecciones internas, también de goma.



Bien, ¿cómo mantener todos estos elementos de la manera más saludable posible? Lo mejor, como todo, es un buen mantenimiento.

Pero... ¿y si tu reloj favorito no es un G-Shock, sino alguno de la línea clásica, o incluso un MT-G o MR-G? Entonces puede que lo tengas más fácil. Si tu reloj es de acero está ya prácticamente blindado de por sí, y, aparte de limpieza y engrase, poco más podrás hacerle.

Lo mejor sería, lógicamente, dos relojes. Uno para uso "de batalla" y otro simplemente para conservar y cuidar. Pero esto no siempre es posible, ¡si muchas veces nos cuesta sudores y lágrimas adquirir nuestro modelo preferido, como para encima conseguir dos! Otra solución pasa por conseguir -antes de que se agoten y mientras estén disponibles- los recambios para el mismo. Principalmente correas y biseles. Esto es más barato, pero también hay que conservarlos bien y, a la larga, las gomas pierden propiedades aunque estén almacenadas.


Lo primero importante para "blindar" tu reloj al paso del tiempo es saber de qué está construído. Si su cristal es mineral, será más fácil de conservar, pero si es un simple plástico plexiglass, el uso acabará pasándole factura quieras o no. Si lo usas a menudo y lo aprecias, no estaría de más que te hicieras con una caja nueva para recambio ahora que son relativamente fáciles de conseguir, porque reparar un plexi dañado es una ardua tarea sin poseer el original.

Si la caja del reloj es de resina, invariablemente estará expuesta a arañazos y a roturas. Los productos químicos cotidianos (como lejías y enjuagues bucales) pueden acabar con ella en un suspiro. Las cajas algo dañadas puedes repararlas, si eres un manitas y tienes cuidado, con compuestos composites comerciales, pero si el daño implica reconstrucción, será muy difícil dejarla como el modelo original. Lo mejor sigue siendo entonces tener un repuesto.

Si tienes la suerte de que tu reloj favorito sea de caja metálica, entonces la cosa mejora bastante. Si es de acero inoxidable tienes que tener precaución a los arañazos y también a los agentes químicos: el acero se desprende como "en capas", y dañada la parte exterior dejará al aire un endeble metal que es más frágil de lo que podrías pensar. Lo mejora algo si tu caja posee recubrimiento PVD: entonces aguantará mejor los arañazos. Únicamente tendrás que tener la precaución de que no sufra golpes profundos que pudieran atravesar la capa exterior ionizada.

Si en lugar de PVD lo que está es pintada -como en muchos modelos actuales, y muchas pulseras de G-Shock- la solución es fácil a simple vista: con pintar el arañazo o la zona de desgaste, arreglado. Pero se complica cuando nos damos cuenta que tenemos que buscar un color igual (o lo más parecido, al menos) y que, a la vez, no sea tóxico para nuestra piel. Ante esto, entonces, la mejor opción vuelve a ser elegir a ser posible el PVD.


Si el material es titanio, deberás asumir que con un uso intensivo aparecerán marcas en el metal sí o sí. El titanio es proclive a ello, salvo en algunos de los últimos modelos que posean tratamiento de carburo.

Para el bisel de goma -caso de que tu reloj lo posea- y para conservar la correa de resina, se hace necesario un tratamiento hidratante que atrase lo más posible su envejecimiento y conserve sus propiedades. En este sentido hay diferentes productos en el mercado, puedes usar los productos que se utilizan para las gomas de los coches (que se pueden adquirir en concesionarios, como el Gummi Pflege Stick -con protección ultravioleta incluída-). Aunque si tienes reparos con este tipo de productos, puedes elegir material de peluquería y estética, con productos sin alcohol ni amoniaco (o derivados) y con silicona, preferiblemente no lavable, de este modo se formará una especie de "film" de protección. Las siliconas que no se van con el agua son del grupo de las siguientes:

- Dimethicone
- Cetearyl methicone
- Cetyl Dimethicone
- Cyclomethicone
- Cyclopentasiloxane
- Stearyl Dimethicone
- Dimethiconol
- Trimethylsilylamodimethicone

Mencionar sobre este tipo de productos que muchos de ellos incorporan perfumes y abrillantadores, ¡mucho cuidado al usarlos! Hay que elegir el más neutro posible. Aún así es difícil encontrar un buen producto en estas líneas estéticas porque las siliconas, por sus efectos negativos, cada vez están siendo más sustituidas por complejos orgánicos más naturales.

Otra posibilidad es una limpieza hidratante con aceite de silicona, dejándolo humedecido en ella para que absorva, durante un tiempo. Lo bueno de este procedimiento es que puedes empapar el bisel sin necesidad de desarmarlo de la caja. La parte negativa es que la mayoría de estos productos son carcinógenos, y pueden, además, irritar pieles sensibles, de forma que tras hacerle el tratamiento a tu reloj lo mejor es que lo limpies a conciencia con jabón neutro. Aunque si tienes una piel sensible lo más recomendable sería que, tal como aconseja la propia Casio, no uses relojes con correa, sino metálicos. Ten en cuenta también que, al ser atacada por los agentes ambientales -y su propia degradación natural y tu sudor- la resina va desprendiendo moléculas, que a la larga te pueden causar irritaciones o alergias, aunque en el principio no fueras consciente de ello. Algo parecido ocurre con las correas de piel, es altamente recomendable que las sustituyas, si las usas intensamente, cada año, aunque si las tienes en alta estima y les realizas un buen mantenimiento pueden durarte mucho más. En este caso guárdalas en lugares donde no haya humedad, para que los hongos no las ataquen. Asimismo, usa hidratantes naturales no químicos. Una buena receta es usar crema de manos hidratante, como Nivea.


Finalmente, si en lugar de correa tienes pulsera, lo bueno sería que, dependiendo del uso que le des, cada uno o dos años la limpies y la engrases. Si es fácil de desarmar (y sobre todo si no es de acero macizo, sino de chapa doblada por donde entran restos de suciedad muy fácilmente) la puedes desarmar por completo y limpiar con ayuda de un cepillo de dientes y eslabón a eslabón toda la pulsera. Los clips o pasadores de unión deberás engrasarlos con aceite (de silicona o de armería) y luego secarlos, deben estar suaves, pero no aceitosos, o te acabarán dando problemas (¡como llegar a desprenderse solos!). Presta atención a la limpieza y posterior engrase de sus partes móviles, como el cierre (y los muelles internos, caso de tenerlos), con la precaución de no dejar humedad en dicha zona.

Un buen mantenimiento genérico para todo tipo de pulseras o correas es secarlas bien cuando nos quitamos el reloj, o tras haber sudado con él puesto. Este simple gesto alargará notablemente su vida y eliminará negativos inconvenientes posteriores (como mal olor o que se pegue la suciedad).

Para las juntas y las protecciones de goma interna (caso de que las tenga), lo más conveniente es que las sustituyas con el cambio de pila, o siempre que le des un uso duro al reloj, cada tres años. Si no puedes sustituirlas (que sería lo ideal, además las juntas son muy baratas, pero lo difícil es encontrarlas) engrásalas con grasa de silicona como ya te contamos en varias ocasiones. Cierra el reloj con precaución para conservar los tornillos. En algunos relojes deberás también poner grasa a la zona de los botones, e incluso limpiarlos previamente. Usa palillos de madera para retirar el módulo (los objetos metálicos podrían dañarlo) y verifica de paso las zonas de pulsación, que no estén unidas las placas de contacto y que posean una sutil flexibilidad. Si no es así, con cuidado procede a darles más holgura, pero no demasiado o tendrás problemas a la hora de insertar el módulo en la caja.

Con estos sencillos consejos no te aseguramos que conseguirás un reloj a prueba de bombas, ni, obviamente, blindado al inexorable paso del tiempo. Pero al menos harás que te sirva durante muchos más años a un precio bastante económico (siempre es más barato prevenir que reparar cuando ya es tarde y el daño ya está hecho) y, sobre todo, que se mantenga lo más fiel posible tal como estaba el primer día.

| Redacción: Zona Casio

2 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buenos consejos, siempre hay que tenerlos en cuenta.

Anónimo dijo...

Muy interesante este artículo.

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